Se muestran los artículos pertenecientes al tema Relatos Hetero.

18/05/2006

La vecina del 19 H (3)

Luego de la experiencia iniciada con mi esposa los martes por la tarde, mi relación con Mirta, se fue haciendo mucho más íntima. Parecía disfrutar con los gemidos y las expresiones que le llegaban desde nuestra habitación. Siempre que estábamos juntos me preguntaba los pormenores de cada acto sexual con Silvia. Le manifesté del extraño cambio que mi mujer había experimentado en los últimos tiempos. Estaba mucho más dispuesta a hacer el amor y se había revelado como una hembra fogosa y expresiva dando rienda suelta a sus instintos sexuales.

Mirta con una sonrisa socarrona se decía responsable de ese cambio. En realidad se lo agradecía pero en el fondo temía que le revelase lo nuestro a Silvia.

Recuerdo que en una de nuestros encuentros con Mirta en un hotel alojamiento, ante su insistencia, le compré un par de consoladores para disfrutarlos, según me dijo, durante las tardes de sexo y lujuria. Me aseguró que les daría un uso maravilloso y los llevó encantada.

Algunos meses más tarde, me correspondía guardia en el hospital, pero otro médico me pidió que se lo cambiase por otro día pues tenía un viaje imprevisto. Retorné al departamento alrededor del mediodía. En la puerta del edificio me encontré con Mirta y abordamos juntos el ascensor. Se mostró sorprendida al verme, pues me dijo que sabía que no regresaba hasta el día siguiente. Ahora fui yo el sorprendido y le pregunté como se había enterado.

“Recién acabo de acompañar a Silvia hasta la parada del colectivo, y me contó que iba a la casa de sus padres hasta mañana para no quedarse sola”. “Aprovechemos y pasemos la tarde y la noche juntos en mi departamento”, y agregó “Ella no tiene porque enterarse, y yo estoy sola pues mis hijos se fueron con el padre hasta el domingo”.

Acepté la invitación, fui a casa recogí ropa interior y decidí bañarme en el departamento de Mirta para no dejar nada que pudiera delatar mi presencia en casa cuando volviera mi esposa.

Mirta tenía el baño listo y mientras preparaba el almuerzo tomé una ducha reparadora. Luego de gozar las delicias del agua acariciando mi cuerpo, me cubrí con una salida de baño y me dirigí al dormitorio para vestirme. Me senté sobre la cama y descubrí en la mesa de luz los dos consoladores que le había regalado a Mirta tiempo atrás. Parecían haberse usado poco antes, y entonces la llamé “Los usaste hace poco?”, inquirí. Con una sonrisa misteriosa me preguntó si era un buen detective y agregó. “Adivina quien los usó?”.

Tomé el grueso consolador con mi mano y lo acerqué a mi nariz para olerlo. Cada mujer tiene un olor particular en sus flujos. No tuve dudas, lo había usado Mirta, tenía impregnado sus jugos con su aroma.

“Has tenido una sesión fenomenal”, le aseguré.

“¿El otro también lo usé yo?” me preguntó con una sonrisa.

Al acercarlo a mi nariz quedé atónito. El grueso y rugoso consolador despedía un aroma dulzón característico e inconfundible de mi mujer, a la que tantas veces había excitado con mi boca y mi lengua al acariciar su clítoris haciéndola gozar y despedir sus flujos.

“Silvia”. Le dije incrédulo. Es inconfundible.

Riendo me dijo “Veo que sos un excelente detective”, “Hace tiempo que tenemos una relación increíble y hermosa”.

“Como?”, me atreví a preguntarle. “Quiero saber toda la verdad”.

“¿No te vas a enojar si te cuento como fue todo?”, me dijo.

“Por supuesto que no”, fue mi respuesta.

“Todo se inició, cuando sospechó de nuestra relación y tocó el timbre de mi departamento para pedirme explicaciones”. Comenzó Mirta, y luego continuó.

La hice pasar y le ofrecí una taza de té. Dudó en aceptar, pero su curiosidad pudo más. Nos sentamos y le expliqué que en las largas conversaciones que había tenido contigo había llegado a la conclusión que ella era una mujer descuidada e insatisfecha y necesitaba disfrutar de relaciones sexuales intensas como debían ser. Creí descubrir en Silvia la necesidad de ser contenida, y seguidamente le comenté que yo podría ayudarla a recuperar su matrimonio. Me abrazó y lloró en mi pecho”.

Al despedirse, Mirta le sugirió que no me contase nada del encuentro, y que si estaba decidida a reconquistarme no tenía más que decírselo. Silvia le ofreció su mejilla. Pero ella ex profeso, me dijo, rozó con sus labios los de mi esposa. Notó que se ruborizaba y agregó que Silvia cerró la puerta sin mirarla. “Estoy segura que volverá”. “Sé cuando una mujer siente atracción por otra, y no me equivoqué cuando pensé que Silvia podía gozar con otra mujer, como en más de una oportunidad te insinué” me recordó.

Estaba atónito, pero paradójicamente al progresar en su relato me fui excitando. Mi miembro se fue endureciendo y Mirta advertida, dejó caer el deshabillé quedando totalmente desnuda. Nos abrazamos y nos echamos sobre la cama. Las caricias y los besos apasionados se intensificaron en la medida que en un susurro me contaba sus encuentros con mi esposa. Nunca hubiese creído gozar imaginando a Silvia revolcándose con Mirta.

Durante esa tarde, la noche e inclusive la madrugada, disfrutamos de una cogida fenomenal. Parecía que el conocimiento de la sexualidad de mi esposa y de mi amante fuese un estímulo para hacer más intensa la relación. Jugamos con los consoladores, haciendo sus delicias al abrir su vulva, el ano y acariciar el clítoris. Mi verga se encargó de visitar su vagina y el culo en varias oportunidades llenando de semen sus entrañas. Nos dormimos finalmente abrazados, exhaustos y felices.

Munjol, (Les recomiendo leer los relatos siguientes que completan esta historia)

Relatos porno 

18/05/2006 23:08 Autor: relatosporno. Enlace permanente. Tema: Relatos Hetero No hay comentarios. Comentar.

La vecina del 19 H (2)

Mi vecina Mirta se transformó en mi amante. Era, a pesar de su apariencia tímida y poco demostrativa, sumamente fogosa y adicta al sexo. Cada vez que se daban las circunstancias me buscaba. Mi esposa era la antítesis, eludía las relaciones sexuales y solamente cuando no tenía excusas se prestaba a una cópula formal. Eso me ayudaba a mantener una vida sexual relativamente normal.

Nos encontrábamos con Mirta en un hotel alojamiento, o bien aprovechábamos la ausencia de sus hijos durante el horario escolar, que coincidía cuando mi esposa iba a su consultorio para compartir su lecho matrimonial. Con Ella, sí explorábamos todas las variantes del sexo.

Me llamaba la atención que siempre me preguntase por la forma en que Silvia se comportaba en la cama cuando hacíamos el amor. No podía creer que no gozase y tratase de espaciar las relaciones. Luego venía el comentario intencionado, “No será bisexual y preferirá a las mujeres”. Yo se lo negaba rotundamente y ella insistía “Ya lo voy a comprobar”.

La situación se estaba haciendo insostenible. Mirta quería más y más. Me amenazaba con hacer saber de nuestra relación a Silvia si no accedía a sus caprichos. Me confesó que gozaba, cuando escuchaba a través de las delgadas paredes que separaban los dormitorios, como hacíamos el amor. Me propuso, más bien me exigió, que con Silvia lo hiciéramos los martes a las tres de la tarde. Sabía que Silvia no iba al consultorio, sus hijos estaban en el colegio, y Ella quedaba sola. Tenía todo controlado, sabía todos los movimientos. Quería que nos expresásemos en voz alta y diéramos rienda suelta a nuestras sensaciones cuando hiciésemos el amor con palabras obscenas que tanto la calentaban. Ella nos escucharía a través de la delgada medianera que separaba el dormitorio de huéspedes de ambos departamentos y gozaría masturbándose.

