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18/05/2006
La primera vez con Cristina
La primera vez que estuve con Cristina fue ella la que vino a por mí. Era de noche y estábamos en una fiesta en un pueblo muy cercano al nuestro, bebiendo cervezas en la terraza de un bar. La noche estaba ideal. Era una de esas noches que, cuando pasa el tiempo, la recuerdas como una de las mejores de tu vida. Entre los dos había buena
sintonía y voy a explicarles por qué.Vivo en Gran Canaria y aquel mes de agosto mi hermano y yo estábamos veraneando en la isla de Lanzarote. Nos quedábamos en una casa vacía de mi familia reservada para pasar las vacaciones. Esa tarde estaba caliente y, como no podía ser de otra manera, comencé a pensar en una hembra que me ayudara a apagar mis calores. Me vino a la cabeza, como otras tantas veces, una vecina que vivía en mi edificio. No conocía ni su nombre, pero tenía una
cara de vicio de esas que te ponen a cien sólo con verla, unas tetas enormes y un culo precioso. No era muy guapa pero sus atributos la perdonaban. Así que estaba yo pensando en ella mientras, con mi mano, me hacía una paja deliciosa. Total que al final, y como estaba previsto, me corrí como un poseso a la salud de las tetas de mi vecina.
A la muy cabrona le gustaba calentarme. Se le notaba. Cuando subía en el ascensor siempre sacaba pecho, como diciendo, mira lo que tengo, son mías. En muchas ocasiones le miraba las tetas descaradamente. Ella miraba la puerta, el techo, el piso, sabiendo a ciencia cierta donde estaban clavados mis ojos. A veces me miraba con una sonrisa pícara. Todavía me pregunto por qué coño no intenté nunca tener un lío con ella. Con el tiempo, me enteré que le gustaba más una polla que respirar y otra vez me maldije por no haberla atacado.Pero ahora volvamos al bar. Como decía, entre Cristina y yo había buena conexión debido, fundamentalmente, a que esta tarde ya estaba satisfecho y no se me había pasado por la cabeza intentar ligar con ella. Que un tío no ataque a una mujer es algo que ellas no entienden. Seguro que en otras circunstancias lo habría intentado y, muy posiblemente, la habría fastidiado.Pasaron un par de horas y la fiesta acababa. Teníamos un coche prestado y, como yo era el que conducía, busqué a mi hermano para irnos a dormir. Cristina me dijo entonces que me acompañaba a dejar a mi hermano a casa si luego la llevaba a la suya, en un pueblo a unos 6 kilómetros del nuestro. Encantado le dije que sí. Pero juro que no imaginaba nada de nada. Cosas de las pajas, que me nublan la vista y me atontan el cerebro.Una vez que dejamos a mi hermano, nos dirigimos a su casa. Recuerdo que se animó bastante, busco una cinta de música, se volvió hacia mí mientras yo conducía y, así, continuamos un buen rato. Sus ojos brillaban. Me preguntó si tenía novia y le contesté que no. Era la verdad. Durante la tarde me dijo que tenía novio, que aquellos días él estaba preparando unos exámenes y por ese motivo no quería salir. Pero que ella tenía ganas de marcha y que no pensaba quedarse en casa.La carretera que va en dirección a su casa está muy cerca de la costa, así que al llegar a la altura de una de las playas me pidió que parásemos un rato a ver el mar, que la noche estaba preciosa. Lo que hasta ese momento me parecía normal, ahora ya no. Las alarmas se encendieron. Ahí empecé a sospechar de cuáles eran sus verdaderas intenciones. Recuerdo que un calor me recorrió la entrepierna, teniendo que acomodarme un par de veces el paquete. Entonces, me dejé llevar.
Una vez parado el coche, eché el sillón hacia atrás, contemplaba el cielo, miraba las olas del mar golpeando una y otra vez contra las piedras de la playa. Cristina comenzó a ponerse algo tensa. La verdad, la situación me pareció de lo más sensual. Tan a gusto estaba con mi paja de la tarde, que dejé a Cristina la iniciativa. Si quería algo que viniera a por mí. Recostado en el sillón esperé. Pero no esperé mucho. A los pocos minutos de hablar idioteces, se echó sobre mí y empezó a besarme. Yo, satisfecho como estaba, la dejé hacer. Me recorría con la lengua, la metía en mi boca y casi sin esperar empezó a quitarme la ropa. Supongo que como yo, pensaba que cuánto antes empezáramos más tiempo teníamos para jugar. Joder, una tía quitándome la ropa. No estaba acostumbrado. Muy al contrario, casi siempre eran ellas las que me decían que me tranquilizara, que no fuera tan deprisa. Y ahí estaba yo, más chulo que un ocho, con una tía desesperada encima
quitándome la ropa y sobándome todo.
Su ropa se la quitó tan rápido como había quitado la mía. Sus tetas no tenían nada que ver con las de mi vecina, eran pequeñas pero con unos buenos pezones que, tan pronto como pude, me eché a la boca. Con el control de la situación a mi favor me dediqué a gozar como hace un buen macho. Le metía mano por todos lados, le comía la boca, la nuca, las orejas,
las tetas. Fui recorriendo todo su cuerpo, su piel era muy suave, se notaba que se cuidaba bastante. Acerqué mi mano a sus muslos y entonces abrió las piernas todo lo que la posición le permitía. Era una invitación a que acariciara su mejor tesoro. En ese momento su mano cogió mi polla, la apretó todo lo que pudo, tanto, que di un pequeño salto al sentir sus uñas clavarse en ella. Me gustaba y a la vez me dolía. Pero no le dije que aflojara.
Ahí estábamos los dos, ella con su mano que no paraba de subir y bajar y yo, con la mía, acercándome al calor de sus entrañas. Cuando por fin mi mano se posó sobre su coño me llevé una de las sorpresas más hermosas de mi vida. Tenía una buena mata de pelo pero sin resultar desagradable, estaba ardiendo y lo tenía mojado como nunca antes había tocado.
Su coño era su perdición. Fue poner mi mano encima y se paró en seco. Se quedó fijamente mirando mis ojos, abrió la boca y hasta su mano paró de masajear mi polla. Aunque, como pueden imaginar, no la soltó. Estuve un rato acariciando ese coño. Recorría una y otra vez su mata de pelo, sus labios húmedos, su clítoris. Y no movió ni una pestaña. Seguía ahí, mirándome como poseída. Joder, ¿si esto es por tocarle el coño que será cuando le meta la polla?. Pensé. Comencé a
tirar un poco, a pellizcarla. Nada. No se inmutaba.Ahora mi polla sí que empezaba a reaccionar. Con el control que tenía de la situación, y viendo como ella estaba pensé que lo mejor era darle un poco de caña. La cogí por los pelos, acerqué su cara a la mía y le dije: Ahora me vas a chupar la polla. Juro que así fue. La muy cabrona se quedó quieta como estaba, seguía en trance, así que tuve que empujar su cabeza hacia abajo, abrí un poco más las piernas y enseguida noté su boca caliente sobre mi capullo. Empezó a mamarme despacio pero no era eso lo que yo quería. De un golpe empujé su cabeza hacia debajo de manera que se la tragó entera. Mantenía la presión sobre su cabeza para que no saliera ni un centímetro. Pasados uno o dos minutos empecé a aflojar. Le dije que me mamara la polla como una campeona y no se hizo esperar. Lentamente empezó a comerme, pasaba su lengua por toda la polla mientras yo controlaba que no hubiera nadie cerca. Había suerte, y a esa hora estábamos solos en la playa. Juro que no sé el tiempo que la tuve así, agachada con mi trasto en la boca. Me sentía
como un rey. Y sentía como ella era mi esclava. Tal era el control que, cuando me dio la gana, la levanté de su golosina y le dije, otra vez a la cara, te voy a follar. Ella seguía sin decir ni una palabra. Obediente se acomodó en su sillón, abrió las piernas y se quedó esperando por mí. Con alguna dificultad me pasé a su lado. Me encajé en la parte baja del coche, justo
delante de ella, con mi polla a reventar. Eché el sillón hacia atrás todo lo que pude. Cogí sus piernas, las abrí aún más y acerqué mi polla a su entrepierna. Estuve un rato pasando la punta por su coño, jugando con los pelos, metiendo un poco el capullo y volviéndola a sacar. Ella seguía mirándome, pero esta vez, con cara de desesperada. Me estaba diciendo fóllame con su mirada. Pero no. Quería hacerla sufrir. Como dije antes, yo había tenido mi inyección de endorfinas por la tarde. Ahora se trataba de disfrutar como un auténtico cabrón.
