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03/05/2006
POLVAZO CON MI SUEGRA
Por alguna razón mi morbosidad ha aumentado en los últimos años, y las mujeres de 50 a 60 se convirtieron en objeto de mi deseo. Si alguien me hubiese dicho a los veinte años que esto me sucedería, hubiese imaginado que ese tío estaría loco. Pero no, tenía toda la razón. Las mujeres más maduras tienen además de un atractivo muy fuerte ciertas ventajas fundamentales sobre las más jovenes. Primero: no menstruan, con lo cual uno se saca de encima un problema con el que se encuentra todos los meses cuando tiene ganas de hacer lo que se debe hacer. Consecuentemente con ello, tampoco quedan embarazadas. Y una segunda condición que es tan importante como la anterior: se trata que las mujeres a avanzada edad ya han pasado por todos los estadíos del deseo de los hombres, han mamado abundantemente, han sido bastante culeadas, no hacen agua cuando les dicen cosas en la calle. Conocen todos los secretos... y los tienen callados. No como las jóvenes que se regozijan de saber lo que no saben aún. Y más todavía... echan unas caderas de yeguas que las hace muy deseables para montarlas en cuatro patas, y no hacen asco al sexo en todas sus formas, incluído el anal.Y son presa de brutales calenturas de las que no tienen como zafar.
Uno empieza por ponerles la mano entre las piernas como al pasar, estando ellas en la cocina por ejemplo, y sólo te mirarán a los ojos con cara de sorpresa y te dirán: esto no me lo esperaba. A lo que uno responde:yo tampoco, pero me han venido unas ganas... Así que estando la mano allí, y ellas no haciendo gran cosa por sacarlas, uno puede rematar: bueno, es hora de que nos hagamos un favor mutuo.
El siguiente paso es, bueno... el siguiente paso es esta historia.Nos habíamos ido de vacaciones con mi mujer, mi hija y mi suegra. Estábamos pasándola muy bien, íbamos a la playa, salíamos al cine, al teatro, a comer afuera los cuatro.Y una noche mi esposa y mi hija decidieron ir a ver un espectáculo al que yo desistí porque no me interesaba. Casualmente, mi suegra Raquel tampoco fue.
SE sabía atractiva la zorra Estando solo comprobé que ella llevaba cerca de una hora en el baño, y constaté que había dejado la puerta entreabierta. Preso de la calentura de las nueve de la noche, que es siempre posterior a la calentura de las ocho, y anterior a la de las diez de la noche, fui a espiarla. Estaba terminando de maquillarse, y lucía una lencería muy apropiada para llevar a la cama a una decena de hombres juntos.
Pensando que estando yo en el apartamento no se atrevería a hacer entrar a algún amante o amigo, de los que seguramente habría de tener, y no habiendo ningún hombre más que yo en los alrededores, supuse que el destinatario de tanto preparativo debía ser yo mismo. Detrás de la puerta, mientras pensaba en ello, comenzó a pararse mi miembro, como de costumbre desobedeciendo mis precisas instrucciones de calmarse un poco alguna vez en su vida. Eché otro vistazo al interior del baño, esta vez tratando de ver algo más de sus cualidades físicas ocultas. Y cuernos, menudo culo que lucía la zorra.
Un culo monumentalYa a esa altura me dominaba un deseo lujurios de entrar allí y tomarla de pie, con fuerza y sin preámbulos. Pero como no sabía cuales eran los planes de ella, me mentuve cauto y a la espera de su próximo movimiento. Todo indicaba por su uniforme de puta, por el maquillaje, el peinado, sus altos tacos, que no eran necesarios para su rol de suegra o abuela, que un plan secreto lujurioso estaba en camino. Me faltaba saber con quien. Eché otra mirada y comprobé que ya se exhibía frente al espejo con desparpajo, casi se podría decir que sabría que alguien estaba posando su mirada en ella.
SE exhibía como una puta Se la veía recaliente. Como nunca antes había tenido oportunidad de verla. Tal era la postura que tenía, con los brazos en jarras, ostentando sus tetas y apretando su culo enorme de blancas nalgas con una tanga negra metida allí.
Para mi sorpresa dijo: Carlos, entra, ya sé que estás ahí. No te hagas el sorprendido... ven y consuela a Raquel.
Diablos, dije yo, parece que este apartamento se convertirá en una moderna Sodoma. Y a mi juego me llamaron, así que entré. No bien estuve dentro se me acercó y me dijo: No sabes que a esta edad las mujeres adivinamos lo que desean los hombres y de qué manera lo desean! O te olvidas que yo enviudé dos veces. Y me estampó un beso de lengua que me erizó hasta los pelos de la nuca y de la espalda. No podía creerlo, en minutos más estaría cojiéndome a la zorra de mi suegra y conocería sus secretos y desenfrenados placeres. Se agachó, luciendo su cuerpo, pues sabría que estaba buena, me abrió el cierre del pantalón y empezó a mamarla con un entusiasmo y artesanal oficio, que yo hasta esa noche aún no había
Me daba una flor de mamada Se veía que tenía años de experiencia, que nunca se habría quedado una noche sin su porción de hombre. Su boca me recorrió completamente el pene, sin dejar centímetro sin pasar su lengua o su saliva. No sólo supe de la dulzura glotona de sus labios sino de su profunda garganta húmeda, casi sin fondo. Creo que estuve allí adentro por más de media hora, gimiendo y expulsando algunos líquidos que ella me reprochaba cada tando diciendo: estás tirando algo, bebé.
Pero no paraba, seguía en su juego cachondo y cada tanto me relataba algo como: hacía tiempo que veía que me mirabas el culo, cada tando te veía pasar por el dormitorio con los ojos bien abiertos tratando de sorprenderme desnuda. Yo no nací ayer, todavía estás tierno...
Precalentando con su juguete Minutos más tarde me condujo hacia su dormitorio y me dijo, antes de montarme quiero que veas como me masturbo, cuál es el juguete favorito cuando estoy sola por las noches y a veces por las tardes. Es una pequeña delicia que compré en un sexshop y que siempre llevo en la cartera para cuando me agarran las calenturas de mi edad.
Y sacó un consolador de metal y se frotó impunementes delante mío hasta que por fin decidió enterrárselo y gemir como una puta. Yo que no daba más la tomé por un brazo y le dije: zorra ponte en cuatro que te parto, no sea que llegue la maldita hora del regreso de tu hija, y no hayamos completado nuestra encamada. Y obedeció sumisa para que se la enterrara entera, completa y sin que sufriera sobresalto alguno.
Qué gruesa la tienes, yerno. Perdí el tiempo no haciéndolo antes contigo. Y yo que la metía y la sacaba a todo vapor, a toda máquina, frotando frenéticamente las paredes de su concha, mostrándole que clase de alegrías podría yo brindarle desde allí en adelante. Porque claro, uno con una suegra nunca quiere quedar mal... menos en la cama...
Lista para ser montada Quedó enteramente a mi disposición, gimiendo y moviendo sus anchas caderas, cuyo culo era una atracción más que placentera, obligando a mi imaginación a pensar en culearla no bien su concha de labios gruesos la hubiese comido lo suficiente. Y la zorra no paraba de echarse contra mi pelvis, mandándolo al fondo de su vagina jugosa y caliente, que al igual que su boca parecía no tener fondo...
Gime mientras la culeo Tenía una rara habilidad, comprimía sus gruesos labios que amordazaban el miembro estrangulándolo en el tronco y produciendome un placer infernal. Gritaba, sí, yo gritaba y ella también. Me pedía que la rompiera toda... no me perdones, dame todo y por todos lados... hazme tu puta... quiere que veas lo puta que soy... que te voy a comer como me he comido a decenas de hombres en mi vida... hasta sacarles la última gota... ahhhhhh ahhhhh ahhhh... y no paraba de moverse en sacudidas frenéticas, como electrizada.
Culeada colosal a mi suegra
Cerraba los ojos mientras la movia Cómetela toda putita.
Y ella que sí, soy una puta, me la como toda, sácamela por la boca, degenerado cabrón hijo de mil putas... rómpene toda... cuéntale a todos tus amigos cómo te follas a tu puta suegra por el culo... ! ... y tráeme algunos machos más, para que me llenen entera y yo les beba sus jugos!
Y llegó el paradisíaco momento del orgasmo, ella lo recibió todo, mi semen caía por sus nalgas, tenía una eyaculación de la que no tuve otra semejante. Mi miembro completamente en su culo, abrazado por su carne caliente, sujetado por su grueso esfínter de una manera que me extrajo hasta la última gota como si me lo exprimiera con toda su alma.
No conforme completamente, se echó el la cama y me sorbió el último trago con su boca. Y algunas gotas más cayeron de mi miebro a sus pechos, y quedó así lamiendo embelesada la miel de su potro al que había agotado.
La zorra de mi suegra se bebía mi leche Bienvenido al mundo de los infieles -dijo. Guardó el consolador en su mesa de luz y remató: a partir de hoy serás mi nuevo consolador. Entrénate bien con mi hija, hoy te he perdonado, pero la próxima vez que que te agarre juro que me subo encima y te parto! Y yo Juro que jamás gozé tan salvajemente, al punto de estar esperando ansioso cada nueva vez para montarla como se debe. Para todos aquellos que creen que las viejas no... que su libido se fue, duerme o se mudó a otra ciudad, echen a su mujer, tírenla por el balcón y montense a su suegra. Sacarán chispas en la cama, habrá fuegos artificiales durante el orgasmo. Nunca habrán comido mejor manjar ni serán mejor servidos. Suegras a estar listas debidamente con su más sexy lencería, porque después de este cuento no quedará una en la tierra sin probar su tajada de yerno. Y si alguna no se atreve con su yerno, por verguenza o por lo que sea, bueno, voy a estar yo,ya saben como contactarme. Saludos, Robert.
Mi morbosa jefa y su culo insaciable
Menuda jefa, morbosa rubia, pensé el día que me la presentaron en mi trabajo. Una madura rica que estaba para meterle los 10 dedos en su rico culo húmedo. Vaya culo y vaya tetas también, y eso que yo ya llevaba culeada a media oficina, y culeadas a dos travesties que paraban en el bar de la esquina del trabajo. Demás está decir los culos que tenían esas enedemoniadas travesties. Pero lo de mi jefa pintaba, sí, pintaba bien y para darle duro en la cama. Esa piel blanca... esos ojitos, esas tetas que guardaba bajo sus blusas de seda, redondas tetas de rendondos pezones de mujer madura que nunca habría tenido críos que se las mamaran.
Como al mes de estar trabajando allí, un día entré a la oficina y estaba muy cachonda. Primero que le subiera el cierre de la falda que quedaba en su espalda y se había trabado. Se lo subí no sin rozar los cachetes de su levantada y redonda cola. Segundo que le mirara un zapato que le parecía que se había aflojado su taco. Se lo revisé mientras le acariciaba las piernas al sujetarlas. Y luego el inesperado "por qué no me las acaricias un poco..." y se echó en el sillón dejando al aire sus hermosas tetas de hembra madura y sabrosa. Acaricie sus ricas tetas
Y empecé a acariciarlas con firmes movimientos de mis manos, y la yegua jadeaba de placer, sentía un goce profundo e inacabable. Fui y cerré la puerta de la oficina desde adentro, no fuera que algún despistado se metiera así porque sí mientras hacía uso de ese hermoso y profundo culo.
Le metí un deditoNo tardó en jalar la escueta pollera hacia arriba dejando su tanga apenas cubriendo la entrada. Corrí la tanga y empecé a jugar con mis dedos en su ardiente agujero, mientras se mecía para adelante y gemía suavemente. Se la notaba muy caliente. Le pregunté a cuántos le habría entregado su sexo dentro de la oficina, y me respondió que a varios.
No contento con mis dedos en su concha, empecé a besar su sedoso clítoris que se alzaba bien arriba.No paraba de sobarlo con mi lengua, al mismo tiempo que le tenía introducido el dedor mayor de mi mano izquierda, entrando y saliendo reiteradamente. -Pajéame así,-dijo.- Así, pajéame bien y chúpame entera.Le estaba besando el clítoris
Estuve como media hora entre sus piernas, ella mojándome los dedos y yo chupándoselos, cuando no, le puse un dedo a fondo en su rico culo que la muy morbosa pidió que me lo chupara, tras lo cual ella siguió haciendo lo mismo. Se lo llevaba hasta el fondo de su boca la depravada.
No tardó mucho en tener unos espasmos y frenar con su mano mi acción sobre su clítoris. Se puso de pie y me pidió que me sentara.