Me asusté pues temía las consecuencias si Silvia se daba cuenta del plan urdido por Mirta, pero no tuve más remedio que aceptar su chantaje. Unas semanas más tarde Mirta me hizo saber que podría poner en práctica lo convenido sin poner en riesgo mi matrimonio. Sus palabras me sorprendieron. Yo presumía la reacción adversa de mi esposa pero no tenía alternativa.

El martes luego de almorzar en casa con mi mujer, tomé una ducha y escuche la música que colocó Mirta, desde su departamento. Era la que nos identificaba desde nuestra primera salida y luego tres golpecitos sobre la pared del baño como habíamos quedado me indicaron que estaba lista para cumplir su fantasía. Estaba nervioso pero a mi vez excitado. Al salir del baño, en la puerta del dormitorio estaba Silvia hermosa como nunca. Estaba radiante. Su cuerpo esbelto, su cabello rubio suelto, sus ojos claros y su mirada insinuante como hacía mucho no notaba, me terminaron de excitar, la perseguí y ella con una sonrisa pícara se refugió en la pieza de huéspedes. La alcancé y la abracé por detrás. Con mi boca besé su cuello y el lóbulo de la oreja que tanto la excitaban. Se apoyó en la pared sobre la medianera como si lo hiciese a pedido de Mirta. Comenzamos un escarceo amoroso, con besos y caricias. Mis manos la recorrían desde sus pechos, pellizcando sus pezones endurecidos, su vulva carnosa depilada acariciando el clítoris, hasta sus glúteos firmes. Los abrí sabiamente para gozar de los orificios expuestos a mi mirada llenos de pringosos jugos producto de su calentura. Mis expresiones, sabiendo que Mirta nos escuchaba, no hicieron más que excitarme, y para mi sorpresa, Silvia también dio rienda suelta a su placer con palabras obscenas.

“Así me gusta mamita que te portes como una puta”. Le dije en voz alta.

“Siiiiii papito, me encanta tu pija gorda, quiero besarla y chuparla”, “Quiero ser tu puta”

“Por Dios, que concha cachonda, llena de jugos”, “Que tetas duras”, “Me encanta sobarlas, y besar tus pezones puntiagudos”, le espeté.

“Ay, ay, ayyyyy, mordelos mi amor, pero no me lastimes”, me respondió Silvia.

Me pareció sentir algún gemido a través de la pared, seguramente Mirta estaba disfrutando con las palabras que le llegaban desde nuestra habiotación. Yo me excité mucho más imaginando lo que ocurría del otro lado. Silvia estaba desconocida. Jadeaba y gemía. Se colocó en 69 y nos prodigamos una mamada descomunal. Luego de una cogida de casi veinte minutos con un mete y saca profundo dentro de su concha complaciente, me corrí y eyaculé entre gemidos y jadeos acompañados por expresiones mezcladas de lujuria y amor, que seguramente llegaban a los oídos de Mirta.

Nos bañamos juntos enjabonando nuestros cuerpos y nos prometimos repetirlo todas las semanas el mismo día y a la misma hora para disfrutar de una tarde en soledad y gozar del renacer sexual y el placer intenso que habíamos vivido luego de tanto tiempo.

Silvia salió para visitar a sus padres, y yo media hora después deje el departamento para ir al consultorio. En el momento de cerrar la puerta, se abrió la de mi vecina. Mirta me miró a los ojos, me tomó de la mano y me introdujo en su departamento. Me besó y en un susurro me confesó que la habíamos hecho muy feliz. Había gozado escuchando todo, casi como si hubiese estado presente y me dijo que esperaría ansiosamente el martes siguiente. Su calentura le había provocado al masturbarse un orgasmo fabuloso. Había explorado la profundidad de la sensualidad femenina y la fantasía de una relación diferente estimulando sus sentidos y dando rienda suelta a su imaginación.

A partir de ese día todos los martes gozábamos de una relación cada día más intensa. Silvia siempre se había negado a una penetración anal, pero para mi sorpresa una tarde mientras cogíamos, en el paroxismo del placer, me imploró en voz alta que la iniciase y le desvirgara el ano.

“Papito rompeme el culo. Quiero tu pija dentro mio”, “No te detengas con esa pija enorme y gruesa, aunque grite de dolor”.

La calentura que tenía, sabiendo además que Mirta escuchaba desde su habitación me incentivó. En voz alta fui describiendo todos los pasos.

“Te voy a meter la verga dura como está”. “Me pongo el condón, y te lubrico el ano con vaselina”.

“Sí mi cielo, lo que tu quieras”. Silvia me abrió las nalgas, con las dos manos dándome a entender que estaba lista para cumplir con mis deseos durante tanto tiempo negado.

“Que culo maravilloso con orificio tan estrecho”, “como te lo voy a agrandar”, le dije. La coloqué de espaldas y comencé con un movimiento circular alrededor del ano, hasta que a viva voz me expresó.

“Ahora Hugo hazme tuya, no me hagas desear más, estoy dispuesta a soportar el dolor”.

Con un solo movimiento le introduje mi miembro, atravesando el esfínter. En ese momento lanzó un grito de dolor, y a medida que lo profundizaba en el recto aumentaban sus gemidos y las expresiones obscenas de dolor y placer. Me pedía por favor que se la sacara pero moviéndose en vaivén no hacía más que introducirlo hasta que mis testículos golpearon sus nalgas. Finalmente tuve toda mi verga dentro de su recto. La tomé de sus tetas, y nos movimos como un perro a su perra en celo hasta que eyaculé entre jadeos y palabras derramando mi semen en su interior. Silvia llegó a un orgasmo ruidoso que llegó a los oídos de Mirta. Terminamos bañándonos juntos enjabonando nuestros cuerpos y besándonos entre expresiones de amor y caricias.

Fue otra tarde diferente que nos llenó de placer. Silvia se quejó por varios días de la irritación de su ano que por fin había desvirgado. Había cumplido con mi deseo

Al encontrarme con Mirta, me felicitó y me aseguró que había disfrutado del maravilloso momento en que escuchó que había desvirgado el ano de mi esposa.

 

Munjol (continúa con Parte 3)

Relatos porno 

18/05/2006 23:07 Autor: relatosporno. Enlace permanente. Tema: Relatos Hetero No hay comentarios. Comentar.

La vecina del 19 H

Nos habíamos mudado con mi esposa a un edificio torre en la zona de Caballito. Alquilamos un departamento en el del piso 19. Era un edificio de construcción moderna que constaba de 22 pisos que albergaban 8 departamentos por cada uno, una verdadera comunidad. Casi no nos conocíamos con el resto de los inquilinos. Solo unos pocos nos saludábamos, y uno de esos era el matrimonio que constituían Mirta y Sergio cuya puerta de entrada al departamento confrontaba con la del nuestro.

Nos solíamos encontrar en el pasillo o el ascensor cambiando saludos protocolares. El parecía mucho más amable y locuaz que Mirta que parecía tímida y respondía lacónicamente a nuestros saludos. Era atractiva, de estatura mediana, delgada, y de muy buena figura. Morocha, de cabello negro y siempre bien arreglada. Sus ojos oscuros brillaban con un dejo de sensualidad y misterio como si ocultaran algo íntimo de mujer insatisfecha. En una charla informal, me enteré que Sergio era comisario de abordo y pasaba varios días ausente de su casa, por lo que no me extrañó no verlo durante un par de meses. Mirta se ocupaba de los hijos, hasta que en un encuentro en el ascensor me confesó que se había separado y necesitaba mis servicios como médico pues tenía al hijo más pequeño con fiebre. Con todo gusto la visité en su domicilio, resolví su cuadro febril y le ofrecí consultarme cuando me necesitase.

A partir de allí se produjo una relación más estrecha y en confidencia le ofrecí vincularla a una psicóloga amiga del hospital para ayudarla en su depresión a causa de su ruptura matrimonial que decía no poder superar.