Mi perdición fue cuando llegó hasta mí el olor de su coño. Ahí no pude más y, de una vez, entré hasta el fondo. Fue entonces, y por primera vez, cuando soltó un suave grito. No de dolor, sino de placer. Juro que en ese momento, y sin yo querer, le pasé el control de la situación. Estaba tan alucinado con el calor que desprendía por dentro que le hice caso.
Me empezó a apretar contra ella, a decir que entrara más y yo le hacía caso. Ese no era el plan pero tampoco pude negarme. Mi debilidad comenzaba a relucir. Estuvimos así, follando un buen rato. Mi lengua se mezclaba con la de ella. Le comía las tetas, el cuello. Le pasé las manos por debajo del culo, levantándola aun más. Con la calentura que tenía no tardó en empezar las convulsiones. Pensé que me partía la polla. Comenzó a decir cosas que no entendía. Ni me importaba. Me miraba fijamente, me decía cosas y volvía a jadear. Otra vez me dijo no se qué del bar, pero nada, no me enteraba. Lo
único que me importaba en ese momento era tener la polla bien enterrada y recibiendo un buen masaje con su interior. La primera vez que se corrió pensé que no podía ser. Nadie puede correrse de esa manera, gritando de esa forma y moviéndose como ella lo hacía. Yo sí que soy un campeón, pensé. El segundo orgasmo le llegó casi a continuación. Otra vez lo mismo. Otra vez pensé que no podía ser. Que mi polla no daba para tanto. Entonces paré de moverme, quería hacerla
sufrir. Esta vez sí que entendí lo que dijo: Muévete cabrón, méteme esa polla otra vez. Asustado por la amenaza, seguí bombeando. Al poco, su tercer orgasmo. Ahora sí que pude detener el ritmo.Jugándome la vida y apostando a ganador, le dije que no me gustó nada que me llamara cabrón. Puse cara seria y fue ella la que me pidió perdón. Que se había vuelto loca, que me tenía muchas ganas y que su tercer orgasmo le llegaba cuando decidí parar. Comprendí bien lo que me dijo, pero en todo caso la situación pasó, de nuevo, al punto inicial. Me acerqué a su oído y le pregunté que si sabía donde me iba a correr. Adivinando mis intenciones, asintió con su cabeza. Ahora volvía a callar. Nos intercambiamos como pudimos y ahora era ella la que estaba de rodillas entre mis piernas. Acercó sus dos manos y empezó a hacerme una paja de esas para recordar. Mi polla estaba ardiendo y totalmente mojada. Las venas hinchadas parecían que iban a estallar.
Acercó su boca y mi polla y ya no la dejó más. Le dije que me lo hiciera lentamente, que quería disfrutar de su boca. Así, despacito empezó a mamarme la polla. La tuve un buen rato en esa posición. Su boca ardía más que mi polla, cosa que me sorprendió agradablemente. Cogí su cabeza por los lados y empecé a subir y a bajar su cabeza. Cuando vi salir de su boca un poco de saliva que recorría mi polla le dije que no quería ver salir nada, que se lo tragara todo. Entendió perfectamente mis indicaciones, y ya no vi salir nada más.
Me acerqué otra vez a su oído y le dije que no quería que me pajeara con su boca, sino que quería una mamada. Son dos cosas totalmente distintas. Y ella lo entendió. Saboreaba la polla como una auténtica esclava, como si le fuera la vida en ello. Cuando por fin llegó el momento, las piernas se me tensaron, le dije que redujera el ritmo y lentamente empecé a correrme. Fueron cuatro o cinco explosiones que me dejaron seco, y a ella, con la boca llena. Estuvo un rato así, quieta con su regalo y mi polla en la boca, hasta que, de nuevo, me acerqué a ella y le dije que se lo tragara todo. De una sola vez se lo tragó
todo. Estaba poseída. Nos quedamos así un buen rato. Ella a mis pies con la polla en la boca y jugando con su lengua. Yo, agradeciendo su trabajo, le acariciaba el pelo y su cara. Al rato, levantó su cabeza y con una sonrisa de lado a lado se acercó a mí, me dio un beso y también las gracias.
No se lo dije, pero pensé que las gracias había que dárselas a las tetas de mi vecina.
23/03/2006
Alicia cuenta su primera vez
Pocas cosas me gustan tanto como escuchar a las chicas que he tenido (y a las que no he tenido), relatarme sus historias sexuales (por eso soy lector de esta página, donde busco a las autoras). Aquí intentaré reproducir las historias de Alicia, una chica con quien lo hice en unas vacaciones orgiásticas en Acapulquito, y que unos tres meses después se hizo amante mía. Es una chica deliciosa, y contaré su historia. En otro lado he contado aquellas vacaciones, en las que dije algunas cosas de Alicia, y ahora reproduzco un par de párrafos de aquel relato:
Alicia acababa de cumplir los 19 (por poco se los festejamos en Acapulquito), de facciones muy finitas, ojos color castaño claro, lo mismo que el cabello, casi tan bajita de estatura como Tamara (1:55) y, aunque delgada, muy bien proporcionada. En realidad, había sido una sabia elección, porque me encantaba. A pregunta nuestra, nos contó que había perdido la virginidad con un primo suyo, y que Robert y yo seríamos sus varones número 8 y 9. Le pedí que me contara de los otros, y sonriendo picaramente dijo que sólo los enumeraría: su primo ya dicho; su profe de química en primero de prepa; un novio de 19 años; “dos españoles en Cancún”; Felipe, “aquí presente”; y... “el otro es un secreto”. Ya siendo amantes, empezó a contarme su historia, y esta es la primera:
Miguel, como llamaremos al primo que gozó mi virginidad, era cuatro años mayor que yo, pero antes de contarte de él tengo que contarte de Juan, su hermano, que era un año mayor que yo, porque aunque no cogí con él, no todo en el sexo consiste en meterlo, y añoro aquellos años en que un roce, cualquier cosa, bastaba para enloquecerme. De niños, Juan y yo jugábamos y peleábamos como suele ocurrir entre primos que se frecuentan mucho, y desde por ahí de los 10 años empezamos a curiosear con nuestros cuerpos. Solíamos subirnos a la azotea del edificio donde él vivía, y yo le tocaba su pequeño pene, que se ponía duro, como debe ser, y el observaba y tocaba lo mío. Aquello duró un par de meses, hasta que mi madre se enteró de alguna manera, y me dijo que eso no estaba nada bien, y tal, y lo dejé de hacer.
Pero los toqueteos de Juan y los míos habían despertado mi gusto por aquellas partes “prohibidas” de mi cuerpo, y poco a poco fui descubriendo la masturbación. No extrañé a Juan ni tuve deseos de varón, porque mis dedos me daban más placer del que había tenido en aquellos escarceos infantiles con Juanito, pero pasaron algunos años, y la teoría, las lecturas, los cursos de educación sexual, la calentura de las amigas, fueron despertando mi curiosidad. Como es natural, Juan y yo nos separamos un poco al inicio de nuestra adolescencia (de la suya), pero seguíamos teniendo contacto. El creció y se puso más o menos guapo, y llegó un momento en que no pude menos que preguntarme qué pasaría si aquellos antiguos juegos se reanudaban, y pronto empecé a fantasear con Miguel, mucho más guapo y desarrollado que su hermanito, pero eran, o así lo pensaba yo, meras fantasías que poblaban mi mente cuando me masajeaba el clítoris.
