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18/05/2006
Mi vecino el semental
bueno amigos espero ke les aya gustado y hasta ahora sigo esperando tener una experiencia kon un hombre maduro de 25 a 35 años ke se mantenga bien bueno bye ya saben soy jose y soy de LIMA PERU kisiera enkontrar a alguien de mi pis o a alguien ke kiera llevarme kon el a su paiz tengo ahora 18 años escribanme
03/05/2006
Tengo la pija asi de grande...
Hola amigos de sexy cuentos. Les cuento que soy de b*hia bl*nca. argentina. Soy profesor de Educación Física y tengo 25 años. Mido 1.84 peso 74kg. Soy de tez blanca y tengo desarrollados los muesculos de mi cuerpo ya que desde los 14 años voy al gimnasio. En estas vacaciones de verano, a mediados de febrero me llaman de una pileta para que reeemplace a un bañero ya que se iba a Madrid. Como necesitaba dinero aceptè. En la oficina del complejo donde estaba la pileta de natacion me entreviste con mi jefe y presidente del complejo. Allí me dio todas las indicaciones sobre la pileta. Le pregu´nte si cuando cerraba como a las 10 de la noche me podia quedar para practicar natacion. El acepto de buen modo y cuando me iba, entro su hijo, Adam de 12 años. Un chico de carita de nena, con voz de mujer. Era de esatuta pequeña para su edad y era muy delgado. Nos saludamos y me fui.
Como saben los que habrán leido mis relatos, me gusta vestir jean desteñidos y superapretados para resaltar mis musculos de mis peirnas y ademas el bulto ya que tengo una pija de 23cm por 6cm. Adam me enseño la pileta y de a ratos me miraba el bulto del pantalon. Cuando salimos de la oficina me puse la camisa adentro ya que siempre me la pongo afuera para tapar un poco el paquete. Pensé que solo estaba impresionado pr m is atribultos y me dedique a mirar las instalaciones.
Por la mañana, arranco con mi trabajo y Adam no se separaba de mi ni por un momento. Era un chico que no tenia amigos (fue lo que me dijo su padre cuando nos veiamos y que se habia encariñado conmigo).
Como la pileta estaba siempre con gente me ponía una maya holgada para que no se me viera tanto mi bulto pero cada vez que me daba un chapuzón Adam me miraba de reojo el bulto.
a la semana de trabajar en la pileta , El padre de Adam me dijo que si yo queria me podia quedar en un cuartito para que me queda a dormir ya que las distancias eran grandes desde mi casa a la pileta y asi pdia levantarme un poco mas tarde.
Cuando sali del trabajo, me fui al cuartitopara cambiarme. Como Adam estaba de vacaciones, el padre lo dejaba quedarse hasta mas tarde en la pileta para tenerla para el solo. Me pregunto si me podia a compañar al cuarto y le dije que si. Alli me ayudo a sacr mis copsas del bolsa para ordena rlas en una cómoda. Me iba pasando mis camisas y mis slip y cada tanto las miraba con lujuria. Le digo que me iba a poner una maya para nadar y me preguntó que tenia la uqe llevaba puesta.
le respondo que para nadar tranquilo usaba un short ajustado para que la maya no hiciera resistencia en le agua, como usaban los bañistas profesionales. Le digo que me alcance una y me trae un short blanco, parecido a un boxer pero superapretado. Me saco la remera y atino a sacrme la maya y le digo que se de vuelta. Me la pongo y nos vamos caminando a la pileta y de reojo cada vez mas evidente me miraba el paquete. Para un choco de 12 años era una fantasia hecha realida ver semejante bulto y solo para el solo. Me meto en la pileta y nado varias veces de punta a punta hasta que me canso y salgo. Adam me estaba esperando con una toalla y me la da.