Comenzó a mamarla con entusiasmoEmpezó a mamarme con fuerza y con un entusiasmo envidiable. Creo que había estado soñando despierta toda esa mañana con un hombre a quien comerl. Y me lo estaba deglutiendo como un helado.Se la mamaba haciéndome desea más
-Así, zorra, así se mama.
-No te dejaré un gota de leche sin tragarme - respondió.Es una promesa.
-Qué placer que me daba la rica madura. Yo estaba duro con mi tronco mirando y gozando de sus lamidas, del roce de su inquieta lengua en su boca viciosa.
La arrinconé para metérsela bien adentro No podía más, y ella tampoco. De repente se paró y fue hasta el rincón llevándome de una mano, y subiendo una pierna al escritorio donde estaba la computadora, puso su sexo en dirección a mi pene, dispuesta a que la atacara sin más preámbulos y consideraciones.
Que gloriosa penetración, y que rica que lucía la muy puta, con mi verga entrando y saliendo de su calentísima cavidad. No dejaba un centímetro sin disfrutarla.
-No me tengas lástima -decía.- Golpéame hijo de puta... dámela sin asco, cabrón...
La golpeaba con fuerza, la atropellaba, pero mis ojos estaban puestos en su culo exquisito. Se lo acariciaba y pellizcaba, y ella gozaba con esos juegos de manos durante la larga penetración. Larga por el tiempo y larga por el tamaño de mi pene que no era de los chicos. Luego, estimando que aquella posición no era la mejor para romperle el culo como se lo merecía, la saqué de un tirón y la bajé de allí. Volvimos hasta el sillón y me la senté encima, para meterla en su culo inquieto y ardiente...
Se la enterré en el culo -Esto es lo que más me gusta -dijo.
Y arremetí con acelerados movimientos en su culo, entrando y saliendo por ese agujero apetecible, que no ofrecía resistencia, y cuyo tamaña hablaba de las experiencias que esa puta jefa habría tenido desde muy joven.
-Qué bien roto que lo tienes -le dije mientras se la metía sin vueltas. - Se ve que la niña no perdió el tiempo...
-Sí... me lo han hecho decenas de veces... como tú ahora... y en esta oficina también... cójeme... cójeme y no pierdas tiempo... haz tu trabajo... -respondió con tono enérgico como dando una orden. Su rostro colorado, su pelo agitado, su cuerpo transpirando y su voz que se quebraba de placer.
MI jefa morbosa culeaba como los diosesDame más, dame más, ahhhhhh, -yo le gritaba.
Y ella realizaba maravillosas proezas sobre mi miembro, cabalgando con su culo abierto, mientras un jugo copioso bajaba de su vagina excitada. Y su culo se ceñía más a medida que mi miembro se engrosaba allí dentro, producto de la feroz calentura que esa zorra me despertaba.
-Ahora voy a exprimirte los huevos... -dijo y se bajó.
Tomó mi miembro y se lo llevó a la boca para masturbarme con ella. No contenta con esto, lo soltó y se aferró a mis muslos, que acariciaba salvajemente, cuando no me clavaba sus largas uñas blancas en las carnes diciendo que así marcaba a los machos que se la hacían.
Mi morbosa jefa se tragó hasta la última gotaNo daba más, por fin exploté en su boca copisos líquidos, y ella tuvo la virtud de no dejar escapar una gota de su interior. Su lengua temblaba y daba golpes a la cabeza de mi miembro mientras la inundaba. Se la chupó toda!
Luego de saborear y tragar mi leche, dijó : ahhh, riquísima... y me mandó a trabajar con unas carpetas.
Cuando ya estaba por salir de su oficina, me pegó un chistido.
-Mañana vente temprano, a las ocho, que seguiremos la fiesta sobre el escritorio.
Al salir me recibió el coro de miradas cómplices de mis compañeros. Cuando pasé por el escritorio de su secretaria, aquella me dijo: Buen provecho... se nota que has comido bien.
Mi debut como lesbiana(embrujada)
Nunca imaginé que mi encuentro con Mara pudiera terminar de esa manera. Embrujadas. Yo jamás había tenido un encuentro con una mujer, pero Mara era más experimentada, y había preparado las cosas para que sucedieran de esa manera. Un poco en broma, un poco en serio, me pidió que cuando fuera a su casa llevara una mini de encaje blanco, cuanto más transparente mejor. Yo me reí porque tenía un conjunto blanco que me habían regalado y que era más de lo que ella podría esperar. Jamás me lo había puesto, y ese día lo estrené.
En su coqueto departamento me recibió con un top negro con brillos y flecos, rematando en una pollerita mini semejante. Al entrar me dió un beso en la mejilla casi tocando mis labios, y esa sensación me produjo electricidad en la boca, y una vibración de placer entre las piernas. No sé por qué razón le dije "así, no". Y tomándola de la cara le estampé un brutal chupón, que ella me recibió con gusto con sus labios entreabiertos y asomando su lengua carnosa y juguetona.
-Veo que te trajiste lo que te aconsejé, Lola. -dijo, y nos sentamos en unos almohadones en el piso. Las dos nos reíamos por la situación, un poco nerviosas otro poco calientes por el beso en la puerta. No tardamos en ir al dormitorio como si siguiéramos un guión previamente escrito, y de común acuerdo. Nos sentamos sobre la cama y los besos siguieron con más intensidad. Esta vez, ella dejó al aire sus senos redondos y grandes de pezones marrones, y se los acaricié, mientras nuestras bocas se juntaban con pasión desenfrenada.
SE sabía atractiva la zorra Estando solas comprobé la tersura de sus muslos y el calor de sus caricias que me llegaban a fondo. Estuvimos como quince minutos jugando a esos juegos lésbicos, que no siempre terminan en una relación carnal. Pero Mara tenía ángel, y estaba moviéndome los cimientos de mi prejuiciosa cultura y arrojando cálidas corrientes de pasión en mi sangre ya suficientemente alterada.
Me preguntó si era mi primera vez, y le dije que sí. No voy a preguntarte si es tu primera - le dije,- porque ya veo que no lo es. Te ves muy experimentada.
Y me confesó que había debutado a los 16 con una compañera del colegio, y luego tuvo una amante madura que le enseñó todos los secretos del sexo entre mujeres.
-Quieres que te los enseñe?
No podía negarme, estaba cachonda, y hervía de curiosidad.
Me dijo que me bajara la pollera y las bragas, y me pusiera de rodillas, apoyando la cara en la cama.
Un culo monumentalEmpezó a jugar con sus labios y su lengua en mi vagina, humedeciéndome y preparando una invasión. Me relamió demostrándome las bondades de un buen sexo oral. Y me dijo que sólo otra mujer sabe dónde y cómo hacerlo, "ya que entre nosotras sabemos lo que nos gusta que nos hagan en cada centímetro de nuestra piel".
SE exhibía como una puta Yo no daba más de deseos y gemía, me mecí hacia atrás para que me enterrara la lengua a fondo. No sé de dónde lo había sacado ni cuándo, pero sentí el enorme consolador haciendo estragos entre los labios de mi concha.
Me tomó por sorpresa y me produjo arrebatos de calor en todo el cuerpo su suave pero precisa penetración. Yo vibré a cada movimiento. Estábamos como embrujadas.
-Ya está- dijo-. Ya está entrando Lola, mi amor. Te estoy haciendo mujer... de la misma manera que me lo han hecho a mí.
Diablos, pensé, si aquello era hacerse mujer, era como entrar al paraíso. Me penetró hondo, y empecé a moverme para sentir el roce de mi carne en ese suave aparato. Creo que tuve mis primeros orgasmos, primero lentos y tímidos. No dudé en darme vuelta cuando lo sacó, y empezar a lamer el dulce agujero de su vagina.
Me daba una flor de mamadaElla tenía unos gruesos labios amarronados, y se dejaba hacer en silencio. Yo se la empapé de besos y saliva, y ella dejaba cada tanto un flujo en mi boca, como un manjar. Era una diosa colosal. Y yo tenía la fortuna de tenerla entre mis brazos y poder hacerle el amor, y sentirme amada por ella.
Nadie en derredor, y en perfecto silencio, sólo sentíamos los ruidos producidos por nuestros cuerpos, mi boca hablando en lenguaje secreto con su sexo.
Ahhhhh, sí, ámame... -decía a cada lenguetazo mío, y sus piernas temblaban de placer.
Precalentando con su juguete Minutos después nos tiramos al piso, o ella me tiró, eso no lo recuerdo de tan caliente que estaba, para echarse encima y frotar su sexo sobre el mío, hamacándose suavemente, refregando nuestros duros clítoris, rozándonos los senos y besándonos salvajemente como dos perras hambrientas.
Lo que siguió fue un juego más que interesante, las dos en cuatro patas y enfrentadas por el culo, y Mara que hundió el consolador transparente en mi vagina, y luego lo enterró en la suya. Y las dos meciéndonos con ese aparato completamente dentro.
Lista para ser montada Mi sexo arrojaba líquidos continuamente mientras nos movíamos, y Mara gemía como una hembra inconsolable. Me pidió que se lo enterrara a ella sola, que se lo diera todo, y yo penetré su cálida entrada, teniendo ante mis ojos la visión de su redondo y grandioso culo.Gime mientras la culeo
Lo tenía completamente dentro y no se saciaba. Pedía que lo entrase más hondo, más hondo, y se lo sacara de golpe. Sus gritos eran tan excitantes como lo que estábamos haciendo juntas. Contagiada de su hermosa garganta, yo misma empecé a gritar cuando la veía deshacerse de excitación en cada penetración.
Culeada colosal a mi suegraY se volvió paa tumbarme en el piso, y con la mitad del enorme consolador adentro, empezó a penetrarme por adelante como si fuera un macho...
Jugamos a un hombre y una mujer, como si ella fuera el hombre y yo su hembra. Consintiendo su penetración salvaje, brutal, pero a la vez con mucha dulzura. Dulzura de mujer... porque ella sabía cómo hacerlo.
Me estaba poseyendo completamente, y no me resistía. Empecé a pedir más... y más.
Y la acción continuó con absoluta naturalidad, ella sentada y yo acostada, unidas por ese pene fabuloso, empecé a sentir el formidable arribo del orgasmo, ella moviéndo sus grandes glúteos encima mío, y el aparato clavándose en las dos, ahhhhhh... ahhhhh.
Y el orgasmo de ella, cuando pegó gritos histéricos y se tiraba de los cabellos, colorada, jadeante, envuelta en sudor. Ese instante se grabó para siempre en mi memoria. Mara al galope sobre Lola.Cerraba los ojos mientras la movia
La zorra de mi suegra se bebía mi leche Nos echamos sobre el piso, las dos caímos pesadas, medias embobadas de placer. Pero enseguida nos herguimos para seguir besándonos y tocar nuestros clítoris.
Ese día supe del amor entre mujeres. Tuve mi primer orgasmo, y descubrí que ambas éramos multiorgásmicas.
Desde entonces, hemos ensayado todas las variantes posibles de este juego. Y por nada del mundo renunciaremos a él. Espero que ustedes hayan gozado tanto al leer, como yo gocé al rememorar este episodio. Besos donde más les guste.
Ana y el consolador blanco
Me llamo Ana Maria y tengo 27 años. Ahora les contaré lo que me parece más acorde a vuestro interés. Ana María es mi nombre de batalla, porque en realidad tengo otro. Soy una mujer menudita, con pelo medio largo, color caoba y una sonrisa encantadora. Tengo unas caderas bien pronunciadas y unos pechos muy turgentes. Soy como cualquier otra mujer de Madrid, Buenos Aires o Bogotá. Ni muy muy, ni tan tan. Mi vida de relación ha sido escasa, porque nunca encontré un hombre que colmara completamente mis espectativas. Al cabo de un tiempo, la vida se vuelve monótona, y el encanto original muere en palabras, en discusiones y desacuerdos. Por esta razón, busqué un novio mudo. Pero no lo encontré.
Un día mi amiga y consejera afectiva Alejandra mi pidió que la acompañara a un Sexshop a ver unos productos eróticos. Entré con mucha timidez y verguenza, porque soy de las que no le gusta dejar al descubierto sus secretos. Pero al cabo de los minutos mi verguenza se convirtió en sonrojo.
-De qué medida lo quieres? - dijo el vendedor a Alejandra, mientras ostentaba en su mano la réplica del miembro de un burro, no... un burro no... un mamut. Si era de mamut. Jamás había pensado que existiera cosa tan grande y tan cojonuda.
