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16/03/2006
Mi primera vez paso sin querer
Tenía yo en ese entonces 18 años, vivía en Veracruz, México. Un día estaba yo en el icq platicando con un amigo, y me dice: “Mira agrega a esta chica, es amiga de nosotros dile que me conoces”. Y yo le dije: “Aahh ya la voy a agregar”, para esto yo ya la había agregado antes, pero casi no me contestaba ni nada, entonces le mandé un mensaje diciéndole que yo conocía a este chico y me dice: “Aaahh no me digas”. A ella la llamaremos “Laura”.
Y así nos empezamos a llevar muy bien, y me cortaron el Internet, y un día andaba por su casa, le hablé y le dije si podía pasar a verla, me respondió que si y me dijo donde vivía, era prácticamente enfrente de donde yo le estaba hablando, llegué a su casa, (cabe mencionar que ella es 6 años mayor que yo, y vivía sola). Llegué y empezamos a platicar, me cayó súper bien, yo también le caí en bien, me prestó su computadora y estuve chateando un buen rato.
Al día siguiente yo estaba en exámenes en la escuela, salí temprano y la pasé a ver. Estuvimos todo el día platicando de esto y aquello, y me fui de su casa a las 6, pero le pregunté: “¿Que vas a hacer”, y me dice: “No sé”, quedamos que yo regresaría más tarde compraríamos un pomo (aquí en México un pomo es una botella de algún alcohol, bacardi, etc.) y así fue, regresé, ella creyó que ya no iba regresar. Ella me sirvió un trago, claro que ella me engañó porque nunca estuvo tomando o se servía muy poco. Y siempre me han dicho que tengo unos labios que se antojan besar y empezamos a platicar de eso, me di cuenta que si seguía el tema podría lograr algo, así que seguí.
Estuvimos acostados en su alfombra y acercando mi cara le digo que si están ricos mis labios, y nada más cerré los ojos a esperar a ver si ella hacía algo, y me besó, y luego empezamos a buscarnos con nuestras lenguas. Yo empecé a tocarle las tetas, que por cierto que rica las tenía, le quise quitar su playera y me hizo apagar la luz. Y se la quitó, y le empecé a chupar sus tetas tan ricas, le dije que nos fuéramos a su cuarto y así lo hicimos, ahí nos seguimos besando, y ella me sobaba mi paquete, que para entonces ya la tenía bien dura, yo no se si la tendré grande, pero siempre me dicen que está grande, entonces algo de razón han de tener… Así que me quité el pantalón y me la saqué, ella no dijo nada, simplemente se bajo a chupármela y ¡¡¡wow!!!... que rico la chupaba, después de un rato yo también quería chuparle su conchita, así que la desnudé y que belleza de conchita tenía.
Recuerden que era mi primera vez, así que lo primero que hice fue darle una lengüeteada desde el ano hasta el clítoris, lo que hizo que sacara un gemido riquísimo, creí que le hacía daño y dejé de hacerlo (ahora me arrepiento), el problema es que no traíamos condones, así que eso nada más quedó en que me la estuvo chupando y yo me vine en su boca. Pero no se lo tragó. Lo fue a escupir, y cuando regreso me dijo que quería sentarse en mi verga, nada más quería probar qué se sentía con una tan grande. Yo no me lo creí, pero le dije va pues, y así se sentó y me dijo: “Es que no me cabe”, así que yo le dije: “¿Como no?, y alcé mi cadera para llegar hasta el fondo y ella nada más pudo sacar un gran gemido. Y hasta ahí llegó esa vez… nos vimos todavía dos veces más.
Bueno y así Laura después se bajó de mi verga, y ya no hicimos nada, por lo mismo que no teníamos condones y obviamente era mi primera vez y no quería cagarla en mi primera vez, ¿que frustrante hubiera sido eso no creen?. Y bueno pasó, nos vimos otro día, y estábamos en su cuarto viendo la tele y me dijo: “Estoy incómoda, ¿Te molesta que me quede en calzones?”, y yo le dije: “No para nada” (dentro de mi pensé, hombre como me va molestar) y ya se quedó en calzones y una playera, se acostó junto a mi, en eso la abracé la puse boca arriba y empecé a sobarle sus tetas por encima de la playera, y la verdad que ricas tetas tiene, y sus pezones empezaron a hacer reacción enseguida así que me dispuse a pellizcarlos y jalarlos un poco y su respiración se empezó a agitar, la agarré de la cara, y la empecé a besar, a que nuestras lenguas jugaran, y a morderle sus labios, y nos empezábamos a mover con ropa como si estuviéramos cogiendo para que sintiera mi verga en su concha.
Así seguimos durante un rato hasta que yo estaba seguro que ya estuviera bien caliente, le quité la playera y que tetas, se las empecé a comer, a sobar y chupar le pasaba la lengua alrededor de los pezones y luego una mordida suave en cada pezón, mientras ella me sobaba la verga, y me la apretaba encima del pantalón, ya ella desesperándose me quitó el pantalón, y la cabeza se asomaba por encima del bóxer así que me lo quitó rápidamente y me agarró la verga con toda su mano fuerte sobándolo de arriba hacia abajo, luego le pasó una lengüeteada por toda la verga para luego metérsela en la boca completita, y darle vueltas en su boca y subir y bajar la cabeza, no saben lo rico que se siente así el calor de la boca en la verga, así hasta que yo también quería, le dije que esperara un poco, le quité el short, y le abrí las piernas suavemente, tocándole los muslos, acariciándolos, besándoselos, mordiéndolos y le di un gran beso entre sus piernas, pero sobre la tanga para que sintiera, solo alcancé a oír un gran ¡Aaaaahhhhh!.
Así que le retiré su tanga y que rica conchita, ya la tenía depilada (yo se lo había pedido, y lo hizo un día antes) así que le di una lengüeteada desde el ano hasta su clítoris, y que rico gemía, gemía como puta, le metí la lengua más adentro y ese sabor agridulce y caliente es un manjar, así que seguí metiendo mi lengüita, y moviéndola adentro, pero me esperaba ese clítoris tan rico, lo empecé a chupar y ella empezó a respirar más fuerte y a gemir y me dijo: “Así cabrón, házmelo así más fuerte”, así que le empecé a morder el clítoris y meterlo a mi boca y ahí chuparlo muy, muy rico. Seguimos así hasta que ella ya no podía más y se vino en mi cara, que rico dije yo… Pero ahí no quedaban las cosas, ella agarró mi verga bien dura y se dispuso a comerla como una maestra, le dije: “Quiero que ahora te los tragues”, ella no me dijo nada simplemente se dispuso a chupar yo ya no aguanté más, así que le dije: Abre la boca” y me empecé a masturbar hasta que toda mi leche entró en su boquita, y tal como yo se lo había pedido se los comió. Desgraciadamente esa vez tampoco llevábamos condones, y para colmo no me podía quedar ya que llegaría su mamá.