23/03/2006
Sorprendidos en el baño
Ya era casi por la tarde. No había tenido la oportunidad de acercarme a él y decirle lo bello que estaba. Su pelo negro, su piel clara y sus ojos azules. Después de haberle hecho el amor por primera vez el día anterior, no habíamos podido decirnos nada. Nos besamos, nos abrazamos, nos quisimos... y después me fui corriendo hacia mi casa y él para la suya. Llegué esta mañana con nerviosismo, pero él ni siquiera reparó en mí.
En la facultad, fantaseaba con la relación del día anterior. Mi verga se ponía dura y mojaba levemente mis pantalones... Sufría por verlo ahí y no poder tocarlo. El profesor tuvo que salir de repente y los compañeros se deshicieron en travesuras. Me acerqué al pupitre y tomé asiento detrás de él. Leía apaciblemente un libro de terror. Soplé en su oído y le dije lo bello que se veía. Él volteó su rostro mirándome con sorpresa y me sonrió. "Tú también luces hermoso".
- No puedo dejar de pensar en lo de ayer - le confesé.
- Yo tampoco - me dijo dulcemente.
- Vamos al baño - le propuse.
Él se levantó y me siguió. Salimos sigilosamente por la puerta, cruzamos el pasillo y entramos al baño. Por suerte no había nadie. Cerramos la cerradura de la puerta.
Lo lancé contra la pared y le quité el libro. Besé sus hermosos labios en lo que lo acariciaba rudamente por el cuerpo. Desnudé su torso lamiendo con ímpetu su pecho, sus tetillas... Lo miré a los ojos, esos ojos profundos, y metí mis manos dentro de sus pantalones y lo pegué a mí mientras lo agarraba por las nalgas. Pegué mi pene ya erecto al suyo y me moví par de veces hacia él como si penetrara a una mujer. Él gimió lanzando la cabeza para atrás y cerrando los ojos. Olía a perfume de hombre, una exquisitez absoluta.
Bajé sus pantalones y luego lo abracé inclinándolo hacia el piso. Lo puse amorosamente en el suelo y fui descendiendo hasta su verga dura, hermosa y limpia. Besé la punta y lamí todo el tronco hasta llegar a sus testículos. Olía tan rico. Olor a macho, a hombre limpio y cuidado. Agarré su polla en mi mano y me la introduje en la boca. Subía y bajaba por ella. Él sostenía mi cabeza con sus manos y de vez en cuando apretaba los dedos en señal de placer. Sus ojos estaban cerrados, la boca abierta... Tenía las piernas muy separadas, podía verle el recto. Baje hacia él. Clavé mi lengua en su agujero y volvió a gemir. Le ensalivé el ano preparándolo para poseerlo.
Me quité el pantalón y me puse encima de él. Subí sus piernas y rodeó mis caderas con ellas. Lo volví a mirar a los ojos. Él estaba temblando.
- ¿Estás nervioso? - le pregunté.
- Alguien puede entrar.
- Mejor, así tenemos público. Sería más excitante.
-Y o no puedo sentirme más excitado de lo que estoy en estos momentos - me dijo con la voz entrecortada.
Sentí una enorme felicidad. Lo besé mientras introducía mi miembro en su ano. Suspiró de repente, mezcla de dolor y gozo. Tomé sus manos y las mezclé con las mías sobre su cabeza. Empecé el mete y saca con deleitable suavidad. Lamía su rostro, su cuello, sus orejas... Él me devolvía las caricias con delicia. Mis caderas estaban en un exquisito ritmo de amor, enterrando mi pene en su cuerpo, haciéndome uno con él como el día anterior. Ese cuerpo caliente y hermoso me recibía con aceptación y humildad.
Me acercaba al orgasmo. Aceleré el ritmo de las embestidas hasta que eyaculé dentro de él. Traté de ahogar el grito, pero se me escapó. Sentí un alivio cegador riquísimo. Él esperaba pacientemente debajo de mí. Le sonreí. Puse mi mano en su mástil caliente y duro. Lo acaricié. Me acomodé a su lado y lo empecé a masturbar mientras lo besaba con cariño en su rostro. De pronto alguien trató de entrar al baño. Yo aceleré el ritmo de mi mano en su miembro hasta que se vino en silencio. Atrapé el semen que botó y lo limpié en mi camisa blanca. Tocaban en la puerta.