-Yo lo quiero -frase que se me escapó de los labios, y motivó la mirada de Alejandra y el vendedor.
-Está muy bueno.- siguió aquél. Es de dos cabezas, un largo considerable, un grosor más que óptimo, y es retráctil, fíjate... -lo movió en todas direcciones- ...articulado, quise decir.
No sé porqué razón vi unas esposas de esas que usa la policía y la agregué a mi compra. MI amiga me miraba con ojos curiosos. Al cabo de unos minutos Alejandra y yo salimos del Sexshop cada una con una bolsa que ostentaba el slogan del negocio: "Aquí sólo hacemos milagros". Yo me eché a reir como una loca.
-Ana María, te has pasado con tu aparatito.-Dijo Alejandra. Obviamente ella llevaba algo menos ostentoso como para ponerlo en la cartera y apelar a él en cualquier lugar, con cable pilas y todo. El vendedor le dijo que se movía. Eso me produjo una gracia tremenda.
Al cabo de un rato cada una estaría en su casa, tendidas en la cama, y empezaría la fiesta. Vaya fiesta. Me até a la cabecera de la cama con las esposas puestas, que no requerían de llave. Sólo llevaba unas medias de nylon rojas, y el estar así me produjo mucha excitación. Pronto descubrí que el consolador estaba lejos del alcance de mis manos, e hice esfuerzos por tomarlo con el pie. Hermosa experiencia, estaba consiguiendo entrarlo en mi sexo usando mis piernas.El consolador blanco se curvaba
Me arrancó un grito, que se ahogó con la música que provenía de mi centro musical. No había olvidado nada. El ambiente estaba frescamente aromatizado con perfumes especiales que me despertaban una gran sensualidad.
Recuerdo que esa primera vez subí mis piernas levantando la cola para que el consolador blanco entrara debidamente. Estaba haciendo estragos en lo profundo de mi ya húmeda vagina, y yo subía y bajaba con el cuerpo haciendo uso de sus cualidades, largo, ancho y tersura.
Me lo metía bien hondoEl teléfono sonó, y dejé que así lo hiciera. El contestador dejó oir la voz de un chico al que había dado mi número. Dejé que su mensaje muriera allí. Estaba demasiado extasiada con aquel aparato adorable, que me erizaba la piel de todo el cuerpo, hasta de la nuca. me sentía como perdida, entregada a eso, que hasta allí no tenía nombre. Nico, le dije. Haces muy bien tu trabajo.. creo que estarás en mi cama todas las noches de mi vida, amor.
-Muy bien, muy bien, hazlo así Nico.
Y Nico hacía lo que yo le ordebana sin emitir sonido. Había encontrado el amigo que esperaba, mi pareja, mi maquinaria de placer y lujuria.
Estuve como media hora quieta con mi Nico entre las piernas, entre él y la música dibujaban nubes de oro en el firmamento de mi dormitorio.El consolador me sometía
No sé ni cómo ni desde cuando, pero me dí cuenta que estaba gimiendo y ronroneando como una gata en celo. No sólo sentí mi vagina húmeda sino también mi culo, que alcanzaba una buena elasticidad. Mis pechos se habían convertido en dos rocas sólidas, cuyas cumbres eran mis pezones.
El consolador me inundaba todaFui girando y rotando hasta alcanzar varias posiciones que me causaron un placer extremo. El hecho de usar mis piernas, me daba la sensación extraordinaria que el consolador tenía voluntad propia, me hacía como quería, y yo descubría así nuevas sensaciones como posiciones, ejercitando contorsiones sobre mi lecho.
Ardía, sí ardía y gozaba golosamente con mi compañero Nico.
-Así, Nico, así se hace...
Tiraba de las esposas con mis muñecas en vano tratando de soltarme. Estaba completamente dominada por mi nuevo amigo.
-Qué placer me proporcionaba entrando y saliendo, haciendo que su gruesa cabecita rozara los labios bien abiertos de mi vagina. Como remate de semejante orgía personal, miraba mi culo en el espejo del techo de mi dormitorio. MIraba como el consolador entraba en lo profundo de mi vagina. Y nadie podía perturbar el juego que él y yo habíamos armado.Me lo montaba toda cachonda
Sometia mi cuerpo al consolador Hacía estragos en mí, sobre todo cuando su forma se curvó y fue a rozar el agujero de mi culo caliente. No daba más... y Nico no cesaba de abrirse paso, dueño y señor de mi cuerpo.
Me puse en cuatro patas y presionaba el consolador contra la cama haciendo que su penetración fuera muy profunda, de tan profunda que era, unas gotas fueron a mojar las sábanas.
Imaginé que una docena de hombres estarían mirando la escena masturbándose conmigo, tirando su caliente semen sobre mi cuerpo.
Hervía de placer con el consolador en mi cuerpo, y mi mente llena de cochinas fantasías, salvajes deseos me empujaban a seguir cabalgando mi consolador blanco como si fuera un macho.
Su enorme tamaño superaba todo lo que yo había imaginado. Ya al borde de tener contracciones de placer, me puse boca arriba y empujé con mis pies viendo hasta dónde sería capaz de tenerlo. El espejo de mi techo devolvía una imagen extraordinaria que no imaginaba que fuera posible. El consolador estaba hundido en mi concha, y sólo le faltaban quince centímetros para que llegara a entrar su segunda cabeza.
Jugaba con el entre mis piernasSi supiera mi amiga Alejandra... , pensé, y el vendedor....
-Qué bien rota que me la estás dejando... -dije mientras me lo hamacaba suavemente y sentía que el fondo hacía tope en su enorme cabeza.
En medio de aquella salvaje penetración, mi cuerpo se puso duro primero, luego se sacudió y corcoveó varias veces, hasta que un orgasmo como nunca había sentido, hizo que un chorro de líquido saliera expulsado entre los labios de mi vagina y el consolador, bañando la cama y sus alrededores como si mi cuerpo fuera un gigantesco rociador.
Por ultimo me lo monté como si fuera mi machoLuego de ese pletórico orgasmo, lo monté y lo cabalgué sin dejar de sentir el mismo placer que tuve desde el primer momento en que me lo coloqué.
Esa noche dormí con el consolador entre mis tetas y mis piernas. Por la mañana me desperté bien tempreno para echarle mano antes de ir al trabajo. Con los días se apoderó de mi cola, de mi boca y de mi vagina. Fue hermoso sentirlo metido en la cola y la concha al mismo tiempo. Hoy ya somos inseparables. No veo la hora de llegar a mi casa y gozar de su compañía. Y no miento, desde entonces vivo sola y sólo él me sirve como debe ser.
Mi amiga Alejandra me pidió compartirlo, a lo que yo le contesté, que sólo le dejaría usar una de las cabezas, mientras la otra penetrara firmemente en el cuerpo de su verdadera dueña y amante.
Tengo la pija asi de grande...
Hola amigos de sexy cuentos. Les cuento que soy de b*hia bl*nca. argentina. Soy profesor de Educación Física y tengo 25 años. Mido 1.84 peso 74kg. Soy de tez blanca y tengo desarrollados los muesculos de mi cuerpo ya que desde los 14 años voy al gimnasio. En estas vacaciones de verano, a mediados de febrero me llaman de una pileta para que reeemplace a un bañero ya que se iba a Madrid. Como necesitaba dinero aceptè. En la oficina del complejo donde estaba la pileta de natacion me entreviste con mi jefe y presidente del complejo. Allí me dio todas las indicaciones sobre la pileta. Le pregu´nte si cuando cerraba como a las 10 de la noche me podia quedar para practicar natacion. El acepto de buen modo y cuando me iba, entro su hijo, Adam de 12 años. Un chico de carita de nena, con voz de mujer. Era de esatuta pequeña para su edad y era muy delgado. Nos saludamos y me fui.
Como saben los que habrán leido mis relatos, me gusta vestir jean desteñidos y superapretados para resaltar mis musculos de mis peirnas y ademas el bulto ya que tengo una pija de 23cm por 6cm. Adam me enseño la pileta y de a ratos me miraba el bulto del pantalon. Cuando salimos de la oficina me puse la camisa adentro ya que siempre me la pongo afuera para tapar un poco el paquete. Pensé que solo estaba impresionado pr m is atribultos y me dedique a mirar las instalaciones.
Por la mañana, arranco con mi trabajo y Adam no se separaba de mi ni por un momento. Era un chico que no tenia amigos (fue lo que me dijo su padre cuando nos veiamos y que se habia encariñado conmigo).
Como la pileta estaba siempre con gente me ponía una maya holgada para que no se me viera tanto mi bulto pero cada vez que me daba un chapuzón Adam me miraba de reojo el bulto.
a la semana de trabajar en la pileta , El padre de Adam me dijo que si yo queria me podia quedar en un cuartito para que me queda a dormir ya que las distancias eran grandes desde mi casa a la pileta y asi pdia levantarme un poco mas tarde.
Cuando sali del trabajo, me fui al cuartitopara cambiarme. Como Adam estaba de vacaciones, el padre lo dejaba quedarse hasta mas tarde en la pileta para tenerla para el solo. Me pregunto si me podia a compañar al cuarto y le dije que si. Alli me ayudo a sacr mis copsas del bolsa para ordena rlas en una cómoda. Me iba pasando mis camisas y mis slip y cada tanto las miraba con lujuria. Le digo que me iba a poner una maya para nadar y me preguntó que tenia la uqe llevaba puesta.
le respondo que para nadar tranquilo usaba un short ajustado para que la maya no hiciera resistencia en le agua, como usaban los bañistas profesionales. Le digo que me alcance una y me trae un short blanco, parecido a un boxer pero superapretado. Me saco la remera y atino a sacrme la maya y le digo que se de vuelta. Me la pongo y nos vamos caminando a la pileta y de reojo cada vez mas evidente me miraba el paquete. Para un choco de 12 años era una fantasia hecha realida ver semejante bulto y solo para el solo. Me meto en la pileta y nado varias veces de punta a punta hasta que me canso y salgo. Adam me estaba esperando con una toalla y me la da.
El hermano de mi amiga
Esta es una historia de sexo que me paso con el hermano mayor de una compañera de colegio.
el hermano mayor tiene tres años mas que yo y esta historia paso cuando tenia 15 años.
les cuento la escena de sexo por ke lo demas es largo.
nos conociamos desde hace tiempo pero la calentura desde muy poco.los dos habiamos desidido hacerlo pero como yo tenia 15 años era chica para salir toda una noche exepto para salir a bailar. a mis viejos les dije que me quedaba en lo de mi amiga (laura) ella nos hacia el favor y el bueno nose bien lo que hizo.
nos fuimos a tomar unos tragos y despues a un telo.en el telo estabamos muy comodos, pero como ivamos a empezar a hacerlo.yo me fui a dar una ducha y el me ezperaba en la cama.termine y ahi empezamos masturbandonos yo a el y el a mi tocar su pene y ver su leche era muy muy hot, y el me mamaba las tetas tambien era exitante.
el me dice que me ponga boca arriba que agarrara su pene mientras el me tocaba la concha y lamia mis pezones me apretaba las tetas sentia mucho dolor pero me ganaba el placer a mi me fasina que me laman los pezones y me toquen las tetas, nos paramos y empezamos con el sexo oral, se la empeze a chupar a morder un poquito y el me agarraba la cabeza, nos acostamos y le pedi que me la metiera en el culo y me exitaba mucho estaba muy muy muy caliente me gustaba sentir ese pene tan grande.
me volvi boca arriba puso su pene entre mis tetas y masajeandomelas yo se la chupaba era una posicion exitante. yo agarre su pene guiandolo a mi concha para que se meta le pedi:
"- fuerza, fuerza, mas ,mas, mas,-"
y no podia para de gritar me gustaba mucho pero tenia muchisimo dolor. lo que mas me gustaba era agarrar su pene y ver su leche,
yo levante el culo y me metio un dedo lo giraba y yo no keria parar.
cuando ya teniamos que terminar el me beso pezon por pezon una 10 veces y yo le toque la punta de su pene y por supuesto lo bese.
una historia que tuve en un tren fue que estaba parada y un hombre atraz mio disimuladamente me apoyaba y para exitarme mas hize que se me habia caido un encendedor . como bajabamos en la misma parada agarre y le dije que me di cuenta lo que me habia hecho y como no habia nadie en la calle solo dos gatos locos me toco una teta y me dio un beso.
mi mail es bavilonia2003@yahoo.com.ar
Mi fantasía secreta
Hola. Mi nombre es Gabriel, soy un asiduo lector de su página y de esta sección en particular, me gustaría contarles lo que me pasa, tengo 26 años y desde hace un tiempo siento una gran atracción hacia los travestis.