Tiempo después me la encontraba en el Messenger y le decía que nos viéramos, pero ella me decía que estaba depre que no quería salir, más que nada le dio cruda moral ya saben, como se sentía como puta y todo eso, y así durante varios días, hasta que yo si quería verla. Así que la fui a buscar, obviamente no me abría estuve tocando hasta que finalmente me abrió, con una mala cara me decía que, qué hacía ahí, que me dijo que no quería ver a nadie, y ya pues ya estaba ahí, así que me invitó a pasar. Estuvo de mala cara durante un rato, hasta que con bromas se le quitó y ya nos la estuvimos pasando bien, en una de esas la empecé a besar, ¡y a fajar riquísimo! En fin me la empezó a chupar otra vez como solo ella lo sabe hacer, recorriendo todo el tronco hasta la garganta, y yo sobándole sus tetas tan ricas. Así que también le comencé a chupar su concha tan rica como siempre y mojada, pero ya no quería postergar más el tiempo, así que me desnudé me puse un condón, le agarré las piernas y las puse en mis hombros y se la metí suavecito hasta que topara con pared, empecé a bombearla más duro y ella sacaba gemidos bien ricos y me decía dame más duro, así estuvimos hasta que ya estaba a punto de venirme en que me detuve. La puse de perrito se la metí toda y a darle más duro, y que rico sentía al jalar todo su culote hacia mi verga hasta que ya no aguantaba y ya me iba a venir, me salí de ella y le eché en su espalda toda mi lechita, que rico.
Poseída por tres hombres
Pasando a otras cosas yo me encontraba en una fiesta familiar en casa de mi tío Javier, esa tarde-noche llevaba una blusa de tirantes con un escote grande a través del cual se podían ver la mayor parte de mis senos, además tenía puesta una falda corta y unos tacones altos. En dicha fiesta se encontraban la mayor parte de mis familiares (tíos, primos, etc.) yo noté que varios de ellos me miraban de una manera lujuriosa, al principio me molestaba pero después me empezó a gustar y a excitar, por lo que quise seguirles el juego y disimuladamente les abría las piernas para que vieran mi ropa interior, o también me inclinaba un poco para que se vieran mis senos, miraba como hacían comentarios entre ellos señalándome con sus manos.
Así estuve un rato calentándolos hasta que llegó la hora de marcharme, como no llevaba automóvil pregunté quien me podía llevar a mi casa, en ese momento ya eran cerca de las 10:00 p.m, inmediatamente mi tío Javier que tiene como unos 52 años, mi primo Sergio de unos 36 años y mi primo Pedro de 21 años se levantaron para llevarme a mi casa, ellos estaban un poco pasados de copas pero no me importó, nos fuimos los 4 en la camioneta de mi tío el cual manejaba, por supuesto que mis primos me subieron en medio de ellos. Durante el camino sentí como mi tío Javier acariciaba mis piernas cada vez que quería yo no sabía que hacer quería decirle que no lo hiciera pero me gustaba.
Al llegar a la casa se bajaron los tres y se metieron junto conmigo a la casa, ya dentro sacaron una cerveza y me la dieron, como no estoy impuesta a beber alcohol se empezó a subir por lo que decidí bañarme, les dije que cuando se terminaran sus cervezas se fueran, me metí a bañar y comencé a masturbarme pensando en ellos tres, al salir de ducharme completamente desnuda cual fue mi sorpresa al verlos todavía dentro de mi casa. Mi primo Pedro se acercó y me sentó en la cama y Javier dijo:
- Que rica te ves desnuda sobrina.
Y se empezaron a bajar los pantalones, se pararon frente a mí y mostrándome sus vergas que por cierto estaban muy paradas y duras me dijeron:
- Ahora nos vas a satisfacer después de que nos calentastes en la fiesta puta.
Sergio me tomó de la cabeza y me introdujo su verga en la boca, al principio me resistí pero después empezó a gustarme y me deje llevar por mi calentura, comencé a mamárselas, me metía una verga y a veces hasta dos mientras masturbaba la otra. Miraba como estaban gozando los tres y mi tío Javier decía que rica zorrita nos encontramos, esas palabras me excitaban mucho más. Pedro me levantó y me acostó de espaldas en la cama abrió mis piernas y me mamó mi cuca mientras tanto Javier y Sergio chupaban mis tetas como unos perros. Me besaron y acariciaron como quisieron pero me encantaba lo que hacían, fue cuando les dije;
- Quiero que me metan sus vergas
Sergio se recostó en la cama, me subí y lo cabalgué mientras él me acariciaba los senos, Javier se acercó y me inclinó sobre Sergio quedando mis nalgas a su disposición, empezó a sobarme el culo y luego me tío su dedo para abrírmelo, yo le pedí su verga y él me complació metiéndomela muy despacio, al principio me dolió pero después estaba encantada de tener dos vergas dentro de mí, era demasiado rico sentir a mi primo y a mi tío ellos no paraban de decirme vulgaridades como que rico culo tienes perrita y Sergio decía que sabrosa está mi prima la zorrita.
Se acercó Pedro me introdujo su pene en mi boca y empecé chupársela, entonces sentí la delicia de estar clavada por tres vergones. Después de un tiempo mi boca se lleno de leche de Pedro, enseguida Javier terminó también y saco su verga de mi culo y me chorreo su semen en mis nalgas, por último Sergio acabó dentro de mi cuca inundándola toda. Nos quedamos acostados los cuatro y ellos no paraban de decir:
- Que rica primita tenemos, además es bien puta como nos gusta.
Luego se vistieron y se marcharon muy contentos. Por mi parte puedo decirles que me encantó ser poseída por tres hombres y cada vez que les antoja vienen para que les dé placer y mucho sexo.
Relatos Eroticos

Hoy esta en linea nuestro blog con imperdibles relatos eroticos.
A disfrutarlos.