La fantasía dejó de serlo en una tardeada-baile (como se llamaban) de la secundaria. Yo no quería ir sola, pero siendo chaparrita y sintiéndome un poco gordita, y con algunos barros en la cara, parecía que no tendría remedio. Entonces le pedí a Juan que me acompañara, como un gran favor, y que no dijera que era mi primo, y él, que me quería bien, accedió. Como yo había pensado, Juan fue la sensación y la envidia de mis amigas. Le pedí que me besara y solo de sentir su lengua, y sus manos en mi cuerpo, y de saberme observada, me ponía cachondísima, como pocas veces antes. Mis padres pasaron por nosotros al cole, y ese día ahí terminó todo, pero yo me quedé con ganas de más, y al día siguiente, un sábado, recuerdo, fui a casa de mis primos, con el pretexto de pedirle a Juan ayuda para no se qué tarea, y luego de fingir un poco ante mis tíos, le pedí que subiéramos a la azotea de su edificio, como hacíamos mucho, para ver la ciudad, y así empezamos, como de niños, a tocarnos cada vez que nos veíamos.
Jugábamos a ser novios, a ser adultos, arriba de los cuartos de azotea, según nosotros, fuera de la mirada de las sirvientas que lo poblaban (dos o tres). Miguel, mi otro primo, dormía en el cuarto de azotea que correspondía a su departamento y era generalmente arriba de él donde nos tocábamos, a horas en que Miguel estaba en la escuela. Aquellas sesiones consistían en darnos besos y tocarnos, casi siempre el en trusa y yo con la pura falda y las tetas al aire, y las últimas veces, yo le hacía la paja. Lo malo fue que no supe enseñarle a masturbarme o, mejor, me dio miedo llevarle sus manos a mi clítoris (que yo sabía bien cómo debía tocarse), así que llegaba a casa a encerrarme en mi habitación y masturbarme como loca.
Así pasaron como dos meses, hasta que un viernes saliendo de la escuela fui a casa de Juan sin haberle avisado. Al acercarme, vi en la puerta del edificio a Miguel, que besaba a su novia, Lilí, una morena de la Uni que me parecía de lo más guapa. Alcancé a Miguel subiendo las escaleras, ya cerca de su departamento, y le pregunté por Juan. Miguel, tan guapo, que estudiaba arquitectura, no me hacía ningún caso, según creía yo, pero me equivocaba. Miguel me dijo que Juan había salido y no tardaría en llegar, que lo esperara, y entramos al departamento. Ahí estuve diez minutitos hasta que Miguel me preguntó “¿no quieres un refresco, de mi reserva?” Yo, sorprendida –primera vez que me ofrecía algo-, subí con él a su cuarto, y ahí, admiré el decorado del tugurio, y el frigobar del que extrajo una cerveza para él y una cocacola para mí. me senté en la orillita de la cama, viéndolo, admirándolo, cuando él soltó: “¿no jugarías conmigo a lo que juegas con Juan?” De entrada me asusté y le pregunté, tartamudeando, si nos había visto, y dijo que solía pajearse viendo nuestros fajes y juegos, “porque estás muy buena, primita, y eres muy cachonda”. Yo creí que se burlaba, ¿cómo él, tan guapo y tan alto y con una novia tan linda, me decía eso? Viendo que titubeaba, me ordenó (sí, me ordenó) que me parara y pidió “date una vuelta... así”, y acercó su banco hasta tenerme al alcance de su mano.
Los viernes tenía deportes, así que llevaba el uniforme de voleybol, que era lo que jugaba, debajo de la falda a cuadros de la escuela, y estaba sudada y olorosa, y apenas me había dado la media vuelta cuando él me acercó hacia sí, y hundiendo su nariz entre mis pechos, cubiertos por el jersey de deporte, aspiró profundamente y dijo: “hueles a mujer, a sexo, a ganas”. Yo no sabía si tocarlo también, o quedarme parada, pero sí supe que quería “jugar” con él, y terminar lo que Juan había empezado meses antes.
Tras olerme, se separó de mí y me pidió que me descalzara y me quitara la blusa... y el chort que llevaba bajo la falda. Yo con una voz ronca que no reconocí como mía, le dije: “sólo si me dejas verte desnudo”. Cuando él se desnudó por completo, yo obedecí sus indicaciones, quedando sólo con mi falda y mi ropa interior. Mientras me sacaba la blusa y el chort, él se había sentado otra vez y con la mano izquierda empezó a acariciarse muy despacito el pito, una tranca cuyo tamaño empezaba a asustarme. Cuando me hube quitado esas prendas, el me jaló con la derecha y me desabotonó la falda, dejándome parada frente a él, cuya cabeza estaba a la altura de la mía (él mide algo más de 1.80 y aunque yo tenía la misma estatura que ahora, me sacaba cabeza y media), y luego, su mano volvió a subir, desde mi cintura hasta mi nuca, y jalándome, me dio el primer beso de la tarde, rozando apenas sus labios con los míos, y luego introduciendo despacio su lengua entre mis dientes, tocando la mía, todo sin prisas, muy distinto de los torpes besos de Juan.
Hasta entonces moví mis manos, tocando sus hombros, su cuello, sus bien marcados pectorales. Eso no duró mucho, porque me separó de sí y me ordenó que estuviera quieta, y luego de observarme unos segundos, me ordenó que me quitará el bra, y luego me tomó la mano y empezó a besarme los dedos índice y medio. Me los besaba despacito, luego de haberme ordenado (más órdenes, carajo) que no me moviera, y luego se los metió en la boca, recorriéndolos y succionándolos muy despacio, de abajo hacia arriba, y entonces me preguntó: “¿aprendiste? Ahora haz así con mi pito”, y me llevó la cabeza hasta su miembro.
De entrada me dio asco, pero ya estaba bajo su control, y cerrando los ojos, traté de reproducir las maniobras que él había hecho con mis dedos. Con su mano, me obligó a ir despacio, muy despacio, y pronto empezó a gustarme, no el sabor (sabía a algo que luego identifiqué: a flujos de mujer y a semen: el cabrito se había cogido, un rato antes a Lilí. Por eso, también, tardaba tanto, así que más bien, debo agradecerle a Lilí lo que pasó) ni la sensación de la tranca en la boca, sino saber que ahora yo lo tenía a mi merced, que podía morir ahí mismo, y que lo estaba haciendo gozar, como mostraba la tensa rigidez que iban adquiriendo sus muslos y sus nalgas, y los gemidos que dejaba escapar. Eso y las expectativas, sentirlo, pensar lo que me esperaba, me tenían a mí también, muy caliente, y mi panochita empezaba a segregar sus jugos.
No se cuanto llevaba así cuando él me levantó, metió su mano debajo del calzón y, al sentir mi humedad, dijo: “Magnífico, estás lista”, y me bajó la última prenda que cubría mi desnudez. Me acostó, y supe que ya era hora, que dos minutos después perdería aquello que toda mujer bien nacida sueña perder pronto, pero bien. Me hincó en la entrada de mi panochita la dura punta de su verga, y empezó a presionar. Yo sentía cómo se abría paso con una mezcla de emoción intensa, miedo, dolor y placer. Lo tercero fue lo que dominó cuando, luego de varios movimientos de entrada y salida de su punta, sin decir nada, ni advertirlo de manera alguna, me la metió hasta el fondo de un solo golpe.