Empecé a consumir cada vez más y más material pornográfico en Internet, al punto que llegó a ser el único tipo de fotos que bajaba. Buscaba durante mucho tiempo fotos donde pudiera ver esos cuerpos tan excitantes y me masturbaba frecuentemente con estas imágenes. Siempre salí con mujeres, pero mi atracción hacia los hombres travestidos era cada vez mayor, me excitaban mucho sus fotos, ver transexuales posando con su lencería o siendo penetrados por otros hombres me volvía loco, ver sus expresiones mientras se dejaban coger, como paraban la cola me fascinaba, hasta que descubrí algo, yo no deseaba cogerlas, lo que yo quería, era estar en su lugar, usar su ropa, ofrecerle vestido de mujer mi cola a otro hombre. Desde entonces siempre fantasee con eso y cada vez mas seguido. Mientras miraba esas fotos me imaginaba como me quedarían a mí esas prendas tan lindas y sensuales. Un día en que estaba solo, me estaba por duchar y vi en el baño ropa interior de mi madre, la tomé y después de pensarlo un segundo me la puse, la sensación de abrocharme el corpiño me estremeció y el roce suave de la seda en mis genitales me enloquecía, más cuando sentía ese olor tan particular de la ropa interior femenina, me subí la bombacha metiéndomela bien en la cola, cuando me miré al espejo me gustó lo que vi. Mi cuerpo es delicado y tengo piernas largas, para mi sorpresa resulte una mujer muy apetecible, tengo los hombros estrechos y la panza plana, vi que así vestido tenía muy buenas formas de mujer, la bombacha remarcaba mi cola y mis caderas que son altas para un hombre, mi culo se veía deseable y pensé excitado que más de un hombre de veras querría cogerme. Me mire durante mucho tiempo en el espejo, posando como las travestis de las fotos, mirando por encima del hombro como se me metía la bombacha en la cola y poniendo cara de puta, fingiendo que me penetraban, me gustó mucho, tanto que no resistí y tuve que hacerme una paja. Desde entonces, cada vez que tenía la oportunidad me vestía de mujer, incluso me maquillaba y luego me autosatisfacía. Esto me gustaba tanto como hacer el amor con mi pareja, era distinto, era mío, privado, entonces lo disfrutaba de forma diferente. Tiempo después, mis padres se iban a ir de vacaciones y yo solo pensaba en que podría vestirme de mujer sin problemas, no podía esperar para estar solo. Ni bien se fueron corrí al cuarto de mis padres, abrí los cajones de mi mamá y saque toda su lencería. Tomé unas pantymedias y me las puse, eran brillantes y ocultaban totalmente el poco bello de mis piernas, tenían costura y punteras, recuerdo como me excité al ver al ver mis dedos bajo las punteras y mis muslos enfundados en las medias de nylon. Me coloqué por encima una bombacha blanca de tela sedosa y encaje. Mí mamá es de talla pequeña, por lo que su ropa se ajustaba muy bien a mi cuerpo, me quedaba muy sensual y yo disfrutaba de sentir la bombacha dentro de mi cola. Arriba me puse una remerita de lycra, también blanca de cuello cerrado y mangas muy cortas. Me peiné y maquillé, el resultado era asombroso, lo cierto es que me veo mucho más atractivo como mujer. No podía dejar de acariciar mis piernas, de gatear sobre la cama y mirarme en el gran espejo de la habitación de mis padres, desde atrás mi culo en pompa se veía perfecto, mi corazón latía muy fuerte, era una travesti muy atractiva. Entonces se me ocurrió tomarme fotografías con mi cámara digital. Realicé una sesión completa donde posaba como tantas veces había fantaseado, incluso truqué con el photoshop varias fotos para simular que mantenía relaciones sexuales con uno o hasta dos hombres. Les ponía nombres como “entregando la cola”, “lamiendo mi primer pene” o “a punto de ser una mujercita” en las que me ponía en cuatro sobre la cama con gesto de placer con la bombacha por la mitad de los muslos y un hombre al que no se le ve la cara, posicionado detrás de mí, con el pene erecto a centímetros de mi culo, a punto de cogerme (lastima que solo fuera yo). En otras fingía cara de miedo de manera sumisa por la inminente penetración a la que me dejaba someter. Me encantaba comportarme así, dejando salir la putita que soy cuando estoy solo. Las fotos habían quedado perfectas, si alguien las viera no sospecharía que eran falsas, hasta en las que simulaba tener un pene en mi boca.
Verme así en las fotos me excitó muchísimo, esa tarde me masturbé varias veces frente a mi computadora y ahora repito la experiencia cada vez que puedo.
La idea de dejarme coger me ronda en la cabeza desde entonces y cada vez con más fuerza, hasta ahora nunca me animé a realizarla, solo me trasvisto en secreto, no me animo ni siquiera a confesárselo a mi novia, (a la que convenzo algunas veces que me penetre con sus dedos) y si así siento tanto placer, no puedo imaginarme lo que debe ser que te metan una pija, más que la sensación física, lo que ansió es el hecho de entregarme a un hombre, ponerme en bombacha y corpiño para el, ser su putita, arrodillarme y chuparle la pija, dejarme manosear y acostarme boca abajo, y mientras paro mi cola, rogarle que me coja, que me desvirgue. Cuando pienso en la sensación de sentir su glande mojado apoyado en mis nalgas, presionando en mi ano me muero de ganas de por fin animarme y me meto un dedo hasta que acabo. Imagino lo que sentiría si me dejara coger, como sería que me agarren de la cintura por atrás y me la pongan despacito. De momento es mi fantasía, tengo miedo que alguien se entere, se que mi familia y las personas que conozco lo tomarían mal, pero quizá, pronto, antes de formalizar mi relación, me saque las ganas en secreto y me ponga en bombachita para un chico que sea discreto.
Si leíste esto y tenes algo para decirme podes escribirme, la verdad es que quisiera que algún chico me dijera lo que le gustaría hacer conmigo, tal vez sea el empujoncito que necesito para animarme a probar ser una putita en la realidad.
Besos de Gabriel, o en algún momento Gabriela
Experiencia nueva en un cine
pensé que todas las personas que entraban y escribían y leían cosas aquí
eran solamente unos pajeros/as, pero después de que me hayan sucedido cosas
como las que relataré a continuación mi manera de ver estas cosas ha
cambiado notoriamente.
Con mi novio, Sergio, siempre nos hemos llevado a la perfección, tanto él
como yo somos 2 personas muy calentonas y ávidas de nuevas experiencias en
cuanto al sexo se refiere, pero hasta entonces solo habíamos experimentado
la mayoría de las cosas que se pueden hacer entre 2 personas y en privado,
excepto alguna que otra revolcada en el auto por la zona de Palermo y nunca
pasó de ahí, pero todo cambió un sábado por la noche cuando estábamos en
casa, mis padres no iban a salir y los de él tampoco, teníamos poca plata
para salir y Sergio me propuso ir a un cine porno y como a los 2 nos gusta
mirar ese tipo de videos y además me subió la calentura por la experiencia
de ir por primera vez a uno de esos cines acepté. Fuimos a uno que esta
cerca del obelisco, ni bien entramos hubo cosas que me gustaron y otras que
me incomodaron, dentro de las primeras estuvo por ejemplo el hecho de que
haya pocas personas (aprox. 1/3 de la sala) y dentro de las segundas el
hecho de que había pocas parejas (aprox. 3) y el resto hombres y dentro de
éstos, a pesar de que en ese lugar existen 2 salas gay había mucho de estos
en las salas hétero, otra cosa que me gusto e incomodó al principio fue que
la mirada de todos los hombres se dirigieron a nosotros, aprovecho y paso a
describirnos, yo tengo 21 años, soy bajita (1,60 m), piel clara, ojos
marrones, cabellos castaños oscuros, delgada y con unas medidas aproximadas
de 88-58-88; mi novio tiene 23 años, es rubio, mide 1,75 m, ojos claros,
delgado y su pija mide 16 x 4 cm. Nos sentamos en la última fila y desde ahí
podíamos ver además de las escenas de la película que eran de alto voltaje
(a una mina estaba en un sándwich entre 2 tipos) se podía ver a hombres
masturbándose entre sí y pareja en besos apasionados pero nada escandaloso
en sí.
Con el correr de los minutos nuestra temperatura fue subiendo y como a la
media hora de haber entrado ahí empezamos a acariciarnos con mi novio, yo
tenía una remerita simplecita y unos jeans puesto que hacía calor y él
estaba de la misma manera, como decía él empezó a acariciar mi concha por
sobre el jean y yo hacía lo propio con su pija por sobre el pantalón,
después de un rato de estar así y con mi concha ya toda empapada le bajé el
cierre y saqué su miembro afuera y comencé a hacerle una lenta y muy suave
paja, al rato se sentó en nuestra misma fila y a unos 3 asientos nuestros un
muchacho de unos 25 años y se percató de nuestros movimientos pero por
respeto miro la pantalla aunque cada tanto de reojo nos miraba unos
segundos, después de estar ahí sentado unos minutos vi que se abrió el
pantalón y sacó una pija que, a pesar de estar a una distancia importante de
nosotros pude vérsela bastante grande y comenzó a pajearse lentamente, en
ese momento recordé una vieja fantasía mía que siempre que podíamos la
charlábamos con mis amigas que era la de tener sexo con 2 hombres a la vez,
parece que mi novio se percató de una cierta calentura especial en mí porque
miró al flaco, me miró a mi e hizo presión para que llevara mi cabeza hacia
su miembro y como mi calentura ya era magistral no me importó el resto de la
gente que estaba por ahí y me incliné y comencé a chupársela, como podía
observe al muchacho y vi que ya no le prestaba atención a la película sino a
nosotros, nos miraba directamente y se masturbaba muy rápido en ese momento
se me ocurrió calentarlo lo máximo posible y entonces le di unas lamidas a
la pija de mi novio desde la base hasta la punta y lo miraba directamente a
los ojos el flaco hizo entonces una cara que demostró que estaba al límite,
en ese momento mi novio me hizo levantar de nuevo y me preguntó si no me
animaba a que él lo invite a este muchacho a sentarse más cerca nuestro y mi
respuesta como la de toda una dama fue: "por supuesto que no mi amor,
además, así voy a poder ver más de acerca la pija del flaco que me parece
que es bastante grande" a lo que recibí como contestación: "sabía que eras
toda una putita pero no tanto y menos con esta edad bebe", a continuación
volvía a chupársela y el le hizo una seña al flaco para que se acercara, el
tipo inmediatamente guardó su pija y pegó la vuelta alrededor por detrás de
la fila y se sentó al lado mío del lado contrario a mi novio, inmediatamente
escuché el ruido de su cierre supuse que se había vuelto a sacar el
miembro, mi novio empezó a acariciarme el culo y a los pocos minutos sentí
ya 2 manos acariciándomelo y recorriéndolo todo pero una de esas manos no
era de mi novio puesto que estaba puesta sobre mi cabeza, así que cerré los
ojos y comencé a disfrutar de las caricias de 2 hombres sobre mi cola,
después de un rato de estar así mi novio me hizo levantar y me dio un
profundo beso de lengua y me preguntó: "¿no la ibas a mirar de cerca?" a lo
cual le correspondí con una sonrisa, me di vuelta lo miré al tipo a la cara
y era bastante lindo, después bajé mi vista y me encontré con una pija que
después me enteré mide 19 x 5,5 cm. TODA UNA BELLEZA !!! el flaco se estaba
pajeando furiosamente sin sacar la mano de mi culo, entonces se la tomé con
una mano y comencé a pajearlo y con la otra hacía lo mismo con mi novio, ¿se
imaginan, yo en un cine con 2 tipos a mis lados y con sus pijas en mis manos
pajeandolos a la vez?. Estuvimos de ésta manera durante un rato hasta que el
tipo me pregunta si no se la chuparía como lo hice anteriormente con mi
novio, dudé, le pregunté a mi novio y como él no puso reparos en que lo
hiciera me agaché y como pude me la metí en la boca, no entraba más que unos
pocos cm debido a su grosor, tenía la cabeza muy hinchada y brillante debido
a la gran lubricación, en ese momento debido a la incontrolable calentura
que ya tenía me solté el jean y lo bajé apenas un poquito, tanto el flaco
como mi novio ya no se controlaban y me acariciaban por todos lados, mis
tetas, culo, concha, todo, él me metió su dedo meñique en la cola mientras
mi novio me metió un dedo en la concha, en ese momento les digo que casi
acabé pero por suerte pude contenerme porque hubiese gemido muy fuerte y
todos se habrían enterado en la sala, a los pocos segundos el tipo me
aprieta la cabeza contra su miembro y me acabó una gran cantidad en la boca
gimiendo pero sin hacer demasiado escándalo por suerte, si quieren que
publique como siguió esto después del cine voten éste relato o háganmelo
saber a mi mail, también agradecería comentarios, sugerencias, críticas y
cualquier otro tipo de mails, besos a todos, chauuuu.