La primera vez
Como dije anteriormente llegamos a la ciudad de Lima, para forjarnos un futuro mejor, llegamos a vivir a un pueblo joven, a la casa de un familiar que no vivía allí, ya que el se encontraba de viaje en otro país. Como todo joven que llega a vivir a un sitio sin conocer a nadie, me sentía un poco incomodo, a veces renegaba de haber ido a vivir por allá, ya que había dejado, mis amigos en el sitio donde nací.
Bueno tuvo que pasar como 20 días para hacerme de amigos, no se me hizo muy difícil de conseguirlos ya que los conseguí por medio del fútbol. Me encanta jugar fútbol. Soy zurdo y juego de volante. Comencé jugando en un parque que esta al frente de la casa, los jóvenes y los tíos (tíos, le decimos a los hombres mayores de 35 años en Perú), se reunían a partir de las 3:30 p.m., de la tarde para empezar a jugar. Yo bajaba a esa hora para ver si me hacían jugar. Al principio nadie me escogía por que como era nuevo, no sabían como jugaba y pensaban que la iba a cagar (cagar es jugar mal, en jerga peruana). No me incomodaba al principio, es mas me reía y en voz baja decía: algún día me van a rogar para jugar. Tuve que esperar varios días para jugar allí, y lo hice para un equipo muy monse, eran tan monse que su chapa eran los muppets. Ellos (los muppets) jugaban solo por diversión, no les importaban si perdían o ganaban, aunque casi siempre perdían, raras veces eran los días que venían inspirados y con mucha garra ganaban un partido. Gracias a los muppets empecé a jugar fulbito (6 contra 6), con ellos hice mi debut, jugué tan bien ese día que los muppets ganaron varios partidos y de aquel día me empezaron a buscar para jugar campeonatos de fútbol y bulbito
Mis hermanas jugaban Voleyball, y jugaban muy bien, yo era su hincha de ellas; partido de voley que jugaban ellas, yo lo seguía. Ellas tenían muchísimas amigas, y me presentaron a varias de ellas. Muchas amigas de mi hermana eran simpáticas, de buen cuerpo y había de todo los tipos: blancas, negritas, chinitas, gringuitas, morochas, todas muy altas de 1.70 m para arriba. Me gustaba una zambita, no era bonita, pero si muy agraciada la chica, tenia unos ojos bonitos, y una sonrisa encantadora, muy buen cuerpo, bien formado, la estuve afanando regular tiempo, ella no me acepto porque se dio cuenta que mas me interesaba el fútbol que ella.
Paso el tiempo entre fútbol y voley, en el barrio unos amigos decidieron formar un club de fútbol y voley. Mis hermanas y yo formamos parte de ese club, los vecinos estaban entusiasmados también, y cada actividad que hacíamos ellos nos apoyaban. Con el dinero de las actividades compramos nuestros uniformes.
Las chicas del barrio iban hacer barra cuando jugábamos nosotros, y es allí que conocí a Carolina, una chica morocha de 19 años, muy agraciada, de pelo negro y de buen cuerpo, pero lo que más resaltaba de ella era su hermoso y lindo trasero. Que culazo que tenia la chica, y era la obsesión de varios amigos de poseerla. Ella se hizo amiga de mis hermanas y casi siempre llegaba a la casa. A veces cuando tocaban la puerta, yo salía a abrirlo y me encontraba con ella, con Carolina y con voz suave y sensual me decía: Están tus hermanas, yo le respondía: si, pero están en su cuarto - pasa. Ella pasaba contorneando su figura mientras yo miraba disimuladamente el tremendo culazo que tenia. Me estaba empezando a gustar, pero más podía el fútbol que ella, así que agarraba mis implementos y me iba jugar.
Un día conversando con una de mis hermanas, me dijo: Hermano, Carolina viene todos los días a la casa, por que tú le gustas, y ella me ha dicho que tú eres muy guapo. Yo solo sonreí y le respondí a mi hermana: que pena, pero ella no es mi tipo. Le dije eso solo para salir del apuro, ya que si le decía que también me gustaba ella me hubiera comenzado a fastidiar. Esa noche me puse a pensar en ella en Carolina, en lo descortés que había sido algunas veces con ella. Pero la única manera de conquistarla a ella tendría que ser con la complicidad de mi hermana.
Un día ella llego como de costumbre a la casa por la tarde, yo me disponía a salir a jugar fútbol, pero al verla a ella, me quede y le dije: Hola Carolina, ¿Cómo estas?, bien gracias, respondió. Comenzamos a conversar en la sala un buen rato, le comencé a insinuar lo bonita que estaba y le dije:
- Tu enamorado debe estar orgullosa de ti, de tener una chica linda como pareja.
Ella me respondió:
- No tengo enamorado.
- No te creo - le dije
- Verdad, hasta ahora no hay nadie quien me guste.
- Y yo te gusto - le pregunte.
Ella no me quiso responder, solo sonrojo y empezó a reír. En eso entra mi hermana y le dice: Hola, Caro, has venido muy temprano hoy, ven pasa a mi cuarto. Ella se levanto y se fue al cuarto de mi hermana. Ya estaba anocheciendo, y Carolina sale del cuarto y cuando pasa por la sala me dice: chau, hasta mañana; yo me levante apresurado para abrirle la puerta y le dije muy cerquita al oído: me gustas mucho, me acerque para darle un beso, y ella me correspondió, ella separo su rostro del mío y me dijo: hasta mañana.
Yo estaba feliz por haberla besado, y dije: pronto sera mía. Después de cenar me fui a mi cuarto donde me puse a pensar en ella, hasta la soñé esa noche haciéndole el amor. Al otro día, desistí de ir a jugar fútbol, y estaba en casa esperando a Carolina, pero ella nunca llego, la espere varios días sin tener resultado alguno. Yo pensé que tal vez por el beso que le había dado, ella se había molestado y por eso no venia. Así que le pregunte a mi hermana: y ¿por que no viene Carolina? - Ella me respondió, es que estuvo ocupada en su casa, pero mañana viene.
Al día siguiente yo estaba en casa solo, mis hermanas habían salido con mis papas e iban a tardar mucho en llegar. Yo me quede al cuidado de la casa, por la tarde, tocan el timbre y yo pensé que era ella, salí corriendo abrir la puerta pero eran unos amigos que venían a buscarme para salir a pelotear, pero les dije que no podía que mejor mañana y se fueron. Al rato vuelven a tocar el timbre y era Carolina que venia a buscar a mi hermana, le dije: pasa, esta en su cuarto. Antes de dirigirse para el cuarto, le dije: me gustas mucho y le di un beso, ella solo sonrió y se dirigió al cuarto de mi hermana. Yo fui detrás de ella, Carolina entro y dejo la puerta semiabierta, yo aproveche en entrar y ella me dice: pero si no esta tu hermana, acaba de salir - le respondí. Pero no te preocupes, yo te puedo hacer compañía hasta que ella venga, van a demorar mucho. ¡Como que van a demorar! - me dice: Si no hay nadie en casa, estamos solitos.
