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16/03/2006

Mi primera vez paso sin querer

Primero que nada este es el primer relato que voy a escribir, así que espero les guste. Los protagonistas es una amiga y yo, empezaré describiéndome, actualmente mido 1.77 aproximadamente peso 70 kg, delgado, moreno claro, ojos cafés. Ella mide 1.68, unas tetas muy ricas de esas que se antojan y un culito también muy rico.

Tenía yo en ese entonces 18 años, vivía en Veracruz, México. Un día estaba yo en el icq platicando con un amigo, y me dice: “Mira agrega a esta chica, es amiga de nosotros dile que me conoces”. Y yo le dije: “Aahh ya la voy a agregar”, para esto yo ya la había agregado antes, pero casi no me contestaba ni nada, entonces le mandé un mensaje diciéndole que yo conocía a este chico y me dice: “Aaahh no me digas”. A ella la llamaremos “Laura”.

Y así nos empezamos a llevar muy bien, y me cortaron el Internet, y un día andaba por su casa, le hablé y le dije si podía pasar a verla, me respondió que si y me dijo donde vivía, era prácticamente enfrente de donde yo le estaba hablando, llegué a su casa, (cabe mencionar que ella es 6 años mayor que yo, y vivía sola). Llegué y empezamos a platicar, me cayó súper bien, yo también le caí en bien, me prestó su computadora y estuve chateando un buen rato.

Al día siguiente yo estaba en exámenes en la escuela, salí temprano y la pasé a ver. Estuvimos todo el día platicando de esto y aquello, y me fui de su casa a las 6, pero le pregunté: “¿Que vas a hacer”, y me dice: “No sé”, quedamos que yo regresaría más tarde compraríamos un pomo (aquí en México un pomo es una botella de algún alcohol, bacardi, etc.) y así fue, regresé, ella creyó que ya no iba regresar. Ella me sirvió un trago, claro que ella me engañó porque nunca estuvo tomando o se servía muy poco. Y siempre me han dicho que tengo unos labios que se antojan besar y empezamos a platicar de eso, me di cuenta que si seguía el tema podría lograr algo, así que seguí.

Estuvimos acostados en su alfombra y acercando mi cara le digo que si están ricos mis labios, y nada más cerré los ojos a esperar a ver si ella hacía algo, y me besó, y luego empezamos a buscarnos con nuestras lenguas. Yo empecé a tocarle las tetas, que por cierto que rica las tenía, le quise quitar su playera y me hizo apagar la luz. Y se la quitó, y le empecé a chupar sus tetas tan ricas, le dije que nos fuéramos a su cuarto y así lo hicimos, ahí nos seguimos besando, y ella me sobaba mi paquete, que para entonces ya la tenía bien dura, yo no se si la tendré grande, pero siempre me dicen que está grande, entonces algo de razón han de tener… Así que me quité el pantalón y me la saqué, ella no dijo nada, simplemente se bajo a chupármela y ¡¡¡wow!!!... que rico la chupaba, después de un rato yo también quería chuparle su conchita, así que la desnudé y que belleza de conchita tenía.

Recuerden que era mi primera vez, así que lo primero que hice fue darle una lengüeteada desde el ano hasta el clítoris, lo que hizo que sacara un gemido riquísimo, creí que le hacía daño y dejé de hacerlo (ahora me arrepiento), el problema es que no traíamos condones, así que eso nada más quedó en que me la estuvo chupando y yo me vine en su boca. Pero no se lo tragó. Lo fue a escupir, y cuando regreso me dijo que quería sentarse en mi verga, nada más quería probar qué se sentía con una tan grande. Yo no me lo creí, pero le dije va pues, y así se sentó y me dijo: “Es que no me cabe”, así que yo le dije: “¿Como no?, y alcé mi cadera para llegar hasta el fondo y ella nada más pudo sacar un gran gemido. Y hasta ahí llegó esa vez… nos vimos todavía dos veces más.

Bueno y así Laura después se bajó de mi verga, y ya no hicimos nada, por lo mismo que no teníamos condones y obviamente era mi primera vez y no quería cagarla en mi primera vez, ¿que frustrante hubiera sido eso no creen?. Y bueno pasó, nos vimos otro día, y estábamos en su cuarto viendo la tele y me dijo: “Estoy incómoda, ¿Te molesta que me quede en calzones?”, y yo le dije: “No para nada” (dentro de mi pensé, hombre como me va molestar) y ya se quedó en calzones y una playera, se acostó junto a mi, en eso la abracé la puse boca arriba y empecé a sobarle sus tetas por encima de la playera, y la verdad que ricas tetas tiene, y sus pezones empezaron a hacer reacción enseguida así que me dispuse a pellizcarlos y jalarlos un poco y su respiración se empezó a agitar, la agarré de la cara, y la empecé a besar, a que nuestras lenguas jugaran, y a morderle sus labios, y nos empezábamos a mover con ropa como si estuviéramos cogiendo para que sintiera mi verga en su concha.

Así seguimos durante un rato hasta que yo estaba seguro que ya estuviera bien caliente, le quité la playera y que tetas, se las empecé a comer, a sobar y chupar le pasaba la lengua alrededor de los pezones y luego una mordida suave en cada pezón, mientras ella me sobaba la verga, y me la apretaba encima del pantalón, ya ella desesperándose me quitó el pantalón, y la cabeza se asomaba por encima del bóxer así que me lo quitó rápidamente y me agarró la verga con toda su mano fuerte sobándolo de arriba hacia abajo, luego le pasó una lengüeteada por toda la verga para luego metérsela en la boca completita, y darle vueltas en su boca y subir y bajar la cabeza, no saben lo rico que se siente así el calor de la boca en la verga, así hasta que yo también quería, le dije que esperara un poco, le quité el short, y le abrí las piernas suavemente, tocándole los muslos, acariciándolos, besándoselos, mordiéndolos y le di un gran beso entre sus piernas, pero sobre la tanga para que sintiera, solo alcancé a oír un gran ¡Aaaaahhhhh!.

Así que le retiré su tanga y que rica conchita, ya la tenía depilada (yo se lo había pedido, y lo hizo un día antes) así que le di una lengüeteada desde el ano hasta su clítoris, y que rico gemía, gemía como puta, le metí la lengua más adentro y ese sabor agridulce y caliente es un manjar, así que seguí metiendo mi lengüita, y moviéndola adentro, pero me esperaba ese clítoris tan rico, lo empecé a chupar y ella empezó a respirar más fuerte y a gemir y me dijo: “Así cabrón, házmelo así más fuerte”, así que le empecé a morder el clítoris y meterlo a mi boca y ahí chuparlo muy, muy rico. Seguimos así hasta que ella ya no podía más y se vino en mi cara, que rico dije yo… Pero ahí no quedaban las cosas, ella agarró mi verga bien dura y se dispuso a comerla como una maestra, le dije: “Quiero que ahora te los tragues”, ella no me dijo nada simplemente se dispuso a chupar yo ya no aguanté más, así que le dije: Abre la boca” y me empecé a masturbar hasta que toda mi leche entró en su boquita, y tal como yo se lo había pedido se los comió. Desgraciadamente esa vez tampoco llevábamos condones, y para colmo no me podía quedar ya que llegaría su mamá.

Tiempo después me la encontraba en el Messenger y le decía que nos viéramos, pero ella me decía que estaba depre que no quería salir, más que nada le dio cruda moral ya saben, como se sentía como puta y todo eso, y así durante varios días, hasta que yo si quería verla. Así que la fui a buscar, obviamente no me abría estuve tocando hasta que finalmente me abrió, con una mala cara me decía que, qué hacía ahí, que me dijo que no quería ver a nadie, y ya pues ya estaba ahí, así que me invitó a pasar. Estuvo de mala cara durante un rato, hasta que con bromas se le quitó y ya nos la estuvimos pasando bien, en una de esas la empecé a besar, ¡y a fajar riquísimo! En fin me la empezó a chupar otra vez como solo ella lo sabe hacer, recorriendo todo el tronco hasta la garganta, y yo sobándole sus tetas tan ricas. Así que también le comencé a chupar su concha tan rica como siempre y mojada, pero ya no quería postergar más el tiempo, así que me desnudé me puse un condón, le agarré las piernas y las puse en mis hombros y se la metí suavecito hasta que topara con pared, empecé a bombearla más duro y ella sacaba gemidos bien ricos y me decía dame más duro, así estuvimos hasta que ya estaba a punto de venirme en que me detuve. La puse de perrito se la metí toda y a darle más duro, y que rico sentía al jalar todo su culote hacia mi verga hasta que ya no aguantaba y ya me iba a venir, me salí de ella y le eché en su espalda toda mi lechita, que rico.
16/03/2006 20:32 Autor: relatosporno. Enlace permanente. Tema: Primera vez No hay comentarios. Comentar.

Poseída por tres hombres

Hola mi nombre es Alejandra y quisiera contarles un relato de algo que me paso en mi vida y que no he podido olvidar, ni pienso hacerlo ya que al recordarlo me excito y vuelvo a hacerlo otra vez. Antes que nada les diré que tengo 21 años, soy alta, morena, delgada, cabello corto, tengo unos senos grandes, redondos y un trasero muy rico, bueno eso me dicen en la calle.

Pasando a otras cosas yo me encontraba en una fiesta familiar en casa de mi tío Javier, esa tarde-noche llevaba una blusa de tirantes con un escote grande a través del cual se podían ver la mayor parte de mis senos, además tenía puesta una falda corta y unos tacones altos. En dicha fiesta se encontraban la mayor parte de mis familiares (tíos, primos, etc.) yo noté que varios de ellos me miraban de una manera lujuriosa, al principio me molestaba pero después me empezó a gustar y a excitar, por lo que quise seguirles el juego y disimuladamente les abría las piernas para que vieran mi ropa interior, o también me inclinaba un poco para que se vieran mis senos, miraba como hacían comentarios entre ellos señalándome con sus manos.

Así estuve un rato calentándolos hasta que llegó la hora de marcharme, como no llevaba automóvil pregunté quien me podía llevar a mi casa, en ese momento ya eran cerca de las 10:00 p.m, inmediatamente mi tío Javier que tiene como unos 52 años, mi primo Sergio de unos 36 años y mi primo Pedro de 21 años se levantaron para llevarme a mi casa, ellos estaban un poco pasados de copas pero no me importó, nos fuimos los 4 en la camioneta de mi tío el cual manejaba, por supuesto que mis primos me subieron en medio de ellos. Durante el camino sentí como mi tío Javier acariciaba mis piernas cada vez que quería yo no sabía que hacer quería decirle que no lo hiciera pero me gustaba.

Al llegar a la casa se bajaron los tres y se metieron junto conmigo a la casa, ya dentro sacaron una cerveza y me la dieron, como no estoy impuesta a beber alcohol se empezó a subir por lo que decidí bañarme, les dije que cuando se terminaran sus cervezas se fueran, me metí a bañar y comencé a masturbarme pensando en ellos tres, al salir de ducharme completamente desnuda cual fue mi sorpresa al verlos todavía dentro de mi casa. Mi primo Pedro se acercó y me sentó en la cama y Javier dijo:

- Que rica te ves desnuda sobrina.

Y se empezaron a bajar los pantalones, se pararon frente a mí y mostrándome sus vergas que por cierto estaban muy paradas y duras me dijeron:

- Ahora nos vas a satisfacer después de que nos calentastes en la fiesta puta.

Sergio me tomó de la cabeza y me introdujo su verga en la boca, al principio me resistí pero después empezó a gustarme y me deje llevar por mi calentura, comencé a mamárselas, me metía una verga y a veces hasta dos mientras masturbaba la otra. Miraba como estaban gozando los tres y mi tío Javier decía que rica zorrita nos encontramos, esas palabras me excitaban mucho más. Pedro me levantó y me acostó de espaldas en la cama abrió mis piernas y me mamó mi cuca mientras tanto Javier y Sergio chupaban mis tetas como unos perros. Me besaron y acariciaron como quisieron pero me encantaba lo que hacían, fue cuando les dije;

- Quiero que me metan sus vergas

Sergio se recostó en la cama, me subí y lo cabalgué mientras él me acariciaba los senos, Javier se acercó y me inclinó sobre Sergio quedando mis nalgas a su disposición, empezó a sobarme el culo y luego me tío su dedo para abrírmelo, yo le pedí su verga y él me complació metiéndomela muy despacio, al principio me dolió pero después estaba encantada de tener dos vergas dentro de mí, era demasiado rico sentir a mi primo y a mi tío ellos no paraban de decirme vulgaridades como que rico culo tienes perrita y Sergio decía que sabrosa está mi prima la zorrita.

Se acercó Pedro me introdujo su pene en mi boca y empecé chupársela, entonces sentí la delicia de estar clavada por tres vergones. Después de un tiempo mi boca se lleno de leche de Pedro, enseguida Javier terminó también y saco su verga de mi culo y me chorreo su semen en mis nalgas, por último Sergio acabó dentro de mi cuca inundándola toda. Nos quedamos acostados los cuatro y ellos no paraban de decir:

- Que rica primita tenemos, además es bien puta como nos gusta.

Luego se vistieron y se marcharon muy contentos. Por mi parte puedo decirles que me encantó ser poseída por tres hombres y cada vez que les antoja vienen para que les dé placer y mucho sexo.
16/03/2006 20:35 Autor: relatosporno. Enlace permanente. Tema: Relatos Eroticos Hay 1 comentario.

Relatos Eroticos

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Hoy esta en linea nuestro blog con imperdibles relatos eroticos.

A disfrutarlos.

 

16/03/2006 19:49 Autor: relatosporno. Enlace permanente. Tema: Relatos Eroticos Hay 1 comentario.

La primera vez

Este historia sucedió en Lima - Perú, hace mucho tiempo, cuando mis padres deciden dejar la cuidad donde vivimos mucho tiempo, por tener un futuro mejor. Soy el segundo de 4 hermanos, los dos primeros varones y las dos últimas mujeres.

Como dije anteriormente llegamos a la ciudad de Lima, para forjarnos un futuro mejor, llegamos a vivir a un pueblo joven, a la casa de un familiar que no vivía allí, ya que el se encontraba de viaje en otro país. Como todo joven que llega a vivir a un sitio sin conocer a nadie, me sentía un poco incomodo, a veces renegaba de haber ido a vivir por allá, ya que había dejado, mis amigos en el sitio donde nací.

Bueno tuvo que pasar como 20 días para hacerme de amigos, no se me hizo muy difícil de conseguirlos ya que los conseguí por medio del fútbol. Me encanta jugar fútbol. Soy zurdo y juego de volante. Comencé jugando en un parque que esta al frente de la casa, los jóvenes y los tíos (tíos, le decimos a los hombres mayores de 35 años en Perú), se reunían a partir de las 3:30 p.m., de la tarde para empezar a jugar. Yo bajaba a esa hora para ver si me hacían jugar. Al principio nadie me escogía por que como era nuevo, no sabían como jugaba y pensaban que la iba a cagar (cagar es jugar mal, en jerga peruana). No me incomodaba al principio, es mas me reía y en voz baja decía: algún día me van a rogar para jugar. Tuve que esperar varios días para jugar allí, y lo hice para un equipo muy monse, eran tan monse que su chapa eran los muppets. Ellos (los muppets) jugaban solo por diversión, no les importaban si perdían o ganaban, aunque casi siempre perdían, raras veces eran los días que venían inspirados y con mucha garra ganaban un partido. Gracias a los muppets empecé a jugar fulbito (6 contra 6), con ellos hice mi debut, jugué tan bien ese día que los muppets ganaron varios partidos y de aquel día me empezaron a buscar para jugar campeonatos de fútbol y bulbito

Mis hermanas jugaban Voleyball, y jugaban muy bien, yo era su hincha de ellas; partido de voley que jugaban ellas, yo lo seguía. Ellas tenían muchísimas amigas, y me presentaron a varias de ellas. Muchas amigas de mi hermana eran simpáticas, de buen cuerpo y había de todo los tipos: blancas, negritas, chinitas, gringuitas, morochas, todas muy altas de 1.70 m para arriba. Me gustaba una zambita, no era bonita, pero si muy agraciada la chica, tenia unos ojos bonitos, y una sonrisa encantadora, muy buen cuerpo, bien formado, la estuve afanando regular tiempo, ella no me acepto porque se dio cuenta que mas me interesaba el fútbol que ella.

Paso el tiempo entre fútbol y voley, en el barrio unos amigos decidieron formar un club de fútbol y voley. Mis hermanas y yo formamos parte de ese club, los vecinos estaban entusiasmados también, y cada actividad que hacíamos ellos nos apoyaban. Con el dinero de las actividades compramos nuestros uniformes.

Las chicas del barrio iban hacer barra cuando jugábamos nosotros, y es allí que conocí a Carolina, una chica morocha de 19 años, muy agraciada, de pelo negro y de buen cuerpo, pero lo que más resaltaba de ella era su hermoso y lindo trasero. Que culazo que tenia la chica, y era la obsesión de varios amigos de poseerla. Ella se hizo amiga de mis hermanas y casi siempre llegaba a la casa. A veces cuando tocaban la puerta, yo salía a abrirlo y me encontraba con ella, con Carolina y con voz suave y sensual me decía: Están tus hermanas, yo le respondía: si, pero están en su cuarto - pasa. Ella pasaba contorneando su figura mientras yo miraba disimuladamente el tremendo culazo que tenia. Me estaba empezando a gustar, pero más podía el fútbol que ella, así que agarraba mis implementos y me iba jugar.

Un día conversando con una de mis hermanas, me dijo: Hermano, Carolina viene todos los días a la casa, por que tú le gustas, y ella me ha dicho que tú eres muy guapo. Yo solo sonreí y le respondí a mi hermana: que pena, pero ella no es mi tipo. Le dije eso solo para salir del apuro, ya que si le decía que también me gustaba ella me hubiera comenzado a fastidiar. Esa noche me puse a pensar en ella en Carolina, en lo descortés que había sido algunas veces con ella. Pero la única manera de conquistarla a ella tendría que ser con la complicidad de mi hermana.

Un día ella llego como de costumbre a la casa por la tarde, yo me disponía a salir a jugar fútbol, pero al verla a ella, me quede y le dije: Hola Carolina, ¿Cómo estas?, bien gracias, respondió. Comenzamos a conversar en la sala un buen rato, le comencé a insinuar lo bonita que estaba y le dije:

- Tu enamorado debe estar orgullosa de ti, de tener una chica linda como pareja.

Ella me respondió:

- No tengo enamorado.

- No te creo - le dije

- Verdad, hasta ahora no hay nadie quien me guste.

- Y yo te gusto - le pregunte.

Ella no me quiso responder, solo sonrojo y empezó a reír. En eso entra mi hermana y le dice: Hola, Caro, has venido muy temprano hoy, ven pasa a mi cuarto. Ella se levanto y se fue al cuarto de mi hermana. Ya estaba anocheciendo, y Carolina sale del cuarto y cuando pasa por la sala me dice: chau, hasta mañana; yo me levante apresurado para abrirle la puerta y le dije muy cerquita al oído: me gustas mucho, me acerque para darle un beso, y ella me correspondió, ella separo su rostro del mío y me dijo: hasta mañana.

Yo estaba feliz por haberla besado, y dije: pronto sera mía. Después de cenar me fui a mi cuarto donde me puse a pensar en ella, hasta la soñé esa noche haciéndole el amor. Al otro día, desistí de ir a jugar fútbol, y estaba en casa esperando a Carolina, pero ella nunca llego, la espere varios días sin tener resultado alguno. Yo pensé que tal vez por el beso que le había dado, ella se había molestado y por eso no venia. Así que le pregunte a mi hermana: y ¿por que no viene Carolina? - Ella me respondió, es que estuvo ocupada en su casa, pero mañana viene.

Al día siguiente yo estaba en casa solo, mis hermanas habían salido con mis papas e iban a tardar mucho en llegar. Yo me quede al cuidado de la casa, por la tarde, tocan el timbre y yo pensé que era ella, salí corriendo abrir la puerta pero eran unos amigos que venían a buscarme para salir a pelotear, pero les dije que no podía que mejor mañana y se fueron. Al rato vuelven a tocar el timbre y era Carolina que venia a buscar a mi hermana, le dije: pasa, esta en su cuarto. Antes de dirigirse para el cuarto, le dije: me gustas mucho y le di un beso, ella solo sonrió y se dirigió al cuarto de mi hermana. Yo fui detrás de ella, Carolina entro y dejo la puerta semiabierta, yo aproveche en entrar y ella me dice: pero si no esta tu hermana, acaba de salir - le respondí. Pero no te preocupes, yo te puedo hacer compañía hasta que ella venga, van a demorar mucho. ¡Como que van a demorar! - me dice: Si no hay nadie en casa, estamos solitos.

Ella se puso un poco nerviosa, yo me pare le tome de las manos y le dije: no tengas miedo, estamos solos y la bese, ella solo se dejo llevar. Me gustas mucho le dije, ella me respondió que yo también le gustaba. Le dije: sentémonos en la cama, ella me obedeció, la bese y me eche encima de ella, me comencé a mover, mis manos comenzaron a acariciar cada rincón de su cuerpo.

- Quiero hacerte el amor - le dije

- Estas loco, y si vienen - me respondió

- Ya te dije que van a demorar.

- No, tengo miedo de hacerlo, es que nunca lo he hecho - me dijo. Además quiero llegar virgen al matrimonio.

- No te preocupes, no es malo hacer el amor, aun cuando son dos las personas que se quieren - y la bese, al mismo tiempo que le sacaba la blusa.

A Carolina, se le notaba nerviosa, temblaba, tengo miedo - me decía. Le saque el brasier con un poco de dificultad, ella dio un suspiro cuando agarre con mis manos sus duritos pezones, comencé a sobar los pezones con la yema de mis dedos, al mismo tiempo que la abrazaba, temblaba, se le veía que era su primera vez. Sácate tú también tu polo - me dijo, yo le respondí: sácamelo tú, ella me saco el polo y acerque mi cuerpo hacia el de ella, por dios, estaba ardiendo; la besaba y le acariciaba sus pezones. Comencé a sacarle el pantalón y me dijo:

- No lo hagas, tengo vergüenza.

- Mi amor, nada te va a pasar confía en mí, además estamos solos.

Ella se dejo llevar por el placer que tenia y logre sacarle el pantalón. Tenia un calzoncito blanco puesto, se lo saque y lo olí. Que rico huele - le dije - tiene aroma de mujer. Ella me volvió a decir: tengo miedo. Yo mismo Flash, me desnude en un dos por tres y me acerque a ella diciéndole: lo que yo te haga tu tienes que hacérmelo. Ella me dijo: ya. Comencé a besarla y baje hasta el cuello, la besaba y eso le excitaba a ella, baje hasta sus hermosos senos que estaban paraditos y comencé a chuparlos; estuve un buen rato chupándole y besándola. Le dije: ahora te toca a ti.

Ella sin titubear me hizo lo mismo, parece que le estaba empezando a gustar. Después de unos minutos le dije: voltéate. Ella con un poco de temor me dijo: que me vas hacer. Solo quiero que sientas algo rico - le dije. Carolina me dio la espalda con un poco de temor y yo me eche encima de ella. Mi miembro erecto quedo entre sus nalgas y comencé a moverme la mismo tiempo que le besaba la nuca, y le mordisqueaba el lóbulo de su oreja. Ella solo decía en voz baja: ay, que rico, comencé a bajar por los hombros, besándolo, succionando y mordisqueándolo, comencé a bajar por la espalda y ella que seguía diciendo: que rico se siente. Seguía besando y mordiendo despacio y seguía bajando hasta las nalgas, con mi lengua viperina comencé a recorrer sus nalgas y algunas veces le mordía suavemente.

Carolina estaba tan excitada que las piernas que las tenían juntas las separo. Yo continué bajando y besando los muslos, me acerque hacia su conchita virginal que estaba muy húmeda. Le comencé a meter la lengua en ese huequito inexplorado y al mismo tiempo que saboreaba su fluido, le chupaba y ella se contorneaba. Le dije voltéate, ella me hizo caso y de nuevo volví a comerle el coño. Mi mano jugaba con su clítoris que ya se había pronunciado. ¿Quieres que te la siga chupando? - le dije, ella movió su cabeza diciéndome si. Le lamí un buen rato, estaba sobreexcitada y demasiado lubricada, y le digo. Ahora chupamela a mí.

Carolina con un poco de vergüenza (lo note en su expresión), bajo hacia mi pene sin titubear. Con una mano agarro el miembro y se lo metió a la boca. Se le veía inexperta y un poco torpe cuando me lo chupaba, a veces me hacia doler con sus dientes. Estuvo mamando verga un buen rato y me dijo: es demasiada carne para mi boquita. Yo sonreí y la bese. Le dije: échate aquí mi amor. Ella se volvió a echar sobre la cama y yo me coloque encima de ella, mi verga trataba de buscar el huequito virginal de Carolina. El rostro de ella mostraba algo de dolor, al momento que mi verga comenzó a penetrar la conchita de ella.

- ¡Ahhh, me duele!, por favor no sigas, tengo miedo.

- Mi amor, relájate, así es la primera vez, pero después te va a gustar - le dije.

Ella sudaba, temblaba y me abrazaba, me duele, decía, mientras que mi pene abría paso a través de su conchita.

- Por favor, ya no puedo mas, sácalo, me duele demasiado - me dijo.