18/05/2006
Una mujer anal
Estaba yo casado con mi primera esposa, con quien tenía sexo anal cada tanto; a ella le gustaba, no mucho, apenas lo suficiente para concedérmelo como un regalo especial en ciertas ocasiones. Decía que le dolía mucho, que mi miembro era demasiado grande para esas prácticas y si bien ella alcanzaba buenos orgasmos cuando lo hacíamos, por lo general los juegos previos eran muy fugaces, cortos ya que no me lo permitía. Ella (la llamaré Viviana, no es su nombre real pero deseo preservar su identidad ya que todo el relato es verídico) prefería que iniciara rápidamente la penetración y finalizar cuanto antes. Una vez que había alcanzado Viviana su orgasmo (mediante mi estimulación manual de su clítoris) me pedía textualmente "sacámela del culo, me duele mucho" con lo cual se perdía, antes y después, gran parte del placer anal. De modo que abadaba yo, permanentemente, a la búsqueda de una amante con quien poder practicar mi sexo favorito, el sexo anal, con todos los juegos previos y con toda la pasíon que ello lleva implícito. Viviana tiene una prima, a quien llamaré también con el nombre de fantasía Stella ,para preservar su identidad por las mismas razones anteriores, quien nos visitaba periódicamente, por vivir cerca de nuestra casa. Stella estaba casada y tenía dos hijos (una nena de 10 años y un nene de 7), tenía en ese entonces 35 años, si bien su apariencia aniñada y juvenil la hacían aparecer como una adolescente. Su marido era empresario y viajaba constantemente. Stella no estaba feliz con su matrimonio, criticaba públicamente a su marido y no desperdiciaba oportunidad de decirnos, a Viviana y a mí, que no era sexualmente feliz con él. Cada vez que Stella venía a cenar a nuestra casa (cuando estaba sola, que eran la mayoría de las veces), dejaba sus hijos en la casa de su madre, de modo de poder cenar los tres adultos tranquilos y tener conversaciones que no habrían sido posibles delante de lo niños. Casi siempre las conversaciones terminaban derivando en temas sexuales y yo, confieso, fantaseaba bastante con Stella, si bien me cuidaba mucho, tratando de no evidenciar mi deseo por ella, por ser ambas primas muy íntimas y no quería terminar generando un gran problema familiar. Todas las veces, al terminar la cena, me tocaba a mí llevar a Stella a la casa de su madre en mi auto, donde recogía a sus hijos y de allí la llevaba a su casa; durante todo el trayecto conversábamos de temas tribiales (yo iba solo, mientras Viviana se quedaba levantando la mesa y arreglando la casa) pero siempre notaba en Stella cierto sutil coqueteo que ejercitaba conmigo. Yo nunca había querido insinuar nada, en el temor de desatar un gran problema y porque no estaba seguro si lo de Stella era genuino o solamente producto de mi imaginación. Debo reconocer que si bien Stella me parecía atractiva, nunca había reparado demasiado en ella. Le decíamos, en confianza, La Flaca, por ser alta y muy delgada. Todo en ella era longilíneo, sus brazos, sus manos de dedos finos y delicados que parecían manos de un pianista, sus largas piernas, pechos pequeños y como siempre estaba vestida con ropas holgadas y polleras largas, era casi imposible adivinar su silueta y sus formas más íntimas, excepto en verano, donde usaba soleros livianos, sandalias y se podía notar que sus nalgas no eran abundantes, pero tenía una cola bien formada y paradita. A mí, lo que más me atraía de ella era su rostro. Cabello rubi oscuro natural hasta los hombros, nariz chica y recta, ojos oscuros, con una expresión enigmática y una boca muy sensual, de carnosos labios a los que lamentablemente casi nunca pintaba con lápiz labial, ya que no usaba maquillaje, acentuando su apariencia aniñada. Prácticamente se podia decir que Stella era una mujer de "perfil bajo" y que bien podía pasar inadvertida, salvo que un hombre se detuviera a observarla cuidadosamente, como había hecho yo, en cuyo caso descubriría una atracción muy sutil y casi voluptuosa, sobre todo en su mirada y en sus gestos. Por esas cosas del destino (donde muchas veces diferentes hechos circunstanciales suceden casi en simultáneo y generan una combinación de sucesos que adquieren gran importancia), teniendo una conversación con mi esposa, Viviana, vengo a enterarme de la intimidad de Stella, ya que, como dije, ambas eran muy amigas, además de primas, y se contaban mutuamente todas sus intimidades. De modo tal que Viviana (mi esposa) me dice que le había contado a su prima Stella que yo era un hombre muy dotado, dando incluso precisiones sobre mis medidas de 22 x 6,5 cm, ya que Viviana misma me había tomado las medidas, con un metro de costura, esas cintas plásticas flexibles. Me contó Viviana que su prima se había sorprendido mucho y le llamó la atención, al saber que practicábamos también el sexo anal, preguntándole " ¿Cómo puedes meterte todo eso en el culo? Realmente no me imagino semejante pedazo dentro de mi culo, pero debe ser fantástico poder comértelo todo" Entonces Viviana le preguntó si había tenido experiencias anales y Stella, tras pedirle que guardara el secreto (grave error, las mujeres siempre terminan contándoselo a alguien, en este caso a mí) le confesó que había tenido la experiencia más fascinante de su vida. Allí Stella se sinceró ante su prima y le dijo que en los 12 años que llevaba al lado de su marido (no había conocido sexualmente otro hombre antes de él) jamás había alcanzado un orgasmo, lo cual explicaba muy bien la razón de sus constantes diatribas contra su esposo. En realidad Stella, por lo que contaba, no era frígida, sino anorgásmica. Se excitaba muchísimo, pero no podía alcanzar un orgasmo. Ahora bien, contó además que hacía poco, durante un viaje, había conocido circunstancialmente a un hombre con quien se había ido a la cama y quien le propuso tener sexo anal. Que allí, en ese momento, había experimentado el primer orgasmo de su vida, teniendo sexo anal y que estaba maravillada con ello. Luego repitió su experiencia un par de veces más pero que después de esos días nunca había vuelto a ver a ese hombre, quien estaba de viaje acidentalmente en ese lugar. A posteriori, Stella le había propuesto a su marido tener sexo anal (obviamente, sin confesarle que acababa de descubrir que analmente alcanzaba orgasmos tremendos) obteniendo una gran reprimenda de parte del idiota de su esposo, quien poco menos la trató de puta degenerada. Yo escuchaba ese relato de boca de Viviana y no podía dar crédito a sus palabras. Ese imbécil tenía a su lado una mujer que le pedía tener sexo anal y él la rechazaba!!!!!!!!! ¡¡¡¡Idiota!!!!! Bien se merecía ser un cornudo y yo habría de encargarme de hacerlo mucho más, a partir de ese momento. Esa noche, tras la conversación con Viviana, me quedé turbado, estaba muy caliente y la imagen de Stella me daba vueltas en la cabeza. Creo que a Viviana le sucedió lo mismo al relatármelo, porque esa noche me ofreció su hermoso culo y la pude sodomizar largamente, como a mí me gusta, si bien cerraba los ojos e imaginaba que era a Stella a quien empalaba en mi verga. Por esa coincidencia de hechos que hablaba al principio, a los pocos días vino Stella a nuestra casa, como de costumbre sola, a cenar. Había dejado sus hijos en lo de su madre y venía del gimnasio, con un bolso con su ropa, para bañarse en nuestra casa y vestirse para cenar. Era verano, hacía calor y estaba yo con pantalones cortos y en zapatillas. En un momento determinado y sin saber que Stella había subido a la planta alta a bañarse y cambiarse, decidí hacer lo propio, para vestirme para la cena. Cuando iba subiendo las escaleras en silencio y sin encender la luz porque me iluminaba la lámpara de uno de los cuatros de huéspedes de la planta alta, me quedé helado, inmóvil. La puerta de uno de los cuartos de huéspedes estaba apenas entornada, habían encendido una lámpara de mesa y estaba Stella desvistiéndose, sin saber que yo la observaba desde la escalera. Pude ver sus pechos pequeños (de costado) cuando se quitaba la remera de gimnasia y, como escuchando mis ruegos en ese momento, giró hasta quedar de espaldas y se bajó el pantalón largo, quedando con una pequeña tanga cola - less que apenas tenía atrás una fina tira que se metía entre sus nalgas. Allí pude descubrir ese culo de adolescente que La Flaca ocultaba con sus ropajes holgados, duro, parado, bonito, si bien para nada voluminoso...tampoco lo necesitaba, estaba sencillamente perfecto. Retrocedí unos peldaños, lentamente, sin darme vuelta, de modo que si Stella llegaba a percatarse de mi presencia, bien podía pasar como que yo iba subiendo las escaleras y era una situación accidental. Mientras hacía esto, Stella se agachó para quitarse la tanga, antes de envolverse en un toallón de baño y aprestarse a tomar una ducha. Esa visión de su culo desnudo en la semipenumbra del cuarto, que habrá durado dos o tres segundos, no más, casi me mata del corazón....quedé como loco y durante toda la cena no hacía más que pensar en lo que había visto y, encima, lo relacionaba con lo que Viviana me había contado.........estaba realmente sobre-excitado y mi cabeza trabajaba a toda máquina. Esa noche, como siempre, me tocó llevarla nuevamente a su casa y en el camino, antes de recoger a sus hijos, no pude más y le conté lo que me había dicho Viviana sobre su experiencia anal y que desde entonces vivía obsesionado con ello. Me jugué el todo por el todo y decidí que si fracasaba en el intento, trataría que quedara en una charla íntima entre ambos. Stella me sonrió y me dijo, muy suelta de cuerpo "¿Y debiste esperar hasta verme desnuda hoy para proponérmelo? " Yo casi me muero, primero de sorpresa y después de la risa. De modo que la muy ladina había preparado todo, esperando que yo subiera para desnudarse!!!!!!!! Muchas veces los hombres no valoramos el coraje y la determinación de las mujeres cuando quieren obtener algo. Me había tendido una trampa y había resultado ser yo "el cazador cazado". Detuve el auto a un costado y le estampé un beso, el cual me correspondió de igual manera, con gran pasión. Inmediatamente se separó de mí y me dijo que era tarde, que debía recoger a sus hijos e ir a la casa porque el marido (que estaba de viaje) la llamaba siempre antes de la medianoche. De modo que quedamos para vernos al día siguiente en un bar de las afueras de la ciudad, en una zona donde hay muchos albergues transitorios. No hace falta agregar que esa noche no pude conciliar el sueño y la imagen de Stella desnuda, agachada, quitándose la tanga, me volvía literalmente loco. Al día sigiuiente estuve diez minutos antes en el lugar de la cita y Stella llegó puntual, en un taxi. Como era un lugar público, nos besamos en las mejillas, como dos amigos y tomamos sendos cafés, en tanto hablábamos y nos reíamos juntos de lo que había sucedido el día anteror y mientras ella me contaba de sus frustraciones sexuales con su marido, de su fascinante pero corta aventura anal y de las fantasías que tenía conmigo por los relatos de su prima, mi esposa. Enseguida coincidimos en que no era bueno exponernos innecesariamente en un lugar público, por la condición de casados de ambos y, siendo que éramos adultos y sabiendo muy bien lo que queríamos uno del otro, decidimos ir a un hotel. Hasta ese entonces, solamente nos habíamos besado la noche anterior, pero cuando uno tiene una cierta edad y sabe muy bien lo que quiere, no necesita largos prolegómenos para llegar a la cama, basta con desearlo mucho, para hacerlo. Había llevado un pote de vaselina en la guantera de mi auto y me cuidé bien de no olvidarlo cuando llegamos a la cochera del hotel. Stella se sonrió cuando abrí la guantera y saqué la vaselina, me miró y me dijo como al pasar "previsor el hombre" Una vez adentro, Stella ni me dió tiempo a que la besara o comenzara a desnudarla. Directamente se quitó el habitual solero que llevaba, no usaba corpiño, de modo que quedó desnuda, solamente con una mínima tanga blanca y con sus sandalias de tacos altos. Se acercó amí, me rodeó el cuello con sus brazos (es bastante más alta que yo) y me besó largamente, mojándome con su saliva mis labios y dejándome con una erección inocultable. Se acostó boca arriba en la cama, de través, con la cabeza hacia uno de los laterales y las piernas hacia el otro lado. Yo me desnudé inmediatamente y me acerqué a su rostro, quedando yo mirando hacia sus piés. La besé largamente mientras ella estiraba los brazos y me tomaba la pija con las dos manos. Se apartó de mi beso para decirme "no mentía Viviana cuando decía que tienes la pija de un burro, por favor, no me vayas a lastimar, tengo poca experiencia por la colita" No te hagas problemas - le contesté - me he acostumbrado a meter este pedazo de carne en agujeritos muy pequeños...........