- ¡Un momento! - grité.
Me levanté y me puse el pantalón lo más rápido que pude mientras él se vestía también.
- ¡Abran! - exclamaron.
Fui hasta la puerta, contuve el aliento y la abrí. Era mi profesor.
- La puerta se trancó - le dije.
Él me miró de arriba a bajo y desvió sus ojos hacia mi hermoso amante que acababa de recoger su libro del piso.
- Antes de que regresen al salón, asegúrense de arreglarse la ropa, peinarse y enjuagarse la cara. Yo iré al baño de la sala de facultad. Con permiso - dijo y se fue.
Yo no podía creer lo sucedido. Me empecé a reír.
- Habrá que traerle una manzana mañana - dije.
- Asegúrate de traerle todo el cesto - dijo mirándome -Yo te doy la mitad del dinero.
- Pues yo quiero algo y no es dinero ni la mitad de ese algo.
- ¿Qué es, entonces? - me preguntó.
- Tu corazón.
Sonrió.
- Ya lo tienes - dijo sonrojado -Tienes mucho más que eso...
- Lo sé. Tu también.
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El cuidacoches de mi calle
Esta historia sucedió ya hace unos años, pero bien vale la pena recordarla. Yo vivía en un viejo edificio de la ciudad de Montevideo, en pleno centro, en un apartamentito realmente acogedor. Todos los días hacía las compras en un supermercado que queda a dos calles de mi edificio, una rutina que seguía con gusto, ya que la aprovechaba para franelear un poco con los pibes de la verdulería (unos pendejos cachondos que me decían cosas del estilo "¿cómo te gusta la banana?, ésta que tengo hoy está bien durita...!" y yo sentía que me estallaba la cabeza.
La cosa fue que un día apareció un guacho bastante sucio y maltrecho en la calle de al lado, que con un banderín rojo se puso a cuidar los coches de los oficinistas de la cuadra. Los primeros días no le presté mayor atención, pero con el paso del tiempo me puse a observarlo con más detenimiento. Estaba bastante jodido el pobre, vestía casi harapos y realmente estaba sucio, pero descubrí que bajo esa porquería había algo realmente hermoso. Podía adivinar que tenía un muy buen cuerpo, delgado y muy fibroso, macizo y con mucho músculo. Tenía además una cara muy armónica, con unos ojitos achinaditos y unos labios bien carnosos, de esos que sólo piden besos. De inmediato me puse en guardia: lo empecé a saludar cada día hasta que empezó a reconocerme y comenzamos cruzar alguna charla fortuita, presté atención a sus rutinas y saqué a qué hora llegaba y hasta qué hora se quedaba en la calle, averigüé también que no vivía lejos y que no vivía solo, sino que era el mayor de un pequeño grupo de hermanos.
Cuanto más lo veían más ganas tenía de cogérmelo, era impresionante el sex appeal que emanaba de este pibe. Sólo con verlo de lejos ya me ponía a mil y sólo podía pensar en cómo iba a hacer para llevármelo a mi casa y hacerle de todo una y otra vez. Y ese momento finalmente llegó gracias a mi vieja!!! Un buen día mi madre me deja en casa una bolsa llena de ropa que ya no se usaría más como para que yo la llevara a algún lugar de caridad o algo así. De inmediato bajé y le dije que tenía algunas cosas que le podrían servir a él o a sus hermanos que por qué no se iba hasta mi apartamento cuando terminara como para verlas y ya de paso lo invitaba a comer algo. Aceptó encantado y sinceramente muy agradecido, lo que me conmovió mucho. A eso de las 20:00 horas (en el invierno uruguayo a esa hora ya es noche cerrada) toca timbre y lo hago pasar. Se llama Esteban (yo aún no lo sabía!) y tiene 23 añitos, toda una mantequita. Le mostré la ropa y quedó muy contento ya que todo le serviría. Durante esos minutos fue bastante difícil para mí soportar el olor que emanaba de sus ropas y cuerpo, por lo que en un momento no pude más y le sugerí que se diera una buena ducha mientras yo preparaba algo de comer, y ya de paso le pondría la ropa que llevaba puesta en la máquina lavadora así la tendría limpia y seca la hora de partir.