Le saque el miembro de la su conchita, apenas había entrado el glande, la bese y le dije: cálmate mi amor, así es la primera vez.

- Si, pero me duele - dijo ella.

La bese, acaricie sus pechos, y le lamí su vientre hasta llegar en la entrada de su concha, le lamí y le chupaba sus flujos, el olor de su conchita me excitaba, ella con sus manos, me agarro la cabeza y me lo empujaba con fuerza hacia su concha.

- Solo hazme esto, me gusta - me decía.

Yo seguí lamiendo esa conchita, y mi mano sin querer comenzó a buscar su clítoris para frotarlo, ella me decía que rico, sigue, sigue, yo continué sobándole el clítoris y luego le introduci un dedo en su conchita, ella dio un suspiro. ¿Lo sientes? - le dije, ella asentó la cabeza. Ahora te lo voy a meter - le dije. Mi miembro estaba durísimo como una estaca, ella un poco asombrada me dice: no creo que entre todo eso en mí. No te preocupes - le dije. Tu solo relájate.

Ella abrió las piernas y me volví a echar encima de ella, con el miembro en mi mano comencé a buscar esa conchita, Carolina estaba mojadita, y comenzó hacer presión de mi pene con su vagina. Ella gritaba, me decía en voz baja: me duele, me duele, yo le alcance una almohada y le dije: si sientes el dolor mas fuerte muerde la almohada. Ella me dijo que si. Comencé a metérsela, siempre despacio con el fin de no lastimarla, ella cuando sentía dolor mordía la almohada, al fin pude metérsela toda y ella pego un grito de dolor, al mismo tiempo que una lagrima rodaba por su mejilla, no lo se si seria de dolor o felicidad. Yo le dije:

- Ya entro todo mi amor.

Ella con un gesto de dolor y felicidad me dijo: me has hecho sufrir.

- Ahora vas a sentir lo mas rico - le dije

Comencé a moverme lentamente, a medida que iba aumentando la velocidad, vi que se le volteaban los ojos del placer que estaba sintiendo. Seguí moviéndome y ella sudaba, y gemía, apretó con sus piernas en mi cintura y al mismo tiempo que me clavaba sus uñas en mi espalda y me decía:

- Ya no sigas más que me voy a orinar.

Yo le conteste:

- Hazlo y te vas a sentir relajada.

- No, tengo vergüenza hacerlo, voy a mojar la cama y tu hermana se va a dar cuenta. Ya no sigas por favor - me decía.

Yo pare de hacerlo, me levante de la cama y le dije a ella sígueme. Ella temerosa me dijo:

- Como voy a salir desnuda.

- No hay nadie en la casa. Nos vamos a mi cuarto - le dije.

Ella se paro y me siguió, la abracé por la espalda y le comencé decir susurrando al oído: hoy día te voy hacer llegar al cielo. Ella sonrió y me beso.

Llegamos a mi cuarto y la eche en la cama, la comencé a besar, y con mi mano le comencé a tocar su conchita, seguía mojadita. Le puse mi miembro en su cuevita y se la metí, ella se quejaba, pero ya no le dolía mucho. Comencé a moverme despacio, para después hacerlo mas rápido, ella comenzó a sentir lo que era el placer y me decía: así papi, que rico, sigue así, dame mas, mas…

Yo continuaba con un loco poseído, la besaba, le mordisqueaba sus pezones, le mordía los labios. Ella me dijo de nuevo: ¡papi!, ¡me voy a orinar!, ¡no sigas!...

Yo le respondí:

- Haz lo que te plazca, además estas en mi cama y puedes orinarte aquí.

Comencé a moverme rápidamente, ella, cansada y gimiendo me decía: ¡ya no puedo mas!, ¡me voy a orinar!, ¡me voy orinar! y que da un grito: ¡ay!, ¡ya no!, ¡ya no!, ¡ya no sigas por favor!, yo siento un chorro espeso y caliente que me moja todo el miembro y parte de la cama. Ese es tu primer orgasmo mi amor, te gusto ¿verdad?, ella me dijo si, pero déjame descansar un ratito. Yo le dije todavía no, yo estaba a punto de reventar y le dije: ahora vas a sentir algo rico y calientito dentro de ti. Comencé a tener sexo con ella, ella, Carolina me besaba, y yo también, siento que estoy por venirme y se lo hago saber a ella, ella me abraza con todas sus fuerzas y yo le digo: Carolina, ¡se me viene!, ¡se me viene!, ha, ¡bésame!, ¡bésame!, e inundo toda su conchita con mi semen. Ella me dice: ¡ah!, que rico papi.

Tumbados los dos en la cama, le dije que me había gustado hacerle el amor, ella me dijo que a ella también y que siempre me tendrá presente, y que nunca se va arrepentir de haberme entregado a mí. Me dio un beso, se paro y se fue al cuarto de mi hermana a cambiarse, yo me puse un short y fui a verla. Ella estaba lista para irse y le dije te acompaño hasta afuera. Al llegar a la puerta le di un beso, y le dije: mañana te espero. Ella me sonrió y me dijo chau.
16/03/2006 20:04 Autor: relatosporno. Enlace permanente. Tema: Primera vez No hay comentarios. Comentar.

Mi primera vez paso sin querer

Primero que nada este es el primer relato que voy a escribir, así que espero les guste. Los protagonistas es una amiga y yo, empezaré describiéndome, actualmente mido 1.77 aproximadamente peso 70 kg, delgado, moreno claro, ojos cafés. Ella mide 1.68, unas tetas muy ricas de esas que se antojan y un culito también muy rico.

Tenía yo en ese entonces 18 años, vivía en Veracruz, México. Un día estaba yo en el icq platicando con un amigo, y me dice: “Mira agrega a esta chica, es amiga de nosotros dile que me conoces”. Y yo le dije: “Aahh ya la voy a agregar”, para esto yo ya la había agregado antes, pero casi no me contestaba ni nada, entonces le mandé un mensaje diciéndole que yo conocía a este chico y me dice: “Aaahh no me digas”. A ella la llamaremos “Laura”.

Y así nos empezamos a llevar muy bien, y me cortaron el Internet, y un día andaba por su casa, le hablé y le dije si podía pasar a verla, me respondió que si y me dijo donde vivía, era prácticamente enfrente de donde yo le estaba hablando, llegué a su casa, (cabe mencionar que ella es 6 años mayor que yo, y vivía sola). Llegué y empezamos a platicar, me cayó súper bien, yo también le caí en bien, me prestó su computadora y estuve chateando un buen rato.

Al día siguiente yo estaba en exámenes en la escuela, salí temprano y la pasé a ver. Estuvimos todo el día platicando de esto y aquello, y me fui de su casa a las 6, pero le pregunté: “¿Que vas a hacer”, y me dice: “No sé”, quedamos que yo regresaría más tarde compraríamos un pomo (aquí en México un pomo es una botella de algún alcohol, bacardi, etc.) y así fue, regresé, ella creyó que ya no iba regresar. Ella me sirvió un trago, claro que ella me engañó porque nunca estuvo tomando o se servía muy poco. Y siempre me han dicho que tengo unos labios que se antojan besar y empezamos a platicar de eso, me di cuenta que si seguía el tema podría lograr algo, así que seguí.

Estuvimos acostados en su alfombra y acercando mi cara le digo que si están ricos mis labios, y nada más cerré los ojos a esperar a ver si ella hacía algo, y me besó, y luego empezamos a buscarnos con nuestras lenguas. Yo empecé a tocarle las tetas, que por cierto que rica las tenía, le quise quitar su playera y me hizo apagar la luz. Y se la quitó, y le empecé a chupar sus tetas tan ricas, le dije que nos fuéramos a su cuarto y así lo hicimos, ahí nos seguimos besando, y ella me sobaba mi paquete, que para entonces ya la tenía bien dura, yo no se si la tendré grande, pero siempre me dicen que está grande, entonces algo de razón han de tener… Así que me quité el pantalón y me la saqué, ella no dijo nada, simplemente se bajo a chupármela y ¡¡¡wow!!!... que rico la chupaba, después de un rato yo también quería chuparle su conchita, así que la desnudé y que belleza de conchita tenía.

Recuerden que era mi primera vez, así que lo primero que hice fue darle una lengüeteada desde el ano hasta el clítoris, lo que hizo que sacara un gemido riquísimo, creí que le hacía daño y dejé de hacerlo (ahora me arrepiento), el problema es que no traíamos condones, así que eso nada más quedó en que me la estuvo chupando y yo me vine en su boca. Pero no se lo tragó. Lo fue a escupir, y cuando regreso me dijo que quería sentarse en mi verga, nada más quería probar qué se sentía con una tan grande. Yo no me lo creí, pero le dije va pues, y así se sentó y me dijo: “Es que no me cabe”, así que yo le dije: “¿Como no?, y alcé mi cadera para llegar hasta el fondo y ella nada más pudo sacar un gran gemido. Y hasta ahí llegó esa vez… nos vimos todavía dos veces más.

Bueno y así Laura después se bajó de mi verga, y ya no hicimos nada, por lo mismo que no teníamos condones y obviamente era mi primera vez y no quería cagarla en mi primera vez, ¿que frustrante hubiera sido eso no creen?. Y bueno pasó, nos vimos otro día, y estábamos en su cuarto viendo la tele y me dijo: “Estoy incómoda, ¿Te molesta que me quede en calzones?”, y yo le dije: “No para nada” (dentro de mi pensé, hombre como me va molestar) y ya se quedó en calzones y una playera, se acostó junto a mi, en eso la abracé la puse boca arriba y empecé a sobarle sus tetas por encima de la playera, y la verdad que ricas tetas tiene, y sus pezones empezaron a hacer reacción enseguida así que me dispuse a pellizcarlos y jalarlos un poco y su respiración se empezó a agitar, la agarré de la cara, y la empecé a besar, a que nuestras lenguas jugaran, y a morderle sus labios, y nos empezábamos a mover con ropa como si estuviéramos cogiendo para que sintiera mi verga en su concha.

Así seguimos durante un rato hasta que yo estaba seguro que ya estuviera bien caliente, le quité la playera y que tetas, se las empecé a comer, a sobar y chupar le pasaba la lengua alrededor de los pezones y luego una mordida suave en cada pezón, mientras ella me sobaba la verga, y me la apretaba encima del pantalón, ya ella desesperándose me quitó el pantalón, y la cabeza se asomaba por encima del bóxer así que me lo quitó rápidamente y me agarró la verga con toda su mano fuerte sobándolo de arriba hacia abajo, luego le pasó una lengüeteada por toda la verga para luego metérsela en la boca completita, y darle vueltas en su boca y subir y bajar la cabeza, no saben lo rico que se siente así el calor de la boca en la verga, así hasta que yo también quería, le dije que esperara un poco, le quité el short, y le abrí las piernas suavemente, tocándole los muslos, acariciándolos, besándoselos, mordiéndolos y le di un gran beso entre sus piernas, pero sobre la tanga para que sintiera, solo alcancé a oír un gran ¡Aaaaahhhhh!.

Así que le retiré su tanga y que rica conchita, ya la tenía depilada (yo se lo había pedido, y lo hizo un día antes) así que le di una lengüeteada desde el ano hasta su clítoris, y que rico gemía, gemía como puta, le metí la lengua más adentro y ese sabor agridulce y caliente es un manjar, así que seguí metiendo mi lengüita, y moviéndola adentro, pero me esperaba ese clítoris tan rico, lo empecé a chupar y ella empezó a respirar más fuerte y a gemir y me dijo: “Así cabrón, házmelo así más fuerte”, así que le empecé a morder el clítoris y meterlo a mi boca y ahí chuparlo muy, muy rico. Seguimos así hasta que ella ya no podía más y se vino en mi cara, que rico dije yo… Pero ahí no quedaban las cosas, ella agarró mi verga bien dura y se dispuso a comerla como una maestra, le dije: “Quiero que ahora te los tragues”, ella no me dijo nada simplemente se dispuso a chupar yo ya no aguanté más, así que le dije: Abre la boca” y me empecé a masturbar hasta que toda mi leche entró en su boquita, y tal como yo se lo había pedido se los comió. Desgraciadamente esa vez tampoco llevábamos condones, y para colmo no me podía quedar ya que llegaría su mamá.

Tiempo después me la encontraba en el Messenger y le decía que nos viéramos, pero ella me decía que estaba depre que no quería salir, más que nada le dio cruda moral ya saben, como se sentía como puta y todo eso, y así durante varios días, hasta que yo si quería verla. Así que la fui a buscar, obviamente no me abría estuve tocando hasta que finalmente me abrió, con una mala cara me decía que, qué hacía ahí, que me dijo que no quería ver a nadie, y ya pues ya estaba ahí, así que me invitó a pasar. Estuvo de mala cara durante un rato, hasta que con bromas se le quitó y ya nos la estuvimos pasando bien, en una de esas la empecé a besar, ¡y a fajar riquísimo! En fin me la empezó a chupar otra vez como solo ella lo sabe hacer, recorriendo todo el tronco hasta la garganta, y yo sobándole sus tetas tan ricas. Así que también le comencé a chupar su concha tan rica como siempre y mojada, pero ya no quería postergar más el tiempo, así que me desnudé me puse un condón, le agarré las piernas y las puse en mis hombros y se la metí suavecito hasta que topara con pared, empecé a bombearla más duro y ella sacaba gemidos bien ricos y me decía dame más duro, así estuvimos hasta que ya estaba a punto de venirme en que me detuve. La puse de perrito se la metí toda y a darle más duro, y que rico sentía al jalar todo su culote hacia mi verga hasta que ya no aguantaba y ya me iba a venir, me salí de ella y le eché en su espalda toda mi lechita, que rico.

Lo curioso fue que el condón se le había quedado dentro, así que me vine afuera. Y ella se sacó el condón, seguía caliente, pero iba recibir visitas así que me tuve que ir.
16/03/2006 20:05 Autor: relatosporno. Enlace permanente. Tema: Primera vez No hay comentarios. Comentar.

Un viaje con Graciela

Habíamos viajado más de 1000 kilómetros para llegar a aquella pequeña ciudad enclavada en el desierto patagónico. Un paisaje árido pero sumamente atractivo nos había acompañado casi todo el camino. Fueron 10 horas interminables que se hicieron más llevaderas gracias al ingenio de Graciela y al deseo que nos envolvía permanentemente desde que nos conocimos a mediados de 2005.

Salimos al mediodía de Mendoza y el calor de la siesta pronto se hizo sentir. Nada mejor que unos mates y sándwiches para pasar el hambre y la sed. Al principio hablamos de diversas cosas sin importancia pero pronto la conversación nos llevó inexorablemente a un tema: el sexo. A ambos nos encantaba hablar de sexo, fantasear y calentarnos recordando e imaginando cosas. Juntos recordamos aquella primera penetración anal que tuvo Graciela. Ella jura que fue su primera vez por atrás… y yo le creo.

Fue nuestro segundo orgasmo de aquella tarde de febrero. A pesar de mi cansancio por el primero, ocurrido cerca de una hora antes, los dedos y labios de Graciela provocaron una nueva erección. Sus labios sobre mi boca y sus dedos sobre mi pene. Su boca solía ser endiabladamente sensual cuando se lo proponía. Mojaba mis labios con los suyos y metía su lengua en mi boca buscando en lo más profundo y chupando mi lengua. Su lengua también salía de mi boca por momentos y mojaba mis labios y parte de mi rostro. Eso me calentaba mucho. Mientras tanto, su mano se deslizaba sobre mi pelvis y sus dedos comenzaban a acariciar mi adormecido miembro. Lo hacía con tal calidez y suavidad que pronto lograba su propósito. Si algo faltaba para lograr una erección memorable, lo consiguió poniendo su dedo más sensual, el del medio, sobre mi ano. Empujando suavemente con ese dedo y moviéndolo en círculos en la puerta de mi culo mientras me besaba, con la otra mano controlaba la dureza de mi erección que iba creciendo. Mientras yo había tomado un pomo de lubricante muy liviano y fresco que habíamos descubierto como efectivo promotor de extraordinarias calenturas. Lo apliqué suavemente sobre su clítoris y comencé a acariciar aquella hermosa concha que además ya estaba muy mojada con sus propios jugos vaginales. Graciela llevó lentamente su boca a mi miembro y este completó una erección envidiable para mis más de 50 años. Lo besó y chupó de todas las formas imaginables arrancándome profundos gemidos de placer.

Cuando retiró su boca de mi dura pija, coloqué un poco de lubricante sobre el glande para que ella lo esparciera suave y lentamente hacia abajo. Lo hacía con tanta dulzura, disfrutando tanto de lo que hacía, que su rostro denunciaba un sentimiento de placer infinito. Aquello se transformaba lentamente en una paja memorable y extremadamente placentera. Cuando mi pene consiguió la dureza que ella esperaba, se montó sobre él y lo introdujo lentamente en su lubricada y mojada vagina. Daba a su cuerpo un movimiento ondulante que parecía absorber mi pija proporcionándome un placer indescriptible. Con mis dedos todavía impregnados en lubricante, comencé a recorrer en círculos su ano. Graciela me había dicho que nunca nadie había conseguido entrar allí y que por lo tanto se mantenía virgen de aquel orificio. Tenía temor ya que algunos intentos habían fallado por causarle un tremendo dolor. Yo mismo lo había intentado a poco de conocernos pero sin éxito.

Aquel día le había prometido que alguna vez lo haríamos y conseguiríamos la penetración sin dolor o con muy poco. Puse más lubricante sobre mis dedos y continué el movimiento en círculos pero penetrando uno de mis dedos ligeramente. Noté que no sentía dolor y que aquello le hacía sentir más placer en su vagina donde mi pija entraba y salía al ritmo de sus ondulaciones. Poco a poco fui introduciendo mi dedo mayor en su ano hasta llegar casi a los nudillos de mi mano. Ella lo gozaba cada vez más. Despacio saqué mi pene de su concha hirviente y lo apoyé en su ano dilatado y mojado no sólo por el lubricante sino también y en gran medida por los jugos de ambos que a aquellas alturas brotaban como calientes manantiales. Empujé despacio tanteando el terreno y mirando su rostro para ver si expresaba dolor o placer. Su expresión era justamente una mezcla de ambos. Entonces dejé que ella manejara la situación. Y vaya si la manejó. Empujó lenta pero firmemente hacia abajo hasta conseguir que toda mi pija la penetrara por aquel inexplorado agujero.

- Es la primera vez que una pija entra en mi culo, amor, quiero que sepas que es solamente tuyo. Quiero disfrutarlo al máximo y que vos también lo disfrutes. Estoy muy caliente, amor.

- Si mi vida, hoy sois mi puta más caliente, la que más placer me ha dado ¿Te gusta ser la mejor y más caliente de mis putas?.

- Si, amor. Quiero ser siempre tu puta más puta, tu única puta, la única que te da su culo para que lo disfrutes con esa hermosa pija que tenéis.

Lentamente retomó el ritmo de su movimiento ondulante. Puse mi mano sobre su pelvis húmeda y con mi pulgar busqué su abultado y erecto clítoris. No tardé en encontrarlo y sentir cómo vibraba de placer como si fuera un afinadísimo instrumento musical. Lo masajeé con suavidad, primero de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo muy lentamente. Luego comencé a dibujar círculos sobre aquel pequeño pero hermoso órgano que dominaba todos nuestros movimientos. Era sin dudas el centro del placer y de la escena. Mi pija seguía el movimiento del ano y pelvis de Graciela mientras ella estallaba en placer. Por mi pulgar en su clítoris y por la nueva experiencia de sentir una verga dentro de su recto virginal. Ambos sentimos la proximidad del orgasmo, único, interminable, exquisito. Su rostro me regalaba una expresión incomparable de goce y sus gemidos de placer comenzaron a llenar todos los espacios de la habitación. No tardé en acompañarla con mis propios gemidos, profundos, guturales, intensos.

- Lléname el culo con tu leche, mi amor, no puedo más de placer.

Y sentí justo en aquel momento cómo mi semen recorría el interior de mi pija y se volcaba con esfuerzo en aquél hermoso y apretado orificio. Se tiró hacia atrás sin dejar de moverse y eso hizo que mi miembro penetrara aún más adentro haciéndome enloquecer de placer. Había sido para ambos una experiencia maravillosa.

El recuerdo de aquellas escenas nos había puesto cachondos a ambos. Mi pija se dibujaba debajo del pantalón y yo podía adivinar que la vulva de Graciela estaba empapada. Sonrió adivinando mis intenciones y sin detenernos ni a pensarlo, aflojó el cinturón de mi pantalón y sacó mi miembro húmedo. Lo puso en su boca saboreando las gotas de lubricante que asomaban metiéndolo luego hasta su garganta. Con su mano derecha, mientras tanto, comenzó a tocarse entre las piernas. El placer nos envolvía por completo a ambos. La adrenalina nos recorría y el auto no se detenía. Solamente disminuimos la velocidad un poco cuando el movimiento de su cuerpo me indicó que ella tendría pronto un hermoso orgasmo. Esa advertencia aceleró de inmediato mi pulso y dispuso que mi semen se aprestara a salir. Llenó su endiablada boca en el mismo momento en que yo veía de reojo los espasmos de su orgasmo en toda la geografía de su hermoso cuerpo. Como un premio a aquel “esfuerzo”, nos detuvimos a la sombra del primer sauce que encontramos a la orilla de la carretera.

Cuando bajamos en el hotel, cansados por el viaje, dedicamos un par de horas a descansar y prodigarnos masajes y caricias en todo el cuerpo. Entonces Graciela trajo a la conversación un tema que yo presentía traería. Es que en aquel pueblo donde estábamos ahora, vivía una mujer que yo había conocido tres años atrás y con la que había pasado una caliente noche de amor. Se trataba de Sandra, una chica de poco más de 30 años que había dejado esa tarde a su hijo y esposo para encontrarse con un desconocido que era yo. Yo le había contado los detalles de aquel encuentro a Graciela. Le había dicho cómo había sido cada uno de nuestros orgasmos, cómo lo habíamos hecho, cómo ella había chupado mi pija y cómo yo le había arrancado un orgasmo con mi lengua. Fantaseamos con la posibilidad de llamarla para que Graciela la conociera y porqué no tal vez también compartir la cama con nosotros. La idea de un trío no la entusiasmaba a Graciela, pero con Sandra podría ser diferente, tal vez porque yo ya había cogido con ella.

Mientras hablábamos y nos acariciábamos, pude ver que ambos nos poníamos cachondos. Entonces la tomé de una mano y la invité a darnos una ducha. Dejamos correr el agua hasta sentir que salía apenas tibia y luego nos metimos ambos debajo de la lluvia. El impacto del agua nos produjo a ambos una mezcla de placer y de escalofríos. Los pezones de Graciela se pusieron duros como piedras y me invitaban a saborearlos. Puse mi lengua y mi boca sobre unos de ellos y me estremecí de placer al sentir el sabor de su piel mezclado con la sal del agua patagónica. Recorrí su cuerpo con mis manos enjabonadas y me detuve en la puerta de su concha. Estaba increíblemente mojada por sus jugos calientes que contrastaban con el agua apenas tibia. Metí dos de mis dedos en su vagina. El contraste de temperaturas se hizo más evidente tanto para mí como para ella. Ambos estábamos disfrutando otra vez de un hermoso polvo. Graciela tomó mi pija entre sus manos y comenzó a masturbarme lentamente. Aquella paja me parecía la gloria misma. El juego de contrastes térmicos del agua, las manos y nuestros órganos sexuales, estaba proporcionando un ingrediente extra a aquel exquisito polvo. Nos detuvimos sólo unos segundos para sentarnos y poder disfrutar mejor de aquella calentura que nos envolvía. Nos colocamos bajo la ducha uno frente al otro, ella con sus piernas sobre las mías. Acercamos nuestras pelvis y el glande de mi pija no tardó en encontrarse con aquel duro y caliente clítoris. Se rozaron una y otra vez mientras nuestras bocas se buscaban y nuestras lenguas jugaban perversamente sobre nuestros mojados rostros. El placer crecía hasta la desesperación.

- Méteme esa pija caliente en la concha, bicho mío, hasta el fondo. Quiero sentirte dentro mío hasta que me llenes la concha con tu leche.

Metí sólo la cabeza en su vulva y elle hizo el resto. De un solo y desesperado empujón logró que mi pene entrara hasta el fondo comiéndolo con su concha como a ella le gustaba. No pasó más de un minuto de movimientos pélvicos y ella exclamó:

- Voy a acabar, mi amor. Ahora mismo, tírame tu leche caliente, ahora mi amor.

- Si mi bicho, voy a darte toda mi leche para que la sientas bien adentro de esa hermosa concha que tenéis.

Y diciendo esto sentí cómo mi semen se vertía dentro de aquel cálido nido. Nos quedamos abrazados unos instantes bajo la ducha y después, con nuestros cuerpos todavía mojados, nos dormimos profundamente uno junto al otro. Nuestro viaje de placer, recién comenzaba. Y Sandra podría aparecer en cualquier momento.
16/03/2006 20:21 Autor: relatosporno. Enlace permanente. Tema: Relatos Hetero No hay comentarios. Comentar.