Aceptó y a partir se entonces, todos los martes y viernes la comencé a llevar en mi auto para sus entrevistas. De común acuerdo decidimos que no se lo diríamos a mi esposa, pues sabía que celosa como era, pondría el grito en el cielo.

Transcurrieron un par de meses, hasta que la psicóloga me llamó y me alertó “Te necesita esta enamorada de vos y te puede comprometer”. Eso no hizo más que incitarme y decidirme a enfrentar el peligro que implicaba transformarme en su amante desoyendo las advertencias de Alicia pues creía que lo podría manejar. En realidad me gustaba como mujer y seguramente necesitaba de alguien que la pudiera atender en su soledad y su abstinencia sexual.

Esperé el sábado. Aduje en casa que estaba de guardia y la invité a tomar el té en un bar de Recoleta. No se hizo rogar, y aceptó. Sabia que el padre llevaba sus hijos consigo los fines de semana, y no pondría excusas. Nos encontramos a las seis de la tarde. Estaba preciosa con un vestido negro, botas y una polera del mismo color. Se había puesto un perramus blanco con capucha, que hacían resaltar su cabello y sus ojos negros. Expresé mi admiración por su belleza y su sensualidad tanteando el terreno, que Mirta allanó cuando me dio un beso en la mejilla, agradeciendo mi delicadeza.

Llovía a cántaros cuando íbamos a descender del auto para entrar a la confitería, entonces le propuse ir a un lugar más íntimo para no mojarnos. Me miró con esa mirada profunda y sensual, y en un susurro me expresó “Lo que tomo prestado no lo devuelvo”. Era una amenaza para mi esposa?. Por toda respuesta la abracé y busqué su boca. Nuestras lenguas se fundieron. Busqué con mis manos sus senos y noté la dureza de sus pezones, y al colocar mi mano por debajo de la pollera percibí la humedad de su vulva a través de la tanga. Mientras se recostaba en mi hombro y acariciaba mi miembro, dirigí mi automóvil hacia un hotel alojamiento.

Al llegar estábamos excitados, y apenas cerrada la puerta de la habitación, nos abrazamos y besamos con pasión. La fui desvistiendo con torpeza y Mirta, musitando mi nombre, me pidió pasar al baño. Mientras la esperaba me saqué toda la ropa y comprobé la dimensión adquirida por mi miembro palpitante.

Al aparecer la admiré, Mirta no era muy alta y sus senos más bien pequeños poseían pezones oscuros y puntiagudos que parecían apuntarme endurecidos por el deseo. Su rostro arrebolado y su boca entreabierta, eran una clara invitación a poseerla. Estaba totalmente desnuda y el calzado de tacos altos era su única indumentaria. Su cuerpo de cintura estrecha y sus piernas torneadas me sedujeron definitivamente. La atraje hacia mi cuerpo y sentí su piel ardiente. El vello que cubría la entrada de su sexo estaba húmedo, y el misterio de sus entrañas me indujo a arrodillarme, y mientras se recostaba en el diván y se abría de piernas, comencé a explorarla con mi lengua entreabriendo con mis dedos los labios de la vulva. El jadeo y los gemidos entrecortados y el sabor agridulce de los pringosos jugos que fluían de su interior me revelaron el placer inmenso que sentía por la caricia. Luego fue Mirta, la que tomó con sus manos mi verga y con maestría me practicó una mamada fantástica. Nos pusimos en 69 y mientras yo disfrutaba con la visión de sus orificios abiertos por mis manos y lamía el clítoris, Mirta me mamaba la verga, tomándola con sus finas manos. Sentí como me descorría el prepucio dejando mi glande al descubierto entonces eyaculé dentro de su boca. Se atragantó con el semen, pero sorbió hasta la última gota, terminando entre jadeos y gemidos agitados y felices.

Nos bañamos juntos y luego descansamos abrazados echados sobre la cama. Mirta seguía excitada y comenzó a masturbarme, me confesó que hacía tiempo me deseaba aún antes de separarse, y muchas noches había soñado conmigo mientras hacía el amor con su marido. Me susurró al oído, mientras lamía mi oreja, “Te espero adentro mi amor”, incitándome a penetrarla. Quería que mi pija la llenase de amor y de leche.

No pude más la deposité en la cama de espaldas y comencé a jugar con mi glande acariciando el clítoris. Se arqueaba pidiéndome con desesperación que apagase el fuego que la consumía. Ella que parecía tímida y recatada, había resultado fogosa e insaciable en la cama. En ese momento percibí que podía comprometer mi matrimonio pero no me detuve para aclarar las cosas, no era el momento, solo deseaba gozar de ese momento sublime.

La penetré hasta el fondo de su vagina de un solo movimiento, estaba empapada. Fue un mete saca violento entre gritos de placer y semen desbordando de su concha, esparciendo los jugos por su vientre y los muslos de ambos, que limpió luego con su boca. Me confesó que luego de mucho tiempo había gozado como mujer y me proponía compartir por “un tiempo” a mi esposa, agregando que haría reflotar en Silvia la libido y el deseo adormecidos, como yo le había contado.

Nos vestimos y antes de dejar la habitación, nos besamos y mirándome a los ojos me propuso ser su amante sin perturbar mi vida matrimonial.

MUNJOL,

Sigue con la segunda parte “LA VECINA DEL 19 H” (Parte 2)

Relatos porno 

18/05/2006 23:06 Autor: relatosporno. Enlace permanente. Tema: Relatos Hetero Hay 1 comentario.

03/05/2006

Mi morbosa jefa y su culo insaciable

Menuda jefa, morbosa rubia, pensé el día que me la presentaron en mi trabajo. Una madura rica que estaba para meterle los 10 dedos en su rico culo húmedo. Vaya culo y vaya tetas también, y eso que yo ya llevaba culeada a media oficina, y culeadas a dos travesties que paraban en el bar de la esquina del trabajo. Demás está decir los culos que tenían esas enedemoniadas travesties. Pero lo de mi jefa pintaba, sí, pintaba bien y para darle duro en la cama. Esa piel blanca... esos ojitos, esas tetas que guardaba bajo sus blusas de seda, redondas tetas de rendondos pezones de mujer madura que nunca habría tenido críos que se las mamaran.

Como al mes de estar trabajando allí, un día entré a la oficina y estaba muy cachonda. Primero que le subiera el cierre de la falda que quedaba en su espalda y se había trabado. Se lo subí no sin rozar los cachetes de su levantada y redonda cola. Segundo que le mirara un zapato que le parecía que se había aflojado su taco. Se lo revisé mientras le acariciaba las piernas al sujetarlas. Y luego el inesperado "por qué no me las acaricias un poco..." y se echó en el sillón dejando al aire sus hermosas tetas de hembra madura y sabrosa. Acaricie sus ricas tetas

Y empecé a acariciarlas con firmes movimientos de mis manos, y la yegua jadeaba de placer, sentía un goce profundo e inacabable. Fui y cerré la puerta de la oficina desde adentro, no fuera que algún despistado se metiera así porque sí mientras hacía uso de ese hermoso y profundo culo.

Le metí un deditoNo tardó en jalar la escueta pollera hacia arriba dejando su tanga apenas cubriendo la entrada. Corrí la tanga y empecé a jugar con mis dedos en su ardiente agujero, mientras se mecía para adelante y gemía suavemente. Se la notaba muy caliente. Le pregunté a cuántos le habría entregado su sexo dentro de la oficina, y me respondió que a varios.

No contento con mis dedos en su concha, empecé a besar su sedoso clítoris que se alzaba bien arriba.No paraba de sobarlo con mi lengua, al mismo tiempo que le tenía introducido el dedor mayor de mi mano izquierda, entrando y saliendo reiteradamente. -Pajéame así,-dijo.- Así, pajéame bien y chúpame entera.Le estaba besando el clítoris

Estuve como media hora entre sus piernas, ella mojándome los dedos y yo chupándoselos, cuando no, le puse un dedo a fondo en su rico culo que la muy morbosa pidió que me lo chupara, tras lo cual ella siguió haciendo lo mismo. Se lo llevaba hasta el fondo de su boca la depravada.