Ella se puso un poco nerviosa, yo me pare le tome de las manos y le dije: no tengas miedo, estamos solos y la bese, ella solo se dejo llevar. Me gustas mucho le dije, ella me respondió que yo también le gustaba. Le dije: sentémonos en la cama, ella me obedeció, la bese y me eche encima de ella, me comencé a mover, mis manos comenzaron a acariciar cada rincón de su cuerpo.
- Quiero hacerte el amor - le dije
- Estas loco, y si vienen - me respondió
- Ya te dije que van a demorar.
- No, tengo miedo de hacerlo, es que nunca lo he hecho - me dijo. Además quiero llegar virgen al matrimonio.
- No te preocupes, no es malo hacer el amor, aun cuando son dos las personas que se quieren - y la bese, al mismo tiempo que le sacaba la blusa.
A Carolina, se le notaba nerviosa, temblaba, tengo miedo - me decía. Le saque el brasier con un poco de dificultad, ella dio un suspiro cuando agarre con mis manos sus duritos pezones, comencé a sobar los pezones con la yema de mis dedos, al mismo tiempo que la abrazaba, temblaba, se le veía que era su primera vez. Sácate tú también tu polo - me dijo, yo le respondí: sácamelo tú, ella me saco el polo y acerque mi cuerpo hacia el de ella, por dios, estaba ardiendo; la besaba y le acariciaba sus pezones. Comencé a sacarle el pantalón y me dijo:
- No lo hagas, tengo vergüenza.
- Mi amor, nada te va a pasar confía en mí, además estamos solos.
Ella se dejo llevar por el placer que tenia y logre sacarle el pantalón. Tenia un calzoncito blanco puesto, se lo saque y lo olí. Que rico huele - le dije - tiene aroma de mujer. Ella me volvió a decir: tengo miedo. Yo mismo Flash, me desnude en un dos por tres y me acerque a ella diciéndole: lo que yo te haga tu tienes que hacérmelo. Ella me dijo: ya. Comencé a besarla y baje hasta el cuello, la besaba y eso le excitaba a ella, baje hasta sus hermosos senos que estaban paraditos y comencé a chuparlos; estuve un buen rato chupándole y besándola. Le dije: ahora te toca a ti.
Ella sin titubear me hizo lo mismo, parece que le estaba empezando a gustar. Después de unos minutos le dije: voltéate. Ella con un poco de temor me dijo: que me vas hacer. Solo quiero que sientas algo rico - le dije. Carolina me dio la espalda con un poco de temor y yo me eche encima de ella. Mi miembro erecto quedo entre sus nalgas y comencé a moverme la mismo tiempo que le besaba la nuca, y le mordisqueaba el lóbulo de su oreja. Ella solo decía en voz baja: ay, que rico, comencé a bajar por los hombros, besándolo, succionando y mordisqueándolo, comencé a bajar por la espalda y ella que seguía diciendo: que rico se siente. Seguía besando y mordiendo despacio y seguía bajando hasta las nalgas, con mi lengua viperina comencé a recorrer sus nalgas y algunas veces le mordía suavemente.
Carolina estaba tan excitada que las piernas que las tenían juntas las separo. Yo continué bajando y besando los muslos, me acerque hacia su conchita virginal que estaba muy húmeda. Le comencé a meter la lengua en ese huequito inexplorado y al mismo tiempo que saboreaba su fluido, le chupaba y ella se contorneaba. Le dije voltéate, ella me hizo caso y de nuevo volví a comerle el coño. Mi mano jugaba con su clítoris que ya se había pronunciado. ¿Quieres que te la siga chupando? - le dije, ella movió su cabeza diciéndome si. Le lamí un buen rato, estaba sobreexcitada y demasiado lubricada, y le digo. Ahora chupamela a mí.
Carolina con un poco de vergüenza (lo note en su expresión), bajo hacia mi pene sin titubear. Con una mano agarro el miembro y se lo metió a la boca. Se le veía inexperta y un poco torpe cuando me lo chupaba, a veces me hacia doler con sus dientes. Estuvo mamando verga un buen rato y me dijo: es demasiada carne para mi boquita. Yo sonreí y la bese. Le dije: échate aquí mi amor. Ella se volvió a echar sobre la cama y yo me coloque encima de ella, mi verga trataba de buscar el huequito virginal de Carolina. El rostro de ella mostraba algo de dolor, al momento que mi verga comenzó a penetrar la conchita de ella.
- ¡Ahhh, me duele!, por favor no sigas, tengo miedo.
- Mi amor, relájate, así es la primera vez, pero después te va a gustar - le dije.
Ella sudaba, temblaba y me abrazaba, me duele, decía, mientras que mi pene abría paso a través de su conchita.
- Por favor, ya no puedo mas, sácalo, me duele demasiado - me dijo.
Le saque el miembro de la su conchita, apenas había entrado el glande, la bese y le dije: cálmate mi amor, así es la primera vez.
- Si, pero me duele - dijo ella.
La bese, acaricie sus pechos, y le lamí su vientre hasta llegar en la entrada de su concha, le lamí y le chupaba sus flujos, el olor de su conchita me excitaba, ella con sus manos, me agarro la cabeza y me lo empujaba con fuerza hacia su concha.
- Solo hazme esto, me gusta - me decía.
Yo seguí lamiendo esa conchita, y mi mano sin querer comenzó a buscar su clítoris para frotarlo, ella me decía que rico, sigue, sigue, yo continué sobándole el clítoris y luego le introduci un dedo en su conchita, ella dio un suspiro. ¿Lo sientes? - le dije, ella asentó la cabeza. Ahora te lo voy a meter - le dije. Mi miembro estaba durísimo como una estaca, ella un poco asombrada me dice: no creo que entre todo eso en mí. No te preocupes - le dije. Tu solo relájate.