La diosa del placer infinito y los ojos de miel

¿Qué es lo mejor que un amigo te puede regalar? aquí te propongo una alternativa... Edelmira vio como se habría la puerta de improviso y su cara mostró toda su sorpresa y temor por lo que veía: su marido estaba allí parado mirándola, a solo unos pocos metros, y ella allí, desnuda, en posición de hembra en celo. Pero esos ojos bellos color miel cambiaron de súbito a una expresión de incredulidad e incertidumbre, puesto que contrariamente a lo que ella esperaba, el hombre que la amaba la miraba con una cara lasciva y calentona. Nada de rabia, nada de despecho. Sin embargo, lo que más le desconcertó fue que marco seguía bombeándole el culo como un salvaje, impávido, sin siquiera inmutarse ante la presencia del recién llegado, meciéndole la verga hasta lugares en donde ella jamás se había imaginado que un macho la pudiese coger por allí, por esa entrada que tan poca resistencia opuso al recibir las primeras embestidas de ese falo duro y grueso.

Tampoco se habría imaginado que ese esfínter anal suyo fuera un arma de poder tan deliciosa, porque a pesar de estar en cuatro patas, con la cabeza enterrada en la almohada, el culo levantado y firmemente tomado por esas manos grandes de macho, había descubierto que de tanto en tanto podía apretar el culo y darle aún mayor resistencia a esa verga que furiosa le abría las entrañas por detrás, teniendo como respuesta un bramido de placer de ese macho que detenía su embestida y le prodigaba una frase obscena y lujuriosa, que daba cuenta de su pericia de puta con el culo. Esa sensación inicial de dolor mezclado con placer pronto se fue convirtiendo en una de sumisión y control deliciosos, y le estaba gustando mucho el juego, al punto que de su boca se escuchaban frases del tenor: "¡¡Así mi amor, no pares, rómpeme así de rico el culo, sigue...!!".

¡¡Cómo lo estaba gozando!!, cómo la había hecho gozar ese hombre que en cada entrada de su cuerpo, había aplicado la misma fórmula de sutil seducción y obsceno desenfreno. Había terminado por vencer sus resistencias de dama, había descubierto a la caliente puta. Ante esa irresistible combinación de piel, besos, caricias y humedad, de uno en uno fueron cayendo su boca, su concha, su culo, entregándose por entero a los deseos lujuriosos de ese amante ocasional. Por esto no le sorprendió que la presencia de su marido no fuera impedimento para que ella sintiera nuevamente cómo las contracciones de su concha comenzaban a fusionarse en un mar de húmedos espasmos, y que el rictus inconfundible en su rostro fuera la señal de que ese inmenso placer la iba a envolver nuevamente.

El sudor de su cuerpo después de tan extensa sesión de sexo le había dado a ese cuerpo de hembra un brillo hermoso y sensual en la penumbra de aquella habitación, y los movimientos de su pelvis y los gemidos de su boca le entregaban una belleza única, aquella que las mujeres manifiestan solamente cuando un macho de verdad las ha sabido coger como toda dama con alma de puta sueña. Y de verdad que bella se veía cuando ese orgasmo arrebatador nuevamente la invadía en esa situación tan morbosa.

En medio de ese orgasmo salvaje que le hacía sentir la sangre palpitando en sus sienes, de ese gemido de perra cogida que se ahogaba en su garganta, de esas ganas de gritarle a todo el mundo que estaba siendo cogida como ella se merecía, de los dedos enterrados en las sábanas y los ojos color miel entrecerrados, su cara cubierta por sus bellos cabellos oscuros, inundada de semen y lujuria.... en medio de todo aquello comprendió finalmente lo que sucedía... en ese momento entendió que no era casualidad que su marido, le hubiese casi obligado a que hoy se pusiera ese pantalón blanco y tan ajustado, que caminando por la calle y escuchando toda clase de obscenidades referidas a su culo, le hacía sentirse casi como una puta.

Tampoco era casualidad la cadena de sucesos novedosos vividos hoy. Recordó la llegada a su trabajo de ese hombre que la fue a visitar por temas laborales sin importancia, y que en medio del típico café de oficina le dejo la sensación de conocerla tan bien, aún más con un par de copas que no sabe como se atrevió a aceptar después de las 6. Entendió que no era casualidad que en medio de ese baile que aceptó gustosa con el alcohol en su cabeza y un calor intenso en la entrepierna, ese hasta algunas horas extraño supiera susurrarle al oído justo lo que le encantaba oír, y la guiara en ese baile seductor, con la cadencia que toda mujer agradece, desde la pista de baile hasta una suave, prohibida y pecaminosa cama de hotel. Desde el último paso de baile hasta la alfombra de aquel cuarto no era mucho lo que recordaba, solamente sabía que estaba tan excitada y fuera de control que mucho antes de bajarse del auto ya no tenía puesta la tanga, y que su boca antes de retocar sus labios sentada al borde de la cama y su amante succionándole los jugos de su sexo, ya había gozado con intensidad el sabor a verga de macho en el camino.

No le había importado ser por una noche una puta, pero una de lujo, de aquellas que tienen la voluntad de decidir cual será el macho que la podrá gozar, fantasía que solo hoy se había atrevido a cumplir. Pero en ese instante la gloria estaba siendo completa, al mismo tiempo que sentía los ríos de placer recorriendo su cuerpo con inicio en su concha y un final quien sabe donde, aquel macho comenzaba a soltarle su néctar en chorros de placer infinitos e interminables, bufando como un macho salvaje poseyendo a la más deliciosa y prohibida hembra, en una conjunción de lujuriosos ritmos en que ambos gemían como dos animales en época de celo. El objetivo aquí no era la especie, era simple placer, de ese al que tantas veces Edelmira de había negado.

La miel de sus ojos apenas podía distinguirse en medio de esos cabellos enmarañados sobre su rostro, por la locura y el desenfreno de aquella sesión de sexo, a lo que sería necesario agregar la posición de esos amantes que aun después de ese orgasmo simultaneo e intenso, se negaban a abandonar. En los ojos de su marido esa imagen será imborrable, su mujer en cuatro patas de la misma forma como él la había tenido tantas y tantas veces, pero ahora clavada por la pija de otro macho, y nada más ni nada menos que por el culo, precisamente en ese culo con el que fantaseó tantas veces viendo como su mujercita volvía locos a los hombres, pensando en si ya otros habían tenido el placer infiel de probarlo. Tampoco es probable que pueda olvidar el rugido de ese macho cachondo cuando se estaba corriendo, ni el sonido de su pelvis chocando con fuerzas con las nalgas de Edelmira que lo recibían gustosas y abiertas, tampoco el gemido inconfundible de su mujer, señal que se estaba corriendo como poseída con ese falo clavado en sus entrañas.

Edelmira en cambio, sólo después de unos segundos interminables y exquisitos disfrutando el post orgasmo, en que le habían cogido por el culo soltándole un interminable y suculento néctar que podía sentir ahora hasta lo más profundo del ano, al mismo tiempo en que se corría con el deseo incontenible e irrefrenable de la novata y la experticia y sabiduría de la más grande y lujuriosa puta, solo después de gozar todo eso atinó a levantar la cabeza de la almohada y mirar nuevamente a su caliente y fantasioso marido. Con su voz aún entrecortada y la garganta afectada por los gritos, que le fue imposible ahogar en las sábanas en sus sucesivos orgasmos, le dijo a su marido con una mirada cómplice y morbosa:

"Eres un cabrón, tú lo preparaste todo, así me querías ver, pues aquí me tienes, mírame bien, pero déjame decirte que lo gocé, y mucho, pero aún no he terminado, acércate que es mi turno de la fantasía..."

Una sonrisa se dibujó en sus labios hinchados por el roce de esos besos tan intensos, apasionados e interminables de su amante casual. En su lengua aún sentía el sabor y la sensación de aquella exquisita presión del miembro erecto y duro pujando por llenar su boca. Jamás se imaginó antes de aceptar esa mamada que iba a ser así de larga y deliciosa, y que iba a dejar que Marco la metiera toda hasta casi no poder respirar, por tener la garganta llena de verga. Pero Edelmira aún quería más, si esta noche iba a ser una puta, quería serlo completa. Separó su culo de la verga ahora ya en reposo de marco y con una mano la comenzó a masturbar rogando por una reacción rápida, haciendo un ademán a su marido para que se acercase, a lo que este obedeció sumiso. Bajó la cremallera de su pantalón y aquella mujer tan formal en apariencia que sólo gozaba con calentar a los hombres meneando sutilmente su exquisito culo, hormado por sus pantalones tan ajustados que enloquecían a su marido, estaba a punto de cumplir la fantasía de muchas, sentir lo que dos vergas pueden hacer por el placer de un cuerpo deseoso y receptivo de una hembra como ella.

Cuando su marido sintió que su mujer comenzaba a mamársela con fuerza, como con furia, no pudo dejar de pensar en que sólo algunos minutos atrás era la verga de marco la que llenaba esa boca, que era muy probable que aún quedasen restos de semen en su lengua y que la ahora muy puta de su esposa podía sentir esa mezcla de sabores que sólo las hembras muy conocedoras de los placeres del sexo eran capaces de gozar.

Marco, al ver tal espectáculo, ya había reaccionado. Empalmado como estaba, pensó que era tiempo de devolver placer con placer... Ubicó a Edelmira cruzada en la cama para que en un extremo de ésta ella pudiese seguir con su trabajo de chuparle el tronco y lamerle los testículos a su complacido marido. El en cambio, se ubicó estratégicamente en el otro extremo abriéndole de par en par las piernas. Que vista aquella, esa concha depilada y suave, con los labios aún húmedos y enrojecidos por la cogida que él le acababa de dar, pero aún así deseosa de más. Pero lo que más le calentó fue ese hilo de leche que comenzaba a brotarle del culo a Edelmira mojando copiosamente las sábanas. Con dos de sus dedos tomó desde la fuente misma ese néctar, introduciéndolos lo más que pudo en esa vertiente de placer, y con ellos untados de ese blanco y espeso jugo la tomó de los cabellos obligándola a parar un momento con su mamada, y metiéndolos de una en su boca le dijo con voz morbosa: ¡cómelo para que tu boca sienta el placer que tu culo gozó al recibir mis chorros!. Ella, al oír esa frase que sólo a una puta un hombre sería capaz de decir, lamió esos dedos devorando con fruición ese lujurioso manjar hasta no dejar resto, y solo después de estar segura que no quedaba rastro, siguió con su mamada. Su marido ahora ya no tenía su duda inicial, ahora estaba seguro que el paladar de su mujer podía dar fe de la delicia de la mixtura de sabores de macho en la boca de una hembra así de puta.

Marco pagó su deuda devolviendo la mamada que le había prodigado rato atrás Edelmira, con la mejor comida de coño que le habían dado a esa mujer en mucho tiempo. Edelmira se volvió loca sintiendo la lengua intrusa de marco separándole los labios de la chocha, entrando con fuerza a la fuente misma de sus jugos vaginales, y ni hablar de esos labios de macho jugando con una presión exquisita en su clítoris que sentía iba a reventar de placer. Luego de unos minutos eternos no aguantó más, comenzó a gemir con la verga de su marido en su boca y sintió que un volcán de placer le iba a hacer erupción en su sexo, lo que efectivamente ocurrió, y su boca sin control fue tal la presión que ejerció en la verga de su marido que éste no pudo aguantar mas y comenzó a derramarse a borbotones en su boca. Pero Edelmira estaba fuera de control gozando ese orgasmo, sin querer separó aquella pija de sus labios y ésta estando libre comenzó a rociarle con leche el cabellos, la cara, las tetas, en lo que para ella fue una verdadera tortura de placer, porque marco en vez de detener su ritmo comenzó a comerle la chocha como si en eso se le fuera la vida, presionando su clítoris con su lengua furiosa y metiendo y sacando tres de sus dedos de su sexo en forma frenética, rozando con pericia lo que algunos llamarían su punto G.

Si el lector me permite, pasaré a continuar el relato en primera persona, en honor a aquella pareja morbosa y esa noche feliz.

Después de mi tercera corrida en esa hembra deliciosa e irresistible, supe que era el momento de partir. Si bien la ocasión ameritaba más lujuria, hay momentos en que el deseo tiene que dejar paso a la cordura y el reposo. Edelmira y su esposo yacían allí en ese lecho de hotel como dos amantes esposos después de su primera noche de luna de miel, abrazados y exhaustos. Esa diosa de culo perfecto y ojos hermosos, había tenido aquello que tanto había resistido, solo ayudada por un par de copas y la complicidad de su marido. Este en cambio, había por fin visto lo que sólo en sus fantasías más afiebradas había soñado, a su mujer convertida en la más ardiente y desenfrenada puta.

En mi caso, no olvidaré lo que un buen culo enfundado en un ajustado pantalón blanco puede provocar en un hombre como yo, aunque para serles franco, lo que espero que la vida me permita repetir, es la exquisita e irrefrenable sensación de sentir la presión del culo dilatado de una hembra como aquella, cerrándose firme de vez en cuando y a voluntad, recordándome que en el sexo, aun una hembra entregada así a mis deseos, sigue siendo una reina del placer y debe ser tratada como tal.

Mañana llamaré a mi amigo, no antes del medio día puesto que esos dos tendrán mucho placer que darse recordando lo vivido, y le agradeceré por compartir conmigo a esa diosa de mujer que tiene. Y si Edelmira aún quiere hablar conmigo, esa será la indicación de que esta historia aún no ha llegado a su fin.
16/03/2006 20:25 Autor: relatosporno. Enlace permanente. Tema: Relatos Hetero No hay comentarios. Comentar.

Mi primer encuentro con una mujer

Hola a todos me presento soy Jessica, soy de Argentina, Buenos Aires, debo decir que aunque haya tenido experiencia con las mujeres no me atraen. Me fascinan los hombres. Bueno pasó a contar mi historia, paso hace 2 o 3 años más o menos.

Yo iba a estudiar a la casa de una compañera del barrio, que además de todo eso era mi amiga, una muy buena amiga, por cierto. Mi amiga es morocha de pelo lacio, largo, cintura chica, pechos chicos, pero unas piernas que mas de una mujer envidaría, firmes y torneadas. Yo soy pelirroja natural, pelo largo ondulado, unos pechos bastante firmes pero bastante por no decir muy grandes, miden 110, mido 1.67m, soy gordita, no tengo mucha panza, labios carnosos, ojos grandes, lindas fracciones, caderas anchas, pero de lo que mas me enorgullezco además de mis pechos es de mi colita, que a pesar de ser un poco grande esta en su lugar por la mucha gimnasia que hago tratando de bajar de peso.

En fin volviendo al relato mi amiga que le voy a poner el nombre de Sol me había traído algo para tomar, en ese momento yo no sabia por que pero no podía dejar de mirar su boca, que labios entre carnosos y chiquitos como me gustan a mi, esos labios me tentaban, me inducían a besarla, me provocaban, ella se los mordía, en ese momento me percate de que me estaba mirando los pechos, me empecé a morder el labio inferior, eso me estaba gustando, la calentura iba creciendo por parte de las dos, ella me miraba y sin decirme nada se sonreía. Así seguimos mirándonos, comiéndonos con la mirada hasta que ella fue a buscar agua, no había nadie en su casa, estábamos en su pieza y hacia muchísimo calor afuera además del que teníamos nosotras. Trajo ese jarro de agua y ahí no aguante mas, por mas que trataba de reprimirme para no arruinar la amistad sentía que si no hacia algo estallaba, la bese suavemente, al principio un beso tierno, un pico como se dice acá en Buenos Aires para después empezar a besarla mas apasionadamente, ella no ponía resistencia y yo estaba en el cielo, nos mirábamos sorprendidas pero extasiadas, calientes, queriendo mas. En un momento ella me frena y me pregunta:

- ¿Te parece hacer esto?

- Mira no se si me parece, yo ya no puedo pensar - le dije.

A lo que contesto que creía que íbamos a romper la amistad y me dijo que nunca había hecho algo así. Yo le dije que yo tampoco pero que me encantaba y que me sentía muy bien con ella pero que no quería nada serio, que quería seguir con nuestra amistad, pero que también por otro lado quería terminar con lo que había comenzado.

Seguí besándola y acariciándola, me encantaban sus labios, sus besos, nunca me había percatado de eso, me estaba volviendo loca y era una sensación que me encantaba.

Seguimos besándonos un rato, hasta que comencé a desabrochar su camisa, no podía creer lo que tenia frente a mi, una autentica mujer con todas las letras, ella no se resistía, por el contrario, se estaba entregando cada vez mas. Besaba muy pechos y a la vez con la mano derecha acariciaba su clítoris y con la izquierda sus nalgas, dios que hermosas nalgas! las apretaba cada vez mas fuerte, de su boca solo salían gemidos que se iban intensificando y se le entrecortaba la respiración, se notaba que estaba por tener un orgasmo, yo me sentía re bien.

Saque mis manos de donde estaban para seguir recorriendo con mi lengua hasta llegar a su conchita, que ya estaba que explotaba, chupe, bese, lamí y mordí suavemente su clítoris hasta que por fin su respiración se hizo cada vez mas entrecortada y los espasmos empezaron a venir, ahí me di cuenta de que había tenido un orgasmo, y que orgasmo.

- Gracias - me dijo.

A lo que yo respondí con un…

- De nada vos te lo mereces.

Nos acostamos, la deje que descansara y luego de unos minutos la empecé a besar y a calentarla de nuevo, fue cuando se paro, me empezó a desabrochar la camisa (estábamos vestidas con los uniformes del colegio, camisa blanca, yo tenia un corpiño rojo, una pollera azul a tablas, una tanga haciendo juego, unas medias blancas 3/4 y los zapatos, ella tenia un conjunto negro con encaje y después igual a mi), se entretuvo con mis pechos y empezó a bajar a mi conchita y me dio el placer mas grande que nunca tuve tener un orgasmo en manos de una boca experta.

Después que acabe, llegaron sus papas y su papa nos encontró besándonos apasionadamente. Entro, cerro la puerta, yo me quede mirándolo, colorada como un tomate, mi piel es blanca así que imagínense como quede, esa situación me había puesto cachonda, por que por un lado me daba vergüenza pero a la vez el papa de ella estaba muy bueno y me encantaba, el padre se acerco a ella y sin decirme nada me miro y le pego una cachetada en el culo a ella, que me miro y me dio otro beso, yo no lo podía creer, pero ahí estaba yo besando a mi amiguita delante del hombre que me encantaba.

El padre de ella que le voy a dar el nombre de Ariel se me acerco con una mirada desafiante y me toco el culo, yo ya estaba excitada, caliente, y el lo sabia y jugaba conmigo.

Ella se puso atrás mió apoyándome sus pechos y comenzó a besarme la nuca, que es uno de mis puntos débiles, empezó a bajar por mi espalda y el adelante mió, comenzó a besarme, su boca se unía a la mía, me comía, me devoraba, me degustaba, nuestras lenguas estaban en contacto, y se me escapo un leve gemido, y los gemidos se hicieron notar cada vez mas y mi respiración se hizo cada vez mas entrecortada y me empezaron a sobrevenir los espasmos.

Termine teniendo mi segundo orgasmo con mi amiguita y el padre de mi amiga y me encanto.

Repetimos eso por 6 meses más pero después ella se tuvo que mudar por que su papa consiguió trabajo en el interior y la deje de ver pero siempre me acuerdo de ella.

Espero que les haya gustado mi relato, perdón que no di muchos detalles de ellos dos pero así me salio.
16/03/2006 20:26 Autor: relatosporno. Enlace permanente. Tema: Relatos Lesbicos Hay 3 comentarios.

Me gusto mucho

Mi nombre es Andrés y tengo 24 años y a continuación les contare mi historia. Bueno contarles que soy "creía" hetero tengo una novia hace 6 años muy linda tenemos una vida sexual muy escasa por falta de oportunidad ya que vive con sus padres que son muy aprensivos, aunque, cuando podemos nuestro sexo es muy intenso y fuerte ya que yo soy muy ardiente y me gusta experimentar. Todo marchaba normal hasta que conocí el mundo de Internet, los Chats, los Relatos, etc. Mi curiosidad me hizo entrar en una sala de Chat para bisexuales donde conocí muchas personas que solicitaban gente con cámara. No importaba el sexo y en una oportunidad acepte, eran hombres de todas partes y edades al principio me pareció impactante ver hombres pidiendo que me masturbara junto a ellos, me pedían que les mostrara mi verga y todo mi cuerpo mis pectorales, mi culo todo era muy raro pero me comencé a excitar y me calentó ver a otros hombres calentándose con mi cuerpo. Esto comenzó a despertar mi curiosidad, por saber como reaccionaria. Me gustaría? No me gustaría? No sabía pero la idea comenzó a excitarme mucho, la idea de sentir un hombre desnudo junto a mí tocándome y abrazándome.

Comencé a buscar contactos cerca para un encuentro real, pero no encontré a nadie y comencé a averiguar lugares donde se juntaran hombres pero descubrí en unos relatos el mundo de mujeres con pene “Transexuales” y me calentó de sobremanera, mi deseo de encontrar un trans en Santiago me llevo a una avenida llamada Providencia una “mujer” hermosa alta, delgada de verdad muy linda, la mire un par de noches yo sabia que era una trans pero de veras parecía una chica. Una noche sale del trabajo y me senté cerca de donde estaba a diario cuando para mi sorpresa sentí cuando un perfume riquísimo se sentó junto a mi voltee y era ella. Me dijo que se había percatado de mis miradas y yo respondí que me gustaba mucho, hablamos unos minutos, me confeso de inmediato tu secreto pero ya lo sabia y le dije que no me importaba y era la razón de mi interés en ella. Nos fuimos en un taxi hasta un motel que ella conocía, entramos en la habitación y en ese momento me sentí muy nervioso pero ella me calmo diciéndome que no me arrepentiría ese comentario me hizo arder.

Me comenzó a desnudar con mucha ternura y mi calentaba verla e imaginarme lo que pasaría en un rato, bajo mis pantalones y la ropa interior mi verga estaba hinchada la saco y la introdujo en su boca y comenzó una mamada como no había sentido antes. Era maravillosa como lamía mi verga era una experta luego se puso de pie y comencé a quitar su vestido y dejarla en ropa interior tenia unas tetas enormes y un culo perfecto comencé a besar sus tetas mientras tocaba sus nalgas la lleve ala cama y le quite el bracier baje su tanga sabia lo que venia pero no me imagine nunca mi reacción, la tome con las 2 manos y comencé a chupar de manera salvaje me gustaba sentirla dentro de mi boca se erecto y creció mucho creo que lo hice bien. Estaba buenísima me recostó en la cama y se puso sobre mi pero de cabeza fue el 69 mas caliente de mi vida era increíble verme con esa linda verga en mi boca mientras otro hombre lamía la mía, le metí un par de dedos mientras se lo chupaba y creo que le gusto se movió se acostó de espaldas a mi lado y me dijo ponte sobre mi y puso sus piernas en mis hombros con su mano acomodo mi verga en su ano que estaba muy caliente y lo introdujo lentamente yo solo disfrutaba de manera increíble me apretaba las nalgas mientras su verga dura me rozaba el estomago, lo envestía con fuerza mientras me decía que mas fuerte yo solo obedecía ya no soportaba mas la acomode como perrito y la penetre una y otra vez hasta que no aguante mas y acabe dentro de su trasero.

Fue genial caí a su lado y me dijo que lo masturbara yo muy excitado le dije que aria algo mejor me arrodille y empecé a chupar con muchas ganas no se pero la encontré deliciosa me volvió loco cuando me tomo la cabeza y me empujaba hasta hundir toda su verga en mi boca , se puso de pie y parece que su verga creció mas ya no cabía en mi boca me pidió que me recostara torso en la cama y dejara las rodillas en el suelo de inmediato supe lo que venia pero estaba muy prendido y no me negué mi culo era virgen y me asustaba el dolor. Comenzó con un masaje riquísimo en mi entrada, sus dedos mojados con mi leche que salía de su ano era algo fascinante, luego me hizo alucinar cuando acerco su cara a mis nalgas y su lengua maestra comenzó a recorrer mi orificio fue una sensación increíble estuvo así un rato luego la introdujo y la movía dentro de mi, mi verga creció denuedo era muy rico sentir algo así dentro de mi yo quería mas mi ano estaba dispuesto y entrado. Cuando puse su verga en mi entrada separo mis nalgas y comenzó a empujar muy despacio sentir como mi ano le habría paso a esa rica verga, sentí un dolor terrible pero que se fue muy rápido y se convirtió en un placer inmenso.

No se si solo era la penetración o el hecho de sentirme dominado como una mujer envestida por su hombre me tomo de las caderas y comenzó e envestirme con mas fuerza yo estaba al borde del colapso y un placer enorme me recorrí, me golpeo las nalgas y me tomaba del pelo mientras metía su verga hasta el fondo de mi , me dijo que me masturbara mientras me ensartaba y yo obedecí era excitante sentirme mujer una puta , creo que era lo que necesitaba sentir de pronto con un remezón entre mis gemidos y los de ella sentí algo muy caliente dentro de mi salía de mi ano acabo dentro de misado su verga y me dijo que lo lamiera mientras de mi ano caía su leche con la boca limpie todo lo que quedo en su verga saca todo me dijo y lo hice con mucho gusto me excito el sabor de su leche y acabe denuedo nos quedamos unos minutos y nos despedimos.

Mis dudas estaban aclaradas me encanto estar con un hombre. Fue la experiencia mas increíble de mi vida desde entonces e querido experimentarlo denuedo seguiré buscando nuevas experiencias que me den placer un hombre con experiencia es mi nueva curiosidad un hombre mayor que me haga sentir y espero contárselas algún día.
16/03/2006 20:27 Autor: relatosporno. Enlace permanente. Tema: Relatos Transexuales No hay comentarios. Comentar.