(mentiras, muchas veces lo había intentado sin lograrlo) Dicho esto, comencé a bajar por su cuerpo, besando desde su boca, hacia los pechos que, no por chicos dejaban de ser hermosos. Sus pezones estaban duros y erectos, de tamaño pequeño y apenas un poco más oscuros que su rosada piel. Recién en ese momento reparé en su piel. Muchos hombres se fijan demasiado en las "formas" de una mujer, olvidando un detalle tan importante como es la piel femenina. Stella tenía la piel como porcelana, tan suave y lisa al tacto como pocas veces en mi vida toqué nuevamente; creo que esa piel especial de Stella me excitó más que sus curvas y formas, las que de por sí eran delgadas y hermosas. Besé su ombligo y su pubis, el cual estaba totalmente depilado; Stella no tenía ni un pelito, agregando un toque más de niña, a su, de por sí, casi adolescente físico. Me incliné más y llegué a los pliegues de la vulva y giré con ella en la cama, de modo de quedar yo abajo y ella arriba. Inmediatamente Stella recogió las piernas, para quedar "sentada sobre mí" poniéndome su concha bien sobre mi cara y se inclinó luego hacia adelante, tomando mi pija y besándola con lujuria y desesperación. Obviamente no tenía esos labios anchos, carnosos y sensuales al vicio; Stella era una experta mamadora. Primero me lamió la pija de arriba a abajo, dejándola toda mojada en su saliva, luego apoyó ambas manos abiertas sobre mi pubis, rodeando el tronco y jalando hacia abajo el prepucio y dejó la cabeza de mi verga totalmente descubierta. A partir de allí, comenzó a bajar con su boca y a salir lentamente, casi diría, deliberadamente lento. Cada vez que se la metía, llegaba más abajo y sus labios apenas me rozaban, haciéndome delirar. Finalmente, logró tragarse toda mi pija, yo no podía creerlo, además de una mujer "anal" Stella también era una "garganta profunda". La Flaca había resultado ser un diamante en bruto al cual sólo había que pulir un poco y me tocaba a mí ser quien hiciera el trabajo fino..... Yo había dejado de lamerle la concha para mirar por un costado, sobre el espejo que estaba justo en frente de la cara de Stella, para ver cómo se metía lentamente mi pija en la boca y llegaba hasta mis pelos....había que ver ese espectáculo único ¡¡¡Qué maestría en chupar pijas tenía Stella!!! Mientras Stella seguía con su despliegue de habilidades para mamar vergas, me concentré en su concha, rosada, depilada, de labios perfectos y le metí la lengua en su canal y clítoris, mientras ya con un dedo de la mano derecha jugaba, haciendo círculos, en la puerta de su culo. Era un 69 atípico, por cuanto sabía que su placer estaba en el orificio anal y no en la concha, pero no podía perder la oportunidad de mojar mis labios en tan hermosa concha qiue se me presentaba y, además, estaba yo recibiendo una mamada sublime; tenía la pija como un palo y estaba pronto a no poder retenerme más. De modo tal que, luego de varios minutos, salí de esa posición, acosté a Stella boca abajo y coloqué una almohada debajo de su vientre, de tal forma que quedó con el culo bien abierto y levantado. Me iba a dedicar a preparar el terreno para el sexo anal, a su vez que me calmaba un poco después de su terrible mamada, pues de lo contrario, iba a terminar teniendo yo un rápido orgasmo....y eso era precisamente lo último que deseaba. Me acosté boca abajo entre las piernas de Stella, quedando sus nalgas frente a mi cara; separé cada nalga con mis manos y me hundí en ellas, dándole a su rosado y pequeño agujerito un largo y mojado beso. Luego comencé a jugar con la punta de mi lengua en su esfínter, del cual me separaba cada tanto para observarlo. Realmente Stella era, desde todo punto de vista, una mujer anal ciento por ciento.Su esfínter era apenas rosado, perfecto, sin pliegues ni rugosidades, un cono de carne que se hundía suavemente en su interior. Si hasta su forma "cónica hacia adentro" parecía una guía especialmente diseñada para guiar las pijas al interior; más perfecta no podía ser. Cuando le hube lamido, chupado, mordido, besuqueado su precioso culo e incluso, cuando se relajó y me permitió explorar con mi lengua dentro de él, procedí a introducir lentamente un dedo, mojado en sus propios jugos, mezcla de mi saliva y su flujo, que ya chorreaban por sus labios vaginales. Mi dedo mayor fue aceptado rápidamente y enseguida lo tenía todo adentro, mientras yo lo giraba como un tornillo. Stella gemiá, suspiraba y ella misma se abría las nalgas con sus manos para facilitar mi trabajo. Tomé el pote de vaselina, le pasé una abundante cantidad en el esfínter y con un dedo también le metí vaselina dentro de su culo. Mi dedo entraba y salía con gran facilidad y sin ninguna resistencia. De un dedo pasé a dos y luego de un buen rato a tres, haciendo ésto con sumo cuidado.Cuando comencé a meterle tres dedos en el culo, ya Stella gemía fuertemente, levantaba su culo, se abría más las nalgas con las manos y me apretaba los dedos con su anillo anal, haciendo un movimiento espasmódico de apretar y aflojar...obviamente estaba muy excitada y ya en el punto ideal para que yo comenzara a meterle mi verga. Me puse abundante vaselina en toda la pija, desde la cabeza hasta el tronco y volví a envaselinarle el culo a Stella por enésima vez; la idea era entrar muy profundamente sin lastimar y prolongar la cogida todo el tiempo posible. La dejé a ella en esa posición, acostada boca abajo, con una almohada debajo de su vientre y ella abrió bien sus piernas hacia los costados, de modo que la apertura de sus nalgas fuera completa y su esfínter quedara totalmente expuesto. Estiró los brazos hacia adelante, tomándose del borde de la cama, de forma tal que, vista de arriba parecía una enorme "letra Y Griega". Más sensual y erótica su pose no podía ser, mi pija se había puesto nuevamente muy dura y parada y casi palpitaba por enterrarse en ese culo. Me puse sobre ella, apoyé la cabeza de mi pija en el agujero del culo y empujé suavemente. Con toda la vaselina que ambos teníamos puesta y todo el trabajo anterior con mis dedos, la cabeza entró fácilmente, su esfinter se había dilatado muy bien. Stella gimió, diciendome nuevamente que fuera suave. Sabía que ella tenía poca experiencia anal (apenas tres veces, según sus propios relatos) pero sabiendo que era una mujer que obtenía sus orgasmos sólo analmente, que disfrutaba enormemente de ello y habiendo visto lo maravilosamente fácil que recibió mis tres dedos en su culo..........quise ser suave, pero no exageradamente delicado. Comencé a empujar mi pija dentro de su culo, lo hice lentamente pero sin detenerme, avancé en su interior centímetro a centímetro, mientras Stella daba un largo e interminable gemido, ronco, grave, como si quisiera ahogar un tremendo grito, como si temiera ser escuchada. Cuando llegué exactamente a la parte de la mitad de mi pija, que es donde se pone más gruesa, Stella, que habitualmente era muy suave y muy femenina, levantó la cabeza, mirándome a través del espejo del frente y me dijo "hijo de puta, me estás partiendo el culo" casi gritando. Pero su rostro no era de dolor, estaba transfigurada; su habitual suavidad y delicadeza se habían transformado y ahora era una bestia hambrienta de pija que me miraba con los ojos desorbitados, enrojecidos y al decir esto dió un empujón final hacia atrás y arriba. Dio un grito que debe haber sido mezcla de dolor y placer, porque mientras gritaba roncamente, empujaba más y terminaba de meterse hasta el úlitmo de mis 22 cm dentro de su culo. Yo estaba encima de ella, tan metido entre sus nalgas como nuestras anatomías lo permitían y no me movía. Solamente empujaba hacia adentro, como queriendo estaquearla, dejarla clavada contra el colchón. Acerqué mi cara a la de ella y le dije al oído, como quien dice un secreto ¿Así querías que te cogiera? Su largo sí y el movimiento pendular que imprimió a sus caderas bastaron por respuesta. A partir de ese momento comencé a sacarla largamente, dejando casi la cabeza de la verga afuera de su culo, para meterla hasta el tronco nuevamente. Repetía este movimiento de manera lenta y deliberada, de la misma manera lenta y deliberada que Stella me había mamado al principio. Sentía esta vez no en mis dedos, sino en mi pija, los movimientos espasmódicos de cerrar y abrir el esfinter de Stella. Cuando la metía hasta el fondo se abría y cuando comezaba a sacarla lo cerraba, apretándome como una mano. Quise en un momento, instintivamente, llevar mi mano derecha hacia su clítoris y suavemente me dijo "no es necesario" ACABO POR EL CULO....................con lo cual me concentré en sodomizarla largamente durante más de media hora continua. Le mordía la nuca y le decía obscenidades al oído, obteniendo de ella más calentura. Sus movimientos eran increíbles, manejaba sus caderas de manera magistral; rotaba la cintura y a su vez empujaba hacia atrás y arriba, Stella estaba evidenciando que era, no sólo una mujer anal, sino una adicta fanática a ser penetrada por el culo. Cuando vino su orgasmo, yo no aguantaba más (me estaba controlando pero ya no podía seguir mucho tiempo más). Sus movimientos se hicieron más rápidos y cortos, el mete saca ya parecía una máquina, me decía "así, así, así" y entonces cambió sus gemidos y grititos por un sonoro, grave e interminable grito, mientras clavaba sus uñas en la cama y arqueaba totalmente su espalda, como si por caso hubiera quedado algún milímetro de mi pija que no hubiera entrado totalmente en su culo. Allí sí, sus espasmos anales se hicieron rápidos, contínuos y me apretaban la pija como si fuera una mano. Me apreté contra ella y la tomé de los hombros, empujando todo lo que pudiera. Yo acabé entre gritos y sentía mi semen salir a chorros dentro de su culo, me daba la sensación que ese culo me absorbía, me succionaba y me llevaba hasta la última gota. No sé cuánto tiempo estuvimos así, hasta que terminamos de relajarnos. Seguía yo encima de ella y sentía cómo lentamente mi pija se iba ablandando. Cuando la saqué, salió de su culo un borbotón de semen y me quedé extasiado mirando ese esfinter, ahora todo enrojecido, abierto como una enorme boca oscura y que cada tanto hacía un movimiento de espasmo, se cerraba y al abrirse expulsaba otro poco de mi leche. Ese día no pudimos repetirlo, ella había quedado con su esfinter muy inflamado y yo, realmente, después de esa acabada, iba a necesitar un rato para reponerme, realmente había sido una cogida violenta, brutal, animal, salvaje. Con Stella fuimos amantes durante varios años, nunca se supo lo nuestro. Luego yo me separé de Viviana y me mudé de provincia. Algunas veces llamo por teléfono a la noche a Stella y nos hemos visto un par de veces más, aprovechando algún viaje furtivo mío, coincidiendo con los viajes del idiota-cornudo del marido de Stella, el que no supo aprovechar una mujer anal, un verdadero regalo del cielo. Con el tiempo conocí a otras mujeres anales, pero nunca fue lo mismo que con Stella. A los hombres que lean esto, si alguna vez se topan con una mujer anal, no la dejen escapar y a las mujeres que lo lean, si creen ser "mujeres anales" pues han sido tocadas por la varita mágica, aprovéchenlo al máximo, tendrán, seguramente, los hombres a sus piés. Me fascinaría seguiir recibiendo como hasta ahora, correos de lectoras femeninas que se identifican con estas situaciones o cuya lectura les genera curiosidad o morbo. Mi e-mail estará a la cabeza del artículo, junto al título. Marcelo
La vecina del 19 H
Nos habíamos mudado con mi esposa a un edificio torre en la zona de Caballito. Alquilamos un departamento en el del piso 19. Era un edificio de construcción moderna que constaba de 22 pisos que albergaban 8 departamentos por cada uno, una verdadera comunidad. Casi no nos conocíamos con el resto de los inquilinos. Solo unos pocos nos saludábamos, y uno de esos era el matrimonio que constituían Mirta y Sergio cuya puerta de entrada al departamento confrontaba con la del nuestro.