Ella abrió las piernas y me volví a echar encima de ella, con el miembro en mi mano comencé a buscar esa conchita, Carolina estaba mojadita, y comenzó hacer presión de mi pene con su vagina. Ella gritaba, me decía en voz baja: me duele, me duele, yo le alcance una almohada y le dije: si sientes el dolor mas fuerte muerde la almohada. Ella me dijo que si. Comencé a metérsela, siempre despacio con el fin de no lastimarla, ella cuando sentía dolor mordía la almohada, al fin pude metérsela toda y ella pego un grito de dolor, al mismo tiempo que una lagrima rodaba por su mejilla, no lo se si seria de dolor o felicidad. Yo le dije:
- Ya entro todo mi amor.
Ella con un gesto de dolor y felicidad me dijo: me has hecho sufrir.
- Ahora vas a sentir lo mas rico - le dije
Comencé a moverme lentamente, a medida que iba aumentando la velocidad, vi que se le volteaban los ojos del placer que estaba sintiendo. Seguí moviéndome y ella sudaba, y gemía, apretó con sus piernas en mi cintura y al mismo tiempo que me clavaba sus uñas en mi espalda y me decía:
- Ya no sigas más que me voy a orinar.
Yo le conteste:
- Hazlo y te vas a sentir relajada.
- No, tengo vergüenza hacerlo, voy a mojar la cama y tu hermana se va a dar cuenta. Ya no sigas por favor - me decía.
Yo pare de hacerlo, me levante de la cama y le dije a ella sígueme. Ella temerosa me dijo:
- Como voy a salir desnuda.
- No hay nadie en la casa. Nos vamos a mi cuarto - le dije.
Ella se paro y me siguió, la abracé por la espalda y le comencé decir susurrando al oído: hoy día te voy hacer llegar al cielo. Ella sonrió y me beso.
Llegamos a mi cuarto y la eche en la cama, la comencé a besar, y con mi mano le comencé a tocar su conchita, seguía mojadita. Le puse mi miembro en su cuevita y se la metí, ella se quejaba, pero ya no le dolía mucho. Comencé a moverme despacio, para después hacerlo mas rápido, ella comenzó a sentir lo que era el placer y me decía: así papi, que rico, sigue así, dame mas, mas…
Yo continuaba con un loco poseído, la besaba, le mordisqueaba sus pezones, le mordía los labios. Ella me dijo de nuevo: ¡papi!, ¡me voy a orinar!, ¡no sigas!...
Yo le respondí:
- Haz lo que te plazca, además estas en mi cama y puedes orinarte aquí.
Comencé a moverme rápidamente, ella, cansada y gimiendo me decía: ¡ya no puedo mas!, ¡me voy a orinar!, ¡me voy orinar! y que da un grito: ¡ay!, ¡ya no!, ¡ya no!, ¡ya no sigas por favor!, yo siento un chorro espeso y caliente que me moja todo el miembro y parte de la cama. Ese es tu primer orgasmo mi amor, te gusto ¿verdad?, ella me dijo si, pero déjame descansar un ratito. Yo le dije todavía no, yo estaba a punto de reventar y le dije: ahora vas a sentir algo rico y calientito dentro de ti. Comencé a tener sexo con ella, ella, Carolina me besaba, y yo también, siento que estoy por venirme y se lo hago saber a ella, ella me abraza con todas sus fuerzas y yo le digo: Carolina, ¡se me viene!, ¡se me viene!, ha, ¡bésame!, ¡bésame!, e inundo toda su conchita con mi semen. Ella me dice: ¡ah!, que rico papi.
Tumbados los dos en la cama, le dije que me había gustado hacerle el amor, ella me dijo que a ella también y que siempre me tendrá presente, y que nunca se va arrepentir de haberme entregado a mí. Me dio un beso, se paro y se fue al cuarto de mi hermana a cambiarse, yo me puse un short y fui a verla. Ella estaba lista para irse y le dije te acompaño hasta afuera. Al llegar a la puerta le di un beso, y le dije: mañana te espero. Ella me sonrió y me dijo chau.
Mi primera vez paso sin querer
Tenía yo en ese entonces 18 años, vivía en Veracruz, México. Un día estaba yo en el icq platicando con un amigo, y me dice: “Mira agrega a esta chica, es amiga de nosotros dile que me conoces”. Y yo le dije: “Aahh ya la voy a agregar”, para esto yo ya la había agregado antes, pero casi no me contestaba ni nada, entonces le mandé un mensaje diciéndole que yo conocía a este chico y me dice: “Aaahh no me digas”. A ella la llamaremos “Laura”.
Y así nos empezamos a llevar muy bien, y me cortaron el Internet, y un día andaba por su casa, le hablé y le dije si podía pasar a verla, me respondió que si y me dijo donde vivía, era prácticamente enfrente de donde yo le estaba hablando, llegué a su casa, (cabe mencionar que ella es 6 años mayor que yo, y vivía sola). Llegué y empezamos a platicar, me cayó súper bien, yo también le caí en bien, me prestó su computadora y estuve chateando un buen rato.
Al día siguiente yo estaba en exámenes en la escuela, salí temprano y la pasé a ver. Estuvimos todo el día platicando de esto y aquello, y me fui de su casa a las 6, pero le pregunté: “¿Que vas a hacer”, y me dice: “No sé”, quedamos que yo regresaría más tarde compraríamos un pomo (aquí en México un pomo es una botella de algún alcohol, bacardi, etc.) y así fue, regresé, ella creyó que ya no iba regresar. Ella me sirvió un trago, claro que ella me engañó porque nunca estuvo tomando o se servía muy poco. Y siempre me han dicho que tengo unos labios que se antojan besar y empezamos a platicar de eso, me di cuenta que si seguía el tema podría lograr algo, así que seguí.
Estuvimos acostados en su alfombra y acercando mi cara le digo que si están ricos mis labios, y nada más cerré los ojos a esperar a ver si ella hacía algo, y me besó, y luego empezamos a buscarnos con nuestras lenguas. Yo empecé a tocarle las tetas, que por cierto que rica las tenía, le quise quitar su playera y me hizo apagar la luz. Y se la quitó, y le empecé a chupar sus tetas tan ricas, le dije que nos fuéramos a su cuarto y así lo hicimos, ahí nos seguimos besando, y ella me sobaba mi paquete, que para entonces ya la tenía bien dura, yo no se si la tendré grande, pero siempre me dicen que está grande, entonces algo de razón han de tener… Así que me quité el pantalón y me la saqué, ella no dijo nada, simplemente se bajo a chupármela y ¡¡¡wow!!!... que rico la chupaba, después de un rato yo también quería chuparle su conchita, así que la desnudé y que belleza de conchita tenía.