Una tortura soportar el ruido del agua correr luego de acariciar su cuerpo todo enjabonado... hasta que al fin se cierran las canillas y luego de unos instantes aparece ante mí un macho impresionante, totalmente desnudo, sólo con una toalla en su cintura, con el pelo mojado y exhalando una sexualidad imponente que casi me desmaya. Ahí estaba, era como me lo había imaginado, todo músculos, con un poco de bello en el pecho y mucho en las piernas, con unos brazos fuertes y largos, con unos tatuajes mal hechos que lo hacían más hombre todavía y con un prominente bulto que le formaba una saliente en la toalla que era una locura, es verdaderamente un espectáculo pensé. Quédate así que está todo bien, vamos a estar solos, le dije. La suerte de tener una buena calefacción (que además había puesto casi al máximo un rato antes). Aceptó sin problemas y se sentó en un banquito, no sin antes quitarse la toalla, poniéndosela sobre las piernas, tapándole lo que más deseaba conocerle y dando el toque de gracia a aquél hermoso cuadro. Comió con hambre, mucho, bebió vino abundante, como un verdadero hombre. Ya de sobremesa la confianza había avanzado y el alcohol había hecho su trabajo también. No sé como pagarte todo esto me dijo, a lo que yo le respondí de inmediato "ya encontrarás la forma", con la cara más lasciva y provocadora que pude poner. Simplemente se sonrió y me dijo "¡mira que sois pícaro!". Así se levantó y recogió los platos y se puso a lavarlos. En plena tarea le alcanzo el vaso con más vino y antes de agarrarlo se saca la toalla que lo envolvía para secarse las manos y el sudor de la frente, quedando totalmente en pelotas y develando así aquél misterio tan preciado: tenía una pija hermosa, oscura y larga, pendiente delante de unos huevos grandes y peludos, perfectos. Lo miré sin pudor y sin pensar el lo evidente de mi actitud, lo cual tomó con mucha naturalidad y sin dar más vueltas luego de beber siguió en su tarea, totalmente desnudo.
Esto sí que era difícil de soportar, el macho más hermoso que jamás había pisado mi casa, totalmente en pelotas, un poco borracho, lavando los platos!!! Los dioses una vez más pusieron sus dones a mi favor al hacer que de golpe en un mal movimiento tiró su vaso de vino al suelo, el que si bien no se rompió sí desparramó todo el líquido en el suelo y en parte de su cuerpo, sobretodo en su cintura y en sus piernas. Tenía las manos con los guantes de goma y estaba bastante enjabonado, por lo que no atinó más que a darse vuelta y ver el encastre que había hecho. De inmediato yo tomé la toalla que hasta hace un rato tenía puesta y comencé a secarle las piernas, suavemente, volviéndome loco, mientras él retomaba el lavado de lavajilla. Poco a poco fui subiendo, hasta que comencé a pasarle la toalla por el vientre y enseguida por sobre la pija y los huevos. Tanta suavidad y roce hicieron que poco a poco aquel gigante dormido se fuera despertando, hasta que se transformó en una verga dura, larga y gruesa, con una cabeza enorme que asomaba amenazante desde el prepucio, y que palpitaba suavemente, deseosa de acción. Con la misma suavidad con la que venía la tomé y me la llevé a la boca, ya en la más desquiciante de las locuras de deseo.