No pude ahogar un grito, y él me mordió el lóbulo de la oreja y susurró: “aguanta, aguanta”, y se movió suave, muy suavemente, hasta que el dolor fue disminuyendo y el placer regresó. De pronto se quedó quieto, sin haber aumentado el ritmo, y supe que se había venido. Cuando leí, dos meses después, “Arráncame la vida”, supe lo que debí haber dicho: “Estuvo muy bien, pero el final no lo entendí”. No importa que no lo dijera, porque luego me ayudó el mismo Miguel a entenderlo.
Por lo pronto, él se retiró, y me estuvo acariciando los pechos, el estómago, los hombros, hasta que me fui relajando, y entonces me masturbó. Me estaba quedando dormida cuando dijo: “Se va a hacer tarde y tus papás van a preguntar por ti”. Me ayudó a vestirme y antes de dejarme ir me jaló del brazo, me dio un largo beso y me ordenó “ven mañana, antes de comer. Sube sin pasar a ver a Juan”. Me fui a mi casa, adolorida y contenta, ruborosa y llena de preguntas, y claramente dispuesta a obedecerle.
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Mi primera vez pasada por nata
Mi historia ocurrió el 28 de julio de 2003 yo estaba saliendo con un chico llamémoslo Ander y pese a haber jugado mucho nunca lo habíamos hecho por que yo era virgen. Ese chico era especial para mi y planee para que el día que me quede sola en casa pasase lo ambos llevábamos deseando desde hace tiempo.
Era lunes y mis padres se habían ido a trabajar. Le dije que viniese y como el hacia atletismo vino corriendo. Cuando subía las escaleras del portal deje la puerta abierta y me fui a mi cuarto. Tenía indicado el camino pues había dejado una senda de pañuelos que le guiaban hasta mi cuarto. Entro y lo primero que vio fue todo el cuarto iluminado con velas, el olor del incienso, música suave y a mi con un conjunto de ropa interior morado tumbada sobre la cama.
El esta muy sudado por el camino que había recorrido por eso me dio más morbo aun. El siempre ha sido un chico guapo medio rubio ojos verdosos y un cuerpazo que no envidiaría ni el mismísimo Nacho Vidal. Se acerco a mi y empezó a besarme mientras le iba quitando la ropa, la verdad es que mi nuevo conjunto me duro dos minutos puesto.
Cuando nos quisimos dar cuenta ambos estábamos sobre la cama completamente desnudos. Empezó a besarme el cuello a bajar por mis pechos con los que se entretuvo un rato por el ombligo hasta mi vagina. Pero en vez de detenerse en ella paso de largo para besarme los muslos. Yo me revolvía en la cama pidiéndole que no me hiciese sufrir por en ese punto yo ya estaba fuera de mi. El no me hizo esperar más y empezó a lamer y a comer como si no hubiese comido en un mes. Mientras con su mano izquierda separaba mis labios con la derecha iba metiendo un dedo luego otro luego otro. Yo no podía parar de gemir hasta que acelero el ritmo y llegue a una explosión de placer increíble.
El iba a volver a empezar pero le pare, no era muy experta sexualmente pero no iba a dejar que el me dominase así que me di la vuelta y me puse en cima suyo. Mientras le lamía el glande el se iba entreteniendo con mi vagina hasta que me la metí de golpe en la boca y empecé a succionarle el glande y a jugar con mi lengua entonces no te que el no seguía lamiendo, le sonreí y seguí chupando igual que una niña chupa un pirulí. El me aviso de que se iba a correr y me coloque de manera que cuando lo izo le pusiese besar.
Los dos estábamos ardiendo pero yo le había cogido el gusto a esto de llevar la iniciativa y cogí el bote de nata que había colocado estratégicamente en la mesilla junto al una tarrina de helado también de nata. Le cubrí el pecho de nata y me la comí todo con una voracidad insaciable. El me miraba alucinado pues nunca me había visto así. Cuando termine de comerme la nata me tumbo e hizo lo mismo con el helado. El contraste del helado frío y su lengua ardiendo me calentaron más si cabía.
Llegado a ese momento saque un condón de fresa del cajón de la mesilla y se lo puse. EL se coloco encima mió y note un pene muy duro en mi pubis. Tenia miedo de que me doliese pero no tenia dudas así que abrí las piernas y le deje que lo hiciera yo no tenia himen (se me rompió 2 años antes andando en bici) por lo que supongo que no me dolió como le puede doler a otras chicas ni tampoco sangre el empezó a moverse cada vez mas rápido y empecé a sentir un placer que no se parecía a ninguna de las otras cosas que habíamos hecho. Por desgracia al ser mi primera vez me iba a costar correrme más que a el que estaba a 1000. Así que se corrió antes que yo, en cuando termino me dijo que me levantase. Cogió otro condón y fuimos a la ducha.
En la ducha empezó a enjabonarme todo el cuerpo y después de aclararme lamió hasta el ultimo centímetro de mi cuerpo. Intentamos hacerlo en la ducha pero nos resbalábamos y casi nos caemos. Entonces el se puso de rodillas y empezó a lamer entre mis labios vaginales metiendo de golpe tres dedos pues yo estaba muy caliente. Aunque me corrí el no paro por lo que al rato volví a correrme.
Salimos de la ducha con una toalla y nos tumbamos en la cama para planear que es lo que quería probar la próxima vez.
Pese a que esa relación acabo guardo con muy buen recuerdo esa primera vez tan intensa.
<a title="Relatos Porno" href="http://www.relatosporno.com.ar/">Relatos Porno</a>
16/03/2006
Mi primera vez paso sin querer
Tenía yo en ese entonces 18 años, vivía en Veracruz, México. Un día estaba yo en el icq platicando con un amigo, y me dice: “Mira agrega a esta chica, es amiga de nosotros dile que me conoces”. Y yo le dije: “Aahh ya la voy a agregar”, para esto yo ya la había agregado antes, pero casi no me contestaba ni nada, entonces le mandé un mensaje diciéndole que yo conocía a este chico y me dice: “Aaahh no me digas”. A ella la llamaremos “Laura”.
Y así nos empezamos a llevar muy bien, y me cortaron el Internet, y un día andaba por su casa, le hablé y le dije si podía pasar a verla, me respondió que si y me dijo donde vivía, era prácticamente enfrente de donde yo le estaba hablando, llegué a su casa, (cabe mencionar que ella es 6 años mayor que yo, y vivía sola). Llegué y empezamos a platicar, me cayó súper bien, yo también le caí en bien, me prestó su computadora y estuve chateando un buen rato.
Al día siguiente yo estaba en exámenes en la escuela, salí temprano y la pasé a ver. Estuvimos todo el día platicando de esto y aquello, y me fui de su casa a las 6, pero le pregunté: “¿Que vas a hacer”, y me dice: “No sé”, quedamos que yo regresaría más tarde compraríamos un pomo (aquí en México un pomo es una botella de algún alcohol, bacardi, etc.) y así fue, regresé, ella creyó que ya no iba regresar. Ella me sirvió un trago, claro que ella me engañó porque nunca estuvo tomando o se servía muy poco. Y siempre me han dicho que tengo unos labios que se antojan besar y empezamos a platicar de eso, me di cuenta que si seguía el tema podría lograr algo, así que seguí.
Estuvimos acostados en su alfombra y acercando mi cara le digo que si están ricos mis labios, y nada más cerré los ojos a esperar a ver si ella hacía algo, y me besó, y luego empezamos a buscarnos con nuestras lenguas. Yo empecé a tocarle las tetas, que por cierto que rica las tenía, le quise quitar su playera y me hizo apagar la luz. Y se la quitó, y le empecé a chupar sus tetas tan ricas, le dije que nos fuéramos a su cuarto y así lo hicimos, ahí nos seguimos besando, y ella me sobaba mi paquete, que para entonces ya la tenía bien dura, yo no se si la tendré grande, pero siempre me dicen que está grande, entonces algo de razón han de tener… Así que me quité el pantalón y me la saqué, ella no dijo nada, simplemente se bajo a chupármela y ¡¡¡wow!!!... que rico la chupaba, después de un rato yo también quería chuparle su conchita, así que la desnudé y que belleza de conchita tenía.