No tardó mucho en tener unos espasmos y frenar con su mano mi acción sobre su clítoris. Se puso de pie y me pidió que me sentara.

Comenzó a mamarla con entusiasmoEmpezó a mamarme con fuerza y con un entusiasmo envidiable. Creo que había estado soñando despierta toda esa mañana con un hombre a quien comerl. Y me lo estaba deglutiendo como un helado.Se la mamaba haciéndome desea más

-Así, zorra, así se mama.

-No te dejaré un gota de leche sin tragarme - respondió.Es una promesa.

-Qué placer que me daba la rica madura. Yo estaba duro con mi tronco mirando y gozando de sus lamidas, del roce de su inquieta lengua en su boca viciosa.

La arrinconé para metérsela bien adentro No podía más, y ella tampoco. De repente se paró y fue hasta el rincón llevándome de una mano, y subiendo una pierna al escritorio donde estaba la computadora, puso su sexo en dirección a mi pene, dispuesta a que la atacara sin más preámbulos y consideraciones.

Que gloriosa penetración, y que rica que lucía la muy puta, con mi verga entrando y saliendo de su calentísima cavidad. No dejaba un centímetro sin disfrutarla.

-No me tengas lástima -decía.- Golpéame hijo de puta... dámela sin asco, cabrón...

La golpeaba con fuerza, la atropellaba, pero mis ojos estaban puestos en su culo exquisito. Se lo acariciaba y pellizcaba, y ella gozaba con esos juegos de manos durante la larga penetración. Larga por el tiempo y larga por el tamaño de mi pene que no era de los chicos. Luego, estimando que aquella posición no era la mejor para romperle el culo como se lo merecía, la saqué de un tirón y la bajé de allí. Volvimos hasta el sillón y me la senté encima, para meterla en su culo inquieto y ardiente...

Se la enterré en el culo -Esto es lo que más me gusta -dijo.

Y arremetí con acelerados movimientos en su culo, entrando y saliendo por ese agujero apetecible, que no ofrecía resistencia, y cuyo tamaña hablaba de las experiencias que esa puta jefa habría tenido desde muy joven.

-Qué bien roto que lo tienes -le dije mientras se la metía sin vueltas. - Se ve que la niña no perdió el tiempo...

-Sí... me lo han hecho decenas de veces... como tú ahora... y en esta oficina también... cójeme... cójeme y no pierdas tiempo... haz tu trabajo... -respondió con tono enérgico como dando una orden. Su rostro colorado, su pelo agitado, su cuerpo transpirando y su voz que se quebraba de placer.

MI jefa morbosa culeaba como los diosesDame más, dame más, ahhhhhh, -yo le gritaba.

Y ella realizaba maravillosas proezas sobre mi miembro, cabalgando con su culo abierto, mientras un jugo copioso bajaba de su vagina excitada. Y su culo se ceñía más a medida que mi miembro se engrosaba allí dentro, producto de la feroz calentura que esa zorra me despertaba.

-Ahora voy a exprimirte los huevos... -dijo y se bajó.

Tomó mi miembro y se lo llevó a la boca para masturbarme con ella. No contenta con esto, lo soltó y se aferró a mis muslos, que acariciaba salvajemente, cuando no me clavaba sus largas uñas blancas en las carnes diciendo que así marcaba a los machos que se la hacían.

Mi morbosa jefa se tragó hasta la última gotaNo daba más, por fin exploté en su boca copisos líquidos, y ella tuvo la virtud de no dejar escapar una gota de su interior. Su lengua temblaba y daba golpes a la cabeza de mi miembro mientras la inundaba. Se la chupó toda!

Luego de saborear y tragar mi leche, dijó : ahhh, riquísima... y me mandó a trabajar con unas carpetas.

Cuando ya estaba por salir de su oficina, me pegó un chistido.

-Mañana vente temprano, a las ocho, que seguiremos la fiesta sobre el escritorio.

Al salir me recibió el coro de miradas cómplices de mis compañeros. Cuando pasé por el escritorio de su secretaria, aquella me dijo: Buen provecho... se nota que has comido bien.

Relatos porno

03/05/2006 21:43 Autor: relatosporno. Enlace permanente. Tema: Relatos Hetero No hay comentarios. Comentar.

23/03/2006

Violé a mi novio dormido

Soy una niña mala. Aproveché una noche que Javi dormía y me le follé sin su consentimiento... Esa noche estaban mis padres en casa y mi novio dormía en la habitación de invitados. En mi casa son muy tradicionales, así que no podemos dormir juntos, aunque llevemos varios años como pareja. Mi madre, una católica empedernida, dice que en su casa no actuaremos como una pareja hasta que no haya papeles de matrimonio entre medias.

Así que me puse el pijama, me lavé los dientes, me despedí de mi novio, dejándole en la otra habitación y me fui a dormir. Estuve leyendo un poco y perdiendo el tiempo otro poco, hasta que dieron las 2 de la madrugada. Salí al pasillo completamente desnuda (si me ve mi madre, me mata). Fuí hasta el final del pasillo, donde se encuentra la habitación de mi novio. Él no sabía nada de que yo iba a ir, otras veces sí me espera despierto, pero no esta vez.

Entré intentando hacer el menor ruido posible y oí que su respiración era suave y relajada: estaba dormido. Pensé en despertarle llamándole por su nombre. Sin embargo, se me ocurrió otra idea. Tanteé el terreno metiéndome en la cama con él. Apenas se movió, al rato volvió a respirar de la misma manera, incluso creo que roncó un poco. Bien, yo estaba resultando ser una diva del subterfugio. Le toqué para ver qué llevaba puesto y observé que tan sólo llevaba los calzoncillos y una camiseta interior de algodón. Estupendo. Como es un poco sonámbulo probé suerte a hablarle, porque a veces es más fácil ayudarte con su otro yo que intentar hacer nada por tu cuenta.

- ¿Cariño? - no contestó.

Parece que hoy no iba a tener suerte.

- ¿Javi? - volví a intentarlo.

- Dime - me contestó con esa voz entrecortada y suave, propia de cuando está profundamente dormido.

- Pues que he venido a tumbarme aquí a tu lado, ¿te importa? - Sonrió en penumbra y me negó con la cabeza.

- Te quiero mucho, duérmete conmigo - me dijo abrazándose a mí.

- Sí, ahora me duermo contigo, pero primero quiero que te desnudes, que así estaremos más calentitos.

Se quedó pensando un rato. Cuando está en esa situación tarda un poco más en reaccionar.

- Vale, pero me tienes que ayudar - me dijo.

Entonces él dispuso su cuerpo para que a mí me fuera más fácil desnudarle. Primero se levantó un poco y me dejó quitarle la camiseta, y luego subió un poquito el trasero para que le pudiera sacar los calzoncillos. La primera parte del trabajo ya estaba hecha, ahora sólo tenía que hacer que volviera a caer en el sueño más profundo y dejase de hablar.

- Vamos a dormir - le dije y le abracé.

Me abrazó, ya sin decir una palabra y ahí se quedó, completamente inmóvil y dormido como estaba. Dejé pasar un tiempo prudencial, como unos 5 minutos, aunque no tenía forma de averiguar cuánto tiempo real fue. Entonces me desembaracé de sus brazos y aparté las sábanas. Ya le tenía desnudo y dormido, justo como yo quería. Empecé a besarle el cuello y fui bajando por su peludo y atlético pecho. Al llegar a la zona del abdómen, pude ver cómo le empezaba a crecer el miembro viril. A saber qué estaría soñando ahora...