Se la comencé a chupar con ganas, hasta lo que me entraba, haciendo jueguitos con la lengua, y acariciándole los huevos, haciéndole cosquillas. El muy hijo de puta siguió lavando los platos, tan suavemente como yo se la chupaba, salpicándome con agua de vez en cuando y sacándome la pija de la boca cuando la leche se le venía muy arriba. Tanto así que un par de veces casi se acaba y le salieron unas gotitas de semen que yo sorbí con desesperación, pasándole la lengua y pidiendo más. En una de esas se dio vuelta dejando frente a mi cara su hermosísimo culo, redondo y duro como una roca. Yo no entendí bien al principio y lo único que atiné a hacer fue empezar a besarle las nalgas y a llevar mi lengua por el medio de su raja, lo más adentro que podía. Se tiró un poco hacia adelante y con las manos abrió su culo para dejarme el hermoso orto al descubierto. Me lancé a chupárselo como loco, le metí la lengua lo más adentro que me daban las fuerzas, se lo besaba, se lo chupaba, se lo comía como un animal. Fue increíble, empezó a gemir desesperado y a moverse buscando la mayor penetración de la lengua.
Cuando ya no daba para más me agarró y me puso contra la pileta, de espaldas a él, y mientras con una mano me apretaba las tetillas con la otra me metía los dedos ensalivados en el culo, preparándome para lo que vendría. Sin más vueltas se escupió un par de veces en la verga y me empezó a puntear, con estocadas secas y poderosas de a poco se abrió espacio hasta que no pudo más y me la ensartó hasta el fondo de una vez. Yo casi me muero del dolor y del placer. Pensé que me había desgarrado, pero no importaba, era uno de los momentos más placenteros de mi puta vida, todo aquello era un sueño. Me cogió y me cogió, hasta que sus suspiros fueron creciendo y hasta que las estocadas eran como las de un animal. Al fin sentí como aquella tranca espectacular se crecía dentro de mi culo y empezaba a escupir toda la leche, mucha leche, que sentí calentita en mis adentros y que corrió por mis piernas ya que sacaba toda la verga afuera antes de volver a meterla cada vez. Me sentía la más puta de las putas, una sensación increíble. Él no me la sacó, quedó así, con la pija adentro, agarrándome de las tetillas, exhausto y sudoroso. Pasaron un par de minutos y de pronto se acercó a mi oído y comenzó a susurrarme cosas al oído como "qué linda cola que tenías putita, como me la hiciste, eh?, te gustó que te diera toda la leche en el orto?, mira que sois puta, cómo te gusta la verga, te gusta mi pija, no?..." yo no entendía nada, pero de golpe comienzo a sentir que dentro de mí comienza a crecer nuevamente su palo, mientras más cosas me decía más dura se le iba poniendo y yo le empecé a responder, le decía que sí que era su puta, que él era mi macho y que me había partido el orto, que quería más de su pija y más de su leche, que me diera bomba, que me hiciera sentir una perra. Eso lo enloqueció más todavía.
Entre el sudor y la saliva de los chupones que me daba en el cuello y la espalda comenzó a bombearme nuevamente, primero suavemente, pero yo no lo quería suave, le empecé a pedir más y más, que me diera con fuerza, que me partiera al medio, que me hiciera sentir una puta de mierda y que él era mi macho, con esa verga enorme y con esa fuerza descomunal. Y así fue, me dio tanta bomba que pensé que iba a perder el conocimiento, me agarró de los pelos y me pegó un par de cachetadas en las nalgas, yo gritaba de placer y él bufaba cosas sucias, perversas, me odiaba y me amaba al mismo tiempo, me gozaba, me pedía más y yo le daba más y él me daba más, más besos con saliva, más caricias en las tetillas, más cachetadas en las nalgas y mucha más verga, más y más pija bien dura y grande. Hasta que al fin le empecé a rogar que me diera la leche, que me llenara de leche el orto, por favor. Se puso más duro y más fuerte y al cabo de unos segundos el chorro de leche caliente llenaba mis entrañas, otra vez los suspiros, las palpitaciones y los estertores, la culminación del placer. Luego las manos que se aflojan y empiezan a acariciar, las gotas de sudor que caen más suavemente, y la extraña sensación de haber estado en otra dimensión y de haber regresado, cansados, complacidos, exhaustos. Nos tiramos en la cama y quedamos rendidos, nos miramos y nos sonreímos, con una complicidad única e irrepetible, con la felicidad de haber gozado verdaderamente.