Si lo buscas, lo puedes encontrar

Después de haber disfrutado ya dos veces con hombres, decidí ir a buscarlo sin tener mas historias que el puro sexo. Entre en un chat de gente Gay de la zona y busqué directamente. No tuve problemas. Hay una zona donde al anochecer, la gente va allí a lo que va. Se trata de una zona donde hay unos aparcamientos para la gente que va durante el día a la playa, y con unos pinares junto a ellos, con varias pistas y caminos por su interior. Por estas pistas la gente suele ir andando sin rumbo, cruzándose entre sí y jugando con los cruces de miradas, si hay rollo se siguen al interior de los pinares y a gozar del momento.

Decidí ir al lugar, había bastante luz, al haber bastante luna. Di una vuelta con el coche por los caminos para ver un poco el ambiente. Iba despacio y cada vez que me cruzaba con alguien, veía por el retrovisor como se giraban y miraban a donde iba. Al menos ví a 4 personas. Cuando regresaba al aparcamiento, vi a un coche entrar en un pinar, parando allí dentro y apagando las luces. Eso haré, pensé, así desde el coche veré el movimiento de gente y sabré lo que tengo que hacer. Me metí en la siguiente pista que vi y apague las luces. Desde allí veía el camino, la entrada al aparcamiento y entre algunos árboles, al otro coche que había entrado antes.

Vi que en el coche se encendió la luz interior unos momentos, y pude ver que había dos personas sentadas. Se apagó la luz y ya solo pude ver el resplandor de dos cigarrillos que estaban fumando. Por el camino vi pasar gente, todo hombres y todos solos en ambos sentidos. Alguno se quedaba mirando hacia mi coche y continuaba después.

La luz del otro coche se volvió a encender cuando una persona abrió la puerta. Acerté a ver que eran dos hombres. El que abrió la puerta se soltó el cinturón y se bajo el pantalón para ponerse a orinar y me fijé que cuando acabó, no se volvió a cerrar el pantalón, entró en el coche con el pantalón abierto. La luz aún no se había apagado del todo cuando el otro hombre se acercó a él y me pareció ver que le besaba en la boca. La luz acabó apagándose. ¡Joder!, esos ya van a follar, pensé. La idea me excitó, así que me aflojé el pantalón de chándal y comencé a tocarme mi polla. Imaginaba lo que estarían haciendo en el otro coche y eso me excitaba más aún.

La polla la tenia ya a mil de pensar en los del otro coche y de la paja que me estaba haciendo, así que recliné mi asiento todo lo que pude y me quedé tumbado en mi asiento. La noche era espléndida, buena temperatura, musiquita de fondo, estaba cómodo en el asiento..., así que me decidí por terminarme yo mismo una buena paja y luego ya vería. Me bajé hasta los pies el chándal y el slip, encendí un cigarro y me dispuse a gozar; abrí del todo la ventanilla de mi lado para que saliera el humo y poder echar la ceniza.

Aquella paja me estaba gustando si, me la hacía lentamente para gozar del momento, quería que durara. Acabé el cigarro y me incorporé un poco para encenderme otro, para ello encendí un momento la luz interior del coche y aproveché a quitarme la camiseta. En el camino había un hombre mirando hacia mi coche. Apague la luz y me volví a tumbar. Estaba en una nube y yo solito. Me estorbaba todo así que como no había nadie me desnude completamente y apoye los pies por encima del volante en el salpicadero. Estaba totalmente entregado a mi polla, acariciándola con mucha suavidad.

Eo, que ha sido eso, me dije, algo oscuro me había parecido ver cerca del coche, me incorporé un poco y miré alrededor del coche, no vi nada, pero pensé, igual ha pasado alguien, y la sola idea de que me podían haber visto me excito aún mas todavía. Decidí volver a como estaba y ya no pensé mas en los del otro coche, ahora pensaba que me estaban viendo a mí, aunque no sabía si era cierto.

Volví a poner las piernas en el salpicadero y apoye la rodilla en la ventanilla quedando por fuera. Estaba totalmente abierto de piernas, acariciándome ahora ya por todo el cuerpo, completamente desnudo, protegido por la noche. Giraba la cabeza a los dos lados, ¡esperaba que hubiera alguien!, y si, no tardó en aparecer alguien, a través de una ventanilla, pude ver una sombra que se acercaba lentamente, hice que no lo vi, y seguí acariciándome, mi polla lo sabía, estaba durísima, así que no me dedique mucho a ella, quería que durara el momento de ser visto.

La sombra se acercó más y mas, hasta estar pegado al cristal, no se distinguía bien, pero me daba igual quien fuera. Cerré los ojos y di una calada al cigarrillo, con la cara hacia el cristal, para que pudiera ver que no le veía y se dio cuenta, al poco hoy el ruido que hacia aquel desconocido mientras se masturbaba; se había puesto justo en la ventanilla abierta. Desde allí podía verme completamente entregado a mis caricias.

Sin decir nada, noté como el hombre acercó su polla y la apoyo suavemente en mi rodilla, no me moví. Sentía el calor de aquella verga acariciando mi pierna, y la situación me excitaba. Deje que lo hiciera. El hombre acercó ahora su mano y me acarició el muslo muy suavemente, estaba claro que no tendría problemas para ello, me acariciaba muy suavemente, acercándose cada vez más por la parte interior del muslo hacia mis huevos. Los rozo levemente y el sentirlo, hizo que mi polla diera un respingó de placer. No dije nada y el hombre ya no paró, al ver que no me apartaba, se entregó a acariciar mis huevos y rozar con uno de sus dedos, el ojete de mi ano. Acariciaba con mucha suavidad y me estaba gustando. Ya no podía más y comencé a masturbarme ya directamente. El hombre seguía y ya no podía parar, metió la cabeza por la ventanilla y acercó la otra mano a mis pezoncillos pellizcándolos levemente, me acariciaba todo el cuerpo, me sobaba completamente. Dejó mis huevos y asió mi polla con su mano izquierda, se agachó y comenzó a chuparme primero suavemente el capullo y luego metiéndosela en la boca, comenzó a mamarla como un poseso y fuera la ultima polla del mundo.

Estaba yo ya más que caliente con todo el rato que había estado con mi polla en erección, así que no tardé nada en correrme. El hombre al notar que salía mi leche, se apartó, ayudándome a terminar con una buena paja, hasta que ya no salió ni una gota, permaneció así un rato acariciándome, hasta que dijo - ahora tu - ¡Joder!, ¿ahora yo? Pensé, nunca había hecho nada, pero recordé lo que me dijo el chico de no hacer nada si te hacían así que me incorporé y me acerque a la ventanilla, delante de mi cara estaba aquella polla que había acariciado mi pierna. Sin mirar al hombre, estiré la mano y la cogí - ¡Tenía una polla en mi mano y no era la mía!, comencé a masturbar a aquella persona muy suavemente, estiraba la mano hasta acariciarle los huevos y la recogía para seguir con el movimiento típico de masturbación, no sabía como hacerlo, pero no importó mucho, el hombre se empezó a correr casi de la misma; su semen caliente caía por mi mano y yo seguía, sabía que no debía parar. Su corrida no duró mucho y el hombre, ya con su polla relajada, se la limpió sobre mi brazo y sin decir nada, como vino se fue.

Me fumé otro cigarro ahora ya muy tranquilo, ya me daba igual la gente del camino, había gozado y no todo me daba igual. Me vestí tranquilamente y me marché a casa. Por supuesto de esto a mi mujer tampoco le dije nada.
16/03/2006 20:28 Autor: relatosporno. Enlace permanente. Tema: Relatos Gay No hay comentarios. Comentar.

Eddie y yo

Estaba sentada en mi estudio, acariciándome el pecho cuando de repente oí el motor de lo que parecía ser una gran moto. No pude evitarlo, me asomé a la ventana y allí estaba lo que nunca pude esperar, pelo blanco y largo, una cara monstruosa al igual que morbosa, una chupa de cuero negra, unas grandes botas y la mejor moto que yo hubiera visto jamás. Y una voz oscura que me gritó:

- Baja Rubia!

A pesar de mi mirada de dominación y fogosidad, lo que se escondía en mí era una plena sumisión al que aquella noche sería completamente mi amo.

Bajé, con una mirada húmeda y calurosa me subí en su moto, agarré su cintura, la acaricié, baje a sus piernas, a sus ingles, y con la punta de mis dedos toqué entera su berga.

- ¿Cómo debo dirigirme a ti encanto? - le pregunté.

Y él contestó:

- Me llaman Eddie.

Me dejé llevar, que cachonda me ponía el aire en mi cara, la velocidad, su trasero y mi delantera rozándole el cuero que cubría su espalda. Y de repente allí estábamos, bajamos de la moto y sonó su mano contra mi culo, me giré, y mi cara era la de una gata dispuesta a amamantar a uno de sus felinos con todo su cuerpo. Entramos a aquel extraño lugar, una sala de conciertos abandonada, con el escenario semi-quemado y casi en ruinas.

- Nena, ¿Quieres algo?.

- Si, una birra, que te hagas un peta, pones heavy metal, ven aquí y vamos a dejarnos de mariconadas.

Y así todo lo hizo, y mientras su pose y su mirada me hacían sentirme asustada a una distancia tan corta, y no supe que hacer, solo se me ocurrió bajarme los pantalones, las bragas y acariciar mis mojados labios, su expresión parecía más calmada y a la vez más expectante. Me quité también la camiseta, y el sujetador, le acerqué uno de mis pechos a la boca, con un piercing en mi pezón y él empezó a mamar, como el gatito que necesita sobrevivir de su madre.

Cada vez yo me sentía más mojada... Pero yo también quería alimentarme. Así que lo desnudé, y con las manos sobre el suelo, como una perra, empecé a chupar suavemente su verga. “Cariño”, le dije mientras acercaba sus manos a mi pelo:

- Guíame, métemela hasta dónde tú quieras.

Y yo me dejaba guiar por él, me encanta chupársela, era mi golosina preferida, me encantaba que me apartara la cara y me restregara su polla por dónde quisiera, que jugara conmigo, me sentía cómo una niña que se tiene que comer toda la verdura para que le den su piruleta como postre.

Luego empezó, suave y luego más fuerte, sentía su capullo en la punta de mi garganta, yo le miraba sumisa y a la vez cachonda y mis ojos le decían: si cariño, sigue así, y fóllame por la boca. Apartó su polla de mi cara por última vez, y allí lo soltó todo, y yo obediente y muy caliente me lo tragué con mucho gusto, levanté la cabeza y su leche resbalaba por mi barbilla hasta perderse en mi pecho. Menuda descarga.

Tiempo después, mientras seguíamos bebiendo y escuchando heavy metal su polla volvía a estar dura, se levantó imperioso ante mí, me abrió las piernas de par en par, me chupó el coño, y sentí que tenía la mejor lengua que yo jamás hubiera probado. Luego me metía el capullo y me lo sacaba, me lo metía y me lo sacaba, así sucesivamente hasta que de un golpe seco sentí toda su verga dentro de mí. Con mi aliento en su cuello, mis manos en su espalda y sintiendo que no podía más tuve el valor de cogerle la cara, mirarle de frente y decirle:

- Fóllame con más ganas joder! Métemela hasta el fondo del coño! No me seas nenaza!.

Y así lo hizo, me cogió las manos y empezó a follarme, a follarme sin parar, casi me hacía pegar votes del suelo, sentía que su polla sujetaba todo mi cuerpo y lo levantaba, yo gritaba, él rugía y me desperté frente a aquella bandera... Y tenía los cilindros muy duros y mi coñito muy lubricado.
16/03/2006 20:31 Autor: relatosporno. Enlace permanente. Tema: Jovenit@s No hay comentarios. Comentar.

23/03/2006

Sorprendidos en el baño

Ya era casi por la tarde. No había tenido la oportunidad de acercarme a él y decirle lo bello que estaba. Su pelo negro, su piel clara y sus ojos azules. Después de haberle hecho el amor por primera vez el día anterior, no habíamos podido decirnos nada. Nos besamos, nos abrazamos, nos quisimos... y después me fui corriendo hacia mi casa y él para la suya. Llegué esta mañana con nerviosismo, pero él ni siquiera reparó en mí.

En la facultad, fantaseaba con la relación del día anterior. Mi verga se ponía dura y mojaba levemente mis pantalones... Sufría por verlo ahí y no poder tocarlo. El profesor tuvo que salir de repente y los compañeros se deshicieron en travesuras. Me acerqué al pupitre y tomé asiento detrás de él. Leía apaciblemente un libro de terror. Soplé en su oído y le dije lo bello que se veía. Él volteó su rostro mirándome con sorpresa y me sonrió. "Tú también luces hermoso".

- No puedo dejar de pensar en lo de ayer - le confesé.

- Yo tampoco - me dijo dulcemente.

- Vamos al baño - le propuse.

Él se levantó y me siguió. Salimos sigilosamente por la puerta, cruzamos el pasillo y entramos al baño. Por suerte no había nadie. Cerramos la cerradura de la puerta.

Lo lancé contra la pared y le quité el libro. Besé sus hermosos labios en lo que lo acariciaba rudamente por el cuerpo. Desnudé su torso lamiendo con ímpetu su pecho, sus tetillas... Lo miré a los ojos, esos ojos profundos, y metí mis manos dentro de sus pantalones y lo pegué a mí mientras lo agarraba por las nalgas. Pegué mi pene ya erecto al suyo y me moví par de veces hacia él como si penetrara a una mujer. Él gimió lanzando la cabeza para atrás y cerrando los ojos. Olía a perfume de hombre, una exquisitez absoluta.

Bajé sus pantalones y luego lo abracé inclinándolo hacia el piso. Lo puse amorosamente en el suelo y fui descendiendo hasta su verga dura, hermosa y limpia. Besé la punta y lamí todo el tronco hasta llegar a sus testículos. Olía tan rico. Olor a macho, a hombre limpio y cuidado. Agarré su polla en mi mano y me la introduje en la boca. Subía y bajaba por ella. Él sostenía mi cabeza con sus manos y de vez en cuando apretaba los dedos en señal de placer. Sus ojos estaban cerrados, la boca abierta... Tenía las piernas muy separadas, podía verle el recto. Baje hacia él. Clavé mi lengua en su agujero y volvió a gemir. Le ensalivé el ano preparándolo para poseerlo.

Me quité el pantalón y me puse encima de él. Subí sus piernas y rodeó mis caderas con ellas. Lo volví a mirar a los ojos. Él estaba temblando.

- ¿Estás nervioso? - le pregunté.

- Alguien puede entrar.

- Mejor, así tenemos público. Sería más excitante.

-Y o no puedo sentirme más excitado de lo que estoy en estos momentos - me dijo con la voz entrecortada.

Sentí una enorme felicidad. Lo besé mientras introducía mi miembro en su ano. Suspiró de repente, mezcla de dolor y gozo. Tomé sus manos y las mezclé con las mías sobre su cabeza. Empecé el mete y saca con deleitable suavidad. Lamía su rostro, su cuello, sus orejas... Él me devolvía las caricias con delicia. Mis caderas estaban en un exquisito ritmo de amor, enterrando mi pene en su cuerpo, haciéndome uno con él como el día anterior. Ese cuerpo caliente y hermoso me recibía con aceptación y humildad.

Me acercaba al orgasmo. Aceleré el ritmo de las embestidas hasta que eyaculé dentro de él. Traté de ahogar el grito, pero se me escapó. Sentí un alivio cegador riquísimo. Él esperaba pacientemente debajo de mí. Le sonreí. Puse mi mano en su mástil caliente y duro. Lo acaricié. Me acomodé a su lado y lo empecé a masturbar mientras lo besaba con cariño en su rostro. De pronto alguien trató de entrar al baño. Yo aceleré el ritmo de mi mano en su miembro hasta que se vino en silencio. Atrapé el semen que botó y lo limpié en mi camisa blanca. Tocaban en la puerta.

- ¡Un momento! - grité.

Me levanté y me puse el pantalón lo más rápido que pude mientras él se vestía también.

- ¡Abran! - exclamaron.

Fui hasta la puerta, contuve el aliento y la abrí. Era mi profesor.

- La puerta se trancó - le dije.

Él me miró de arriba a bajo y desvió sus ojos hacia mi hermoso amante que acababa de recoger su libro del piso.

- Antes de que regresen al salón, asegúrense de arreglarse la ropa, peinarse y enjuagarse la cara. Yo iré al baño de la sala de facultad. Con permiso - dijo y se fue.

Yo no podía creer lo sucedido. Me empecé a reír.

- Habrá que traerle una manzana mañana - dije.

- Asegúrate de traerle todo el cesto - dijo mirándome -Yo te doy la mitad del dinero.

- Pues yo quiero algo y no es dinero ni la mitad de ese algo.

- ¿Qué es, entonces? - me preguntó.

- Tu corazón.

Sonrió.

- Ya lo tienes - dijo sonrojado -Tienes mucho más que eso...

- Lo sé. Tu también.

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23/03/2006 20:32 Autor: relatosporno. Enlace permanente. Tema: Relatos Gay Hay 1 comentario.

Buscaba una mujer y encontré un...


No es que yo tenga un cuerpo perfecto. Desde luego no soy un “chico 10”, pero lo cierto es que tengo bastante éxito con las mujeres; no sé, quizás se pueda decir que soy atractivo. De cualquier forma, si me propongo salir una noche por ahí y acostarme con una mujer conocida o desconocida, lo consigo sin gran esfuerzo. Ese día en concreto, un viernes por la noche, fui a mi garito habitual. Yo estaba poco animado ya que la jornada laboral había sido algo complicada y lo único que pretendía era tomar un par de copas. Me senté en la barra a beber y charlar con un amigo. Al rato entraron en el local tres chicas desconocidas que, por supuesto, no eran clientas habituales. Las tres eran muy atractivas, pero una de ellas destacaba enigmáticamente. Tenía un cuerpo exquisito; su vestido ajustado de minifalda permitía admirar sus perfectas curvas, especialmente sus jugosos pechos y su estrecha cintura. Pero tenía algo más, algo indefinido... quizás fuese su mirada profunda e hipnótica. Sea como fuere, lo cierto es que su visión me sacó del aletargamiento en el que me encontraba y decidí que esa noche intentaría algo más que tomar un par de copas. Comencé a posar mi mirada sobre ella sin ningún disimulo y al cabo de un rato, se percató de la situación. Sus ojos también se clavaron en mí; nos estábamos cruzando insinuaciones, observándonos y al final, deseándonos. Pasados unos minutos ella se separó inesperadamente de sus amigas y, sin quitarme la vista de encima, se dirigió a la puerta de salida. De inmediato salté como un resorte y la seguí. Estaba esperándome en la calle, en postura algo insinuante.

- Me llamo Sofía, ¿y tú?

- Rubén – contesté - No te conozco; no sueles venir por aquí

- Es la primera vez que vengo. Me gusta moverme mucho por la ciudad y probar diversos ambientes - dijo ella enigmáticamente.

- Ya. Bueno, ¿damos una vuelta?

- ¿A tu casa?

Me quedé un poco sorprendido por la rapidez de los acontecimientos.

- Sí, claro. Vivo cerca - acerté a decir.

Nos dirigimos a un barrio moderno donde se encontraba mi piso. La verdad es que yo marchaba bien económicamente. Soy soltero y mi sueldo es más que aceptable, así que mi piso está en una zona decente y es espacioso y bien amueblado. Abrí la puerta y entramos.

- ¿Quieres tomar algo?

- Sólo tu polla.

Volví a sorprenderme por lo realmente acelerado que iba todo, pero desde luego, no me resistí. Ella me agarró de la nuca y acercó mi boca a la suya. Literalmente enroscó su lengua con la mía, haciéndola reptar como una serpiente. Su saliva se mezclaba con la mía de forma salvaje. De vez en cuando separaba sus labios de los míos y un hilillo de saliva quedaba colgando entre ambos.

- Saca la puta lengua y ponla de punta - me ordenó.

Obedecí. La rodeó con sus labios y empezó a “mamar” mi lengua, acompasando los movimientos con los de su mano que me tenía agarrado el pelo de la nuca, moviendo mi cabeza de atrás hacia delante. De repente paró, separo su rostro del mío y me dijo:

- ¿Te gusta? Pues imagínate lo que puedo hacer con tu polla.

Sonrió maliciosamente y de nuevo me besó mientras me sobaba el culo, aunque mejor sería decir, mientras me amasaba el culo. Yo, por mi parte, ante tal intimidación intenté llevar la iniciativa y comencé a besar su cuello y a sobar sus tetas. Estaba disfrutando de un cuerpo perfecto. Ella me magreaba el pene con auténtica furia y mis pantalones no eran capaces de disimular mínimamente la más tremenda erección que había tenido en mi vida. La abracé con fuerza y me agaché ligeramente para cogerla del culo y a horcajadas llevarla a la cama... fue entonces cuando lo noté. En esa posición noté un enorme bulto que apretaba mi estómago. La bajé al suelo y me fijé en su entrepierna: una barra de carne se marcaba en su ceñido traje.

- ¡Joder! ¡Pero si eres un travesti! - dije entre sorprendido y asustado.

- ¡Cállate cabrón! - dijo.

Me agarró la cabeza he hizo que me agachara a la altura de su vientre. Sus brazos eran los de una mujer, pero tenían la fuerza de un hombre. En otras circunstancias (si enfrente hubiese tenido un hombre de verdad), me hubiese revelado, pero me encontraba en un estado de profundo asombro, curiosidad y, porque negarlo, de extraña excitación. Lo cierto es que consciente o inconscientemente, me dejé hacer. Sofía se remangó la minifalda de su ajustado vestido; su tranca saltó como un resorte. Era enorme: había escapado por uno de los lados de su minúsculo tanga negro. No tenía ni un pelo, estaba completamente rasurada, con unos huevos enormes y relucientes.

- Huélelo - ordenó apuntando la polla hacia mi cara.

Lo olí. Olía a hombre en cuerpo de mujer, olía a excitación, olía a deseo, olía a humedad ácida... olía a gloria.

- ¡Lámelo, cerdo!

Como hipnotizado, sin ser dueño de mis actos, lo hice. Le pegué un tímido lengüetazo, pero suficiente como para paladear su gusto. Entonces me di cuenta de lo que en realidad había en mi mente: el hipnotismo, la sumisión y la debilidad dieron paso al deseo en estado puro. Un solo lengüetazo sirvió para demostrarme que lo que yo deseaba era hacer correrse esa polla que tenía delante de mis morros. Sin dudar, metí en mi boca toda la longitud que pude de ese enorme falo. Jamás había chupado un pene, pero quizás algo instintivo me decía cómo hacerlo, así que comencé a lamer su miembro con auténtico deseo. Ello no debió ser suficiente para Sofía, ya que me cogió de la cabeza y empezó un rápido vaivén de sus caderas hundiéndome la polla hasta la garganta. Estaba medio asfixiado, pero por nada en el mundo quería yo rechazar esa descomunal tranca. Deseaba que se corriera en mi boca, así que intentaba sorber su glande como quien mama de una teta.

- Así, cabrón... así. ¡Chupa fuerte, cerdo! - me decía.

Yo obedecía. Su polla entraba y salía de mi boca a una velocidad increíble; en la comisura de mis labios se había formado una compacta espuma compuesta de mi saliva y sus fluidos. Su polla era la cosa más sabrosa que había probado en toda mi vida. De repente, paró sus caderas y me tiró hacía atrás del cabello, obligándome a mirarla.

- ¡Abre la boca, puerco! - ordenó.

La miré con curiosidad e incertidumbre, obedeciendo expectante. Se agachó ligeramente y escupió en mi boca.

- Vamos, sigue mamándola; ahora resbalará mejor. ¡Ja, ja, ja!

Así estuvimos un largo rato. La muy zorra no se corría a pesar de que yo ponía todo mi empeño en conseguir que soltase su leche. Al cabo de unos minutos volvió a tirar de mi cabello y separó mi cara de su miembro.

- Ahora me vas a lamer bien lamida.

Se acostó en la cama boca arriba y levantó sus piernas, ofreciéndome su polla, huevos y culo. Esa visión hizo que mi pene se pusiera aún más duro dentro de mis pantalones.

- Chupa mis testículos, hijo puta.

Me acerqué andando a cuatro patas hasta poner mi cara a la altura de sus huevos. Los lamí, los chupé; jugué con ellos, los sorbí, los embadurné con mi saliva y los lubrifiqué de tal manera que si me hubiese metido la polla en mi culo, habrían entrado también. Instintivamente, bajé mi lengua hacia su ano. Me detuve unos segundos a lamer la base de sus testículos y desde allí pude ver como su atractivo esfínter se contraía y se relajaba como intentando llamar mi atención. Aquello desprendía un olor dulzón e hipnótico. No lo dudé un instante y recorrí con intenso lametón el orificio de su culo. Ella gimió levemente.

- Uuufff... siii... uuummm...

Otro lametón tras otro y sus gemidos aumentaron en número y en intensidad. Entonces decidí meter mi lengua en aquel resbaladizo y cálido agujero. Evidentemente, a estas alturas ya me daba lo mismo si lo que tenía delante era una mujer o un travestí. Es más, creo que estaba encantado con el hecho de que fuera un travestí. Sofía comenzó a mover sus caderas de una forma salvaje e infatigable a la vez que yo introducía la lengua en su esfínter. Ella estaba como poseída. Yo agarraba sus muslos con las dos manos mientras todos los músculos de mi cuello y de mi boca trabajaban al máximo para dar impulso a mi lengua, que jugueteaba como una serpiente con los pliegues de su agujero.