Le besé mucho en el nacimiento del vello y seguí bajando. Me topé con su erecto pene que ya estaba en su máximo esplendor. Lo miré detenidamente y lo agarré. Acto seguido miré a Javi, por si se había despertado. Seguía dormido, pero sé que me estaba empezando a introducir en sus sueños. Su respiración había cambiado un poco y comenzaba a sonar como si estuviera excitado. Para mi propósito era una buena señal. Se la agarré con la mano derecha y empecé a moverla arriba y abajo, de una forma muy suave, como si fuera de porcelana. La piel de su glande se deslizaba con el ritmo de mis manos. Noté una pequeña gota preseminal: se estaba empezando a mojar. Volví a mirarle; seguía con los ojos cerrados, con el semblante tranquilo, pero noté cómo su corazón empezaba a galopar dentro de su pecho. Cambié ahora a la mano izquierda, y con la derecha le agarré los huevos de una forma también suave. Seguí masturbándole, incrementando el ritmo. Se retorció un poco en la cama, signo de que le estaba gustando.

- Más - dijo con un hilillo de voz.

Yo me asusté y paré, pensando que se habría despertado. En ese momento volvió a exalar el aire de forma tranquila. Yo no me explicaba cómo seguía dormido, pero en vistas de que no le despertaba, seguí moviendo mis manos sobre su pene. Aumenté bastante el ritmo y él movió la cabeza en señal de que le gustaba mucho. Cuando sabía que ya estaba muy pero que muy caliente y cerca del orgasmo, me metí su polla en mi boca. Yo tenía la lengua húmeda y la boca calentita. Le lamí desde la base hasta la punta y me la metí en la boca, primero sólo la puntita. Después fui bajando y bajando hasta tocarme la campanilla. Hasta la misma garganta. Me la tragué entera. Me movía arriba y abajo, con la boca bien apretada para que le diera más placer, succionando en cada chupada. Yo estaba encima de él, puesta a cuatro patas, desnuda y chupándosela a mi novio dormido. Aquello me excitó muchísimo.

El hecho de estar en mi casa con mis padres y mi hermano me resultó incluso morboso. Se oían los ronquidos a través de la puerta y me imaginé que si mi madre se levantaba y nos veía así, sería todo un show. Es más, Javi era también ajeno a lo que estaba pasando, porque estaba soñando. Si nos sorprendiera mi madre, él también sería un sorprendido más. Uuuuf, me pareció verdaderamente excitante la situación y comencé a mojarme mucho.

Como tenía el culo en pompa me imaginé que el mismo Javi me la metía por detrás, por el coñito. Me encantaba esa postura. Así, mientras yo le chupaba con frenesí, me empecé a tocar el clítoris con una mano. Cogí la polla de mi novio con la otra y le chupé la punta mientras movía la mano y la boca rítmicamente, como si se tratara de un agujero por el que me estaba penetrando. Ya me daba igual si se despertaba, yo lo único que quería era hacerle gozar y gozar yo. Creo que inclusó le pasé un poco los dientes por el pene, como a él a veces le gustaba. Noté que empezaba a entrecortársele la respiración y succioné con más fuerza, mientras movía mi dedo índice sobre mi clítoris. Javi estaba a punto de correrse en mi boca, seguí lamiendo y chupándo, hasta la garganta para que sintiera mi boca mojada.

Me moví a una velocidad salvaje. Arriba, abajo, arriba, abajo. Entonces, noté que se revolvía y que un líquido tibio y espeso me invadía la garganta. En ese momento, tan caliente como yo me encontraba, me corrí también por acción de mis deditos expertos. Tragué todo su semen porque no sabía muy bien cómo deshacerme de él sin hacer mucho ruido. Le miré. Tenía una sonrisa en la cara, junto con una mueca de placer. Me acerqué más para verle y le noté completamente dormido aún.

Era increíble, había violado a mi novio dormido y no se había despertado. Se había corrido agusto dentro de mi boca y seguía placenteramente acostado.

Toqué otra vez su polla y aún estaba dura, aunque un poco menos que antes. Se me ocurrió volverla a masajear y reaccionó en seguida. Se puso dura. En menos de un minuto ya estaba dispuesta otra vez para que le volviese a violar. Como mi coño estaba húmedo por haberme corrido, me senté con las piernas abiertas sobre él y me metí su miembro despacio. Sentí un escalofrío recorrerme mientras su polla abría mis paredes vaginales y me llenaba con su pene. Calzábamos como un guante, tenía el tamaño justo para que mi vagina le envolviera y a mí me tocara justo hasta el fondo. Entraba entera, dura, gorda y maravillosa. Empecé a cabalgarle lentamente para que no sonara la cama (como ya dije era la habitación de invitados y la cama era bastante vieja). Me moví arriba y abajo, le cogí las manos y le hice que me tocara. Pareció reaccionar y comenzó a masajearme los pechos de una forma muy suave. Pensé que se había despertado.

Subí mi culo hacia arriba para casi sacar su polla de mí y luego bajaba todo mi cuerpo para absorberle hasta dentro. Resbalaba genial por dentro de mí, yo botaba mucho, pero suave. Era consciente de que me botaban las tetas de una manera preciosa, pero él seguía con los ojos cerrados. No sé si Javi se estaba haciendo aún el dormido o si de veras lo estaba. Seguí botando sobre su vientre y noté cómo él intentaba acompañar, un poco torpemente debido a su estado, con pequeños empujones. Uf, cuando me llegaba hasta el fondo es que me ponía cachondísima.

Ahí estaba yo, desnuda, violando a mi novio dormido, follándomelo como una niña mala, mientras toda mi familia estaba durmiendo. De verdad que me ponía caliente el silencio de la noche, lo morboso de la situación, la cara de Javi: mezcla entre placer y sueño. Todo era superexcitante. Y así, follándole encima suyo, mientrás su cuerpo descansaba boca arriba, sentí mi segundo orgasmo. Fue maravilloso.

Él aún estaba disfrutando de mí, cuando aceleré para que se corriera dentro de mí y me inundara. Boté, y la cama se quejó un poco, seguí cabalgándole. Le puse un pecho sobre su boca y lo chupó instintivamente. Me arrimé a él y espachurré mis tetas contra su torso mientras no dejaba de moverve. Así, mi bello durmiente tuvo su segundo orgasmo, esta vez dentro de mi vagina. Me puso perdida de semen.

Seguí moviéndome lentamente para que terminase de gozar cuando abrió los ojos. Se quedó perplejo, con cara de placer y de sorpresa. Me abrazó y me susurró al oído:

- Así que no era un sueño.

<a title="Relatos Porno" href="http://www.relatosporno.com.ar/">Relatos Porno</a> 

23/03/2006 19:31 Autor: relatosporno. Enlace permanente. Tema: Relatos Hetero No hay comentarios. Comentar.

16/03/2006

La diosa del placer infinito y los ojos de miel

¿Qué es lo mejor que un amigo te puede regalar? aquí te propongo una alternativa... Edelmira vio como se habría la puerta de improviso y su cara mostró toda su sorpresa y temor por lo que veía: su marido estaba allí parado mirándola, a solo unos pocos metros, y ella allí, desnuda, en posición de hembra en celo. Pero esos ojos bellos color miel cambiaron de súbito a una expresión de incredulidad e incertidumbre, puesto que contrariamente a lo que ella esperaba, el hombre que la amaba la miraba con una cara lasciva y calentona. Nada de rabia, nada de despecho. Sin embargo, lo que más le desconcertó fue que marco seguía bombeándole el culo como un salvaje, impávido, sin siquiera inmutarse ante la presencia del recién llegado, meciéndole la verga hasta lugares en donde ella jamás se había imaginado que un macho la pudiese coger por allí, por esa entrada que tan poca resistencia opuso al recibir las primeras embestidas de ese falo duro y grueso.

Tampoco se habría imaginado que ese esfínter anal suyo fuera un arma de poder tan deliciosa, porque a pesar de estar en cuatro patas, con la cabeza enterrada en la almohada, el culo levantado y firmemente tomado por esas manos grandes de macho, había descubierto que de tanto en tanto podía apretar el culo y darle aún mayor resistencia a esa verga que furiosa le abría las entrañas por detrás, teniendo como respuesta un bramido de placer de ese macho que detenía su embestida y le prodigaba una frase obscena y lujuriosa, que daba cuenta de su pericia de puta con el culo. Esa sensación inicial de dolor mezclado con placer pronto se fue convirtiendo en una de sumisión y control deliciosos, y le estaba gustando mucho el juego, al punto que de su boca se escuchaban frases del tenor: "¡¡Así mi amor, no pares, rómpeme así de rico el culo, sigue...!!".