<a title="Relatos Porno" href="http://www.relatosporno.com.ar/">Relatos Porno</a>
16/03/2006
Si lo buscas, lo puedes encontrar
Decidí ir al lugar, había bastante luz, al haber bastante luna. Di una vuelta con el coche por los caminos para ver un poco el ambiente. Iba despacio y cada vez que me cruzaba con alguien, veía por el retrovisor como se giraban y miraban a donde iba. Al menos ví a 4 personas. Cuando regresaba al aparcamiento, vi a un coche entrar en un pinar, parando allí dentro y apagando las luces. Eso haré, pensé, así desde el coche veré el movimiento de gente y sabré lo que tengo que hacer. Me metí en la siguiente pista que vi y apague las luces. Desde allí veía el camino, la entrada al aparcamiento y entre algunos árboles, al otro coche que había entrado antes.
Vi que en el coche se encendió la luz interior unos momentos, y pude ver que había dos personas sentadas. Se apagó la luz y ya solo pude ver el resplandor de dos cigarrillos que estaban fumando. Por el camino vi pasar gente, todo hombres y todos solos en ambos sentidos. Alguno se quedaba mirando hacia mi coche y continuaba después.
La luz del otro coche se volvió a encender cuando una persona abrió la puerta. Acerté a ver que eran dos hombres. El que abrió la puerta se soltó el cinturón y se bajo el pantalón para ponerse a orinar y me fijé que cuando acabó, no se volvió a cerrar el pantalón, entró en el coche con el pantalón abierto. La luz aún no se había apagado del todo cuando el otro hombre se acercó a él y me pareció ver que le besaba en la boca. La luz acabó apagándose. ¡Joder!, esos ya van a follar, pensé. La idea me excitó, así que me aflojé el pantalón de chándal y comencé a tocarme mi polla. Imaginaba lo que estarían haciendo en el otro coche y eso me excitaba más aún.
La polla la tenia ya a mil de pensar en los del otro coche y de la paja que me estaba haciendo, así que recliné mi asiento todo lo que pude y me quedé tumbado en mi asiento. La noche era espléndida, buena temperatura, musiquita de fondo, estaba cómodo en el asiento..., así que me decidí por terminarme yo mismo una buena paja y luego ya vería. Me bajé hasta los pies el chándal y el slip, encendí un cigarro y me dispuse a gozar; abrí del todo la ventanilla de mi lado para que saliera el humo y poder echar la ceniza.
Aquella paja me estaba gustando si, me la hacía lentamente para gozar del momento, quería que durara. Acabé el cigarro y me incorporé un poco para encenderme otro, para ello encendí un momento la luz interior del coche y aproveché a quitarme la camiseta. En el camino había un hombre mirando hacia mi coche. Apague la luz y me volví a tumbar. Estaba en una nube y yo solito. Me estorbaba todo así que como no había nadie me desnude completamente y apoye los pies por encima del volante en el salpicadero. Estaba totalmente entregado a mi polla, acariciándola con mucha suavidad.
Eo, que ha sido eso, me dije, algo oscuro me había parecido ver cerca del coche, me incorporé un poco y miré alrededor del coche, no vi nada, pero pensé, igual ha pasado alguien, y la sola idea de que me podían haber visto me excito aún mas todavía. Decidí volver a como estaba y ya no pensé mas en los del otro coche, ahora pensaba que me estaban viendo a mí, aunque no sabía si era cierto.