Nos solíamos encontrar en el pasillo o el ascensor cambiando saludos protocolares. El parecía mucho más amable y locuaz que Mirta que parecía tímida y respondía lacónicamente a nuestros saludos. Era atractiva, de estatura mediana, delgada, y de muy buena figura. Morocha, de cabello negro y siempre bien arreglada. Sus ojos oscuros brillaban con un dejo de sensualidad y misterio como si ocultaran algo íntimo de mujer insatisfecha. En una charla informal, me enteré que Sergio era comisario de abordo y pasaba varios días ausente de su casa, por lo que no me extrañó no verlo durante un par de meses. Mirta se ocupaba de los hijos, hasta que en un encuentro en el ascensor me confesó que se había separado y necesitaba mis servicios como médico pues tenía al hijo más pequeño con fiebre. Con todo gusto la visité en su domicilio, resolví su cuadro febril y le ofrecí consultarme cuando me necesitase.
A partir de allí se produjo una relación más estrecha y en confidencia le ofrecí vincularla a una psicóloga amiga del hospital para ayudarla en su depresión a causa de su ruptura matrimonial que decía no poder superar.
Aceptó y a partir se entonces, todos los martes y viernes la comencé a llevar en mi auto para sus entrevistas. De común acuerdo decidimos que no se lo diríamos a mi esposa, pues sabía que celosa como era, pondría el grito en el cielo.
Transcurrieron un par de meses, hasta que la psicóloga me llamó y me alertó “Te necesita esta enamorada de vos y te puede comprometer”. Eso no hizo más que incitarme y decidirme a enfrentar el peligro que implicaba transformarme en su amante desoyendo las advertencias de Alicia pues creía que lo podría manejar. En realidad me gustaba como mujer y seguramente necesitaba de alguien que la pudiera atender en su soledad y su abstinencia sexual.
Esperé el sábado. Aduje en casa que estaba de guardia y la invité a tomar el té en un bar de Recoleta. No se hizo rogar, y aceptó. Sabia que el padre llevaba sus hijos consigo los fines de semana, y no pondría excusas. Nos encontramos a las seis de la tarde. Estaba preciosa con un vestido negro, botas y una polera del mismo color. Se había puesto un perramus blanco con capucha, que hacían resaltar su cabello y sus ojos negros. Expresé mi admiración por su belleza y su sensualidad tanteando el terreno, que Mirta allanó cuando me dio un beso en la mejilla, agradeciendo mi delicadeza.
Llovía a cántaros cuando íbamos a descender del auto para entrar a la confitería, entonces le propuse ir a un lugar más íntimo para no mojarnos. Me miró con esa mirada profunda y sensual, y en un susurro me expresó “Lo que tomo prestado no lo devuelvo”. Era una amenaza para mi esposa?. Por toda respuesta la abracé y busqué su boca. Nuestras lenguas se fundieron. Busqué con mis manos sus senos y noté la dureza de sus pezones, y al colocar mi mano por debajo de la pollera percibí la humedad de su vulva a través de la tanga. Mientras se recostaba en mi hombro y acariciaba mi miembro, dirigí mi automóvil hacia un hotel alojamiento.
Al llegar estábamos excitados, y apenas cerrada la puerta de la habitación, nos abrazamos y besamos con pasión. La fui desvistiendo con torpeza y Mirta, musitando mi nombre, me pidió pasar al baño. Mientras la esperaba me saqué toda la ropa y comprobé la dimensión adquirida por mi miembro palpitante.
Al aparecer la admiré, Mirta no era muy alta y sus senos más bien pequeños poseían pezones oscuros y puntiagudos que parecían apuntarme endurecidos por el deseo. Su rostro arrebolado y su boca entreabierta, eran una clara invitación a poseerla. Estaba totalmente desnuda y el calzado de tacos altos era su única indumentaria. Su cuerpo de cintura estrecha y sus piernas torneadas me sedujeron definitivamente. La atraje hacia mi cuerpo y sentí su piel ardiente. El vello que cubría la entrada de su sexo estaba húmedo, y el misterio de sus entrañas me indujo a arrodillarme, y mientras se recostaba en el diván y se abría de piernas, comencé a explorarla con mi lengua entreabriendo con mis dedos los labios de la vulva. El jadeo y los gemidos entrecortados y el sabor agridulce de los pringosos jugos que fluían de su interior me revelaron el placer inmenso que sentía por la caricia. Luego fue Mirta, la que tomó con sus manos mi verga y con maestría me practicó una mamada fantástica. Nos pusimos en 69 y mientras yo disfrutaba con la visión de sus orificios abiertos por mis manos y lamía el clítoris, Mirta me mamaba la verga, tomándola con sus finas manos. Sentí como me descorría el prepucio dejando mi glande al descubierto entonces eyaculé dentro de su boca. Se atragantó con el semen, pero sorbió hasta la última gota, terminando entre jadeos y gemidos agitados y felices.
Nos bañamos juntos y luego descansamos abrazados echados sobre la cama. Mirta seguía excitada y comenzó a masturbarme, me confesó que hacía tiempo me deseaba aún antes de separarse, y muchas noches había soñado conmigo mientras hacía el amor con su marido. Me susurró al oído, mientras lamía mi oreja, “Te espero adentro mi amor”, incitándome a penetrarla. Quería que mi pija la llenase de amor y de leche.
No pude más la deposité en la cama de espaldas y comencé a jugar con mi glande acariciando el clítoris. Se arqueaba pidiéndome con desesperación que apagase el fuego que la consumía. Ella que parecía tímida y recatada, había resultado fogosa e insaciable en la cama. En ese momento percibí que podía comprometer mi matrimonio pero no me detuve para aclarar las cosas, no era el momento, solo deseaba gozar de ese momento sublime.
La penetré hasta el fondo de su vagina de un solo movimiento, estaba empapada. Fue un mete saca violento entre gritos de placer y semen desbordando de su concha, esparciendo los jugos por su vientre y los muslos de ambos, que limpió luego con su boca. Me confesó que luego de mucho tiempo había gozado como mujer y me proponía compartir por “un tiempo” a mi esposa, agregando que haría reflotar en Silvia la libido y el deseo adormecidos, como yo le había contado.
Nos vestimos y antes de dejar la habitación, nos besamos y mirándome a los ojos me propuso ser su amante sin perturbar mi vida matrimonial.
MUNJOL,
Sigue con la segunda parte “LA VECINA DEL 19 H” (Parte 2)
La vecina del 19 H (2)
Mi vecina Mirta se transformó en mi amante. Era, a pesar de su apariencia tímida y poco demostrativa, sumamente fogosa y adicta al sexo. Cada vez que se daban las circunstancias me buscaba. Mi esposa era la antítesis, eludía las relaciones sexuales y solamente cuando no tenía excusas se prestaba a una cópula formal. Eso me ayudaba a mantener una vida sexual relativamente normal.
Nos encontrábamos con Mirta en un hotel alojamiento, o bien aprovechábamos la ausencia de sus hijos durante el horario escolar, que coincidía cuando mi esposa iba a su consultorio para compartir su lecho matrimonial. Con Ella, sí explorábamos todas las variantes del sexo.
Me llamaba la atención que siempre me preguntase por la forma en que Silvia se comportaba en la cama cuando hacíamos el amor. No podía creer que no gozase y tratase de espaciar las relaciones. Luego venía el comentario intencionado, “No será bisexual y preferirá a las mujeres”. Yo se lo negaba rotundamente y ella insistía “Ya lo voy a comprobar”.
La situación se estaba haciendo insostenible. Mirta quería más y más. Me amenazaba con hacer saber de nuestra relación a Silvia si no accedía a sus caprichos. Me confesó que gozaba, cuando escuchaba a través de las delgadas paredes que separaban los dormitorios, como hacíamos el amor. Me propuso, más bien me exigió, que con Silvia lo hiciéramos los martes a las tres de la tarde. Sabía que Silvia no iba al consultorio, sus hijos estaban en el colegio, y Ella quedaba sola. Tenía todo controlado, sabía todos los movimientos. Quería que nos expresásemos en voz alta y diéramos rienda suelta a nuestras sensaciones cuando hiciésemos el amor con palabras obscenas que tanto la calentaban. Ella nos escucharía a través de la delgada medianera que separaba el dormitorio de huéspedes de ambos departamentos y gozaría masturbándose.
Me asusté pues temía las consecuencias si Silvia se daba cuenta del plan urdido por Mirta, pero no tuve más remedio que aceptar su chantaje. Unas semanas más tarde Mirta me hizo saber que podría poner en práctica lo convenido sin poner en riesgo mi matrimonio. Sus palabras me sorprendieron. Yo presumía la reacción adversa de mi esposa pero no tenía alternativa.
El martes luego de almorzar en casa con mi mujer, tomé una ducha y escuche la música que colocó Mirta, desde su departamento. Era la que nos identificaba desde nuestra primera salida y luego tres golpecitos sobre la pared del baño como habíamos quedado me indicaron que estaba lista para cumplir su fantasía. Estaba nervioso pero a mi vez excitado. Al salir del baño, en la puerta del dormitorio estaba Silvia hermosa como nunca. Estaba radiante. Su cuerpo esbelto, su cabello rubio suelto, sus ojos claros y su mirada insinuante como hacía mucho no notaba, me terminaron de excitar, la perseguí y ella con una sonrisa pícara se refugió en la pieza de huéspedes. La alcancé y la abracé por detrás. Con mi boca besé su cuello y el lóbulo de la oreja que tanto la excitaban. Se apoyó en la pared sobre la medianera como si lo hiciese a pedido de Mirta. Comenzamos un escarceo amoroso, con besos y caricias. Mis manos la recorrían desde sus pechos, pellizcando sus pezones endurecidos, su vulva carnosa depilada acariciando el clítoris, hasta sus glúteos firmes. Los abrí sabiamente para gozar de los orificios expuestos a mi mirada llenos de pringosos jugos producto de su calentura. Mis expresiones, sabiendo que Mirta nos escuchaba, no hicieron más que excitarme, y para mi sorpresa, Silvia también dio rienda suelta a su placer con palabras obscenas.
“Así me gusta mamita que te portes como una puta”. Le dije en voz alta.
“Siiiiii papito, me encanta tu pija gorda, quiero besarla y chuparla”, “Quiero ser tu puta”
“Por Dios, que concha cachonda, llena de jugos”, “Que tetas duras”, “Me encanta sobarlas, y besar tus pezones puntiagudos”, le espeté.
“Ay, ay, ayyyyy, mordelos mi amor, pero no me lastimes”, me respondió Silvia.
Me pareció sentir algún gemido a través de la pared, seguramente Mirta estaba disfrutando con las palabras que le llegaban desde nuestra habiotación. Yo me excité mucho más imaginando lo que ocurría del otro lado. Silvia estaba desconocida. Jadeaba y gemía. Se colocó en 69 y nos prodigamos una mamada descomunal. Luego de una cogida de casi veinte minutos con un mete y saca profundo dentro de su concha complaciente, me corrí y eyaculé entre gemidos y jadeos acompañados por expresiones mezcladas de lujuria y amor, que seguramente llegaban a los oídos de Mirta.
Nos bañamos juntos enjabonando nuestros cuerpos y nos prometimos repetirlo todas las semanas el mismo día y a la misma hora para disfrutar de una tarde en soledad y gozar del renacer sexual y el placer intenso que habíamos vivido luego de tanto tiempo.
Silvia salió para visitar a sus padres, y yo media hora después deje el departamento para ir al consultorio. En el momento de cerrar la puerta, se abrió la de mi vecina. Mirta me miró a los ojos, me tomó de la mano y me introdujo en su departamento. Me besó y en un susurro me confesó que la habíamos hecho muy feliz. Había gozado escuchando todo, casi como si hubiese estado presente y me dijo que esperaría ansiosamente el martes siguiente. Su calentura le había provocado al masturbarse un orgasmo fabuloso. Había explorado la profundidad de la sensualidad femenina y la fantasía de una relación diferente estimulando sus sentidos y dando rienda suelta a su imaginación.