¡¡Cómo lo estaba gozando!!, cómo la había hecho gozar ese hombre que en cada entrada de su cuerpo, había aplicado la misma fórmula de sutil seducción y obsceno desenfreno. Había terminado por vencer sus resistencias de dama, había descubierto a la caliente puta. Ante esa irresistible combinación de piel, besos, caricias y humedad, de uno en uno fueron cayendo su boca, su concha, su culo, entregándose por entero a los deseos lujuriosos de ese amante ocasional. Por esto no le sorprendió que la presencia de su marido no fuera impedimento para que ella sintiera nuevamente cómo las contracciones de su concha comenzaban a fusionarse en un mar de húmedos espasmos, y que el rictus inconfundible en su rostro fuera la señal de que ese inmenso placer la iba a envolver nuevamente.

El sudor de su cuerpo después de tan extensa sesión de sexo le había dado a ese cuerpo de hembra un brillo hermoso y sensual en la penumbra de aquella habitación, y los movimientos de su pelvis y los gemidos de su boca le entregaban una belleza única, aquella que las mujeres manifiestan solamente cuando un macho de verdad las ha sabido coger como toda dama con alma de puta sueña. Y de verdad que bella se veía cuando ese orgasmo arrebatador nuevamente la invadía en esa situación tan morbosa.

En medio de ese orgasmo salvaje que le hacía sentir la sangre palpitando en sus sienes, de ese gemido de perra cogida que se ahogaba en su garganta, de esas ganas de gritarle a todo el mundo que estaba siendo cogida como ella se merecía, de los dedos enterrados en las sábanas y los ojos color miel entrecerrados, su cara cubierta por sus bellos cabellos oscuros, inundada de semen y lujuria.... en medio de todo aquello comprendió finalmente lo que sucedía... en ese momento entendió que no era casualidad que su marido, le hubiese casi obligado a que hoy se pusiera ese pantalón blanco y tan ajustado, que caminando por la calle y escuchando toda clase de obscenidades referidas a su culo, le hacía sentirse casi como una puta.

Tampoco era casualidad la cadena de sucesos novedosos vividos hoy. Recordó la llegada a su trabajo de ese hombre que la fue a visitar por temas laborales sin importancia, y que en medio del típico café de oficina le dejo la sensación de conocerla tan bien, aún más con un par de copas que no sabe como se atrevió a aceptar después de las 6. Entendió que no era casualidad que en medio de ese baile que aceptó gustosa con el alcohol en su cabeza y un calor intenso en la entrepierna, ese hasta algunas horas extraño supiera susurrarle al oído justo lo que le encantaba oír, y la guiara en ese baile seductor, con la cadencia que toda mujer agradece, desde la pista de baile hasta una suave, prohibida y pecaminosa cama de hotel. Desde el último paso de baile hasta la alfombra de aquel cuarto no era mucho lo que recordaba, solamente sabía que estaba tan excitada y fuera de control que mucho antes de bajarse del auto ya no tenía puesta la tanga, y que su boca antes de retocar sus labios sentada al borde de la cama y su amante succionándole los jugos de su sexo, ya había gozado con intensidad el sabor a verga de macho en el camino.

No le había importado ser por una noche una puta, pero una de lujo, de aquellas que tienen la voluntad de decidir cual será el macho que la podrá gozar, fantasía que solo hoy se había atrevido a cumplir. Pero en ese instante la gloria estaba siendo completa, al mismo tiempo que sentía los ríos de placer recorriendo su cuerpo con inicio en su concha y un final quien sabe donde, aquel macho comenzaba a soltarle su néctar en chorros de placer infinitos e interminables, bufando como un macho salvaje poseyendo a la más deliciosa y prohibida hembra, en una conjunción de lujuriosos ritmos en que ambos gemían como dos animales en época de celo. El objetivo aquí no era la especie, era simple placer, de ese al que tantas veces Edelmira de había negado.

La miel de sus ojos apenas podía distinguirse en medio de esos cabellos enmarañados sobre su rostro, por la locura y el desenfreno de aquella sesión de sexo, a lo que sería necesario agregar la posición de esos amantes que aun después de ese orgasmo simultaneo e intenso, se negaban a abandonar. En los ojos de su marido esa imagen será imborrable, su mujer en cuatro patas de la misma forma como él la había tenido tantas y tantas veces, pero ahora clavada por la pija de otro macho, y nada más ni nada menos que por el culo, precisamente en ese culo con el que fantaseó tantas veces viendo como su mujercita volvía locos a los hombres, pensando en si ya otros habían tenido el placer infiel de probarlo. Tampoco es probable que pueda olvidar el rugido de ese macho cachondo cuando se estaba corriendo, ni el sonido de su pelvis chocando con fuerzas con las nalgas de Edelmira que lo recibían gustosas y abiertas, tampoco el gemido inconfundible de su mujer, señal que se estaba corriendo como poseída con ese falo clavado en sus entrañas.

Edelmira en cambio, sólo después de unos segundos interminables y exquisitos disfrutando el post orgasmo, en que le habían cogido por el culo soltándole un interminable y suculento néctar que podía sentir ahora hasta lo más profundo del ano, al mismo tiempo en que se corría con el deseo incontenible e irrefrenable de la novata y la experticia y sabiduría de la más grande y lujuriosa puta, solo después de gozar todo eso atinó a levantar la cabeza de la almohada y mirar nuevamente a su caliente y fantasioso marido. Con su voz aún entrecortada y la garganta afectada por los gritos, que le fue imposible ahogar en las sábanas en sus sucesivos orgasmos, le dijo a su marido con una mirada cómplice y morbosa:

"Eres un cabrón, tú lo preparaste todo, así me querías ver, pues aquí me tienes, mírame bien, pero déjame decirte que lo gocé, y mucho, pero aún no he terminado, acércate que es mi turno de la fantasía..."

Una sonrisa se dibujó en sus labios hinchados por el roce de esos besos tan intensos, apasionados e interminables de su amante casual. En su lengua aún sentía el sabor y la sensación de aquella exquisita presión del miembro erecto y duro pujando por llenar su boca. Jamás se imaginó antes de aceptar esa mamada que iba a ser así de larga y deliciosa, y que iba a dejar que Marco la metiera toda hasta casi no poder respirar, por tener la garganta llena de verga. Pero Edelmira aún quería más, si esta noche iba a ser una puta, quería serlo completa. Separó su culo de la verga ahora ya en reposo de marco y con una mano la comenzó a masturbar rogando por una reacción rápida, haciendo un ademán a su marido para que se acercase, a lo que este obedeció sumiso. Bajó la cremallera de su pantalón y aquella mujer tan formal en apariencia que sólo gozaba con calentar a los hombres meneando sutilmente su exquisito culo, hormado por sus pantalones tan ajustados que enloquecían a su marido, estaba a punto de cumplir la fantasía de muchas, sentir lo que dos vergas pueden hacer por el placer de un cuerpo deseoso y receptivo de una hembra como ella.

Cuando su marido sintió que su mujer comenzaba a mamársela con fuerza, como con furia, no pudo dejar de pensar en que sólo algunos minutos atrás era la verga de marco la que llenaba esa boca, que era muy probable que aún quedasen restos de semen en su lengua y que la ahora muy puta de su esposa podía sentir esa mezcla de sabores que sólo las hembras muy conocedoras de los placeres del sexo eran capaces de gozar.