Volví a poner las piernas en el salpicadero y apoye la rodilla en la ventanilla quedando por fuera. Estaba totalmente abierto de piernas, acariciándome ahora ya por todo el cuerpo, completamente desnudo, protegido por la noche. Giraba la cabeza a los dos lados, ¡esperaba que hubiera alguien!, y si, no tardó en aparecer alguien, a través de una ventanilla, pude ver una sombra que se acercaba lentamente, hice que no lo vi, y seguí acariciándome, mi polla lo sabía, estaba durísima, así que no me dedique mucho a ella, quería que durara el momento de ser visto.
La sombra se acercó más y mas, hasta estar pegado al cristal, no se distinguía bien, pero me daba igual quien fuera. Cerré los ojos y di una calada al cigarrillo, con la cara hacia el cristal, para que pudiera ver que no le veía y se dio cuenta, al poco hoy el ruido que hacia aquel desconocido mientras se masturbaba; se había puesto justo en la ventanilla abierta. Desde allí podía verme completamente entregado a mis caricias.
Sin decir nada, noté como el hombre acercó su polla y la apoyo suavemente en mi rodilla, no me moví. Sentía el calor de aquella verga acariciando mi pierna, y la situación me excitaba. Deje que lo hiciera. El hombre acercó ahora su mano y me acarició el muslo muy suavemente, estaba claro que no tendría problemas para ello, me acariciaba muy suavemente, acercándose cada vez más por la parte interior del muslo hacia mis huevos. Los rozo levemente y el sentirlo, hizo que mi polla diera un respingó de placer. No dije nada y el hombre ya no paró, al ver que no me apartaba, se entregó a acariciar mis huevos y rozar con uno de sus dedos, el ojete de mi ano. Acariciaba con mucha suavidad y me estaba gustando. Ya no podía más y comencé a masturbarme ya directamente. El hombre seguía y ya no podía parar, metió la cabeza por la ventanilla y acercó la otra mano a mis pezoncillos pellizcándolos levemente, me acariciaba todo el cuerpo, me sobaba completamente. Dejó mis huevos y asió mi polla con su mano izquierda, se agachó y comenzó a chuparme primero suavemente el capullo y luego metiéndosela en la boca, comenzó a mamarla como un poseso y fuera la ultima polla del mundo.
Estaba yo ya más que caliente con todo el rato que había estado con mi polla en erección, así que no tardé nada en correrme. El hombre al notar que salía mi leche, se apartó, ayudándome a terminar con una buena paja, hasta que ya no salió ni una gota, permaneció así un rato acariciándome, hasta que dijo - ahora tu - ¡Joder!, ¿ahora yo? Pensé, nunca había hecho nada, pero recordé lo que me dijo el chico de no hacer nada si te hacían así que me incorporé y me acerque a la ventanilla, delante de mi cara estaba aquella polla que había acariciado mi pierna. Sin mirar al hombre, estiré la mano y la cogí - ¡Tenía una polla en mi mano y no era la mía!, comencé a masturbar a aquella persona muy suavemente, estiraba la mano hasta acariciarle los huevos y la recogía para seguir con el movimiento típico de masturbación, no sabía como hacerlo, pero no importó mucho, el hombre se empezó a correr casi de la misma; su semen caliente caía por mi mano y yo seguía, sabía que no debía parar. Su corrida no duró mucho y el hombre, ya con su polla relajada, se la limpió sobre mi brazo y sin decir nada, como vino se fue.
Me fumé otro cigarro ahora ya muy tranquilo, ya me daba igual la gente del camino, había gozado y no todo me daba igual. Me vestí tranquilamente y me marché a casa. Por supuesto de esto a mi mujer tampoco le dije nada.