- Asi... cabronazo... más adentro... dame gusto... más... - chillaba incontroladamente

Estaba claro que sólo con mi lengua no conseguiría que se corriera, así que rápidamente lamí mi dedo corazón y se lo introduje sin miramientos hasta el nudillo. Nada, no encontré ni la más mínima resistencia. Agitando mi mano, comencé un rápido metesaca, pero era obvio que su ano necesitaba mayor atención. Metí otro dedo y luego otro más, de tal manera que mis tres dedos centrales estaban entrando y saliendo en su culo. Pero aún así no era suficiente. Utilicé el que creí era el último recurso: mi dedo meñique. Ella se retorcía de placer mientras, a excepción del pulgar, metía y sacaba todos los dedos.

- Más... necesito mucho más... puerco.

Quedó claro lo que quería, así que sin miramientos le introduje toda mi mano. Cerré mis dedos y comencé un frenético vaivén con mi puño dentro de su culo. El chapoteo era increíble; puño y medio antebrazo entraban y salían de su intestino sin ningún tipo de dificultad. Los jugos, la lubricación de su ano, mi saliva, nuestro sudor, el intenso chapoteo... todo era sexo húmedo y resbaladizo en su máxima expresión. Los movimientos de su cadera eran endiablados e increíblemente rápidos. Podía notar como su esfínter se cerraba de manera salvaje cuando yo llegaba al tope de su culo con el puño. En la sábana ya había manchas de casi todos los fluidos imaginables. Ambos aceleramos al máximo nuestros movimientos de tal forma que no me daba tiempo a ver mi muñeca. Al cabo de unos minutos, sin previo aviso, la situación reventó por donde tenía que reventar: Sofía arqueó su espalda y de su tranca comenzaron a salir chorretones de espesa leche. Aquello era indescriptible; borbotones y borbotones de lefa que caían en su pecho, en su cara, en su pelo, en la almohada... Uno de esos goterones fue a caer en su boca de tal manera que se lo tragó, sacando luego su lengua y pasándola por la comisura de sus labios en busca de más esperma que saborear. Más de una docena de chorretones salieron de su descomunal polla; hasta sus cojones parecían haberse deshinchado.

- Uuufff... que cerdo y que cabrón que eres... Has hecho que me corra...

Aquel espectáculo hizo que yo perdiese la noción de todo lo que me rodeaba y llenó mi mente de auténtica lujuria. Mi polla estaba a reventar. Allí estaba yo, tumbado boca arriba, arqueando mi espalda, moviendo mis caderas y convulsionando mi bajo vientre... corriéndome en los calzoncillos y pantalones que aún no me había quitado. Fueron momentos de placer infinito. La foto era elocuente: encima de la cama el travestí más bello del universo desnudo, con su descomunal y ya flácida polla descansando sobre su vientre; el cabello lleno de gotas de semen; la almohada manchada y el cuerpo embadurnado de lefa, resbalando por su cuerpo sudado, entre sus pechos, su estómago y sus labios, exhausta. En el suelo, mi cuerpo desfallecido por el placer, jadeando del cansancio y del éxtasis, con una enorme mancha en la entrepierna de mi pantalón. Así permanecimos unos minutos que a mí me parecieron una eternidad. De repente, Sofía saltó de la cama y, con una soltura tremenda, me desnudó. Ella era infatigable. Me colocó a cuatro patas y empujó. Pude sentir como aquella inconmensurable vara me rompía el culo sin piedad. No me resistí. Noté como los jugos que acumulaba en sus tetas y estómago resbalaban por mi espalda. Entonces, en medio del placer indescriptible que sentía, tuve dos pensamientos fugaces: uno; todo aquello era el máximo nivel de lujuria y desenfreno que yo podía alcanzar. Dos; me sentía afortunado porque el ser más bello que puede existir sobre la faz de la tierra (es decir, un perfecto rostro y cuerpo de mujer pegado a un excepcional pene) me estaba empalando sin miramientos. Y aquello, no lo voy a negar, me gustaba.

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23/03/2006 20:34 Autor: relatosporno. Enlace permanente. Tema: Relatos Transexuales No hay comentarios. Comentar.

Chantaje de mi sobrina


Todo sucedió cuando me despidieron de mi trabajo por mantener relaciones con la secretaria de mi jefe. Yo no le dije nada a mi esposa pues como trabajo de representante y cobro buenas comisiones y además debido a que otras empresas del sector estaban interesadas en contratarme llegué a un acuerdo para que en vez de subirme el sueldo en la hoja de salarios me lo subieran en los incentivos, con lo que siempre podía hacer algunos morillos a mi esposa. Con lo que tenía guardado de comisiones no dije nada en casa y me dedique a presentarme en las empresas que me habían querido contratar con anterioridad y cuando conseguí un trabajo, lo cual no me costo mas de una semana, dije en casa que me habían ofrecido el trabajo y que había aceptado, pero que tenía que empezar a trabajar a primeros del mes siguiente, con lo que dispondría de unos 15 dias libres.

Al cabo de unos días mi cuñada que tiene un negocio de venta de artículos de bazar, me pidió que si les podía hacer el favor de ayudar a mi sobrina de consolidar un recuento exhaustivo del material que tenía en la tienda pues ellos se iban a ir a Madrid a la feria para hacer una serie de compras para preparar la campaña de Navidad, yo accedí por supuesto y así empezó todo.

El primer día y mientras Yo me estaba mirando en el programa de ordenador como tenían clasificado el material y al encontrar cosas que no me cuadraban le pregunté a mi sobrina unas cosas y ella muy amablemente me las empezó a explicar pero con una proximidad extrema, tengo que decir que mi sobrina esta pero que muy buena, tiene 18 años recién cumplidos y tiene un par de tetas de impresión un culo espectacular y se le marca siempre el monte de venus, pues lleva unos pantalones muy ajustados, pero volviendo a lo de antes, me quede muy sorprendido pues me aplasto sus tetas contra mi espalda, cuando no era necesario, y yo me aparte un poco, pero ella insistió y yo se lo reproché, pero su contestación fue que si seguía con esa actitud ya me podía marchar, y que hablaría con la Tia para explicarle las autenticas causas de mi despido. Yo me que perplejo y le dije que por que me decía eso si no me había despedido de nadie, a lo que ella me contestó que la secretaria de mi jefe es muy amiga suya y ya hacia tiempo que sabía que nos lo montábamos juntos. Le pregunté que pretendía y me dijo que tranquilo que no me iba a pedir que la desvirgara, pues ya lo estaba pero que quería comprobar todo lo que su amiga le había contado y nada mas acabar de decir eso me puso la mano en mi entrepierna y masajeándome mi polla para que me empezara a crecer.

La verdad es que no le costo mucho pues con ese par de tetas enfrente mío y su mano en mi paquete en cuestión de segundos estábamos subiendo al almacén. Mi sobrina tomo toda la iniciativa y me dijo que me dejara hacer para que luego pudiera decir quien me ponía más, si ella o su amiga. En un momento me había bajado la cremallera y me sacó toda la polla la cual se metió en su boca y empezó a chupar con verdadero celo, entonces paro y me bajo por completo los pantalones y los calzoncillos, yo le intente bajar los pantalones tambien pero me dijo que esperara un poco y me la siguió chupando, yo le metía mano por toda su entrepierna y le apretaba el coño le mordía las tetas y le intentaba meter la mano por donde podía y ella solo decía tranquilo déjate hacer ya me disfrutarás mas tarde, y seguía chupando, se metía los huevos en la boca los sacaba se metía toda la polla y me acariciaba el ano con un dedo, la verdad es que me estaba poniendo a cien y yo ya estaba que no aguantaba más por lo que le dije que ahora me tocaba a mi. Entonces ella y con no muy buenas ganas se dejo bajar el pantalón y el tanga, le quite el top y la deje totalmente en pelotas, y joder que buena está. la puse de rudillas enfrente mío y le di un largo beso, que bien movía la lengua, me puso fuera de mi pero me aguante pues quería que sufriera y disfrutara como yo. Le puse la mano en su coño y se lo apreté un poquito y con el dedo índice le fui separando los labios y le rozaba el clítoris y le entraba por el agujero de la vajina sin dejar de besarnos luego le metí dos dedos y empecé a entrar y a salir con lo que ella se empezaba a mover de una forma sensual, luego la estire en el suelo y le abrí las piernas, lo que vi me dejo atónito pues nunca habia visto la raja del coño depilada y tan sonrosadita, me acerque y le chupe el clítoris le metí la lengua dentro de su vajina y con un dedo le masajeaba el clítoris y con la otra mano le acariciaba el ano, notaba como jadeaba de placer y me pidió que se la metiera pues se quería correr con mi polla dentro a lo que yo le dije que se corriera así pues yo me quería beber todos sus jugos y que ya me la follaría mas tarde seguí unos segundos mas y se corrió de una forma brutal pues le tenía la lengua dentro y el su culo tenía dos dedos lo cual le dio un placer tremendo.

Cuando acabo y después de estar un rato mas chupándole el clítoris me pidió que se metiera en la boca pues quería sentir también lo mismo conmigo a lo que yo accedí pues estaba que se me salía todo y así fue, en cuanto se la metió en la boca me corrí como un poseso sujetándole la cabeza contra mi polla por lo que por poco la ahogo. Quedamos rendidos pero al momento empezó a chuparme la polla otra vez, pero le costo que se pusiera en marcha, pero cuando lo consiguió estaba mas gorda y dura que antes y le dije, ves por lo que valía la pena esperar.

Entonces mi sobrina se estiró en el suelo con las piernas bien abiertas y le puse la punta en la entrada de su vajina y apreté, no me costo demasiado entrar por lo bien lubricada que estaba de la corrida anterior y empezamos a follar como locos cambiamos varias veces de posición y ella tuvo tres orgasmos seguidos, cuando ya no podía más pues le dolía todo el coño me pidió que se la metiera por el culo pues ya que le había dado un placer que no le habían dados sus dos novios era justo que yo le desvirgara el culo, tengo que confesar que eso me excito mucho y le dije que seguramente le haría daño, pero que si ella quería para mi sería un placer inmenso, como no teníamos ni vaselina ni aceite le iba metiendo alternativamente un dedo en el coño y luego con sus jugos se lo metía en el culo, pero no era suficiente pues el coño se le estaba secando, entonces le puse saliva y ella me chupo la polla para que estuviera bien húmeda y entonces le metí el capullo, le dolió un poco pero me dijo que empujara un poco mas a lo que yo accedí y le di un pequeño empujón y me dijo que parara que le hacía mucho daño me decía que le quemaba pare un poco pero la presión que ejercía su culo contra mi polla hizo que no pudiera aguantar más y le dí un brusco empujón que hizo que se le metiera toda mi polla dentro de su culo dando un grito desgarrador que hasta a mi me asustó, nos quedamos en esa posición un rato y cuando le propuse sacársela me dijo que ni se me ocurriera, que ahora ya había pasado lo peor y que empezara a fallármela pues quería disfrutar, yo empecé poco a poco a sacarla y a meterla y al poco rato ya tenía el culo lo suficientemente abierto para poder follar con toda tranquilidad, y al poco nos corrimos los dos teniendo un orgasmo como nunca habia tenido, se la saque y mi sobrina me la cogió con su mano izquierda y con la derecha la acarició y le dijo que a partir de ahora te tendré muchas veces en mis manos, la limpio con un pañuelo y se la metió en la boca haciéndome una mamada que aun hoy después de haber pasado mas de un año aun me acuerdo. Nos vestimos y bajamos a la tienda para seguir con el inventario. Cada día antes de empezar a trabajar nos íbamos al almacén y nos pegamos un par de polvos y a trabajar. Mi sorpresa fue cuando volvió mi cuñada de Madrid y le presentamos todo el inventario acabado y me dijo, ahora tendremos que compartir dos secretos y me guiñó un ojo. Desde entonces cada semana paso un día por la tienda de mi cuñada y hacemos un pequeño balance del almacén, a veces con ella sola y a veces con ella y mi sobrina.
23/03/2006 20:37 Autor: relatosporno. Enlace permanente. Tema: Jovenit@s Hay 2 comentarios.

El coño de mi amiga para desayunar

A ojos de todo el mundo que nos conoce somos simplemente unas buenas amigas, inseparables. Realmente, a parte de eso también somos amantes desde unos meses. Que vayamos siempre juntas no es nada extraño y eso es una gran ventaja a la hora de dormir juntas y en consecuencia, disfrutar del sexo entre nosotras. Estudiamos en la misma clase, y ahora estamos de exámenes por lo que quedamos mucho para estudiar juntas. Esto que voy a contar ocurrió hace tan solo una semana.

Era domingo y teníamos examen el lunes, por lo que me desplace hasta su casa para dar un repaso a los temas. En su casa no había nadie puesto que habían salido todos de fin de semana. Llegué un poco antes de la hora prevista (ya que habíamos quedado con más gente) solo para despertarla en persona. Así que le llame al timbre y subí hasta su casa. Tenia cara de dormida, pues era relativamente pronto. Por supuesto me recibió en pijama y cuando abrió la puerta se fue directa a tumbarse otra vez a la cama, pero eso si, con una amplia sonrisa en la boca al ver que era yo y que había ido a despertarla.

Al verla así, acostada sobre la cama y prácticamente indefensa debido al sueño, no pude resistirme y la empecé a besar. Llevaba un pijama que solamente constaba de unos pantalones muy cortos y una camiseta de tirantes que dejaba entrever todo, ya que no llevaba ropa interior. Con los besos ya no pude parar, necesitaba seguir puesto que tenia ganas de ella. Así que le subí la camiseta y admirar sus maravillosas tetas. Tenia una talla 100 de pecho, claramente eran grandes. Sus pezones son redondos, rosados y muy proporcionados. Chupar esas maravillas es algo que me tiene enganchada. Es verlos y no poder aguantar el cojerlas con las dos manos, manosearlas, lamerlas, besarlas, comérmelas enteras y pellizcar sus pezones.

El ambiente iba subiendo de temperatura y ya no había marcha atrás. Ella sabia que cuando yo empezaba así no tenia ninguna intención de parar para nada, simplemente se limitaba a estar tumbada en la cama disfrutando de la situación. Le quite la camiseta y seguí ocupándome de su boca y su pecho. Pero al momento le quite también los pantalones, quedado desnuda ante mí. Era una imagen espectacular. Cada vez que veía a mi amiga así es que me volvía loca. Solo con eso yo ya me llegaba a poner pero que muy cachonda.

Empecé a jugar con su clítoris con un dedo, a repasar los labios y a enredarme por su escaso bello púbico. Mi boca estaba con la suya pero rápidamente empecé a bajar de forma que le lamí y bese todo el cuerpo, empezando del cuello y acabando en los pies. Su cara ya era de desespero, estaba haciéndome de rogar demasiado y me amenazaba con su mirada para que me centrase ya en su humedad vaginal. Por ello no lo dudé y puse mi cara entre sus piernas. Primero empecé con la lengua a acariciar suavemente la zona y con los dedos a jugar un poco. Me encanta el sabor que tiene en esos momentos, dulzon, muy suyo; y también verlo, pues lo lleva depilado como a mí me gusta, solo un poquitín de pelo que hace que sea una vista muy erótica. A los pocos segundos yo tampoco podía aguantarme mas, así que metí toda mi lengua en su húmeda cuevecita y a lamer como una loca para quedarme con todos sus jugos. Con las manos le tocaba las tetas y los pezones totalmente duros por la situación. No pensaba despegar mi cara de ahí hasta que no se corriese. Se la lamí toda entera, jugué con mis dientes con su clítoris, me recorrí cada centímetro de su concha a lengüetazos.

Hubo momentos donde mi lengua se perdía dentro de ella y era justo entonces cuando no podía reprimir los gemidos ni los espasmos, pues no paraba de mover las caderas. Me gustaba oír cada sonido que hacia en nuestros encuentros sexuales. Durante unos minutos estuve comiéndome todos sus jugos y saboreándolos, mis manos no paraban y mi lengua cada vez se movía más rápidamente. Iba a acabar con ella sin usar ningún dedo, solo con mi boca y mi lengua. Y ese momento no tardó en llegar. Su respiración se acelero mucho, sus gritos aumentaron su frecuencia aunque tuvieron que disminuir su intensidad por los vecinos. Sus caderas subían y bajaban de manera frenética. Yo tenia que hacer verdaderos esfuerzos por que mi boca no se despegase de su coñito en ese momento que tanto me gusta y con tantas ansias esperaba, el momento de correrse. Fue como una explosión, sus jugos aumentaron considerablemente. Yo no daba para tragármelo todo. Duró unos segundos, puso los ojos en blanco y se quedo como exhausta en la cama. Yo seguía lamiendo para limpiarlo todo bien. Me encantaba que se corriese en mi boca pero me rogó como pudo que parara.

Me situé a su lado en la cama y empecé a besarla con la pasión propia del momento. La pobre no podía ni moverse, su respiración seguía agitada, ese tipo de orgasmos la dejaban sin fuerzas. Cuando pudo me sonrió y me recordó lo mala que era cuando tenia un momento con ella, pero era algo que le gustaba. Otra ventaja de mi amiga es que es multiorgásmica, por lo que mis “buenos días” no habían acabado ahí. Cuando se recuperó y se iba a levantar a la ducha, yo no la dejé y la volví a tumbar en la cama de un solo movimiento. Me miró con cara de ruego para que no siguiese por donde iba, pero pensaba seguir de igual forma. Seguía bastante mojadita así que empecé a jugar con un dedo, que pronto tuvieron que ser dos porque uno solo apenas notaba nada. Después pasaron a ser tres. Los metía y sacaba de forma regular. Iba cambiando de ritmo, primero lento, después más rápido y luego lento otra vez. Por supuesto volvió a lubricar. Me gustaba porque lo hacia tan en exceso que sus jugos chorreaban por sus muslos y su culo y yo disfrutaba mucho pasando mis manos y mi lengua por esas partes.

Con lo mojada que estaba aproveche para meter uno de mis dedos por su culo y así estimular también esa parte. Era algo que si se le hacia bien hecho, le encantaba y yo lo sabia. Su cara era un reflejo claro de su excitación, así que comencé a un ritmo mas o menos rápido a meter y sacar todos los dedos. Un movimiento intenso y seguido. Yo mientras la besaba pero cuando sabia que no le quedaba mucho para volver a acabar, dirigí mi boca a su clítoris con el que jugué y lamí hasta que volvió a tener otro orgasmo. Ahora si que la dejé descansar un poco. No quería ser más mala, por ahora.

Ahora si que quería ducharse antes de que llegase la gente. Yo me levanté de la cama para que ella pudiese hacerlo, pero me cogió de los brazos y me dijo que quería saber como estaba yo después de cómo me había comportado con ella. Me metió la mano por debajo de la falda y aparto mi tanga. No le hizo falta buscar mucho porque rápidamente notó con los dedos lo mojadita que estaba yo, tanto que me chorreaba por las piernas. Me dijo que no pensaba dejarme así, que sería muy mala amiga si lo hiciese. Me tiró sobre la cama y me subió la falda, me quito el tanga y hundió su boca en mi entrepierna. Jugó un poco con su lengua y empezó a meter dedos en mi raja completamente húmeda. Yo quería morir del gusto. Había aguantado de forma heroica mientras acaba con ella, pero era mi turno y agradecía la dedicación que mostraba conmigo.

No tarde mucho en alcanzar el orgasmo. Notar su lengua y sus dedos como recorrían mi coño era una experiencia inigualable. Yo no paraba de gemir y cuanto mas rápido lo hacia, mas aumentaba ella el ritmo del metesaca de sus dedos en mi interior (a estas alturas ya eran 4 los dedos que tenia en mi interior). Me corrí al momento, en su mano y su boca, de forma incontrolada. Pronuncié un grito ahogado de puro placer. Adoraba aquel momento. Le supliqué que parara y se sentó a mi lado al borde de la cama. Me dio un apasionado beso y se levantó camino a la ducha. Como pude me recuperé. Ahora mismo yo también necesitaba una ducha y me dirigí al cuarto de baño. La pillé regulando el agua para meterse dentro y por supuesto, yo pensaba meterme a ducharme también, así que...

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23/03/2006 20:39 Autor: relatosporno. Enlace permanente. Tema: Relatos Lesbicos No hay comentarios. Comentar.

Fantasía sexual de una dentista

Es un martes cualquiera del mes…transcurre sin mayores incidencias un día normal más de trabajo en mi clínica dental ubicada en una colonia popular de Tegucigalpa, Honduras. Por un instante me cruza la mente un pensamiento involuntario: que últimamente mi vida no ha tenido mucha excitación, mucha aventura, nada digno de ser recordado como sensual o erótico, o al menos como más o menos interesante. Sólo rutina...

En fin, ya son casi las seis de la tarde y las primeras sombras del anochecer cálido caen sobre la ciudad mientras empiezan a apagarse los ruidos de la calle y se dispersan los gritos de los alumnos del colegio frente a mi casa. Por suerte para mi economía personal, durante el día tuve muchos pacientes, algunos de ellos nuevos que vinieron por un presupuesto. Me resta atender sólo a uno más que ya vino anteriormente una sola vez para una corta consulta diagnóstica y del cual no recuerdo demasiado.

El paciente que esperaba, finalmente llega y llama al portón enrejado de mi casa, salgo a recibirlo, veo que no ha venido solo, lo acompaña un amigo al que no conozco. No es una situación anormal; muchas veces mis pacientes vienen acompañados, y algunas veces el acompañante también termina convirtiéndose en mi paciente con el correr del tiempo. Ambos me saludan sobria y educadamente, y mi paciente se disculpa en forma cortés por un ligero retraso en el cumplimiento del horario. Como siempre, la culpa es del tráfico. Entran al parqueo de mi casa, esquivan dificultosamente el carro aparcado, ingresan por la puerta de mi pequeña clínica, invito a mi paciente a sentarse en el sillón dental y él, tras quitarse la chaqueta, se sienta.

Su amigo, en cambio, se acomoda en una silla de mi recepción, con la puerta abierta de mi clínica permitiéndole observar todo lo que ocurrirá allí dentro. también esto es más o menos usual.

Mi paciente está más silencioso que lo poco que recuerdo de él la primera vez que vino. Su amigo tampoco habla. A pesar de las muchas revistas en la mesita de la recepción, sólo mira atentamente hacia la clínica, hacia su amigo y hacia mí. Intercambio entonces con ambos unas pocas palabras formales para "romper el hielo" de la consulta. No me responde ninguno de ellos muy animadamente, siguen amparados en su mutismo y en su seriedad. Empiezo a pensar que son tímidos o introvertidos, que son la clase de personas que consideran desagradable cualquier visita a un dentista y que solamente desean que la revisión o el tratamiento finalicen en forma rápida para marcharse sin tener que “parecer agradables” por medio de alguna buena plática.

Empiezo entonces con el repetido ritual de revisar la boca de mi paciente. Para ello, como es habitual, me siento en una silla giratoria al costado del sillón dental, inclino mi cuerpo sobre él, e inevitablemente -ésto siempre ocurre- mis senos, hoy más evidentes que otras veces debido a que llevo desabrochada la gabacha dejando exhibir mi ajustadísima camisetita blanca sin brassiere, se acercan de manera peligrosa demasiado cerca del apoyabrazos del sillón donde descansa la mano inmóvil del paciente, que no la retira, dejándola allí como esperando algún contacto fortuito con mi seno.

Sé que en algún momento de éste repetido ritual clínico, todos mis pacientes pueden llegar a oler inconfundiblemente mi perfume, a sentir mi respiración silenciosa y hasta a escuchar débilmente el pulso nervioso de mi corazón por estar muy cerca de ellos, casi encima de ellos, al revisarlos. También sé que cuando -como hoy- llevo puesta una camisetita muy escotada, también inevitablemente mis pacientes recorren con su mirada el surco sensual y provocativo de mis senos a la altura de sus ojos. Y también sospecho que, casi siempre, todos ellos deben sentir el involuntario surgimiento de alguna nerviosa excitación erótica debido a mi inevitable cercanía en la intimidad y el silencio de ésta clínica.

En el caso de éste paciente, de repente advierto con algo de sorpresa que él me está mirando sin expresión muy insistente y atentamente. Pero también me sorprende descubrir que no me mira las manos, o mi ropa, o el instrumental. Tampoco me mira a los ojos. Mira sin ningún disimulo ni recato todo mi cuerpo, subiendo y bajando su vista y recorriéndome descaradamente. Me observa fijamente todo el contorno de mí muy bronceada piel expuesta, mira frontalmente mis senos que empujan claramente la fina tela de mi ajustada camisetita que asoma por entre los botones abiertos de mi gabacha de algodón, me observa las notorias turgencias de mis pezones apenas disimulados en la estrechez de la camiseta sin brassiere, me mira también sin disimulo la sombra de mí apenas separada entrepierna suave y bronceada asomando de mi corta y ajustada faldita, mira mis caderas aprisionadas demarcando la tela blanca y semitransparente de la falda... y sigue mirándome.