Marco, al ver tal espectáculo, ya había reaccionado. Empalmado como estaba, pensó que era tiempo de devolver placer con placer... Ubicó a Edelmira cruzada en la cama para que en un extremo de ésta ella pudiese seguir con su trabajo de chuparle el tronco y lamerle los testículos a su complacido marido. El en cambio, se ubicó estratégicamente en el otro extremo abriéndole de par en par las piernas. Que vista aquella, esa concha depilada y suave, con los labios aún húmedos y enrojecidos por la cogida que él le acababa de dar, pero aún así deseosa de más. Pero lo que más le calentó fue ese hilo de leche que comenzaba a brotarle del culo a Edelmira mojando copiosamente las sábanas. Con dos de sus dedos tomó desde la fuente misma ese néctar, introduciéndolos lo más que pudo en esa vertiente de placer, y con ellos untados de ese blanco y espeso jugo la tomó de los cabellos obligándola a parar un momento con su mamada, y metiéndolos de una en su boca le dijo con voz morbosa: ¡cómelo para que tu boca sienta el placer que tu culo gozó al recibir mis chorros!. Ella, al oír esa frase que sólo a una puta un hombre sería capaz de decir, lamió esos dedos devorando con fruición ese lujurioso manjar hasta no dejar resto, y solo después de estar segura que no quedaba rastro, siguió con su mamada. Su marido ahora ya no tenía su duda inicial, ahora estaba seguro que el paladar de su mujer podía dar fe de la delicia de la mixtura de sabores de macho en la boca de una hembra así de puta.

Marco pagó su deuda devolviendo la mamada que le había prodigado rato atrás Edelmira, con la mejor comida de coño que le habían dado a esa mujer en mucho tiempo. Edelmira se volvió loca sintiendo la lengua intrusa de marco separándole los labios de la chocha, entrando con fuerza a la fuente misma de sus jugos vaginales, y ni hablar de esos labios de macho jugando con una presión exquisita en su clítoris que sentía iba a reventar de placer. Luego de unos minutos eternos no aguantó más, comenzó a gemir con la verga de su marido en su boca y sintió que un volcán de placer le iba a hacer erupción en su sexo, lo que efectivamente ocurrió, y su boca sin control fue tal la presión que ejerció en la verga de su marido que éste no pudo aguantar mas y comenzó a derramarse a borbotones en su boca. Pero Edelmira estaba fuera de control gozando ese orgasmo, sin querer separó aquella pija de sus labios y ésta estando libre comenzó a rociarle con leche el cabellos, la cara, las tetas, en lo que para ella fue una verdadera tortura de placer, porque marco en vez de detener su ritmo comenzó a comerle la chocha como si en eso se le fuera la vida, presionando su clítoris con su lengua furiosa y metiendo y sacando tres de sus dedos de su sexo en forma frenética, rozando con pericia lo que algunos llamarían su punto G.

Si el lector me permite, pasaré a continuar el relato en primera persona, en honor a aquella pareja morbosa y esa noche feliz.

Después de mi tercera corrida en esa hembra deliciosa e irresistible, supe que era el momento de partir. Si bien la ocasión ameritaba más lujuria, hay momentos en que el deseo tiene que dejar paso a la cordura y el reposo. Edelmira y su esposo yacían allí en ese lecho de hotel como dos amantes esposos después de su primera noche de luna de miel, abrazados y exhaustos. Esa diosa de culo perfecto y ojos hermosos, había tenido aquello que tanto había resistido, solo ayudada por un par de copas y la complicidad de su marido. Este en cambio, había por fin visto lo que sólo en sus fantasías más afiebradas había soñado, a su mujer convertida en la más ardiente y desenfrenada puta.

En mi caso, no olvidaré lo que un buen culo enfundado en un ajustado pantalón blanco puede provocar en un hombre como yo, aunque para serles franco, lo que espero que la vida me permita repetir, es la exquisita e irrefrenable sensación de sentir la presión del culo dilatado de una hembra como aquella, cerrándose firme de vez en cuando y a voluntad, recordándome que en el sexo, aun una hembra entregada así a mis deseos, sigue siendo una reina del placer y debe ser tratada como tal.

Mañana llamaré a mi amigo, no antes del medio día puesto que esos dos tendrán mucho placer que darse recordando lo vivido, y le agradeceré por compartir conmigo a esa diosa de mujer que tiene. Y si Edelmira aún quiere hablar conmigo, esa será la indicación de que esta historia aún no ha llegado a su fin.
16/03/2006 20:25 Autor: relatosporno. Enlace permanente. Tema: Relatos Hetero No hay comentarios. Comentar.

Un viaje con Graciela

Habíamos viajado más de 1000 kilómetros para llegar a aquella pequeña ciudad enclavada en el desierto patagónico. Un paisaje árido pero sumamente atractivo nos había acompañado casi todo el camino. Fueron 10 horas interminables que se hicieron más llevaderas gracias al ingenio de Graciela y al deseo que nos envolvía permanentemente desde que nos conocimos a mediados de 2005.

Salimos al mediodía de Mendoza y el calor de la siesta pronto se hizo sentir. Nada mejor que unos mates y sándwiches para pasar el hambre y la sed. Al principio hablamos de diversas cosas sin importancia pero pronto la conversación nos llevó inexorablemente a un tema: el sexo. A ambos nos encantaba hablar de sexo, fantasear y calentarnos recordando e imaginando cosas. Juntos recordamos aquella primera penetración anal que tuvo Graciela. Ella jura que fue su primera vez por atrás… y yo le creo.

Fue nuestro segundo orgasmo de aquella tarde de febrero. A pesar de mi cansancio por el primero, ocurrido cerca de una hora antes, los dedos y labios de Graciela provocaron una nueva erección. Sus labios sobre mi boca y sus dedos sobre mi pene. Su boca solía ser endiabladamente sensual cuando se lo proponía. Mojaba mis labios con los suyos y metía su lengua en mi boca buscando en lo más profundo y chupando mi lengua. Su lengua también salía de mi boca por momentos y mojaba mis labios y parte de mi rostro. Eso me calentaba mucho. Mientras tanto, su mano se deslizaba sobre mi pelvis y sus dedos comenzaban a acariciar mi adormecido miembro. Lo hacía con tal calidez y suavidad que pronto lograba su propósito. Si algo faltaba para lograr una erección memorable, lo consiguió poniendo su dedo más sensual, el del medio, sobre mi ano. Empujando suavemente con ese dedo y moviéndolo en círculos en la puerta de mi culo mientras me besaba, con la otra mano controlaba la dureza de mi erección que iba creciendo. Mientras yo había tomado un pomo de lubricante muy liviano y fresco que habíamos descubierto como efectivo promotor de extraordinarias calenturas. Lo apliqué suavemente sobre su clítoris y comencé a acariciar aquella hermosa concha que además ya estaba muy mojada con sus propios jugos vaginales. Graciela llevó lentamente su boca a mi miembro y este completó una erección envidiable para mis más de 50 años. Lo besó y chupó de todas las formas imaginables arrancándome profundos gemidos de placer.

Cuando retiró su boca de mi dura pija, coloqué un poco de lubricante sobre el glande para que ella lo esparciera suave y lentamente hacia abajo. Lo hacía con tanta dulzura, disfrutando tanto de lo que hacía, que su rostro denunciaba un sentimiento de placer infinito. Aquello se transformaba lentamente en una paja memorable y extremadamente placentera. Cuando mi pene consiguió la dureza que ella esperaba, se montó sobre él y lo introdujo lentamente en su lubricada y mojada vagina. Daba a su cuerpo un movimiento ondulante que parecía absorber mi pija proporcionándome un placer indescriptible. Con mis dedos todavía impregnados en lubricante, comencé a recorrer en círculos su ano. Graciela me había dicho que nunca nadie había conseguido entrar allí y que por lo tanto se mantenía virgen de aquel orificio. Tenía temor ya que algunos intentos habían fallado por causarle un tremendo dolor. Yo mismo lo había intentado a poco de conocernos pero sin éxito.