Recuerden que era mi primera vez, así que lo primero que hice fue darle una lengüeteada desde el ano hasta el clítoris, lo que hizo que sacara un gemido riquísimo, creí que le hacía daño y dejé de hacerlo (ahora me arrepiento), el problema es que no traíamos condones, así que eso nada más quedó en que me la estuvo chupando y yo me vine en su boca. Pero no se lo tragó. Lo fue a escupir, y cuando regreso me dijo que quería sentarse en mi verga, nada más quería probar qué se sentía con una tan grande. Yo no me lo creí, pero le dije va pues, y así se sentó y me dijo: “Es que no me cabe”, así que yo le dije: “¿Como no?, y alcé mi cadera para llegar hasta el fondo y ella nada más pudo sacar un gran gemido. Y hasta ahí llegó esa vez… nos vimos todavía dos veces más.
Bueno y así Laura después se bajó de mi verga, y ya no hicimos nada, por lo mismo que no teníamos condones y obviamente era mi primera vez y no quería cagarla en mi primera vez, ¿que frustrante hubiera sido eso no creen?. Y bueno pasó, nos vimos otro día, y estábamos en su cuarto viendo la tele y me dijo: “Estoy incómoda, ¿Te molesta que me quede en calzones?”, y yo le dije: “No para nada” (dentro de mi pensé, hombre como me va molestar) y ya se quedó en calzones y una playera, se acostó junto a mi, en eso la abracé la puse boca arriba y empecé a sobarle sus tetas por encima de la playera, y la verdad que ricas tetas tiene, y sus pezones empezaron a hacer reacción enseguida así que me dispuse a pellizcarlos y jalarlos un poco y su respiración se empezó a agitar, la agarré de la cara, y la empecé a besar, a que nuestras lenguas jugaran, y a morderle sus labios, y nos empezábamos a mover con ropa como si estuviéramos cogiendo para que sintiera mi verga en su concha.
Así seguimos durante un rato hasta que yo estaba seguro que ya estuviera bien caliente, le quité la playera y que tetas, se las empecé a comer, a sobar y chupar le pasaba la lengua alrededor de los pezones y luego una mordida suave en cada pezón, mientras ella me sobaba la verga, y me la apretaba encima del pantalón, ya ella desesperándose me quitó el pantalón, y la cabeza se asomaba por encima del bóxer así que me lo quitó rápidamente y me agarró la verga con toda su mano fuerte sobándolo de arriba hacia abajo, luego le pasó una lengüeteada por toda la verga para luego metérsela en la boca completita, y darle vueltas en su boca y subir y bajar la cabeza, no saben lo rico que se siente así el calor de la boca en la verga, así hasta que yo también quería, le dije que esperara un poco, le quité el short, y le abrí las piernas suavemente, tocándole los muslos, acariciándolos, besándoselos, mordiéndolos y le di un gran beso entre sus piernas, pero sobre la tanga para que sintiera, solo alcancé a oír un gran ¡Aaaaahhhhh!.
Así que le retiré su tanga y que rica conchita, ya la tenía depilada (yo se lo había pedido, y lo hizo un día antes) así que le di una lengüeteada desde el ano hasta su clítoris, y que rico gemía, gemía como puta, le metí la lengua más adentro y ese sabor agridulce y caliente es un manjar, así que seguí metiendo mi lengüita, y moviéndola adentro, pero me esperaba ese clítoris tan rico, lo empecé a chupar y ella empezó a respirar más fuerte y a gemir y me dijo: “Así cabrón, házmelo así más fuerte”, así que le empecé a morder el clítoris y meterlo a mi boca y ahí chuparlo muy, muy rico. Seguimos así hasta que ella ya no podía más y se vino en mi cara, que rico dije yo… Pero ahí no quedaban las cosas, ella agarró mi verga bien dura y se dispuso a comerla como una maestra, le dije: “Quiero que ahora te los tragues”, ella no me dijo nada simplemente se dispuso a chupar yo ya no aguanté más, así que le dije: Abre la boca” y me empecé a masturbar hasta que toda mi leche entró en su boquita, y tal como yo se lo había pedido se los comió. Desgraciadamente esa vez tampoco llevábamos condones, y para colmo no me podía quedar ya que llegaría su mamá.
Tiempo después me la encontraba en el Messenger y le decía que nos viéramos, pero ella me decía que estaba depre que no quería salir, más que nada le dio cruda moral ya saben, como se sentía como puta y todo eso, y así durante varios días, hasta que yo si quería verla. Así que la fui a buscar, obviamente no me abría estuve tocando hasta que finalmente me abrió, con una mala cara me decía que, qué hacía ahí, que me dijo que no quería ver a nadie, y ya pues ya estaba ahí, así que me invitó a pasar. Estuvo de mala cara durante un rato, hasta que con bromas se le quitó y ya nos la estuvimos pasando bien, en una de esas la empecé a besar, ¡y a fajar riquísimo! En fin me la empezó a chupar otra vez como solo ella lo sabe hacer, recorriendo todo el tronco hasta la garganta, y yo sobándole sus tetas tan ricas. Así que también le comencé a chupar su concha tan rica como siempre y mojada, pero ya no quería postergar más el tiempo, así que me desnudé me puse un condón, le agarré las piernas y las puse en mis hombros y se la metí suavecito hasta que topara con pared, empecé a bombearla más duro y ella sacaba gemidos bien ricos y me decía dame más duro, así estuvimos hasta que ya estaba a punto de venirme en que me detuve. La puse de perrito se la metí toda y a darle más duro, y que rico sentía al jalar todo su culote hacia mi verga hasta que ya no aguantaba y ya me iba a venir, me salí de ella y le eché en su espalda toda mi lechita, que rico.
Lo curioso fue que el condón se le había quedado dentro, así que me vine afuera. Y ella se sacó el condón, seguía caliente, pero iba recibir visitas así que me tuve que ir.
Un viaje con Graciela
Salimos al mediodía de Mendoza y el calor de la siesta pronto se hizo sentir. Nada mejor que unos mates y sándwiches para pasar el hambre y la sed. Al principio hablamos de diversas cosas sin importancia pero pronto la conversación nos llevó inexorablemente a un tema: el sexo. A ambos nos encantaba hablar de sexo, fantasear y calentarnos recordando e imaginando cosas. Juntos recordamos aquella primera penetración anal que tuvo Graciela. Ella jura que fue su primera vez por atrás… y yo le creo.