Me pongo de pie abruptamente algo nerviosa y con la extraña sensación de estar totalmente desnuda por su mirada inquisitiva, insistente e inexpresiva, y lo hago para buscar otros instrumentos lejos del sillón. Le doy la espalda durante unos pocos segundos mientras intento recuperar la calma ante lo manifiestamente sorprendente de la situación. Doy vuelta mi cabeza y miro fugazmente al amigo de mi paciente con la esperanza de que él estuviera leyendo alguna revista y que yo pudiera volver a iniciar con él alguna conversación intrascendente que aflojara la tensión emocional de ese momento. Pero advierto que también él me está observando con detenimiento en silencio desde la muy cercana recepción. También él me recorre impúdicamente con su mirada mi cuerpo de pié a escasos metros de él. Y tampoco deja de mirarme a pesar de que le sostengo la mirada durante unos segundos como para que se dé cuenta de mi molestia. Pero sigue viéndome descaradamente...

Vuelvo entonces, más inquieta y turbada aún que antes, a concentrarme nerviosamente en mi instrumental dándole por un corto instante la espalda a ambos hasta lograr recuperar la calma. Es entonces cuando el paciente, que hasta ese instante se había comportado en forma más o menos normal más allá de su mirada penetrante, se incorpora rápida y violentamente de un salto del sillón dental, se abalanza súbitamente sobre mí -que estaba de espaldas a él- sin decir palabra, me rodea fuertemente con ambos brazos inmovilizándome desde atrás, me cubre la boca y me sujeta fuertemente contra él con una de sus manos para evitar que yo grite y comienza con la otra mano libre desvergonzadamente a toquetear, a sobar y a manosear todo mi cuerpo comprimido contra el suyo, invadiéndome eróticamente con su mano sudorosa la tersa piel de mi cuello, mis hombros desnudos, mi pecho, mis senos demasiado palpables, libres y evidentes bajo la camiseta sin sujetador, mis caderas, mis nalgas, mis muslos demasiado visibles para ésta faldita hoy lamentablemente tan corta..... mientras yo siento de repente que no puedo moverme, que me abandonan las fuerzas y se congela toda voluntad y toda resistencia paralizada por la sorpresa y el miedo.

Logro ver esforzadamente la imagen del amigo de mi paciente, que prosigue sentado mirándome pero ahora se le asoma una sonrisa cruel y despiadada en el rostro. Saca de su mochila una cámara fotográfica y comienza a prepararla sin dejar de mirarme ahora en clara actitud morbosa y de oscura complicidad con lo que me está haciendo mi paciente. Mientras mi paciente me retiene con fuerza salvaje, el amigo deja la cámara sobre la silla de la recepción de mi clínica y se incorpora sin apuro, camina lentamente hacia nosotros, y también él frente a mí extiende ambas manos y me toquetea invasivamente todo el cuerpo con fruición y deleite, exhibiendo su torva mirada, primero muy lentamente y luego con desesperada dedicación. Me recorre y aprieta con total impunidad y libertad mis senos y mis caderas, mete sus dos manos violentamente bajo mi falda e invade inescrupulosamente mis muslos y mi intimidad más oculta con sus toqueteos mientras sigo inmovilizada.

Simultáneamente, casi al mismo tiempo de que el intenso manoseo a que tanto mi paciente como su amigo frente a mí sometieron todo mi cuerpo, mi paciente completa su propia excitación perceptible como un bulto duro, casi una inmensa piedra genital a la altura de mis nalgas, y sin dejar pasar ni diez segundos de tiempo, comienza a desgarrarme brutalmente la ajustada camisetita blanca -ayudado por la urgencia salvaje que muestra su amigo- dejando totalmente expuestos mis firmes senos desnudos a los que ambos aprietan y retuercen sin misericordia provocándome un intenso dolor; casi inmediatamente, mientras su amigo me retiene mis brazos, mi paciente mete torpemente desde atrás mío su mano libre entre mis piernas apretadas por debajo de mi minifalda, llega esforzadamente con sus dedos hasta mi entrepierna y entre ambos me arrancan hacia abajo la minúscula tanguita deslizándola brutalmente por mis piernas para luego explorar y hundir sus dedos por la delicada piel de los pliegues suavemente perfumados de mi vulva apenas rodeada de vello sedoso, hasta hacerme emitir un casi mudo grito de dolor mezclado con sorpresa y algo de placer que me sorprende a mí misma.

A partir de éste momento de total invasión de mi desnudez forzada, los dejo hacer sin oponer ya mayor resistencia.

El paciente, enardecido, casi fuera de sí, con su respiración jadeante y entrecortada, y sumamente excitado, me arroja sobre el sillón dental sin preocuparse más por cubrirme la boca durante un breve lapso porque su amigo se abalanza sobre mí desde la cabecera del sillón para volver a cubrirme la boca con una de sus manos, mientras con la otra me toma muy fuertemente de mis brazos y me los levanta hacia atrás y hacia arriba como si me colgara, y mientras mi paciente levanta bruscamente y sin cortesía mi corta faldita desgarrada exhibiendo ante él mi sexo desprotegido, me abre mis piernas ya flexionadas mientras se baja su pantalón y se acuesta pesadamente sobre mí; mientras sin descanso toca, manosea y aprieta torpemente mis senos que ya exhiben una notoria y vergonzante erección de los endurecidos pezones…Ya no me rebelo, no puedo, creo que no quiero, me siento flotando en una nube espesa y placentera, totalmente mareada, lo dejo hacer mientras un manto de extraño e inesperado disfrute sensual mezclado con miedo y erotismo me invade toda la piel del cuerpo.

Logro ver como en un territorio neblinoso y sordo la figura cercana del amigo de mi paciente que, sin dejar de cubrir mi boca con una de sus manos, se acerca por el costado del sillón dental donde yo permanezco inmóvil y en casi total desnudez ante ellos. También él pasa su otra mano por mis senos, los toca, los soba, los aprieta, los retuerce con fuerza, inclina su cabeza sobre mi pecho y me mordisquea salvajemente los pezones, se incorpora, recoge la cámara y comienza a tomar fotos de la escena.

El paciente entonces, acostado sobre mi cuerpo inmovilizado me besa torpemente los labios, me los muerde, pasa su lengua por mis senos y muerde también mis pezones sin ninguna suavidad, toca repetidamente y manosea en un ir y venir de su mano mis muslos y mi entrepierna desnuda ya casi irritada, luego toma con una mano su propio miembro ya totalmente rígido, y sin más preámbulos ni preparativos empuja violentamente con sus caderas sobre mí, y me lo introduce brutalmente en mi vagina apenas humedecida resoplando audiblemente con su boca entreabierta sobre mi cuello y mis oídos mientras escucho como en un sueño lejano las risotadas de su amigo y creo percibir los destellos fugaces del flash de la cámara fotográfica apuntándome

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23/03/2006 19:28 Autor: relatosporno. Enlace permanente. Tema: Relatos Eroticos No hay comentarios. Comentar.

Violé a mi novio dormido

Soy una niña mala. Aproveché una noche que Javi dormía y me le follé sin su consentimiento... Esa noche estaban mis padres en casa y mi novio dormía en la habitación de invitados. En mi casa son muy tradicionales, así que no podemos dormir juntos, aunque llevemos varios años como pareja. Mi madre, una católica empedernida, dice que en su casa no actuaremos como una pareja hasta que no haya papeles de matrimonio entre medias.

Así que me puse el pijama, me lavé los dientes, me despedí de mi novio, dejándole en la otra habitación y me fui a dormir. Estuve leyendo un poco y perdiendo el tiempo otro poco, hasta que dieron las 2 de la madrugada. Salí al pasillo completamente desnuda (si me ve mi madre, me mata). Fuí hasta el final del pasillo, donde se encuentra la habitación de mi novio. Él no sabía nada de que yo iba a ir, otras veces sí me espera despierto, pero no esta vez.

Entré intentando hacer el menor ruido posible y oí que su respiración era suave y relajada: estaba dormido. Pensé en despertarle llamándole por su nombre. Sin embargo, se me ocurrió otra idea. Tanteé el terreno metiéndome en la cama con él. Apenas se movió, al rato volvió a respirar de la misma manera, incluso creo que roncó un poco. Bien, yo estaba resultando ser una diva del subterfugio. Le toqué para ver qué llevaba puesto y observé que tan sólo llevaba los calzoncillos y una camiseta interior de algodón. Estupendo. Como es un poco sonámbulo probé suerte a hablarle, porque a veces es más fácil ayudarte con su otro yo que intentar hacer nada por tu cuenta.

- ¿Cariño? - no contestó.

Parece que hoy no iba a tener suerte.

- ¿Javi? - volví a intentarlo.

- Dime - me contestó con esa voz entrecortada y suave, propia de cuando está profundamente dormido.

- Pues que he venido a tumbarme aquí a tu lado, ¿te importa? - Sonrió en penumbra y me negó con la cabeza.

- Te quiero mucho, duérmete conmigo - me dijo abrazándose a mí.

- Sí, ahora me duermo contigo, pero primero quiero que te desnudes, que así estaremos más calentitos.

Se quedó pensando un rato. Cuando está en esa situación tarda un poco más en reaccionar.

- Vale, pero me tienes que ayudar - me dijo.

Entonces él dispuso su cuerpo para que a mí me fuera más fácil desnudarle. Primero se levantó un poco y me dejó quitarle la camiseta, y luego subió un poquito el trasero para que le pudiera sacar los calzoncillos. La primera parte del trabajo ya estaba hecha, ahora sólo tenía que hacer que volviera a caer en el sueño más profundo y dejase de hablar.

- Vamos a dormir - le dije y le abracé.

Me abrazó, ya sin decir una palabra y ahí se quedó, completamente inmóvil y dormido como estaba. Dejé pasar un tiempo prudencial, como unos 5 minutos, aunque no tenía forma de averiguar cuánto tiempo real fue. Entonces me desembaracé de sus brazos y aparté las sábanas. Ya le tenía desnudo y dormido, justo como yo quería. Empecé a besarle el cuello y fui bajando por su peludo y atlético pecho. Al llegar a la zona del abdómen, pude ver cómo le empezaba a crecer el miembro viril. A saber qué estaría soñando ahora...

Le besé mucho en el nacimiento del vello y seguí bajando. Me topé con su erecto pene que ya estaba en su máximo esplendor. Lo miré detenidamente y lo agarré. Acto seguido miré a Javi, por si se había despertado. Seguía dormido, pero sé que me estaba empezando a introducir en sus sueños. Su respiración había cambiado un poco y comenzaba a sonar como si estuviera excitado. Para mi propósito era una buena señal. Se la agarré con la mano derecha y empecé a moverla arriba y abajo, de una forma muy suave, como si fuera de porcelana. La piel de su glande se deslizaba con el ritmo de mis manos. Noté una pequeña gota preseminal: se estaba empezando a mojar. Volví a mirarle; seguía con los ojos cerrados, con el semblante tranquilo, pero noté cómo su corazón empezaba a galopar dentro de su pecho. Cambié ahora a la mano izquierda, y con la derecha le agarré los huevos de una forma también suave. Seguí masturbándole, incrementando el ritmo. Se retorció un poco en la cama, signo de que le estaba gustando.

- Más - dijo con un hilillo de voz.

Yo me asusté y paré, pensando que se habría despertado. En ese momento volvió a exalar el aire de forma tranquila. Yo no me explicaba cómo seguía dormido, pero en vistas de que no le despertaba, seguí moviendo mis manos sobre su pene. Aumenté bastante el ritmo y él movió la cabeza en señal de que le gustaba mucho. Cuando sabía que ya estaba muy pero que muy caliente y cerca del orgasmo, me metí su polla en mi boca. Yo tenía la lengua húmeda y la boca calentita. Le lamí desde la base hasta la punta y me la metí en la boca, primero sólo la puntita. Después fui bajando y bajando hasta tocarme la campanilla. Hasta la misma garganta. Me la tragué entera. Me movía arriba y abajo, con la boca bien apretada para que le diera más placer, succionando en cada chupada. Yo estaba encima de él, puesta a cuatro patas, desnuda y chupándosela a mi novio dormido. Aquello me excitó muchísimo.

El hecho de estar en mi casa con mis padres y mi hermano me resultó incluso morboso. Se oían los ronquidos a través de la puerta y me imaginé que si mi madre se levantaba y nos veía así, sería todo un show. Es más, Javi era también ajeno a lo que estaba pasando, porque estaba soñando. Si nos sorprendiera mi madre, él también sería un sorprendido más. Uuuuf, me pareció verdaderamente excitante la situación y comencé a mojarme mucho.

Como tenía el culo en pompa me imaginé que el mismo Javi me la metía por detrás, por el coñito. Me encantaba esa postura. Así, mientras yo le chupaba con frenesí, me empecé a tocar el clítoris con una mano. Cogí la polla de mi novio con la otra y le chupé la punta mientras movía la mano y la boca rítmicamente, como si se tratara de un agujero por el que me estaba penetrando. Ya me daba igual si se despertaba, yo lo único que quería era hacerle gozar y gozar yo. Creo que inclusó le pasé un poco los dientes por el pene, como a él a veces le gustaba. Noté que empezaba a entrecortársele la respiración y succioné con más fuerza, mientras movía mi dedo índice sobre mi clítoris. Javi estaba a punto de correrse en mi boca, seguí lamiendo y chupándo, hasta la garganta para que sintiera mi boca mojada.

Me moví a una velocidad salvaje. Arriba, abajo, arriba, abajo. Entonces, noté que se revolvía y que un líquido tibio y espeso me invadía la garganta. En ese momento, tan caliente como yo me encontraba, me corrí también por acción de mis deditos expertos. Tragué todo su semen porque no sabía muy bien cómo deshacerme de él sin hacer mucho ruido. Le miré. Tenía una sonrisa en la cara, junto con una mueca de placer. Me acerqué más para verle y le noté completamente dormido aún.

Era increíble, había violado a mi novio dormido y no se había despertado. Se había corrido agusto dentro de mi boca y seguía placenteramente acostado.

Toqué otra vez su polla y aún estaba dura, aunque un poco menos que antes. Se me ocurrió volverla a masajear y reaccionó en seguida. Se puso dura. En menos de un minuto ya estaba dispuesta otra vez para que le volviese a violar. Como mi coño estaba húmedo por haberme corrido, me senté con las piernas abiertas sobre él y me metí su miembro despacio. Sentí un escalofrío recorrerme mientras su polla abría mis paredes vaginales y me llenaba con su pene. Calzábamos como un guante, tenía el tamaño justo para que mi vagina le envolviera y a mí me tocara justo hasta el fondo. Entraba entera, dura, gorda y maravillosa. Empecé a cabalgarle lentamente para que no sonara la cama (como ya dije era la habitación de invitados y la cama era bastante vieja). Me moví arriba y abajo, le cogí las manos y le hice que me tocara. Pareció reaccionar y comenzó a masajearme los pechos de una forma muy suave. Pensé que se había despertado.

Subí mi culo hacia arriba para casi sacar su polla de mí y luego bajaba todo mi cuerpo para absorberle hasta dentro. Resbalaba genial por dentro de mí, yo botaba mucho, pero suave. Era consciente de que me botaban las tetas de una manera preciosa, pero él seguía con los ojos cerrados. No sé si Javi se estaba haciendo aún el dormido o si de veras lo estaba. Seguí botando sobre su vientre y noté cómo él intentaba acompañar, un poco torpemente debido a su estado, con pequeños empujones. Uf, cuando me llegaba hasta el fondo es que me ponía cachondísima.

Ahí estaba yo, desnuda, violando a mi novio dormido, follándomelo como una niña mala, mientras toda mi familia estaba durmiendo. De verdad que me ponía caliente el silencio de la noche, lo morboso de la situación, la cara de Javi: mezcla entre placer y sueño. Todo era superexcitante. Y así, follándole encima suyo, mientrás su cuerpo descansaba boca arriba, sentí mi segundo orgasmo. Fue maravilloso.

Él aún estaba disfrutando de mí, cuando aceleré para que se corriera dentro de mí y me inundara. Boté, y la cama se quejó un poco, seguí cabalgándole. Le puse un pecho sobre su boca y lo chupó instintivamente. Me arrimé a él y espachurré mis tetas contra su torso mientras no dejaba de moverve. Así, mi bello durmiente tuvo su segundo orgasmo, esta vez dentro de mi vagina. Me puso perdida de semen.

Seguí moviéndome lentamente para que terminase de gozar cuando abrió los ojos. Se quedó perplejo, con cara de placer y de sorpresa. Me abrazó y me susurró al oído:

- Así que no era un sueño.

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23/03/2006 19:31 Autor: relatosporno. Enlace permanente. Tema: Relatos Hetero No hay comentarios. Comentar.

Mi primera vez pasada por nata

Mi historia ocurrió el 28 de julio de 2003 yo estaba saliendo con un chico llamémoslo Ander y pese a haber jugado mucho nunca lo habíamos hecho por que yo era virgen. Ese chico era especial para mi y planee para que el día que me quede sola en casa pasase lo ambos llevábamos deseando desde hace tiempo.

Era lunes y mis padres se habían ido a trabajar. Le dije que viniese y como el hacia atletismo vino corriendo. Cuando subía las escaleras del portal deje la puerta abierta y me fui a mi cuarto. Tenía indicado el camino pues había dejado una senda de pañuelos que le guiaban hasta mi cuarto. Entro y lo primero que vio fue todo el cuarto iluminado con velas, el olor del incienso, música suave y a mi con un conjunto de ropa interior morado tumbada sobre la cama.

El esta muy sudado por el camino que había recorrido por eso me dio más morbo aun. El siempre ha sido un chico guapo medio rubio ojos verdosos y un cuerpazo que no envidiaría ni el mismísimo Nacho Vidal. Se acerco a mi y empezó a besarme mientras le iba quitando la ropa, la verdad es que mi nuevo conjunto me duro dos minutos puesto.

Cuando nos quisimos dar cuenta ambos estábamos sobre la cama completamente desnudos. Empezó a besarme el cuello a bajar por mis pechos con los que se entretuvo un rato por el ombligo hasta mi vagina. Pero en vez de detenerse en ella paso de largo para besarme los muslos. Yo me revolvía en la cama pidiéndole que no me hiciese sufrir por en ese punto yo ya estaba fuera de mi. El no me hizo esperar más y empezó a lamer y a comer como si no hubiese comido en un mes. Mientras con su mano izquierda separaba mis labios con la derecha iba metiendo un dedo luego otro luego otro. Yo no podía parar de gemir hasta que acelero el ritmo y llegue a una explosión de placer increíble.

El iba a volver a empezar pero le pare, no era muy experta sexualmente pero no iba a dejar que el me dominase así que me di la vuelta y me puse en cima suyo. Mientras le lamía el glande el se iba entreteniendo con mi vagina hasta que me la metí de golpe en la boca y empecé a succionarle el glande y a jugar con mi lengua entonces no te que el no seguía lamiendo, le sonreí y seguí chupando igual que una niña chupa un pirulí. El me aviso de que se iba a correr y me coloque de manera que cuando lo izo le pusiese besar.

Los dos estábamos ardiendo pero yo le había cogido el gusto a esto de llevar la iniciativa y cogí el bote de nata que había colocado estratégicamente en la mesilla junto al una tarrina de helado también de nata. Le cubrí el pecho de nata y me la comí todo con una voracidad insaciable. El me miraba alucinado pues nunca me había visto así. Cuando termine de comerme la nata me tumbo e hizo lo mismo con el helado. El contraste del helado frío y su lengua ardiendo me calentaron más si cabía.

Llegado a ese momento saque un condón de fresa del cajón de la mesilla y se lo puse. EL se coloco encima mió y note un pene muy duro en mi pubis. Tenia miedo de que me doliese pero no tenia dudas así que abrí las piernas y le deje que lo hiciera yo no tenia himen (se me rompió 2 años antes andando en bici) por lo que supongo que no me dolió como le puede doler a otras chicas ni tampoco sangre el empezó a moverse cada vez mas rápido y empecé a sentir un placer que no se parecía a ninguna de las otras cosas que habíamos hecho. Por desgracia al ser mi primera vez me iba a costar correrme más que a el que estaba a 1000. Así que se corrió antes que yo, en cuando termino me dijo que me levantase. Cogió otro condón y fuimos a la ducha.

En la ducha empezó a enjabonarme todo el cuerpo y después de aclararme lamió hasta el ultimo centímetro de mi cuerpo. Intentamos hacerlo en la ducha pero nos resbalábamos y casi nos caemos. Entonces el se puso de rodillas y empezó a lamer entre mis labios vaginales metiendo de golpe tres dedos pues yo estaba muy caliente. Aunque me corrí el no paro por lo que al rato volví a correrme.

Salimos de la ducha con una toalla y nos tumbamos en la cama para planear que es lo que quería probar la próxima vez.

Pese a que esa relación acabo guardo con muy buen recuerdo esa primera vez tan intensa.

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23/03/2006 19:33 Autor: relatosporno. Enlace permanente. Tema: Primera vez No hay comentarios. Comentar.

El cuidacoches de mi calle


Esta historia sucedió ya hace unos años, pero bien vale la pena recordarla. Yo vivía en un viejo edificio de la ciudad de Montevideo, en pleno centro, en un apartamentito realmente acogedor. Todos los días hacía las compras en un supermercado que queda a dos calles de mi edificio, una rutina que seguía con gusto, ya que la aprovechaba para franelear un poco con los pibes de la verdulería (unos pendejos cachondos que me decían cosas del estilo "¿cómo te gusta la banana?, ésta que tengo hoy está bien durita...!" y yo sentía que me estallaba la cabeza.

La cosa fue que un día apareció un guacho bastante sucio y maltrecho en la calle de al lado, que con un banderín rojo se puso a cuidar los coches de los oficinistas de la cuadra. Los primeros días no le presté mayor atención, pero con el paso del tiempo me puse a observarlo con más detenimiento. Estaba bastante jodido el pobre, vestía casi harapos y realmente estaba sucio, pero descubrí que bajo esa porquería había algo realmente hermoso. Podía adivinar que tenía un muy buen cuerpo, delgado y muy fibroso, macizo y con mucho músculo. Tenía además una cara muy armónica, con unos ojitos achinaditos y unos labios bien carnosos, de esos que sólo piden besos. De inmediato me puse en guardia: lo empecé a saludar cada día hasta que empezó a reconocerme y comenzamos cruzar alguna charla fortuita, presté atención a sus rutinas y saqué a qué hora llegaba y hasta qué hora se quedaba en la calle, averigüé también que no vivía lejos y que no vivía solo, sino que era el mayor de un pequeño grupo de hermanos.

Cuanto más lo veían más ganas tenía de cogérmelo, era impresionante el sex appeal que emanaba de este pibe. Sólo con verlo de lejos ya me ponía a mil y sólo podía pensar en cómo iba a hacer para llevármelo a mi casa y hacerle de todo una y otra vez. Y ese momento finalmente llegó gracias a mi vieja!!! Un buen día mi madre me deja en casa una bolsa llena de ropa que ya no se usaría más como para que yo la llevara a algún lugar de caridad o algo así. De inmediato bajé y le dije que tenía algunas cosas que le podrían servir a él o a sus hermanos que por qué no se iba hasta mi apartamento cuando terminara como para verlas y ya de paso lo invitaba a comer algo. Aceptó encantado y sinceramente muy agradecido, lo que me conmovió mucho. A eso de las 20:00 horas (en el invierno uruguayo a esa hora ya es noche cerrada) toca timbre y lo hago pasar. Se llama Esteban (yo aún no lo sabía!) y tiene 23 añitos, toda una mantequita. Le mostré la ropa y quedó muy contento ya que todo le serviría. Durante esos minutos fue bastante difícil para mí soportar el olor que emanaba de sus ropas y cuerpo, por lo que en un momento no pude más y le sugerí que se diera una buena ducha mientras yo preparaba algo de comer, y ya de paso le pondría la ropa que llevaba puesta en la máquina lavadora así la tendría limpia y seca la hora de partir.

Una tortura soportar el ruido del agua correr luego de acariciar su cuerpo todo enjabonado... hasta que al fin se cierran las canillas y luego de unos instantes aparece ante mí un macho impresionante, totalmente desnudo, sólo con una toalla en su cintura, con el pelo mojado y exhalando una sexualidad imponente que casi me desmaya. Ahí estaba, era como me lo había imaginado, todo músculos, con un poco de bello en el pecho y mucho en las piernas, con unos brazos fuertes y largos, con unos tatuajes mal hechos que lo hacían más hombre todavía y con un prominente bulto que le formaba una saliente en la toalla que era una locura, es verdaderamente un espectáculo pensé. Quédate así que está todo bien, vamos a estar solos, le dije. La suerte de tener una buena calefacción (que además había puesto casi al máximo un rato antes). Aceptó sin problemas y se sentó en un banquito, no sin antes quitarse la toalla, poniéndosela sobre las piernas, tapándole lo que más deseaba conocerle y dando el toque de gracia a aquél hermoso cuadro. Comió con hambre, mucho, bebió vino abundante, como un verdadero hombre. Ya de sobremesa la confianza había avanzado y el alcohol había hecho su trabajo también. No sé como pagarte todo esto me dijo, a lo que yo le respondí de inmediato "ya encontrarás la forma", con la cara más lasciva y provocadora que pude poner. Simplemente se sonrió y me dijo "¡mira que sois pícaro!". Así se levantó y recogió los platos y se puso a lavarlos. En plena tarea le alcanzo el vaso con más vino y antes de agarrarlo se saca la toalla que lo envolvía para secarse las manos y el sudor de la frente, quedando totalmente en pelotas y develando así aquél misterio tan preciado: tenía una pija hermosa, oscura y larga, pendiente delante de unos huevos grandes y peludos, perfectos. Lo miré sin pudor y sin pensar el lo evidente de mi actitud, lo cual tomó con mucha naturalidad y sin dar más vueltas luego de beber siguió en su tarea, totalmente desnudo.