Recuerden que era mi primera vez, así que lo primero que hice fue darle una lengüeteada desde el ano hasta el clítoris, lo que hizo que sacara un gemido riquísimo, creí que le hacía daño y dejé de hacerlo (ahora me arrepiento), el problema es que no traíamos condones, así que eso nada más quedó en que me la estuvo chupando y yo me vine en su boca. Pero no se lo tragó. Lo fue a escupir, y cuando regreso me dijo que quería sentarse en mi verga, nada más quería probar qué se sentía con una tan grande. Yo no me lo creí, pero le dije va pues, y así se sentó y me dijo: “Es que no me cabe”, así que yo le dije: “¿Como no?, y alcé mi cadera para llegar hasta el fondo y ella nada más pudo sacar un gran gemido. Y hasta ahí llegó esa vez… nos vimos todavía dos veces más.
Bueno y así Laura después se bajó de mi verga, y ya no hicimos nada, por lo mismo que no teníamos condones y obviamente era mi primera vez y no quería cagarla en mi primera vez, ¿que frustrante hubiera sido eso no creen?. Y bueno pasó, nos vimos otro día, y estábamos en su cuarto viendo la tele y me dijo: “Estoy incómoda, ¿Te molesta que me quede en calzones?”, y yo le dije: “No para nada” (dentro de mi pensé, hombre como me va molestar) y ya se quedó en calzones y una playera, se acostó junto a mi, en eso la abracé la puse boca arriba y empecé a sobarle sus tetas por encima de la playera, y la verdad que ricas tetas tiene, y sus pezones empezaron a hacer reacción enseguida así que me dispuse a pellizcarlos y jalarlos un poco y su respiración se empezó a agitar, la agarré de la cara, y la empecé a besar, a que nuestras lenguas jugaran, y a morderle sus labios, y nos empezábamos a mover con ropa como si estuviéramos cogiendo para que sintiera mi verga en su concha.
Así seguimos durante un rato hasta que yo estaba seguro que ya estuviera bien caliente, le quité la playera y que tetas, se las empecé a comer, a sobar y chupar le pasaba la lengua alrededor de los pezones y luego una mordida suave en cada pezón, mientras ella me sobaba la verga, y me la apretaba encima del pantalón, ya ella desesperándose me quitó el pantalón, y la cabeza se asomaba por encima del bóxer así que me lo quitó rápidamente y me agarró la verga con toda su mano fuerte sobándolo de arriba hacia abajo, luego le pasó una lengüeteada por toda la verga para luego metérsela en la boca completita, y darle vueltas en su boca y subir y bajar la cabeza, no saben lo rico que se siente así el calor de la boca en la verga, así hasta que yo también quería, le dije que esperara un poco, le quité el short, y le abrí las piernas suavemente, tocándole los muslos, acariciándolos, besándoselos, mordiéndolos y le di un gran beso entre sus piernas, pero sobre la tanga para que sintiera, solo alcancé a oír un gran ¡Aaaaahhhhh!.
Así que le retiré su tanga y que rica conchita, ya la tenía depilada (yo se lo había pedido, y lo hizo un día antes) así que le di una lengüeteada desde el ano hasta su clítoris, y que rico gemía, gemía como puta, le metí la lengua más adentro y ese sabor agridulce y caliente es un manjar, así que seguí metiendo mi lengüita, y moviéndola adentro, pero me esperaba ese clítoris tan rico, lo empecé a chupar y ella empezó a respirar más fuerte y a gemir y me dijo: “Así cabrón, házmelo así más fuerte”, así que le empecé a morder el clítoris y meterlo a mi boca y ahí chuparlo muy, muy rico. Seguimos así hasta que ella ya no podía más y se vino en mi cara, que rico dije yo… Pero ahí no quedaban las cosas, ella agarró mi verga bien dura y se dispuso a comerla como una maestra, le dije: “Quiero que ahora te los tragues”, ella no me dijo nada simplemente se dispuso a chupar yo ya no aguanté más, así que le dije: Abre la boca” y me empecé a masturbar hasta que toda mi leche entró en su boquita, y tal como yo se lo había pedido se los comió. Desgraciadamente esa vez tampoco llevábamos condones, y para colmo no me podía quedar ya que llegaría su mamá.
Tiempo después me la encontraba en el Messenger y le decía que nos viéramos, pero ella me decía que estaba depre que no quería salir, más que nada le dio cruda moral ya saben, como se sentía como puta y todo eso, y así durante varios días, hasta que yo si quería verla. Así que la fui a buscar, obviamente no me abría estuve tocando hasta que finalmente me abrió, con una mala cara me decía que, qué hacía ahí, que me dijo que no quería ver a nadie, y ya pues ya estaba ahí, así que me invitó a pasar. Estuvo de mala cara durante un rato, hasta que con bromas se le quitó y ya nos la estuvimos pasando bien, en una de esas la empecé a besar, ¡y a fajar riquísimo! En fin me la empezó a chupar otra vez como solo ella lo sabe hacer, recorriendo todo el tronco hasta la garganta, y yo sobándole sus tetas tan ricas. Así que también le comencé a chupar su concha tan rica como siempre y mojada, pero ya no quería postergar más el tiempo, así que me desnudé me puse un condón, le agarré las piernas y las puse en mis hombros y se la metí suavecito hasta que topara con pared, empecé a bombearla más duro y ella sacaba gemidos bien ricos y me decía dame más duro, así estuvimos hasta que ya estaba a punto de venirme en que me detuve. La puse de perrito se la metí toda y a darle más duro, y que rico sentía al jalar todo su culote hacia mi verga hasta que ya no aguantaba y ya me iba a venir, me salí de ella y le eché en su espalda toda mi lechita, que rico.
Mi primera vez paso sin querer
Tenía yo en ese entonces 18 años, vivía en Veracruz, México. Un día estaba yo en el icq platicando con un amigo, y me dice: “Mira agrega a esta chica, es amiga de nosotros dile que me conoces”. Y yo le dije: “Aahh ya la voy a agregar”, para esto yo ya la había agregado antes, pero casi no me contestaba ni nada, entonces le mandé un mensaje diciéndole que yo conocía a este chico y me dice: “Aaahh no me digas”. A ella la llamaremos “Laura”.
Y así nos empezamos a llevar muy bien, y me cortaron el Internet, y un día andaba por su casa, le hablé y le dije si podía pasar a verla, me respondió que si y me dijo donde vivía, era prácticamente enfrente de donde yo le estaba hablando, llegué a su casa, (cabe mencionar que ella es 6 años mayor que yo, y vivía sola). Llegué y empezamos a platicar, me cayó súper bien, yo también le caí en bien, me prestó su computadora y estuve chateando un buen rato.
Al día siguiente yo estaba en exámenes en la escuela, salí temprano y la pasé a ver. Estuvimos todo el día platicando de esto y aquello, y me fui de su casa a las 6, pero le pregunté: “¿Que vas a hacer”, y me dice: “No sé”, quedamos que yo regresaría más tarde compraríamos un pomo (aquí en México un pomo es una botella de algún alcohol, bacardi, etc.) y así fue, regresé, ella creyó que ya no iba regresar. Ella me sirvió un trago, claro que ella me engañó porque nunca estuvo tomando o se servía muy poco. Y siempre me han dicho que tengo unos labios que se antojan besar y empezamos a platicar de eso, me di cuenta que si seguía el tema podría lograr algo, así que seguí.