Fue nuestro segundo orgasmo de aquella tarde de febrero. A pesar de mi cansancio por el primero, ocurrido cerca de una hora antes, los dedos y labios de Graciela provocaron una nueva erección. Sus labios sobre mi boca y sus dedos sobre mi pene. Su boca solía ser endiabladamente sensual cuando se lo proponía. Mojaba mis labios con los suyos y metía su lengua en mi boca buscando en lo más profundo y chupando mi lengua. Su lengua también salía de mi boca por momentos y mojaba mis labios y parte de mi rostro. Eso me calentaba mucho. Mientras tanto, su mano se deslizaba sobre mi pelvis y sus dedos comenzaban a acariciar mi adormecido miembro. Lo hacía con tal calidez y suavidad que pronto lograba su propósito. Si algo faltaba para lograr una erección memorable, lo consiguió poniendo su dedo más sensual, el del medio, sobre mi ano. Empujando suavemente con ese dedo y moviéndolo en círculos en la puerta de mi culo mientras me besaba, con la otra mano controlaba la dureza de mi erección que iba creciendo. Mientras yo había tomado un pomo de lubricante muy liviano y fresco que habíamos descubierto como efectivo promotor de extraordinarias calenturas. Lo apliqué suavemente sobre su clítoris y comencé a acariciar aquella hermosa concha que además ya estaba muy mojada con sus propios jugos vaginales. Graciela llevó lentamente su boca a mi miembro y este completó una erección envidiable para mis más de 50 años. Lo besó y chupó de todas las formas imaginables arrancándome profundos gemidos de placer.
Cuando retiró su boca de mi dura pija, coloqué un poco de lubricante sobre el glande para que ella lo esparciera suave y lentamente hacia abajo. Lo hacía con tanta dulzura, disfrutando tanto de lo que hacía, que su rostro denunciaba un sentimiento de placer infinito. Aquello se transformaba lentamente en una paja memorable y extremadamente placentera. Cuando mi pene consiguió la dureza que ella esperaba, se montó sobre él y lo introdujo lentamente en su lubricada y mojada vagina. Daba a su cuerpo un movimiento ondulante que parecía absorber mi pija proporcionándome un placer indescriptible. Con mis dedos todavía impregnados en lubricante, comencé a recorrer en círculos su ano. Graciela me había dicho que nunca nadie había conseguido entrar allí y que por lo tanto se mantenía virgen de aquel orificio. Tenía temor ya que algunos intentos habían fallado por causarle un tremendo dolor. Yo mismo lo había intentado a poco de conocernos pero sin éxito.
Aquel día le había prometido que alguna vez lo haríamos y conseguiríamos la penetración sin dolor o con muy poco. Puse más lubricante sobre mis dedos y continué el movimiento en círculos pero penetrando uno de mis dedos ligeramente. Noté que no sentía dolor y que aquello le hacía sentir más placer en su vagina donde mi pija entraba y salía al ritmo de sus ondulaciones. Poco a poco fui introduciendo mi dedo mayor en su ano hasta llegar casi a los nudillos de mi mano. Ella lo gozaba cada vez más. Despacio saqué mi pene de su concha hirviente y lo apoyé en su ano dilatado y mojado no sólo por el lubricante sino también y en gran medida por los jugos de ambos que a aquellas alturas brotaban como calientes manantiales. Empujé despacio tanteando el terreno y mirando su rostro para ver si expresaba dolor o placer. Su expresión era justamente una mezcla de ambos. Entonces dejé que ella manejara la situación. Y vaya si la manejó. Empujó lenta pero firmemente hacia abajo hasta conseguir que toda mi pija la penetrara por aquel inexplorado agujero.
- Es la primera vez que una pija entra en mi culo, amor, quiero que sepas que es solamente tuyo. Quiero disfrutarlo al máximo y que vos también lo disfrutes. Estoy muy caliente, amor.
- Si mi vida, hoy sois mi puta más caliente, la que más placer me ha dado ¿Te gusta ser la mejor y más caliente de mis putas?.
- Si, amor. Quiero ser siempre tu puta más puta, tu única puta, la única que te da su culo para que lo disfrutes con esa hermosa pija que tenéis.
Lentamente retomó el ritmo de su movimiento ondulante. Puse mi mano sobre su pelvis húmeda y con mi pulgar busqué su abultado y erecto clítoris. No tardé en encontrarlo y sentir cómo vibraba de placer como si fuera un afinadísimo instrumento musical. Lo masajeé con suavidad, primero de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo muy lentamente. Luego comencé a dibujar círculos sobre aquel pequeño pero hermoso órgano que dominaba todos nuestros movimientos. Era sin dudas el centro del placer y de la escena. Mi pija seguía el movimiento del ano y pelvis de Graciela mientras ella estallaba en placer. Por mi pulgar en su clítoris y por la nueva experiencia de sentir una verga dentro de su recto virginal. Ambos sentimos la proximidad del orgasmo, único, interminable, exquisito. Su rostro me regalaba una expresión incomparable de goce y sus gemidos de placer comenzaron a llenar todos los espacios de la habitación. No tardé en acompañarla con mis propios gemidos, profundos, guturales, intensos.
- Lléname el culo con tu leche, mi amor, no puedo más de placer.
Y sentí justo en aquel momento cómo mi semen recorría el interior de mi pija y se volcaba con esfuerzo en aquél hermoso y apretado orificio. Se tiró hacia atrás sin dejar de moverse y eso hizo que mi miembro penetrara aún más adentro haciéndome enloquecer de placer. Había sido para ambos una experiencia maravillosa.
El recuerdo de aquellas escenas nos había puesto cachondos a ambos. Mi pija se dibujaba debajo del pantalón y yo podía adivinar que la vulva de Graciela estaba empapada. Sonrió adivinando mis intenciones y sin detenernos ni a pensarlo, aflojó el cinturón de mi pantalón y sacó mi miembro húmedo. Lo puso en su boca saboreando las gotas de lubricante que asomaban metiéndolo luego hasta su garganta. Con su mano derecha, mientras tanto, comenzó a tocarse entre las piernas. El placer nos envolvía por completo a ambos. La adrenalina nos recorría y el auto no se detenía. Solamente disminuimos la velocidad un poco cuando el movimiento de su cuerpo me indicó que ella tendría pronto un hermoso orgasmo. Esa advertencia aceleró de inmediato mi pulso y dispuso que mi semen se aprestara a salir. Llenó su endiablada boca en el mismo momento en que yo veía de reojo los espasmos de su orgasmo en toda la geografía de su hermoso cuerpo. Como un premio a aquel “esfuerzo”, nos detuvimos a la sombra del primer sauce que encontramos a la orilla de la carretera.