Esto sí que era difícil de soportar, el macho más hermoso que jamás había pisado mi casa, totalmente en pelotas, un poco borracho, lavando los platos!!! Los dioses una vez más pusieron sus dones a mi favor al hacer que de golpe en un mal movimiento tiró su vaso de vino al suelo, el que si bien no se rompió sí desparramó todo el líquido en el suelo y en parte de su cuerpo, sobretodo en su cintura y en sus piernas. Tenía las manos con los guantes de goma y estaba bastante enjabonado, por lo que no atinó más que a darse vuelta y ver el encastre que había hecho. De inmediato yo tomé la toalla que hasta hace un rato tenía puesta y comencé a secarle las piernas, suavemente, volviéndome loco, mientras él retomaba el lavado de lavajilla. Poco a poco fui subiendo, hasta que comencé a pasarle la toalla por el vientre y enseguida por sobre la pija y los huevos. Tanta suavidad y roce hicieron que poco a poco aquel gigante dormido se fuera despertando, hasta que se transformó en una verga dura, larga y gruesa, con una cabeza enorme que asomaba amenazante desde el prepucio, y que palpitaba suavemente, deseosa de acción. Con la misma suavidad con la que venía la tomé y me la llevé a la boca, ya en la más desquiciante de las locuras de deseo.

Se la comencé a chupar con ganas, hasta lo que me entraba, haciendo jueguitos con la lengua, y acariciándole los huevos, haciéndole cosquillas. El muy hijo de puta siguió lavando los platos, tan suavemente como yo se la chupaba, salpicándome con agua de vez en cuando y sacándome la pija de la boca cuando la leche se le venía muy arriba. Tanto así que un par de veces casi se acaba y le salieron unas gotitas de semen que yo sorbí con desesperación, pasándole la lengua y pidiendo más. En una de esas se dio vuelta dejando frente a mi cara su hermosísimo culo, redondo y duro como una roca. Yo no entendí bien al principio y lo único que atiné a hacer fue empezar a besarle las nalgas y a llevar mi lengua por el medio de su raja, lo más adentro que podía. Se tiró un poco hacia adelante y con las manos abrió su culo para dejarme el hermoso orto al descubierto. Me lancé a chupárselo como loco, le metí la lengua lo más adentro que me daban las fuerzas, se lo besaba, se lo chupaba, se lo comía como un animal. Fue increíble, empezó a gemir desesperado y a moverse buscando la mayor penetración de la lengua.

Cuando ya no daba para más me agarró y me puso contra la pileta, de espaldas a él, y mientras con una mano me apretaba las tetillas con la otra me metía los dedos ensalivados en el culo, preparándome para lo que vendría. Sin más vueltas se escupió un par de veces en la verga y me empezó a puntear, con estocadas secas y poderosas de a poco se abrió espacio hasta que no pudo más y me la ensartó hasta el fondo de una vez. Yo casi me muero del dolor y del placer. Pensé que me había desgarrado, pero no importaba, era uno de los momentos más placenteros de mi puta vida, todo aquello era un sueño. Me cogió y me cogió, hasta que sus suspiros fueron creciendo y hasta que las estocadas eran como las de un animal. Al fin sentí como aquella tranca espectacular se crecía dentro de mi culo y empezaba a escupir toda la leche, mucha leche, que sentí calentita en mis adentros y que corrió por mis piernas ya que sacaba toda la verga afuera antes de volver a meterla cada vez. Me sentía la más puta de las putas, una sensación increíble. Él no me la sacó, quedó así, con la pija adentro, agarrándome de las tetillas, exhausto y sudoroso. Pasaron un par de minutos y de pronto se acercó a mi oído y comenzó a susurrarme cosas al oído como "qué linda cola que tenías putita, como me la hiciste, eh?, te gustó que te diera toda la leche en el orto?, mira que sois puta, cómo te gusta la verga, te gusta mi pija, no?..." yo no entendía nada, pero de golpe comienzo a sentir que dentro de mí comienza a crecer nuevamente su palo, mientras más cosas me decía más dura se le iba poniendo y yo le empecé a responder, le decía que sí que era su puta, que él era mi macho y que me había partido el orto, que quería más de su pija y más de su leche, que me diera bomba, que me hiciera sentir una perra. Eso lo enloqueció más todavía.

Entre el sudor y la saliva de los chupones que me daba en el cuello y la espalda comenzó a bombearme nuevamente, primero suavemente, pero yo no lo quería suave, le empecé a pedir más y más, que me diera con fuerza, que me partiera al medio, que me hiciera sentir una puta de mierda y que él era mi macho, con esa verga enorme y con esa fuerza descomunal. Y así fue, me dio tanta bomba que pensé que iba a perder el conocimiento, me agarró de los pelos y me pegó un par de cachetadas en las nalgas, yo gritaba de placer y él bufaba cosas sucias, perversas, me odiaba y me amaba al mismo tiempo, me gozaba, me pedía más y yo le daba más y él me daba más, más besos con saliva, más caricias en las tetillas, más cachetadas en las nalgas y mucha más verga, más y más pija bien dura y grande. Hasta que al fin le empecé a rogar que me diera la leche, que me llenara de leche el orto, por favor. Se puso más duro y más fuerte y al cabo de unos segundos el chorro de leche caliente llenaba mis entrañas, otra vez los suspiros, las palpitaciones y los estertores, la culminación del placer. Luego las manos que se aflojan y empiezan a acariciar, las gotas de sudor que caen más suavemente, y la extraña sensación de haber estado en otra dimensión y de haber regresado, cansados, complacidos, exhaustos. Nos tiramos en la cama y quedamos rendidos, nos miramos y nos sonreímos, con una complicidad única e irrepetible, con la felicidad de haber gozado verdaderamente.

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23/03/2006 19:36 Autor: relatosporno. Enlace permanente. Tema: Relatos Gay No hay comentarios. Comentar.

Viviana la jugadora de Voley


No sé por donde empezar, solo sé que ha sido la mejor experiencia de mi corta vida, les diré que tengo 18 años y estudio en un centro preuniversitario ya casi un año, todo iba tranquilo no había nada especial hasta unas semanas cuando llego a mi centro de estudios una linda chica que digo linda ¡hermosa chica! llamada Viviana, la mujer como todo varón soñaría tener: de tez blanca, alta, quebradita, de buena delantera y un trasero de diosa bien paradito con una carita fina que llena de dulzura a todo aquel que la ve, en pocas palabras una modelo o mejor dicho una anfitriona que con 18 años igual que yo, pone caliente a cualquier hombre (al menos a mi si).

Cuando llego fue la atención de muchos (eso me puso celoso) pero yo tratando de sacar ventajas busque la forma de hablarle hasta que después de unos días de tanto contemplarle aproveche la oportunidad para conocerla, de verdad hay que tener mucha suerte para que sucedan cosas que solo podrían estar como un sueño o fantasía, como vivo un poco cerca de mi centro de estudios al salir de ahí me voy caminando con unos amigos para distraerme por el paso pero una sorpresa me di aquel día al ver que ella toma el mismo camino por donde yo me voy caminando solo que ella lo hace para tomar un bus que le lleva a su casa que queda en una zona de gente fashion (con razón que se diferencia bastante de las demás con ese fino y hermoso rostro), y es así que les deje a mis amigos y me acerque a ella, y al saludarla se me subió la temperatura ya que de un momento a otro sentía calor pues ella volteo y me sonrió; en ese momento eramos ella y yo, entonces me saludo y le pregunte su nombre a la vez que me presentaba, así escuche de sus labios decir Viviana y que tenia 18 años, me emocione al escuchar eso pero trate de disimularlo, y le converse mientras caminábamos sobre su llegada a la pre y me dijo que llego becada todo por que pertenece a la selección de Voley, en ese momento encontré un motivo mas por que como ella son pocas (por todas las características ya dadas) era por que practicaba voley, ya sin pensarlo dos veces no la perdería fácilmente ese día.

Mientras seguíamos caminando le dije si su casa quedaba cerca (por lo que veía que caminaba) y me dijo que no, lo hacia por que solo hay un bus que le deja por su casa, así me entere que vive por una zona fashion (mas me hizo comprender por que tiene una belleza inigualable) entonces solo le acompañe hasta el paradero donde tomaría el bus pero ya sabiendo esto, sabia que a partir del día siguiente saldríamos juntos y le acompañaría ya no al paradero sino hasta su casa, así sucedió. Desde entonces le acompañe a su casa hasta la puerta así durante un tiempo de tanto juntos se atrevió de contarme de que tenia su enamorado pero que hace unos días acabaron (de lo que no me sorprendí pues de echo tenia que tener pues no hay ciegos en el mundo) para lo que me lleno de felicidad por que se presento el momento aunque tuviera o no me daba casi igual, por que tenias unos deseos con ella tanto así que más creció eso por ella cuando todos los días cuando le acompañaba muchos le silbaban y me envidiaban por llevar a mi lado a una despampanante mujer.

Así que cuando menos lo imagine cierto día, un jueves para ser mas especifico decidió dejarme entrar en su casa, solo por que no estaban sus padres, ella me tenia tanta confianza que veía en mi el mejor amigo que podría tener. Dentro, conocí su cuarto y me invito algo de tomar bien helado y nos pusimos a conversar mientras que le observaba esos jeans apretado a la cadera con un polito que dejaba ver algo bien formadito hasta que entre broma y broma nos comenzamos a acariciar y le bese, no pude aguantarme todo lo que sentía desde hace tiempo desde que la vi y en su cuarto le comencé a desnudar quitándole el polito y el pantalón, vi que tenia puesto un bikini negro, y le pregunte si era virgen y me contesto que si, lo que me aloco y me excito mucho mas, me quite el pantalón, el calzoncillo y listo estaba ya no quería esperar mas deseaba tenerla entre mi, encima cabalgando, así que al verle por fin con su sostén y en bikini esas piernas con una piel suave y sus nalgas bien formadas me tire encima y le quite el sostén y le comencé a chupar y acariciar esos hermosos senos, los tenia bien duritos y no pude contenerme más, quería de una vez penetrarla así que entre besos de frente me agache y le baje su bikini negro, y vi por primera vez un coño en toda mi vida y lo mejor de todo de la chica mas hermosa de mi centro de estudios aunque suene cursi para mi del planeta, no hay nadie como ella, la mas deseada por doquier y que el privilegiado de gozar con ella lo tenia yo.

Ella en la cama echada boca arriba para un lado se dejo que le metiera primero el dedo durante unos minutos, primera vez que hacia esto, estaba dispuesto hacerla completamente mía, con mi pene le comencé a sobar en la entrada de su coño veía como ella suspiraba y ya comenzaba a vivir de placer entonces dije para que hacerla larga de una vez, entonces le introduje con todo en su coño y comencé a meter y sacar una y otra vez ella gemía de placer, al ver en su bello rostro el signo de felicidad mas ese cuerpo entero y perfecto me hizo que le cogiera con todas las ganas del mundo le hice de todo, cada vez que sentía que se me venia paraba un poco para disfrutar mas en cambio ella no hizo igual pues cuando estuvimos en la postura yo abajo ella arriba cabalgando mientras le chupaba sus tetas, sentí como sus jugos se derramaban dentro, de tanto penetrarla, entre gemidos y gritos decía: aahhh oohhh sigue... sigue... ya me vengo, atraviésame con todo no pares!!! Y yo ni corto ni perezoso le hice caso ya en su segundo orgasmo me vine en todo su coño, se lo llene con todo, era algo único que no se como expresarlo, mas que placer.

Nunca imagine que las mujeres más hermosas fueran también bien apetitosas, ella no era la que conocía en la pre, mi pene le volvía loca, no pensé que en su primera vez reaccionaria con tanto apetito sexual parecía que tanto tiempo se había aguantado que me demostró que en eso si es como toda mujer común y corriente, y que solo la belleza física la hace mas provocativa y por consiguiente diferente. Pero ahí no termino como estaba contando, ella siguió y quería sus 3 al hilo así que le cumplí y yo también con las ganas que tenia de romper su culito, ser el primero, le voltee boca abajo, la puse de rodillas y sobe con mis manos ese rico panteón (culo) y sin perder tiempo con todas mis fuerzas se lo introduje en su huequito, ella lanzo un grito de dolor que no me intereso ya que al ratito se convertiría en placer, así paso. Todo su gran trasero para mi pene que penetro hasta que se terminara de vaciar en su rico hueco de su culo que para el momento ya estaba casi lleno, así ella también llego al tercer orgasmo y juntos nos vaciamos, ella ya estaba exhausta así que me dijo que hasta aquí y se paro derramando bastante jugo a lo que respondí parándome y penetrándola una ultima vez, yo quería quedar totalmente exhausto pensaba que tal vez seria la primera y ultima vez que la tendría entre mis piernas así que por atrás le agarre con mis brazos en su cintura y solo yo sentía el placer pues ella tan solo acepto por terminar de complacerme así por atrás mientras ella caminaba dirigiéndose al baño para ducharse yo le abrazaba por detrás y caminando le penetraba con un mete y saca por el culo así cuando llego a la ducha me vacié en su hueco que para entonces quedo todo abierto la había roto completamente ella al sentir que me había vaciado dentro de ella y cumplido con mi cometido me dijo que me bañara con ella y que me cambiara rápido que sus padres estarían por llegar así que le hice caso.

Luego de bañarnos nos vestimos pero ya por separado ella en el baño mientras yo en su cuarto. Ya eran las casi 6 de la tarde, cuando luego al despedirme de ella le vi puesta una minifalda apretada con una blusa rosada y bien pintada se le veía otra vez como aquella chica deseada pero inalcanzable, tranquila que no es capaz de alocarse por placer, pero yo ahora se, como se comporta cuando está en la cama. No se lo diré a nadie pues esto queda entre los dos y ustedes. Ahora cuando escuche a algún chico silbarla, desearla o decir que rica es aquella chica solo atinare a sonreír pues ninguno la tendrá como yo la tuve ni sentirá lo que yo sentí con ella pues bien difícil que se presente otra oportunidad así. Actualmente sigue llendo toda atractiva a la pre, nos saludamos y le acompaño al paradero como siempre pero eso si, no me ha hablado nunca de lo sucedido. Tal vez algún día se pueda presentar otra ocasión así pero el tiempo lo dirá.

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23/03/2006 20:08 Autor: relatosporno. Enlace permanente. Tema: Jovenit@s No hay comentarios. Comentar.

Cinco pañuelos de seda


La mujer del corsé rojo se sube pausadamente los guantes negros de cuero hasta los codos. El corsé se adapta tan perfectamente a su anatomía, que le realza los pechos hasta casi dejar al descubierto sus pezones. Es consciente de que está enseñando sus firmes nalgas y eso le gusta. Unas botas altas, negras, también de cuero, ocultan parcialmente unas largas piernas que se adivinan atléticas. El tanga, también rojo, es tan mínimo que apenas alcanza a ocultar a mis ojos su sexo rasurado. Su oscuro cabello se desparrama como una cascada sobre sus níveos hombros desnudos hasta la mitad de su espalda... Es muy guapa. Me avergüenzo hasta de mirarla, porque yo me siento inferior. Por eso le sugerí esta idea. Tiene unos enormes ojos azules y apenas va maquillada.

La miro. Le pido con la mirada que no se demore más, que venga ya a mí... necesito que me haga suya... dejo escapar un débil gemido...

Ella se acerca despacio a la cama. Yo, feliz, me dejo llevar, inconsciente de lo que me espera. Es la primera vez que me atan a una cama. Antes ella sacó unos pañuelos de seda y con ellos me fue atando a cada extremo de la misma. Solo se puso los guantes porque se los había comprado hace años y no se los ponía nunca. Quería tener un recuerdo para esos guantes. Pero a mi no me gustan, yo prefiero su tacto... pero no le digo nada. No quiero hablar, quiero que ella actúe por su cuenta.

Se sitúa a los pies de la cama. Se arrodilla. No me mira. Se inclina sobre mis pies y, fugazmente, me lame el dedo gordo del pie derecho con la punta de su lengua -yo me estremezco de placer-, para luego cubrírmelos de besos a media que va ascendiendo por el pie hasta el tobillo, y de éste, sube por la pierna hasta la rodilla. Son besos leves, apenas me roza la piel con sus labios, pero yo, que ya la estoy viendo venir, comienzo a sentirme más húmeda. Al inclinarse alcanzo a ver la voluptuosidad de sus pechos, que luchan por salir de la cárcel de su corsé. Quiero adorar esos pechos. Ojalá me deje hacerlo... yo no puedo decir nada, no puedo pedírselo. Hicimos ese pacto.

Deseo que continúe, que me coma, pero ella, quizás intuyendo mis ansias, decide hacerse de rogar y apoya su cabeza en mi muslo mientras desliza la palma de su mano en guantada y extendida desde el interior de mi muslo hasta mi bajo vientre, sin rozarme ni un solo vello púbico. (A ella no le gustan los sexos depilados. A ella le gusta todo). Su mano izquierda descansa sobre la cama, a mi lado. Yo quiero que me la acerque a los labios, pero no hablo. No digo nada, la dejo hacer. Quiero que me disfrute con total libertad. Entonces descubre con satisfacción que mi sexo ya brilla por la desbordante humedad que emana de él. Sonríe y me despeina ligeramente el vello de esa zona mirándome pícara a los ojos... ¡Ah, Dios, cuánto anhelo su tacto!... me tiembla todo el cuerpo, cada vez que me toca me estremezco.

Se levanta y se dirige a la cómoda. Abre uno de los cajones y saca otro pañuelo de seda. El quinto pañuelo de seda. Me pongo a hacer pucheros, no quiero que me tape los ojos, No, por favor... ¡quiero, necesito verla, quiero devorarla con los ojos! ¡No me tapes los ojos!... pero mi grito es mudo, como no podría ser de otra manera. Ahora la oscuridad lo rodea todo. Cierro los ojos y me rindo a mi suerte, a ella.

Ahora siento su cara cerca de la mía, puedo sentir su respiración y la caricia dulce del inconfundible olor de su piel. Un dedo suave, forrado de cuero, me perfila los labios: primero el labio superior y luego el inferior. Yo lo intento besar, pero ella, juguetona, lo retira rápidamente, dejándome oír su risa suave. El olor del cuero mezclado con el de su piel me están volviendo loca. Vuelve a colocarme la mano en los labios y me pie que le quite el guante con los dientes. Así lo hago, dedo a dedo. Por fin lo consigo.

Un ligero murmullo y entonces siento que ella apoya la mano que acabo de desnudarle en mi sexo, suavemente, ¡tan suavemente que me desespera!. El clítoris se me hincha, anhelando su contacto. Ella ríe. Me lo acaricia una, dos, tres veces... yo levanto las caderas, como pidiendo más, pero ella parece que ha decidido que aún no. Se coloca sobre mí, a cuatro patas. Siento su largo pelo rozándome la piel. Comienza a besarme los pechos, de forma incontrolada, siento el roce de sus labios aquí y allá. Luego me las agarra de la base y las sujeta de tal forma que las une. Hunde su cara entre mis pechos. El calor de su respiración me estremece, siento cómo cada vez me estoy humedeciendo más y más. Me da varios lametones en ambos pezones. Aprieta más mis generosos pechos y se introduce los dos pezones a la vez en la boca. Me los chupa, los dos al mismo tiempo. Después le dedica su particular homenaje a cada uno de ellos, por igual. Yo estoy tan excitada que creo que me voy a volver loca.

Cuando acaba con mis tetas, las suelta y se alza un poco, lo suficiente como para besarme el cuello e ir bajando por la clavícula. Noto la abundancia de sus pechos sobre los míos. Ella vuelve a ascender y me besa en los labios, nuestras lenguas se entrelazan mientras su mano ve descendiendo lentamente hasta mi sexo, para quedarse allí acariciándome los labios, los de abajo. Ahora se aleja de mí y desciende sobre mis caderas, me abre los labios superiores y sopla levemente, como hacia dentro. Me recorre un escalofrío y me entra la risa. Ella también ríe. Por fin su lengua entra dentro de mí, cálida, ágil y profunda. Y aprieta su cara contra mi sexo. A mí me entra la absurda sensación de que mi sexo debe de ser una fuente, una especie de manguera, de la cantidad de flujos que noto por ahí abajo. Me imagino el dulce y salado sabor de su sexo, me imagino cuando mucho antes de esto hicimos un 69 y entonces, justo entonces, ya no puedo más y me sobreviene un orgasmo que me deja exhausta. Es tan fuerte que, cuando pasa, con solo el roce de sus dedos sobre mi clítoris, arqueo la espalda y sacudo las caderas, desesperada ante su contacto.

Entonces ella me besa profundamente para que yo pueda saborear mi propia miel. Estoy agotada, pero al mismo tiempo tan excitada, que tengo que controlarme para no morderle los labios. Me está volviendo loca el no poder verla, el no poder tocarla.

Luego ella se sienta sobre mi cara, con todo su sexo abierto ante mí... y por culpa del maldito pañuelo que tengo atado a la nuca no puedo verla, disfrutar de la visión de sus pechos vistos desde abajo. Sus labios vaginales entran en contacto con los de mi boca. Los aplico dulcemente sobre ellos y comienzo a buscarle, a acariciarle su hinchado clítoris con mi lengua. Sus jugos comienzan a desbordarme, trato de tragármelo todo, pero me es imposible, es demasiado. Noto cómo se deslizan en frágiles gotas por entre mis comisuras. Las saboreo hasta la saciedad. Su olor me inunda, su sabor calma mi sed, sus gemidos son música celestial, sus manos me queman.

Finalmente ella se corre en mi boca. El espeso líquido se cuela por entre mis labios antes de que me de cuenta. Eso me desespera porque quiero más, pero ella se levanta, se acurruca a mi lado, abrazándome con las piernas, con los brazos, con todo. Siento su cálido sexo en mi cadera mientras que con una mano me acaricia el vientre y entonces, Morfeo entra por la puerta... y nos acoge a ambas entre sus brazos.

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23/03/2006 20:12 Autor: relatosporno. Enlace permanente. Tema: Relatos Lesbicos No hay comentarios. Comentar.

Sorpresa en el taxi


Un chico le prepara una sorpresa a su novia para hacer que un viaje en taxi se convierta en la realización de una de las fantasías sexuales de ambos. La sorpresa se hace doble cuando la chica se da cuenta que su novio estaba compinchado con el taxista hasta el punto de que éste llega a participar en el juego.

Soy un chico de 26 años alto y de pelo corto y castaño, ojos marrón oscuro, de complexión atlética y dicen las chicas que guapo de cara. Mi novia tiene 24 años, mide 1,65 tiene el pelo muy largo y negro, ojos negros, grandes y profundos y unos juguetones labios que suele pintar de un rojo muy llamativo y, como toda su preciosa boquita, sabe usar más que bien. Sus pechos son medianos, con unos pezones verdaderamente duros cuando se excita. Tiene las piernas bien torneadas y un culito precioso y respingón que no pocas veces es el protagonista de nuestros encuentros sexuales.

La historia que voy a compartir con vosotros ocurrió el verano pasado en Valencia, ciudad donde fuimos a vacacionar por dos semanas a un pisito que un familiar mío nos dejó. Somos muy activos en la cama y nos gusta fantasear con diferentes prácticas sexuales, y siempre hemos tenido la intención de realizarlas; el caso es que yo deseaba darle a mi chica una sorpresa que no pudiera olvidar y la amistad con un amigo taxista, fuerte, algo menos alto que yo, moreno y de pelo negro, me permitió fabricar dicha sorpresa.

Tras una cena romántica y con una noche preciosa, cálida y estrellada en la capital del Mediterráneo, cogimos un taxi para volver al piso en lo que prometía ser una noche memorable, pero ella no sabía que lo sería por lo que pasaría en el taxi y no en el piso. Tras montar en el taxi y decir la dirección a mi secreto amigo empecé a besar el cuello de mi novia Sonia, a enredar mis dedos en sus cabellos, algo que le encanta, y puse su mano en mi paquete para que notara mi erección.

Ella, que es bastante atrevida, lejos de cortarse empezó a sobarme por encima del pantalón mientras mi mano se deslizaba por debajo de su corta falda, sin encontrar oposición hasta que las yemas de mis dedos tocaron sus braguitas de encaje negro. Notaba como Sonia miraba de reojo al retrovisor central del coche para comprobar que no nos miraba el conductor, cuando ni corta ni perezosa abrió mi cremallera e introdujo su mano en la apertura de mi ropa interior, agarrando mi miembro con fuerza y moviéndolo a un lado y a otro, arriba y abajo. Acercó su boquita a mi oreja y me dijo: "Quiero que te corras en mi mano en este taxi" y luego metió su ensalivada lengua en mi oreja. Todo iba a pedir de boca, el morbo que a ambos siempre nos ha producido hacerlo en sitios arriesgados funcionaba a favor de mi plan. Lo que ella no esperaba es que yo respondiera a su provocación desabotonando su vaporosa blusa y bajando mi cabeza hasta que mi lengua repasara su pezón derecho, en círculos, metiéndolo en mi boca, succionándolo, mordiéndolo suavemente; Ella empezó a gemir, pues nunca ha soportado el placer que le produce esa caricia y en eso aproveché para mover su braguita-tanga e introducir mi dedo índice en su rajita ansiosa, ambas cosas hicieron que de la boca se Sonia se escapara un furtivo gemidito que sin duda fue escuchado por mi cómplice, el taxista.