Estuvimos acostados en su alfombra y acercando mi cara le digo que si están ricos mis labios, y nada más cerré los ojos a esperar a ver si ella hacía algo, y me besó, y luego empezamos a buscarnos con nuestras lenguas. Yo empecé a tocarle las tetas, que por cierto que rica las tenía, le quise quitar su playera y me hizo apagar la luz. Y se la quitó, y le empecé a chupar sus tetas tan ricas, le dije que nos fuéramos a su cuarto y así lo hicimos, ahí nos seguimos besando, y ella me sobaba mi paquete, que para entonces ya la tenía bien dura, yo no se si la tendré grande, pero siempre me dicen que está grande, entonces algo de razón han de tener… Así que me quité el pantalón y me la saqué, ella no dijo nada, simplemente se bajo a chupármela y ¡¡¡wow!!!... que rico la chupaba, después de un rato yo también quería chuparle su conchita, así que la desnudé y que belleza de conchita tenía.
Recuerden que era mi primera vez, así que lo primero que hice fue darle una lengüeteada desde el ano hasta el clítoris, lo que hizo que sacara un gemido riquísimo, creí que le hacía daño y dejé de hacerlo (ahora me arrepiento), el problema es que no traíamos condones, así que eso nada más quedó en que me la estuvo chupando y yo me vine en su boca. Pero no se lo tragó. Lo fue a escupir, y cuando regreso me dijo que quería sentarse en mi verga, nada más quería probar qué se sentía con una tan grande. Yo no me lo creí, pero le dije va pues, y así se sentó y me dijo: “Es que no me cabe”, así que yo le dije: “¿Como no?, y alcé mi cadera para llegar hasta el fondo y ella nada más pudo sacar un gran gemido. Y hasta ahí llegó esa vez… nos vimos todavía dos veces más.
Bueno y así Laura después se bajó de mi verga, y ya no hicimos nada, por lo mismo que no teníamos condones y obviamente era mi primera vez y no quería cagarla en mi primera vez, ¿que frustrante hubiera sido eso no creen?. Y bueno pasó, nos vimos otro día, y estábamos en su cuarto viendo la tele y me dijo: “Estoy incómoda, ¿Te molesta que me quede en calzones?”, y yo le dije: “No para nada” (dentro de mi pensé, hombre como me va molestar) y ya se quedó en calzones y una playera, se acostó junto a mi, en eso la abracé la puse boca arriba y empecé a sobarle sus tetas por encima de la playera, y la verdad que ricas tetas tiene, y sus pezones empezaron a hacer reacción enseguida así que me dispuse a pellizcarlos y jalarlos un poco y su respiración se empezó a agitar, la agarré de la cara, y la empecé a besar, a que nuestras lenguas jugaran, y a morderle sus labios, y nos empezábamos a mover con ropa como si estuviéramos cogiendo para que sintiera mi verga en su concha.
Así seguimos durante un rato hasta que yo estaba seguro que ya estuviera bien caliente, le quité la playera y que tetas, se las empecé a comer, a sobar y chupar le pasaba la lengua alrededor de los pezones y luego una mordida suave en cada pezón, mientras ella me sobaba la verga, y me la apretaba encima del pantalón, ya ella desesperándose me quitó el pantalón, y la cabeza se asomaba por encima del bóxer así que me lo quitó rápidamente y me agarró la verga con toda su mano fuerte sobándolo de arriba hacia abajo, luego le pasó una lengüeteada por toda la verga para luego metérsela en la boca completita, y darle vueltas en su boca y subir y bajar la cabeza, no saben lo rico que se siente así el calor de la boca en la verga, así hasta que yo también quería, le dije que esperara un poco, le quité el short, y le abrí las piernas suavemente, tocándole los muslos, acariciándolos, besándoselos, mordiéndolos y le di un gran beso entre sus piernas, pero sobre la tanga para que sintiera, solo alcancé a oír un gran ¡Aaaaahhhhh!.
Así que le retiré su tanga y que rica conchita, ya la tenía depilada (yo se lo había pedido, y lo hizo un día antes) así que le di una lengüeteada desde el ano hasta su clítoris, y que rico gemía, gemía como puta, le metí la lengua más adentro y ese sabor agridulce y caliente es un manjar, así que seguí metiendo mi lengüita, y moviéndola adentro, pero me esperaba ese clítoris tan rico, lo empecé a chupar y ella empezó a respirar más fuerte y a gemir y me dijo: “Así cabrón, házmelo así más fuerte”, así que le empecé a morder el clítoris y meterlo a mi boca y ahí chuparlo muy, muy rico. Seguimos así hasta que ella ya no podía más y se vino en mi cara, que rico dije yo… Pero ahí no quedaban las cosas, ella agarró mi verga bien dura y se dispuso a comerla como una maestra, le dije: “Quiero que ahora te los tragues”, ella no me dijo nada simplemente se dispuso a chupar yo ya no aguanté más, así que le dije: Abre la boca” y me empecé a masturbar hasta que toda mi leche entró en su boquita, y tal como yo se lo había pedido se los comió. Desgraciadamente esa vez tampoco llevábamos condones, y para colmo no me podía quedar ya que llegaría su mamá.
Tiempo después me la encontraba en el Messenger y le decía que nos viéramos, pero ella me decía que estaba depre que no quería salir, más que nada le dio cruda moral ya saben, como se sentía como puta y todo eso, y así durante varios días, hasta que yo si quería verla. Así que la fui a buscar, obviamente no me abría estuve tocando hasta que finalmente me abrió, con una mala cara me decía que, qué hacía ahí, que me dijo que no quería ver a nadie, y ya pues ya estaba ahí, así que me invitó a pasar. Estuvo de mala cara durante un rato, hasta que con bromas se le quitó y ya nos la estuvimos pasando bien, en una de esas la empecé a besar, ¡y a fajar riquísimo! En fin me la empezó a chupar otra vez como solo ella lo sabe hacer, recorriendo todo el tronco hasta la garganta, y yo sobándole sus tetas tan ricas. Así que también le comencé a chupar su concha tan rica como siempre y mojada, pero ya no quería postergar más el tiempo, así que me desnudé me puse un condón, le agarré las piernas y las puse en mis hombros y se la metí suavecito hasta que topara con pared, empecé a bombearla más duro y ella sacaba gemidos bien ricos y me decía dame más duro, así estuvimos hasta que ya estaba a punto de venirme en que me detuve. La puse de perrito se la metí toda y a darle más duro, y que rico sentía al jalar todo su culote hacia mi verga hasta que ya no aguantaba y ya me iba a venir, me salí de ella y le eché en su espalda toda mi lechita, que rico.
Lo curioso fue que el condón se le había quedado dentro, así que me vine afuera. Y ella se sacó el condón, seguía caliente, pero iba recibir visitas así que me tuve que ir.
La primera vez
Como dije anteriormente llegamos a la ciudad de Lima, para forjarnos un futuro mejor, llegamos a vivir a un pueblo joven, a la casa de un familiar que no vivía allí, ya que el se encontraba de viaje en otro país. Como todo joven que llega a vivir a un sitio sin conocer a nadie, me sentía un poco incomodo, a veces renegaba de haber ido a vivir por allá, ya que había dejado, mis amigos en el sitio donde nací.