A partir de ese día todos los martes gozábamos de una relación cada día más intensa. Silvia siempre se había negado a una penetración anal, pero para mi sorpresa una tarde mientras cogíamos, en el paroxismo del placer, me imploró en voz alta que la iniciase y le desvirgara el ano.
“Papito rompeme el culo. Quiero tu pija dentro mio”, “No te detengas con esa pija enorme y gruesa, aunque grite de dolor”.
La calentura que tenía, sabiendo además que Mirta escuchaba desde su habitación me incentivó. En voz alta fui describiendo todos los pasos.
“Te voy a meter la verga dura como está”. “Me pongo el condón, y te lubrico el ano con vaselina”.
“Sí mi cielo, lo que tu quieras”. Silvia me abrió las nalgas, con las dos manos dándome a entender que estaba lista para cumplir con mis deseos durante tanto tiempo negado.
“Que culo maravilloso con orificio tan estrecho”, “como te lo voy a agrandar”, le dije. La coloqué de espaldas y comencé con un movimiento circular alrededor del ano, hasta que a viva voz me expresó.
“Ahora Hugo hazme tuya, no me hagas desear más, estoy dispuesta a soportar el dolor”.
Con un solo movimiento le introduje mi miembro, atravesando el esfínter. En ese momento lanzó un grito de dolor, y a medida que lo profundizaba en el recto aumentaban sus gemidos y las expresiones obscenas de dolor y placer. Me pedía por favor que se la sacara pero moviéndose en vaivén no hacía más que introducirlo hasta que mis testículos golpearon sus nalgas. Finalmente tuve toda mi verga dentro de su recto. La tomé de sus tetas, y nos movimos como un perro a su perra en celo hasta que eyaculé entre jadeos y palabras derramando mi semen en su interior. Silvia llegó a un orgasmo ruidoso que llegó a los oídos de Mirta. Terminamos bañándonos juntos enjabonando nuestros cuerpos y besándonos entre expresiones de amor y caricias.
Fue otra tarde diferente que nos llenó de placer. Silvia se quejó por varios días de la irritación de su ano que por fin había desvirgado. Había cumplido con mi deseo
Al encontrarme con Mirta, me felicitó y me aseguró que había disfrutado del maravilloso momento en que escuchó que había desvirgado el ano de mi esposa.
Munjol (continúa con Parte 3)
La vecina del 19 H (3)
Luego de la experiencia iniciada con mi esposa los martes por la tarde, mi relación con Mirta, se fue haciendo mucho más íntima. Parecía disfrutar con los gemidos y las expresiones que le llegaban desde nuestra habitación. Siempre que estábamos juntos me preguntaba los pormenores de cada acto sexual con Silvia. Le manifesté del extraño cambio que mi mujer había experimentado en los últimos tiempos. Estaba mucho más dispuesta a hacer el amor y se había revelado como una hembra fogosa y expresiva dando rienda suelta a sus instintos sexuales.
Mirta con una sonrisa socarrona se decía responsable de ese cambio. En realidad se lo agradecía pero en el fondo temía que le revelase lo nuestro a Silvia.
Recuerdo que en una de nuestros encuentros con Mirta en un hotel alojamiento, ante su insistencia, le compré un par de consoladores para disfrutarlos, según me dijo, durante las tardes de sexo y lujuria. Me aseguró que les daría un uso maravilloso y los llevó encantada.
Algunos meses más tarde, me correspondía guardia en el hospital, pero otro médico me pidió que se lo cambiase por otro día pues tenía un viaje imprevisto. Retorné al departamento alrededor del mediodía. En la puerta del edificio me encontré con Mirta y abordamos juntos el ascensor. Se mostró sorprendida al verme, pues me dijo que sabía que no regresaba hasta el día siguiente. Ahora fui yo el sorprendido y le pregunté como se había enterado.
“Recién acabo de acompañar a Silvia hasta la parada del colectivo, y me contó que iba a la casa de sus padres hasta mañana para no quedarse sola”. “Aprovechemos y pasemos la tarde y la noche juntos en mi departamento”, y agregó “Ella no tiene porque enterarse, y yo estoy sola pues mis hijos se fueron con el padre hasta el domingo”.
Acepté la invitación, fui a casa recogí ropa interior y decidí bañarme en el departamento de Mirta para no dejar nada que pudiera delatar mi presencia en casa cuando volviera mi esposa.
Mirta tenía el baño listo y mientras preparaba el almuerzo tomé una ducha reparadora. Luego de gozar las delicias del agua acariciando mi cuerpo, me cubrí con una salida de baño y me dirigí al dormitorio para vestirme. Me senté sobre la cama y descubrí en la mesa de luz los dos consoladores que le había regalado a Mirta tiempo atrás. Parecían haberse usado poco antes, y entonces la llamé “Los usaste hace poco?”, inquirí. Con una sonrisa misteriosa me preguntó si era un buen detective y agregó. “Adivina quien los usó?”.
Tomé el grueso consolador con mi mano y lo acerqué a mi nariz para olerlo. Cada mujer tiene un olor particular en sus flujos. No tuve dudas, lo había usado Mirta, tenía impregnado sus jugos con su aroma.
“Has tenido una sesión fenomenal”, le aseguré.
“¿El otro también lo usé yo?” me preguntó con una sonrisa.
Al acercarlo a mi nariz quedé atónito. El grueso y rugoso consolador despedía un aroma dulzón característico e inconfundible de mi mujer, a la que tantas veces había excitado con mi boca y mi lengua al acariciar su clítoris haciéndola gozar y despedir sus flujos.
“Silvia”. Le dije incrédulo. Es inconfundible.
Riendo me dijo “Veo que sos un excelente detective”, “Hace tiempo que tenemos una relación increíble y hermosa”.
“Como?”, me atreví a preguntarle. “Quiero saber toda la verdad”.
“¿No te vas a enojar si te cuento como fue todo?”, me dijo.
“Por supuesto que no”, fue mi respuesta.
“Todo se inició, cuando sospechó de nuestra relación y tocó el timbre de mi departamento para pedirme explicaciones”. Comenzó Mirta, y luego continuó.
La hice pasar y le ofrecí una taza de té. Dudó en aceptar, pero su curiosidad pudo más. Nos sentamos y le expliqué que en las largas conversaciones que había tenido contigo había llegado a la conclusión que ella era una mujer descuidada e insatisfecha y necesitaba disfrutar de relaciones sexuales intensas como debían ser. Creí descubrir en Silvia la necesidad de ser contenida, y seguidamente le comenté que yo podría ayudarla a recuperar su matrimonio. Me abrazó y lloró en mi pecho”.
Al despedirse, Mirta le sugirió que no me contase nada del encuentro, y que si estaba decidida a reconquistarme no tenía más que decírselo. Silvia le ofreció su mejilla. Pero ella ex profeso, me dijo, rozó con sus labios los de mi esposa. Notó que se ruborizaba y agregó que Silvia cerró la puerta sin mirarla. “Estoy segura que volverá”. “Sé cuando una mujer siente atracción por otra, y no me equivoqué cuando pensé que Silvia podía gozar con otra mujer, como en más de una oportunidad te insinué” me recordó.
Estaba atónito, pero paradójicamente al progresar en su relato me fui excitando. Mi miembro se fue endureciendo y Mirta advertida, dejó caer el deshabillé quedando totalmente desnuda. Nos abrazamos y nos echamos sobre la cama. Las caricias y los besos apasionados se intensificaron en la medida que en un susurro me contaba sus encuentros con mi esposa. Nunca hubiese creído gozar imaginando a Silvia revolcándose con Mirta.
Durante esa tarde, la noche e inclusive la madrugada, disfrutamos de una cogida fenomenal. Parecía que el conocimiento de la sexualidad de mi esposa y de mi amante fuese un estímulo para hacer más intensa la relación. Jugamos con los consoladores, haciendo sus delicias al abrir su vulva, el ano y acariciar el clítoris. Mi verga se encargó de visitar su vagina y el culo en varias oportunidades llenando de semen sus entrañas. Nos dormimos finalmente abrazados, exhaustos y felices.
Munjol, (Les recomiendo leer los relatos siguientes que completan esta historia)
La noche del grito
Ese dia saldria con mis amigas, pasariamos a algunos bares y antros.Como era costumbre, salimos, eran las nueve de la noche, y todo transcurria normal.Para que imaginen toda la escena, me describire, mido1.65, tengo un buen cuerpo,cabello castaño, un bonito trasero, y unas tetas fenomenales.Soy muy atractiva y mas con mi ropa escotada. Para esas fechas,yo salia con una chava llamada Lorena,ella era una chica un tanto acomplejada,se intimidaba con mis amigas,ya que para sus 21 años, aun era virgen, y cuando salia con mis amigas, se la pasaba ruborizada,debido a que todas mis amigas y yo somos unas libertinas, sacadas de los libros del Marquez deSade. Yo tengo actualmente 18 años.
Bueno mis amigas y yo estabamos celebrando, y Lorena igualmente pero con sus amigas. Eran las 12 apenas,y yo andaba muy ebria, ya que los drinks, los estaban invitando y no podiamos desaprovechar esa oportunidad.Esa noche me tendria que quedar a dormir a casa de una amiga, ya que llegariamos demasiado tarde. Estaba en el casino de mi ciudad, derrochando el dinero de mis padres, cuando Aleshka mi amiga me dice que nos tenemos que ir. Yo muy enojada, accedi,pero no se me podia echar a perder la noche. Asi que,le marke a lorena para que pasara por mi a casa de aleshka,le comente mi plan a mi amiga, y con cara molesta, me ayudaria a ke su mama no se diera cuenta de ke no dormiria en su casa.
Por fin Lorena llego por mi, ya era un poco tarde,nos fuimos en su carro, ya que yo no podia manejar mi camioneta debido a mi embriaguez.Con muecas en la cara, Aleshka me despidio sugiriendome que me cuidara, ya que al subir al coche de Lorena, segui tomando de una botella que ella llevaba.
Por fin llegamos a la casa de Lorena, esa noche yo vestia una faldita super sexy, con una tanguita de seda rosa, la cual hacia conjunto con mi sostèn igualmente de seda, que dejaban al descubierto mis pezones erectos.
Lorena vestia unos jeans, y una blusa escotada, Lorena poseia el trasero que jamàs he probado en mi vida, super rico, grande, con sus nalgitas bien paradas. De lo ebria que andaba, me la pasaba diciendo muchas incoherencias. Lorena se sentò en un sillòn, y yo me sentè en sus piernas. Se comenzò a calentar ya que le empezè a hablar al oìdo, cosa que la ponìa super cachonda. Asi mismo, ella andaba ebria, asi que al oirme me comenzo a masajear mis muslos, yo me estaba poniendo al cien, porque me comenzaba a frotar de arriba a abajo y de adentro hacia afuera. Yo solo me contoneaba sobre su cuerpo, en ese momento metio su mano, y sintio mi tanguita toda mojada, comenzo a masajear mi conchita y comenze a gemir en su oido, mientras yo tocaba su cara, y su cabello,le implore que me cogiera como nunca lo habia hecho en su vida, y que me hiciera su mujer.
Nos dispusimos a ir a su cuarto, mientras nos toketeabamos en las escaleras, yo me hice la sorda, viendome al espejo, pero al mismo tiempo, veia como preparaba la cama,para nuestro encuentro. Estaba impaciente, y accedi a apagar la luz, me acerque a su boca y le di un beso como nunca, humedo, de lo mas cachondo posible. Nos comenzamos a desvestir, lentamente, quite sus jeans y me percate, de que estaba humedos, asi mismo, su blusa, las dos quedamos en ropa interior, seguimos besandonos apasionadamente, cuando comenze a masajear su lindo trasero, cuando ella al mismo tiempo comenzaba a bajarme el sostè. Comenzo a lamerme las tetas, me las chupaba fuertemente, me mordizqueaba, una y otra ves, mis tetas ya estaban llenas de saliva, cuando accedi a hacer lo mismo, quite su sostèn con mis dientes, con mucho cuidado, y comenze, a lamer sus tetas, mientras al mismo tiempo comenze a tocar su conchita, la cual estaba super humedda. Nos quitamos toda la ropa interior, mientras comenze a tocar todo su cuerpo, igualmente a lamberloo con gran fuerza ya que estaba deseosa de venirme, nos besamos nuevamente, cuando empeze a bajar por todo su cuerpo, pase por su ombligo, llegue a sus muslos, estaba mojadita mi nena, y deseaba que se la mamara como le gustaba, asi que comenze a besarle su conchita, primero con