Susurré a los oídos de Sonia, mientras mi dedo salía y entraba en ella con suavidad que se pegara a la puerta del coche justo detrás del conductor, a razón de "ocultar no de él": Así lo hicimos, yo ladee su ligero cuerpo, levanté un poco su pierna derecha y agarrando mi pene empecé a pasar mi glande ardiente entre los labios de su vagina. Sonia cerraba los ojos, jadeaba, intentaba no hacer ruido, pero no pudo evitar soltar un estruendoso "Oooohhh" cuando sintió toda mi virilidad meterse profundamente en su sexo. Me miró con ojos acusadores, como reprochándome que llegara tan lejos, pero cuando mis manos se agarraron a sus pechos ya al descubierto y mi lengua entró en su boca, su acusación pareció convertirse en sumisión, me mordió fuertemente los labios como para castigar mi osadía. Susurré: "Tranquila Sonia, no nos puede ver" y ella me contestó: "..Ooh,..pero...pero yo..oohh ..no aguantarééé...oohh umm..gritaréé" mientras mi pene empezaba a profundizar en su estrecho coñito, y llevé dos dedos para masajear su clítoris lo que acabó de rendir toda resistencia que ella hubiera querido oponerme.

Mi plan, el de mi amigo y mío, era que cuando ella empezara a gemir, él nos propondría que nos quedáramos solos en el coche por un módico precio y mi respuesta a lo que para Sonia sería esa surrealista proposición, sería que preferíamos que se quedara con nosotros. Pero mi amigo Luis, que sin duda no se había perdido detalle disimuladamente, no aguantó más, paró el coche en una apartada y oscura avenida de las afueras de la ciudad y volviéndose nos dijo: . Sin dejar de penetrar a Sonia, me moví hasta el centro del coche y agarré los brazos de mi novia con un brazo y con el otro la sujetaba por la cintura para que mi pene siguiera dentro de ella. Sonia gritaba e intentaba desasirse de mi, mientras yo la susurraba. La rapidez con la que Luis actuó fue clave para que todo saliera bien en el momento más crítico de la noche: Cuando Sonia se diera cuenta de que iba a ser follada por dos hombres. Luis separó las piernas de Sonia con fuerza y empezó a lamer con avidez todo su chochito, del cual yo volví a entrar y salir rítmicamente:

- ¿Pero qué haces? ¡¡¡Estás loco!! - gritaba Sonia.

- Tranquila preciosa -le decía mientras seguía bombeando. - Todo está controlado, ¿no lo ves? Tú deseas esto igual que yo, ¿acaso no te gusta mi polla dentro de ti?¿O su lengua en tu coñito? Ríndete a las sensaciones que tu cuerpo te transmite ¡¡déjate ir!! ¡¡déjate llevar!!.

- Eres un cabrón - me reprochó, y al intentar arañarme los muslos se encontró con la cabeza de Luis y su boca que la había ensalivado enteramente toda su zona genital.

Agarré sus pechos con firmeza pero con dulzura, empecé a morder su cuello, y noté de pronto las manos de Luis en sus tetitas, con lo que yo usé las mías para agarrarla por la cintura y levantarla y bajarla, para que cabalgara sobre mi polla erecta que la penetraba sin tregua, las caricias combinadas empezaron a hacer su efecto y Sonia dejó de estar tan rígida, empezó a gemir y a respirar pesadamente, y cuando me di cuenta sus manos acariciaban los cabellos de Luis y le imponían el ritmo al que ella quería ser lamida y devorada. Luis se levantó y con su polla asomada a sus pantalones ya bajados se echó levemente sobre Sonia, acabó de subir del todo su faldita hasta la cintura y desabrochar su blusa por completo, los pezones que tantas veces he sentido endurecer en mi boca estaban ahora turnándose en la boca de Luis, los gemidos de los tres llenaban el coche, pero por encima de todos los de Sonia amenazaban con ser escuchados en la solitaria calle si alguien pasara por allí.

Sonia ahora sentía mi polla llegar hasta lo más hondo de su intimidad, la penetración era más violenta cada vez y más profunda, la polla de Luis, tiesa hasta el límite frotaba los labios mayores y menores del sexo de mi novia y su clítoris erecto, llevándola a un éxtasis compartido del que no sabía salir, del que no quería salir. Todo estaba saliendo a pedir de boca, sólo quedaba el postre. Con suavidad me salí de ella y ensalivando mi pene y su culito con dos dedos que habían explorado la boquita de mi novia, la levanté ligeramente para agarrar mi herramienta y dirigirla a su más estrecho agujerito. Luis que se dió cuenta de ello, sacó un preservativo como un relámpago y pertrechándose con él se dispuso a penetrarla, así lo hizo, de golpe, en un coñito ya dilatado y que se estremeció de placer al sentirse repleto de nuevo, pero por una polla diferente a la anterior. Yo empujaba mi glande contra su culito y la dejaba caer para que el peso hiciera el resto, poco a poco el recto de Sonia quedó tan repleto o más como su coñito, mientras ella gritaba de gusto como nunca lo había hecho, hasta que la lengua de Luis se enredó en la suya, aunque sin acallar los gritos del todo.

Luis y yo empezamos a follarla doblemente, entrando y saliendo sin piedad ni cuidado ya que estaba tan excitada que otro hombre hubiera cabido en su boca, la doble penetración rompió todas sus inhibiciones, empezó a insultara nosotros y a ella misma, nos llamaba perros, cabrones y se autodenominaba zorra: ¡¡Haced que me corra cabrones!! - ¡¡Folladme, folladmeee!!. De repente se calló un segundo, inspiró profundamente y estalló en gritos y movimientos compulsivos en el orgasmo más brutal que yo le haya visto, Luis no lo pudo resistir y se corrió con la polla enterrada hasta el fondo en mi novia y por último yo, sin condón llené de semen caliente sus entrañas, semen que al poco caía por mi polla abajo y rebosaba de su dilatado pero apretadito culo.

Luego vinieron las confesiones, las presentaciones mutuas de Luis y Sonia y el epílogo que los tres nos dimos en el piso, tras el episodio del taxi, pero eso es otra historia que si queréis no me importará contaros, si es que os ha gustado el secreto que he compartido con tod@s vosotr@s. Un beso y/o abrazo. Hasta pronto.

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23/03/2006 20:23 Autor: relatosporno. Enlace permanente. Tema: Relatos Eroticos No hay comentarios. Comentar.

Mi amiga Gaby y yo en el Gym

Esto ocurrió hace mas o menos a principios del año 1997, entrenaba en el Gimnasio Rodríguez en la Av. La Mar en el distrito de Pueblo Libre en lima Perú, a este gym suelen ir chicas atractivas y señoras aunque por su edad también son muy guapas, como olvidar a Rosy, Gaby, Taty, Erica, Faby, Lore, Rudy, y a todas las chicas que deleitaron mis visitas en el Rodríguez.

Definitivamente éramos un grupo que participábamos de muchas de las actividades que se hacían en le gym, inclusive salíamos a divertirnos juntos, yo asistía a diario y a parte de hacer máquinas también practicaba, spteps, aerobicos y tae-bo, era muy agradable estar rodeados de todas ellas y verlas en sus mallas que hacían resaltar sus atributos físicos.

Muchas de ellas eran mujeres casadas pero por las bromas y conversaciones que teníamos en el gym, uno tomaba confianza con ellas además siempre me comporte caballerosamente con ellas a parte de ser uno de los pocos varones que hacia aeróbicos con ellas, tal vez ese constante acercamiento hacia que ganara confianza con ellas.

Gaby es una mujer sensual de muy buenas formas, coqueta, atractiva inteligente y muy sensual al menos para mi lo es, siempre a casi siempre trataba de estar cerca de ella para observarla de pies a cabeza, ella es muy liberal en su forma de pensar y siempre nos gastábamos bromas inclusive de índole sexual; En una oportunidad un sábado después de entrenar nos quedamos Gaby, Rosy, Faby, Lore un par de amigos mas y yo, decidimos comprar unas botellas de vino y empezamos a tomarlas en el segundo piso del Gym en realidad era algo suave como motivándonos para la noche ya que habíamos quedado en salir a bailar, Gaby siempre me pareció una mujer muy apetecible una mujer que me provocaba morderla y acariciarla, a mi parecer yo no le era indiferente pero hasta ese entonces no había intentado nada.

Bueno copas van y copas vienen y Gaby estaba algo alegre por efecto del vino, y comenzamos a bromearlos y a jugarnos un poco yo la abrazaba y la tomaba de la cintura inclusive ella en son de broma me decía Gabriel que haces delante de todos pero cono no se pensaba que era mas allá de un juego todo transcurría de la forma más normal, de lo más normal para el resto de los demás pero para nosotros era algo excitante podía sentir sus dedos acariciar mi espalda cada vez que yo pasaba mis manos por su cintura, ya estábamos en un juego de caricias discretas a la vista de los demás, pero sus amigas Faby y Lore se habían dado cuenta perfectamente de lo que ahí sucedía, tanto así que la molestaban, diciéndole Gaby cuidado no vayas a raptarlo y no llega en la noche a la discoteca, nosotros solo reíamos.

Cómo ya se estaba haciendo algo tarde decidí ir por mi maletín que lo había dejado en el tercer piso en donde se practica esteps, y Gaby subió conmigo pretextando que sacaría algo de los vestidores de damas que se encuentran en el mismo piso, una vez arriba la cogí de la cintura la voltee y la besé con pasión, beso que ella respondió entrelazando su lengua con la mía, mis manos recorrían todo su cuerpo, como lamentaba que la tela de nuestras ropas nos separaran, ella me jaló a los vestidores de damas y comenzamos a dar rienda suelta a nuestros instintos contenidos por tanto tiempo, que hermoso cuerpo tiene Gaby, ella es una mujer blanca de 1.65 de estatura cabello rojizo, senos medianos peor encantadores, bonitas piernas y un traserito que ponía a mas de uno en el gym.

Nuestros besos y caricias se encendían cada vez mas que delicia era recorre su cuerpo con mi lengua, ella estaba algo nerviosa por si nos veían pero poco a poco con las caricias y los besos nos fuimos dejando llevar los dos hasta que nuestros labios nos sabían a poco y las ropas empezaban a estorbar, me desnudo como una loca y me dijo: "desnúdame poco a poco y ya veras o crees que no me he dado cuenta cómo me miras el poto cuando entrenamos”, dejaba ver una camiseta blanca ceñida, después le quité el pantalón mientras acariciaba con mis manos sus suaves y contorneados muslos deseosos de mis caricias, por ultimo le quite la camiseta y pude ver sus sublimes pechos, yo me quedé perplejo mirando ese cuerpazo que estaba a mi entera disposición, ella lo notó y me dijo que si le gustaba, y les respondí que me encantaba y me acerque a ella para besarla y enredarme con su lengua, mientras, no paraba de cogerle ese culo paradito con mis manos ella me fue acariciando mis testículos y fue haciendo que me fuera poniendo duro con solo rozar sus dedos por mi pene, presos los dos de la lujuria empecé a besarle todo el cuerpo de arriba abajo haciendo hincapié en esos pechos redondos y firmes que poco a poco se pusieron más y más duritos.

Seguía bajando mi lengua hasta que llegue a su chuchita color castaño, empecé a acariciársela, separando y juntando esos labios rosados y calientes, le daba pequeños lametones que le hacían cerrar los ojos y dar un pequeño gemido, casi un suspiro, estuve algún tiempo con mi cabeza entre sus poderosos muslos que me tenían atrapado y cada vez que daba un lametón se cerraban de gusto, por fin empezó a segregar sus jugos y estar como poseída y se derrumbó al suelo haciéndome ponerme en posición para practicar un 69, ella estaba loca y empezó a chuparme la verga con unas ganas que me hacían casi perder la respiración y no me dejaban que yo pudiera seguir con su clítoris el cual lo cogía con mis labios hasta que lo puse bien durito y grandote, sin darme cuenta me corrí en su boca después nos dimos la vuelta, nos levantamos del suelo, le besaba el cuello, le mordisqueaba las orejas mientras estábamos abrazados cogió mi verga la acarició con sus dedos mágicos hasta que consiguió ponerla otra vez dura colocándosela en la puerta de su apetecible y húmeda chuchita y movió su cintura para que yo notara que sus labios me estaban esperando, me miró y sin decirme nada me agarró por detrás y me unió a ella.

Cuando sintió como se llenaba toda su vagina pude ver como echó la cabeza hacia atrás, sus ojos se cerraron y se le escapó un gemido mayor, entonces la agarré del culo y la subí encima de mí se agarró a mi cuello y la empecé a mover de arriba abajo, yo sentía un placer indescriptible a veces se me doblaban las rodillas de tanto goce, con mis manos sujetándola por el culo sentí como lo tenía de calentito y casi sin darme cuenta uno de mis dedos empezó a meterse por su agujerito sin que ella se opusiera, presos de la lujuria y el desenfreno ella se bajo de encima de mi la puse a cuatro patas y con sumo cuidado empecé a culearla cosas que poco a poco empezó a gustarle y cada vez los movimientos eran cada vez de mayor intensidad mis manos la agarraban por la cintura, frotaban su espalda y hasta le agarraban sus pechos. Así cabalgándola y disfrutando de sus caricias llegamos al final de nuestra lujuria, nos arreglamos, nos vestimos y bajamos con el grupo que se había quedado esperándonos los cuales estaban extrañados por nuestra demora, aunque Faby había subido y escuchado todo no dijo nada en ese instante, pero luego me lo contó y eso ya será parte de otra historia.
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23/03/2006 20:28 Autor: relatosporno. Enlace permanente. Tema: Relatos Eroticos No hay comentarios. Comentar.

Alicia cuenta su primera vez


Pocas cosas me gustan tanto como escuchar a las chicas que he tenido (y a las que no he tenido), relatarme sus historias sexuales (por eso soy lector de esta página, donde busco a las autoras). Aquí intentaré reproducir las historias de Alicia, una chica con quien lo hice en unas vacaciones orgiásticas en Acapulquito, y que unos tres meses después se hizo amante mía. Es una chica deliciosa, y contaré su historia. En otro lado he contado aquellas vacaciones, en las que dije algunas cosas de Alicia, y ahora reproduzco un par de párrafos de aquel relato:

Alicia acababa de cumplir los 19 (por poco se los festejamos en Acapulquito), de facciones muy finitas, ojos color castaño claro, lo mismo que el cabello, casi tan bajita de estatura como Tamara (1:55) y, aunque delgada, muy bien proporcionada. En realidad, había sido una sabia elección, porque me encantaba. A pregunta nuestra, nos contó que había perdido la virginidad con un primo suyo, y que Robert y yo seríamos sus varones número 8 y 9. Le pedí que me contara de los otros, y sonriendo picaramente dijo que sólo los enumeraría: su primo ya dicho; su profe de química en primero de prepa; un novio de 19 años; “dos españoles en Cancún”; Felipe, “aquí presente”; y... “el otro es un secreto”. Ya siendo amantes, empezó a contarme su historia, y esta es la primera:

Miguel, como llamaremos al primo que gozó mi virginidad, era cuatro años mayor que yo, pero antes de contarte de él tengo que contarte de Juan, su hermano, que era un año mayor que yo, porque aunque no cogí con él, no todo en el sexo consiste en meterlo, y añoro aquellos años en que un roce, cualquier cosa, bastaba para enloquecerme. De niños, Juan y yo jugábamos y peleábamos como suele ocurrir entre primos que se frecuentan mucho, y desde por ahí de los 10 años empezamos a curiosear con nuestros cuerpos. Solíamos subirnos a la azotea del edificio donde él vivía, y yo le tocaba su pequeño pene, que se ponía duro, como debe ser, y el observaba y tocaba lo mío. Aquello duró un par de meses, hasta que mi madre se enteró de alguna manera, y me dijo que eso no estaba nada bien, y tal, y lo dejé de hacer.

Pero los toqueteos de Juan y los míos habían despertado mi gusto por aquellas partes “prohibidas” de mi cuerpo, y poco a poco fui descubriendo la masturbación. No extrañé a Juan ni tuve deseos de varón, porque mis dedos me daban más placer del que había tenido en aquellos escarceos infantiles con Juanito, pero pasaron algunos años, y la teoría, las lecturas, los cursos de educación sexual, la calentura de las amigas, fueron despertando mi curiosidad. Como es natural, Juan y yo nos separamos un poco al inicio de nuestra adolescencia (de la suya), pero seguíamos teniendo contacto. El creció y se puso más o menos guapo, y llegó un momento en que no pude menos que preguntarme qué pasaría si aquellos antiguos juegos se reanudaban, y pronto empecé a fantasear con Miguel, mucho más guapo y desarrollado que su hermanito, pero eran, o así lo pensaba yo, meras fantasías que poblaban mi mente cuando me masajeaba el clítoris.

La fantasía dejó de serlo en una tardeada-baile (como se llamaban) de la secundaria. Yo no quería ir sola, pero siendo chaparrita y sintiéndome un poco gordita, y con algunos barros en la cara, parecía que no tendría remedio. Entonces le pedí a Juan que me acompañara, como un gran favor, y que no dijera que era mi primo, y él, que me quería bien, accedió. Como yo había pensado, Juan fue la sensación y la envidia de mis amigas. Le pedí que me besara y solo de sentir su lengua, y sus manos en mi cuerpo, y de saberme observada, me ponía cachondísima, como pocas veces antes. Mis padres pasaron por nosotros al cole, y ese día ahí terminó todo, pero yo me quedé con ganas de más, y al día siguiente, un sábado, recuerdo, fui a casa de mis primos, con el pretexto de pedirle a Juan ayuda para no se qué tarea, y luego de fingir un poco ante mis tíos, le pedí que subiéramos a la azotea de su edificio, como hacíamos mucho, para ver la ciudad, y así empezamos, como de niños, a tocarnos cada vez que nos veíamos.

Jugábamos a ser novios, a ser adultos, arriba de los cuartos de azotea, según nosotros, fuera de la mirada de las sirvientas que lo poblaban (dos o tres). Miguel, mi otro primo, dormía en el cuarto de azotea que correspondía a su departamento y era generalmente arriba de él donde nos tocábamos, a horas en que Miguel estaba en la escuela. Aquellas sesiones consistían en darnos besos y tocarnos, casi siempre el en trusa y yo con la pura falda y las tetas al aire, y las últimas veces, yo le hacía la paja. Lo malo fue que no supe enseñarle a masturbarme o, mejor, me dio miedo llevarle sus manos a mi clítoris (que yo sabía bien cómo debía tocarse), así que llegaba a casa a encerrarme en mi habitación y masturbarme como loca.

Así pasaron como dos meses, hasta que un viernes saliendo de la escuela fui a casa de Juan sin haberle avisado. Al acercarme, vi en la puerta del edificio a Miguel, que besaba a su novia, Lilí, una morena de la Uni que me parecía de lo más guapa. Alcancé a Miguel subiendo las escaleras, ya cerca de su departamento, y le pregunté por Juan. Miguel, tan guapo, que estudiaba arquitectura, no me hacía ningún caso, según creía yo, pero me equivocaba. Miguel me dijo que Juan había salido y no tardaría en llegar, que lo esperara, y entramos al departamento. Ahí estuve diez minutitos hasta que Miguel me preguntó “¿no quieres un refresco, de mi reserva?” Yo, sorprendida –primera vez que me ofrecía algo-, subí con él a su cuarto, y ahí, admiré el decorado del tugurio, y el frigobar del que extrajo una cerveza para él y una cocacola para mí. me senté en la orillita de la cama, viéndolo, admirándolo, cuando él soltó: “¿no jugarías conmigo a lo que juegas con Juan?” De entrada me asusté y le pregunté, tartamudeando, si nos había visto, y dijo que solía pajearse viendo nuestros fajes y juegos, “porque estás muy buena, primita, y eres muy cachonda”. Yo creí que se burlaba, ¿cómo él, tan guapo y tan alto y con una novia tan linda, me decía eso? Viendo que titubeaba, me ordenó (sí, me ordenó) que me parara y pidió “date una vuelta... así”, y acercó su banco hasta tenerme al alcance de su mano.

Los viernes tenía deportes, así que llevaba el uniforme de voleybol, que era lo que jugaba, debajo de la falda a cuadros de la escuela, y estaba sudada y olorosa, y apenas me había dado la media vuelta cuando él me acercó hacia sí, y hundiendo su nariz entre mis pechos, cubiertos por el jersey de deporte, aspiró profundamente y dijo: “hueles a mujer, a sexo, a ganas”. Yo no sabía si tocarlo también, o quedarme parada, pero sí supe que quería “jugar” con él, y terminar lo que Juan había empezado meses antes.

Tras olerme, se separó de mí y me pidió que me descalzara y me quitara la blusa... y el chort que llevaba bajo la falda. Yo con una voz ronca que no reconocí como mía, le dije: “sólo si me dejas verte desnudo”. Cuando él se desnudó por completo, yo obedecí sus indicaciones, quedando sólo con mi falda y mi ropa interior. Mientras me sacaba la blusa y el chort, él se había sentado otra vez y con la mano izquierda empezó a acariciarse muy despacito el pito, una tranca cuyo tamaño empezaba a asustarme. Cuando me hube quitado esas prendas, el me jaló con la derecha y me desabotonó la falda, dejándome parada frente a él, cuya cabeza estaba a la altura de la mía (él mide algo más de 1.80 y aunque yo tenía la misma estatura que ahora, me sacaba cabeza y media), y luego, su mano volvió a subir, desde mi cintura hasta mi nuca, y jalándome, me dio el primer beso de la tarde, rozando apenas sus labios con los míos, y luego introduciendo despacio su lengua entre mis dientes, tocando la mía, todo sin prisas, muy distinto de los torpes besos de Juan.

Hasta entonces moví mis manos, tocando sus hombros, su cuello, sus bien marcados pectorales. Eso no duró mucho, porque me separó de sí y me ordenó que estuviera quieta, y luego de observarme unos segundos, me ordenó que me quitará el bra, y luego me tomó la mano y empezó a besarme los dedos índice y medio. Me los besaba despacito, luego de haberme ordenado (más órdenes, carajo) que no me moviera, y luego se los metió en la boca, recorriéndolos y succionándolos muy despacio, de abajo hacia arriba, y entonces me preguntó: “¿aprendiste? Ahora haz así con mi pito”, y me llevó la cabeza hasta su miembro.

De entrada me dio asco, pero ya estaba bajo su control, y cerrando los ojos, traté de reproducir las maniobras que él había hecho con mis dedos. Con su mano, me obligó a ir despacio, muy despacio, y pronto empezó a gustarme, no el sabor (sabía a algo que luego identifiqué: a flujos de mujer y a semen: el cabrito se había cogido, un rato antes a Lilí. Por eso, también, tardaba tanto, así que más bien, debo agradecerle a Lilí lo que pasó) ni la sensación de la tranca en la boca, sino saber que ahora yo lo tenía a mi merced, que podía morir ahí mismo, y que lo estaba haciendo gozar, como mostraba la tensa rigidez que iban adquiriendo sus muslos y sus nalgas, y los gemidos que dejaba escapar. Eso y las expectativas, sentirlo, pensar lo que me esperaba, me tenían a mí también, muy caliente, y mi panochita empezaba a segregar sus jugos.

No se cuanto llevaba así cuando él me levantó, metió su mano debajo del calzón y, al sentir mi humedad, dijo: “Magnífico, estás lista”, y me bajó la última prenda que cubría mi desnudez. Me acostó, y supe que ya era hora, que dos minutos después perdería aquello que toda mujer bien nacida sueña perder pronto, pero bien. Me hincó en la entrada de mi panochita la dura punta de su verga, y empezó a presionar. Yo sentía cómo se abría paso con una mezcla de emoción intensa, miedo, dolor y placer. Lo tercero fue lo que dominó cuando, luego de varios movimientos de entrada y salida de su punta, sin decir nada, ni advertirlo de manera alguna, me la metió hasta el fondo de un solo golpe.

No pude ahogar un grito, y él me mordió el lóbulo de la oreja y susurró: “aguanta, aguanta”, y se movió suave, muy suavemente, hasta que el dolor fue disminuyendo y el placer regresó. De pronto se quedó quieto, sin haber aumentado el ritmo, y supe que se había venido. Cuando leí, dos meses después, “Arráncame la vida”, supe lo que debí haber dicho: “Estuvo muy bien, pero el final no lo entendí”. No importa que no lo dijera, porque luego me ayudó el mismo Miguel a entenderlo.

Por lo pronto, él se retiró, y me estuvo acariciando los pechos, el estómago, los hombros, hasta que me fui relajando, y entonces me masturbó. Me estaba quedando dormida cuando dijo: “Se va a hacer tarde y tus papás van a preguntar por ti”. Me ayudó a vestirme y antes de dejarme ir me jaló del brazo, me dio un largo beso y me ordenó “ven mañana, antes de comer. Sube sin pasar a ver a Juan”. Me fui a mi casa, adolorida y contenta, ruborosa y llena de preguntas, y claramente dispuesta a obedecerle.

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23/03/2006 20:30 Autor: relatosporno. Enlace permanente. Tema: Primera vez No hay comentarios. Comentar.
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