Bueno tuvo que pasar como 20 días para hacerme de amigos, no se me hizo muy difícil de conseguirlos ya que los conseguí por medio del fútbol. Me encanta jugar fútbol. Soy zurdo y juego de volante. Comencé jugando en un parque que esta al frente de la casa, los jóvenes y los tíos (tíos, le decimos a los hombres mayores de 35 años en Perú), se reunían a partir de las 3:30 p.m., de la tarde para empezar a jugar. Yo bajaba a esa hora para ver si me hacían jugar. Al principio nadie me escogía por que como era nuevo, no sabían como jugaba y pensaban que la iba a cagar (cagar es jugar mal, en jerga peruana). No me incomodaba al principio, es mas me reía y en voz baja decía: algún día me van a rogar para jugar. Tuve que esperar varios días para jugar allí, y lo hice para un equipo muy monse, eran tan monse que su chapa eran los muppets. Ellos (los muppets) jugaban solo por diversión, no les importaban si perdían o ganaban, aunque casi siempre perdían, raras veces eran los días que venían inspirados y con mucha garra ganaban un partido. Gracias a los muppets empecé a jugar fulbito (6 contra 6), con ellos hice mi debut, jugué tan bien ese día que los muppets ganaron varios partidos y de aquel día me empezaron a buscar para jugar campeonatos de fútbol y bulbito
Mis hermanas jugaban Voleyball, y jugaban muy bien, yo era su hincha de ellas; partido de voley que jugaban ellas, yo lo seguía. Ellas tenían muchísimas amigas, y me presentaron a varias de ellas. Muchas amigas de mi hermana eran simpáticas, de buen cuerpo y había de todo los tipos: blancas, negritas, chinitas, gringuitas, morochas, todas muy altas de 1.70 m para arriba. Me gustaba una zambita, no era bonita, pero si muy agraciada la chica, tenia unos ojos bonitos, y una sonrisa encantadora, muy buen cuerpo, bien formado, la estuve afanando regular tiempo, ella no me acepto porque se dio cuenta que mas me interesaba el fútbol que ella.
Paso el tiempo entre fútbol y voley, en el barrio unos amigos decidieron formar un club de fútbol y voley. Mis hermanas y yo formamos parte de ese club, los vecinos estaban entusiasmados también, y cada actividad que hacíamos ellos nos apoyaban. Con el dinero de las actividades compramos nuestros uniformes.
Las chicas del barrio iban hacer barra cuando jugábamos nosotros, y es allí que conocí a Carolina, una chica morocha de 19 años, muy agraciada, de pelo negro y de buen cuerpo, pero lo que más resaltaba de ella era su hermoso y lindo trasero. Que culazo que tenia la chica, y era la obsesión de varios amigos de poseerla. Ella se hizo amiga de mis hermanas y casi siempre llegaba a la casa. A veces cuando tocaban la puerta, yo salía a abrirlo y me encontraba con ella, con Carolina y con voz suave y sensual me decía: Están tus hermanas, yo le respondía: si, pero están en su cuarto - pasa. Ella pasaba contorneando su figura mientras yo miraba disimuladamente el tremendo culazo que tenia. Me estaba empezando a gustar, pero más podía el fútbol que ella, así que agarraba mis implementos y me iba jugar.
Un día conversando con una de mis hermanas, me dijo: Hermano, Carolina viene todos los días a la casa, por que tú le gustas, y ella me ha dicho que tú eres muy guapo. Yo solo sonreí y le respondí a mi hermana: que pena, pero ella no es mi tipo. Le dije eso solo para salir del apuro, ya que si le decía que también me gustaba ella me hubiera comenzado a fastidiar. Esa noche me puse a pensar en ella en Carolina, en lo descortés que había sido algunas veces con ella. Pero la única manera de conquistarla a ella tendría que ser con la complicidad de mi hermana.
Un día ella llego como de costumbre a la casa por la tarde, yo me disponía a salir a jugar fútbol, pero al verla a ella, me quede y le dije: Hola Carolina, ¿Cómo estas?, bien gracias, respondió. Comenzamos a conversar en la sala un buen rato, le comencé a insinuar lo bonita que estaba y le dije:
- Tu enamorado debe estar orgullosa de ti, de tener una chica linda como pareja.
Ella me respondió:
- No tengo enamorado.
- No te creo - le dije
- Verdad, hasta ahora no hay nadie quien me guste.
- Y yo te gusto - le pregunte.
Ella no me quiso responder, solo sonrojo y empezó a reír. En eso entra mi hermana y le dice: Hola, Caro, has venido muy temprano hoy, ven pasa a mi cuarto. Ella se levanto y se fue al cuarto de mi hermana. Ya estaba anocheciendo, y Carolina sale del cuarto y cuando pasa por la sala me dice: chau, hasta mañana; yo me levante apresurado para abrirle la puerta y le dije muy cerquita al oído: me gustas mucho, me acerque para darle un beso, y ella me correspondió, ella separo su rostro del mío y me dijo: hasta mañana.
Yo estaba feliz por haberla besado, y dije: pronto sera mía. Después de cenar me fui a mi cuarto donde me puse a pensar en ella, hasta la soñé esa noche haciéndole el amor. Al otro día, desistí de ir a jugar fútbol, y estaba en casa esperando a Carolina, pero ella nunca llego, la espere varios días sin tener resultado alguno. Yo pensé que tal vez por el beso que le había dado, ella se había molestado y por eso no venia. Así que le pregunte a mi hermana: y ¿por que no viene Carolina? - Ella me respondió, es que estuvo ocupada en su casa, pero mañana viene.
Al día siguiente yo estaba en casa solo, mis hermanas habían salido con mis papas e iban a tardar mucho en llegar. Yo me quede al cuidado de la casa, por la tarde, tocan el timbre y yo pensé que era ella, salí corriendo abrir la puerta pero eran unos amigos que venían a buscarme para salir a pelotear, pero les dije que no podía que mejor mañana y se fueron. Al rato vuelven a tocar el timbre y era Carolina que venia a buscar a mi hermana, le dije: pasa, esta en su cuarto. Antes de dirigirse para el cuarto, le dije: me gustas mucho y le di un beso, ella solo sonrió y se dirigió al cuarto de mi hermana. Yo fui detrás de ella, Carolina entro y dejo la puerta semiabierta, yo aproveche en entrar y ella me dice: pero si no esta tu hermana, acaba de salir - le respondí. Pero no te preocupes, yo te puedo hacer compañía hasta que ella venga, van a demorar mucho. ¡Como que van a demorar! - me dice: Si no hay nadie en casa, estamos solitos.
Ella se puso un poco nerviosa, yo me pare le tome de las manos y le dije: no tengas miedo, estamos solos y la bese, ella solo se dejo llevar. Me gustas mucho le dije, ella me respondió que yo también le gustaba. Le dije: sentémonos en la cama, ella me obedeció, la bese y me eche encima de ella, me comencé a mover, mis manos comenzaron a acariciar cada rincón de su cuerpo.
- Quiero hacerte el amor - le dije
- Estas loco, y si vienen - me respondió
- Ya te dije que van a demorar.
- No, tengo miedo de hacerlo, es que nunca lo he hecho - me dijo. Además quiero llegar virgen al matrimonio.
- No te preocupes, no es malo hacer el amor, aun cuando son dos las personas que se quieren - y la bese, al mismo tiempo que le sacaba la blusa.
A Carolina, se le notaba nerviosa, temblaba, tengo miedo - me decía. Le saque el brasier con un poco de dificultad, ella dio un suspiro cuando agarre con mis manos sus duritos pezones, comencé a sobar los pezones con la yema de mis dedos, al mismo tiempo que la abrazaba, temblaba, se le veía que era su primera vez. Sácate tú también tu polo - me dijo, yo le respondí: sácamelo tú, ella me saco el polo y acerque mi cuerpo hacia el de ella, por dios, estaba ardiendo; la besaba y le acariciaba sus pezones. Comencé a sacarle el pantalón y me dijo:
- No lo hagas, tengo vergüenza.
- Mi amor, nada te va a pasar confía en mí, además estamos solos.
Ella se dejo llevar por el placer que tenia y logre sacarle el pantalón. Tenia un calzoncito blanco puesto, se lo saque y lo olí. Que rico huele - le dije - tiene aroma de mujer. Ella me volvió a decir: tengo miedo. Yo mismo Flash, me desnude en un dos por tres y me acerque a ella diciéndole: lo que yo te haga tu tienes que hacérmelo. Ella me dijo: ya. Comencé a besarla y baje hasta el cuello, la besaba y eso le excitaba a ella, baje hasta sus hermosos senos que estaban paraditos y comencé a chuparlos; estuve un buen rato chupándole y besándola. Le dije: ahora te toca a ti.