Aquel día le había prometido que alguna vez lo haríamos y conseguiríamos la penetración sin dolor o con muy poco. Puse más lubricante sobre mis dedos y continué el movimiento en círculos pero penetrando uno de mis dedos ligeramente. Noté que no sentía dolor y que aquello le hacía sentir más placer en su vagina donde mi pija entraba y salía al ritmo de sus ondulaciones. Poco a poco fui introduciendo mi dedo mayor en su ano hasta llegar casi a los nudillos de mi mano. Ella lo gozaba cada vez más. Despacio saqué mi pene de su concha hirviente y lo apoyé en su ano dilatado y mojado no sólo por el lubricante sino también y en gran medida por los jugos de ambos que a aquellas alturas brotaban como calientes manantiales. Empujé despacio tanteando el terreno y mirando su rostro para ver si expresaba dolor o placer. Su expresión era justamente una mezcla de ambos. Entonces dejé que ella manejara la situación. Y vaya si la manejó. Empujó lenta pero firmemente hacia abajo hasta conseguir que toda mi pija la penetrara por aquel inexplorado agujero.

- Es la primera vez que una pija entra en mi culo, amor, quiero que sepas que es solamente tuyo. Quiero disfrutarlo al máximo y que vos también lo disfrutes. Estoy muy caliente, amor.

- Si mi vida, hoy sois mi puta más caliente, la que más placer me ha dado ¿Te gusta ser la mejor y más caliente de mis putas?.

- Si, amor. Quiero ser siempre tu puta más puta, tu única puta, la única que te da su culo para que lo disfrutes con esa hermosa pija que tenéis.

Lentamente retomó el ritmo de su movimiento ondulante. Puse mi mano sobre su pelvis húmeda y con mi pulgar busqué su abultado y erecto clítoris. No tardé en encontrarlo y sentir cómo vibraba de placer como si fuera un afinadísimo instrumento musical. Lo masajeé con suavidad, primero de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo muy lentamente. Luego comencé a dibujar círculos sobre aquel pequeño pero hermoso órgano que dominaba todos nuestros movimientos. Era sin dudas el centro del placer y de la escena. Mi pija seguía el movimiento del ano y pelvis de Graciela mientras ella estallaba en placer. Por mi pulgar en su clítoris y por la nueva experiencia de sentir una verga dentro de su recto virginal. Ambos sentimos la proximidad del orgasmo, único, interminable, exquisito. Su rostro me regalaba una expresión incomparable de goce y sus gemidos de placer comenzaron a llenar todos los espacios de la habitación. No tardé en acompañarla con mis propios gemidos, profundos, guturales, intensos.

- Lléname el culo con tu leche, mi amor, no puedo más de placer.

Y sentí justo en aquel momento cómo mi semen recorría el interior de mi pija y se volcaba con esfuerzo en aquél hermoso y apretado orificio. Se tiró hacia atrás sin dejar de moverse y eso hizo que mi miembro penetrara aún más adentro haciéndome enloquecer de placer. Había sido para ambos una experiencia maravillosa.

El recuerdo de aquellas escenas nos había puesto cachondos a ambos. Mi pija se dibujaba debajo del pantalón y yo podía adivinar que la vulva de Graciela estaba empapada. Sonrió adivinando mis intenciones y sin detenernos ni a pensarlo, aflojó el cinturón de mi pantalón y sacó mi miembro húmedo. Lo puso en su boca saboreando las gotas de lubricante que asomaban metiéndolo luego hasta su garganta. Con su mano derecha, mientras tanto, comenzó a tocarse entre las piernas. El placer nos envolvía por completo a ambos. La adrenalina nos recorría y el auto no se detenía. Solamente disminuimos la velocidad un poco cuando el movimiento de su cuerpo me indicó que ella tendría pronto un hermoso orgasmo. Esa advertencia aceleró de inmediato mi pulso y dispuso que mi semen se aprestara a salir. Llenó su endiablada boca en el mismo momento en que yo veía de reojo los espasmos de su orgasmo en toda la geografía de su hermoso cuerpo. Como un premio a aquel “esfuerzo”, nos detuvimos a la sombra del primer sauce que encontramos a la orilla de la carretera.

Cuando bajamos en el hotel, cansados por el viaje, dedicamos un par de horas a descansar y prodigarnos masajes y caricias en todo el cuerpo. Entonces Graciela trajo a la conversación un tema que yo presentía traería. Es que en aquel pueblo donde estábamos ahora, vivía una mujer que yo había conocido tres años atrás y con la que había pasado una caliente noche de amor. Se trataba de Sandra, una chica de poco más de 30 años que había dejado esa tarde a su hijo y esposo para encontrarse con un desconocido que era yo. Yo le había contado los detalles de aquel encuentro a Graciela. Le había dicho cómo había sido cada uno de nuestros orgasmos, cómo lo habíamos hecho, cómo ella había chupado mi pija y cómo yo le había arrancado un orgasmo con mi lengua. Fantaseamos con la posibilidad de llamarla para que Graciela la conociera y porqué no tal vez también compartir la cama con nosotros. La idea de un trío no la entusiasmaba a Graciela, pero con Sandra podría ser diferente, tal vez porque yo ya había cogido con ella.

Mientras hablábamos y nos acariciábamos, pude ver que ambos nos poníamos cachondos. Entonces la tomé de una mano y la invité a darnos una ducha. Dejamos correr el agua hasta sentir que salía apenas tibia y luego nos metimos ambos debajo de la lluvia. El impacto del agua nos produjo a ambos una mezcla de placer y de escalofríos. Los pezones de Graciela se pusieron duros como piedras y me invitaban a saborearlos. Puse mi lengua y mi boca sobre unos de ellos y me estremecí de placer al sentir el sabor de su piel mezclado con la sal del agua patagónica. Recorrí su cuerpo con mis manos enjabonadas y me detuve en la puerta de su concha. Estaba increíblemente mojada por sus jugos calientes que contrastaban con el agua apenas tibia. Metí dos de mis dedos en su vagina. El contraste de temperaturas se hizo más evidente tanto para mí como para ella. Ambos estábamos disfrutando otra vez de un hermoso polvo. Graciela tomó mi pija entre sus manos y comenzó a masturbarme lentamente. Aquella paja me parecía la gloria misma. El juego de contrastes térmicos del agua, las manos y nuestros órganos sexuales, estaba proporcionando un ingrediente extra a aquel exquisito polvo. Nos detuvimos sólo unos segundos para sentarnos y poder disfrutar mejor de aquella calentura que nos envolvía. Nos colocamos bajo la ducha uno frente al otro, ella con sus piernas sobre las mías. Acercamos nuestras pelvis y el glande de mi pija no tardó en encontrarse con aquel duro y caliente clítoris. Se rozaron una y otra vez mientras nuestras bocas se buscaban y nuestras lenguas jugaban perversamente sobre nuestros mojados rostros. El placer crecía hasta la desesperación.

- Méteme esa pija caliente en la concha, bicho mío, hasta el fondo. Quiero sentirte dentro mío hasta que me llenes la concha con tu leche.

Metí sólo la cabeza en su vulva y elle hizo el resto. De un solo y desesperado empujón logró que mi pene entrara hasta el fondo comiéndolo con su concha como a ella le gustaba. No pasó más de un minuto de movimientos pélvicos y ella exclamó:

- Voy a acabar, mi amor. Ahora mismo, tírame tu leche caliente, ahora mi amor.

- Si mi bicho, voy a darte toda mi leche para que la sientas bien adentro de esa hermosa concha que tenéis.

Y diciendo esto sentí cómo mi semen se vertía dentro de aquel cálido nido. Nos quedamos abrazados unos instantes bajo la ducha y después, con nuestros cuerpos todavía mojados, nos dormimos profundamente uno junto al otro. Nuestro viaje de placer, recién comenzaba. Y Sandra podría aparecer en cualquier momento.
16/03/2006 20:21 Autor: relatosporno. Enlace permanente. Tema: Relatos Hetero No hay comentarios. Comentar.
Suscrí
bete a este blog. RSS 2.0 Este Blog ha sido creado con Blogia. Ver derechos de autor . Estadísticas. Admin. [Blogia colabora con 1001 relatos.]