Ella sin titubear me hizo lo mismo, parece que le estaba empezando a gustar. Después de unos minutos le dije: voltéate. Ella con un poco de temor me dijo: que me vas hacer. Solo quiero que sientas algo rico - le dije. Carolina me dio la espalda con un poco de temor y yo me eche encima de ella. Mi miembro erecto quedo entre sus nalgas y comencé a moverme la mismo tiempo que le besaba la nuca, y le mordisqueaba el lóbulo de su oreja. Ella solo decía en voz baja: ay, que rico, comencé a bajar por los hombros, besándolo, succionando y mordisqueándolo, comencé a bajar por la espalda y ella que seguía diciendo: que rico se siente. Seguía besando y mordiendo despacio y seguía bajando hasta las nalgas, con mi lengua viperina comencé a recorrer sus nalgas y algunas veces le mordía suavemente.
Carolina estaba tan excitada que las piernas que las tenían juntas las separo. Yo continué bajando y besando los muslos, me acerque hacia su conchita virginal que estaba muy húmeda. Le comencé a meter la lengua en ese huequito inexplorado y al mismo tiempo que saboreaba su fluido, le chupaba y ella se contorneaba. Le dije voltéate, ella me hizo caso y de nuevo volví a comerle el coño. Mi mano jugaba con su clítoris que ya se había pronunciado. ¿Quieres que te la siga chupando? - le dije, ella movió su cabeza diciéndome si. Le lamí un buen rato, estaba sobreexcitada y demasiado lubricada, y le digo. Ahora chupamela a mí.
Carolina con un poco de vergüenza (lo note en su expresión), bajo hacia mi pene sin titubear. Con una mano agarro el miembro y se lo metió a la boca. Se le veía inexperta y un poco torpe cuando me lo chupaba, a veces me hacia doler con sus dientes. Estuvo mamando verga un buen rato y me dijo: es demasiada carne para mi boquita. Yo sonreí y la bese. Le dije: échate aquí mi amor. Ella se volvió a echar sobre la cama y yo me coloque encima de ella, mi verga trataba de buscar el huequito virginal de Carolina. El rostro de ella mostraba algo de dolor, al momento que mi verga comenzó a penetrar la conchita de ella.
- ¡Ahhh, me duele!, por favor no sigas, tengo miedo.
- Mi amor, relájate, así es la primera vez, pero después te va a gustar - le dije.
Ella sudaba, temblaba y me abrazaba, me duele, decía, mientras que mi pene abría paso a través de su conchita.
- Por favor, ya no puedo mas, sácalo, me duele demasiado - me dijo.
Le saque el miembro de la su conchita, apenas había entrado el glande, la bese y le dije: cálmate mi amor, así es la primera vez.
- Si, pero me duele - dijo ella.
La bese, acaricie sus pechos, y le lamí su vientre hasta llegar en la entrada de su concha, le lamí y le chupaba sus flujos, el olor de su conchita me excitaba, ella con sus manos, me agarro la cabeza y me lo empujaba con fuerza hacia su concha.
- Solo hazme esto, me gusta - me decía.
Yo seguí lamiendo esa conchita, y mi mano sin querer comenzó a buscar su clítoris para frotarlo, ella me decía que rico, sigue, sigue, yo continué sobándole el clítoris y luego le introduci un dedo en su conchita, ella dio un suspiro. ¿Lo sientes? - le dije, ella asentó la cabeza. Ahora te lo voy a meter - le dije. Mi miembro estaba durísimo como una estaca, ella un poco asombrada me dice: no creo que entre todo eso en mí. No te preocupes - le dije. Tu solo relájate.
Ella abrió las piernas y me volví a echar encima de ella, con el miembro en mi mano comencé a buscar esa conchita, Carolina estaba mojadita, y comenzó hacer presión de mi pene con su vagina. Ella gritaba, me decía en voz baja: me duele, me duele, yo le alcance una almohada y le dije: si sientes el dolor mas fuerte muerde la almohada. Ella me dijo que si. Comencé a metérsela, siempre despacio con el fin de no lastimarla, ella cuando sentía dolor mordía la almohada, al fin pude metérsela toda y ella pego un grito de dolor, al mismo tiempo que una lagrima rodaba por su mejilla, no lo se si seria de dolor o felicidad. Yo le dije:
- Ya entro todo mi amor.
Ella con un gesto de dolor y felicidad me dijo: me has hecho sufrir.
- Ahora vas a sentir lo mas rico - le dije
Comencé a moverme lentamente, a medida que iba aumentando la velocidad, vi que se le volteaban los ojos del placer que estaba sintiendo. Seguí moviéndome y ella sudaba, y gemía, apretó con sus piernas en mi cintura y al mismo tiempo que me clavaba sus uñas en mi espalda y me decía:
- Ya no sigas más que me voy a orinar.
Yo le conteste:
- Hazlo y te vas a sentir relajada.
- No, tengo vergüenza hacerlo, voy a mojar la cama y tu hermana se va a dar cuenta. Ya no sigas por favor - me decía.
Yo pare de hacerlo, me levante de la cama y le dije a ella sígueme. Ella temerosa me dijo:
- Como voy a salir desnuda.
- No hay nadie en la casa. Nos vamos a mi cuarto - le dije.
Ella se paro y me siguió, la abracé por la espalda y le comencé decir susurrando al oído: hoy día te voy hacer llegar al cielo. Ella sonrió y me beso.
Llegamos a mi cuarto y la eche en la cama, la comencé a besar, y con mi mano le comencé a tocar su conchita, seguía mojadita. Le puse mi miembro en su cuevita y se la metí, ella se quejaba, pero ya no le dolía mucho. Comencé a moverme despacio, para después hacerlo mas rápido, ella comenzó a sentir lo que era el placer y me decía: así papi, que rico, sigue así, dame mas, mas…
Yo continuaba con un loco poseído, la besaba, le mordisqueaba sus pezones, le mordía los labios. Ella me dijo de nuevo: ¡papi!, ¡me voy a orinar!, ¡no sigas!...
Yo le respondí:
- Haz lo que te plazca, además estas en mi cama y puedes orinarte aquí.
Comencé a moverme rápidamente, ella, cansada y gimiendo me decía: ¡ya no puedo mas!, ¡me voy a orinar!, ¡me voy orinar! y que da un grito: ¡ay!, ¡ya no!, ¡ya no!, ¡ya no sigas por favor!, yo siento un chorro espeso y caliente que me moja todo el miembro y parte de la cama. Ese es tu primer orgasmo mi amor, te gusto ¿verdad?, ella me dijo si, pero déjame descansar un ratito. Yo le dije todavía no, yo estaba a punto de reventar y le dije: ahora vas a sentir algo rico y calientito dentro de ti. Comencé a tener sexo con ella, ella, Carolina me besaba, y yo también, siento que estoy por venirme y se lo hago saber a ella, ella me abraza con todas sus fuerzas y yo le digo: Carolina, ¡se me viene!, ¡se me viene!, ha, ¡bésame!, ¡bésame!, e inundo toda su conchita con mi semen. Ella me dice: ¡ah!, que rico papi.
Tumbados los dos en la cama, le dije que me había gustado hacerle el amor, ella me dijo que a ella también y que siempre me tendrá presente, y que nunca se va arrepentir de haberme entregado a mí. Me dio un beso, se paro y se fue al cuarto de mi hermana a cambiarse, yo me puse un short y fui a verla. Ella estaba lista para irse y le dije te acompaño hasta afuera. Al llegar a la puerta le di un beso, y le dije: mañana te espero. Ella me sonrió y me dijo chau.