Cuando bajamos en el hotel, cansados por el viaje, dedicamos un par de horas a descansar y prodigarnos masajes y caricias en todo el cuerpo. Entonces Graciela trajo a la conversación un tema que yo presentía traería. Es que en aquel pueblo donde estábamos ahora, vivía una mujer que yo había conocido tres años atrás y con la que había pasado una caliente noche de amor. Se trataba de Sandra, una chica de poco más de 30 años que había dejado esa tarde a su hijo y esposo para encontrarse con un desconocido que era yo. Yo le había contado los detalles de aquel encuentro a Graciela. Le había dicho cómo había sido cada uno de nuestros orgasmos, cómo lo habíamos hecho, cómo ella había chupado mi pija y cómo yo le había arrancado un orgasmo con mi lengua. Fantaseamos con la posibilidad de llamarla para que Graciela la conociera y porqué no tal vez también compartir la cama con nosotros. La idea de un trío no la entusiasmaba a Graciela, pero con Sandra podría ser diferente, tal vez porque yo ya había cogido con ella.
Mientras hablábamos y nos acariciábamos, pude ver que ambos nos poníamos cachondos. Entonces la tomé de una mano y la invité a darnos una ducha. Dejamos correr el agua hasta sentir que salía apenas tibia y luego nos metimos ambos debajo de la lluvia. El impacto del agua nos produjo a ambos una mezcla de placer y de escalofríos. Los pezones de Graciela se pusieron duros como piedras y me invitaban a saborearlos. Puse mi lengua y mi boca sobre unos de ellos y me estremecí de placer al sentir el sabor de su piel mezclado con la sal del agua patagónica. Recorrí su cuerpo con mis manos enjabonadas y me detuve en la puerta de su concha. Estaba increíblemente mojada por sus jugos calientes que contrastaban con el agua apenas tibia. Metí dos de mis dedos en su vagina. El contraste de temperaturas se hizo más evidente tanto para mí como para ella. Ambos estábamos disfrutando otra vez de un hermoso polvo. Graciela tomó mi pija entre sus manos y comenzó a masturbarme lentamente. Aquella paja me parecía la gloria misma. El juego de contrastes térmicos del agua, las manos y nuestros órganos sexuales, estaba proporcionando un ingrediente extra a aquel exquisito polvo. Nos detuvimos sólo unos segundos para sentarnos y poder disfrutar mejor de aquella calentura que nos envolvía. Nos colocamos bajo la ducha uno frente al otro, ella con sus piernas sobre las mías. Acercamos nuestras pelvis y el glande de mi pija no tardó en encontrarse con aquel duro y caliente clítoris. Se rozaron una y otra vez mientras nuestras bocas se buscaban y nuestras lenguas jugaban perversamente sobre nuestros mojados rostros. El placer crecía hasta la desesperación.
- Méteme esa pija caliente en la concha, bicho mío, hasta el fondo. Quiero sentirte dentro mío hasta que me llenes la concha con tu leche.
Metí sólo la cabeza en su vulva y elle hizo el resto. De un solo y desesperado empujón logró que mi pene entrara hasta el fondo comiéndolo con su concha como a ella le gustaba. No pasó más de un minuto de movimientos pélvicos y ella exclamó:
- Voy a acabar, mi amor. Ahora mismo, tírame tu leche caliente, ahora mi amor.
- Si mi bicho, voy a darte toda mi leche para que la sientas bien adentro de esa hermosa concha que tenéis.
Y diciendo esto sentí cómo mi semen se vertía dentro de aquel cálido nido. Nos quedamos abrazados unos instantes bajo la ducha y después, con nuestros cuerpos todavía mojados, nos dormimos profundamente uno junto al otro. Nuestro viaje de placer, recién comenzaba. Y Sandra podría aparecer en cualquier momento.
La diosa del placer infinito y los ojos de miel
Tampoco se habría imaginado que ese esfínter anal suyo fuera un arma de poder tan deliciosa, porque a pesar de estar en cuatro patas, con la cabeza enterrada en la almohada, el culo levantado y firmemente tomado por esas manos grandes de macho, había descubierto que de tanto en tanto podía apretar el culo y darle aún mayor resistencia a esa verga que furiosa le abría las entrañas por detrás, teniendo como respuesta un bramido de placer de ese macho que detenía su embestida y le prodigaba una frase obscena y lujuriosa, que daba cuenta de su pericia de puta con el culo. Esa sensación inicial de dolor mezclado con placer pronto se fue convirtiendo en una de sumisión y control deliciosos, y le estaba gustando mucho el juego, al punto que de su boca se escuchaban frases del tenor: "¡¡Así mi amor, no pares, rómpeme así de rico el culo, sigue...!!".
¡¡Cómo lo estaba gozando!!, cómo la había hecho gozar ese hombre que en cada entrada de su cuerpo, había aplicado la misma fórmula de sutil seducción y obsceno desenfreno. Había terminado por vencer sus resistencias de dama, había descubierto a la caliente puta. Ante esa irresistible combinación de piel, besos, caricias y humedad, de uno en uno fueron cayendo su boca, su concha, su culo, entregándose por entero a los deseos lujuriosos de ese amante ocasional. Por esto no le sorprendió que la presencia de su marido no fuera impedimento para que ella sintiera nuevamente cómo las contracciones de su concha comenzaban a fusionarse en un mar de húmedos espasmos, y que el rictus inconfundible en su rostro fuera la señal de que ese inmenso placer la iba a envolver nuevamente.
El sudor de su cuerpo después de tan extensa sesión de sexo le había dado a ese cuerpo de hembra un brillo hermoso y sensual en la penumbra de aquella habitación, y los movimientos de su pelvis y los gemidos de su boca le entregaban una belleza única, aquella que las mujeres manifiestan solamente cuando un macho de verdad las ha sabido coger como toda dama con alma de puta sueña. Y de verdad que bella se veía cuando ese orgasmo arrebatador nuevamente la invadía en esa situación tan morbosa.
En medio de ese orgasmo salvaje que le hacía sentir la sangre palpitando en sus sienes, de ese gemido de perra cogida que se ahogaba en su garganta, de esas ganas de gritarle a todo el mundo que estaba siendo cogida como ella se merecía, de los dedos enterrados en las sábanas y los ojos color miel entrecerrados, su cara cubierta por sus bellos cabellos oscuros, inundada de semen y lujuria.... en medio de todo aquello comprendió finalmente lo que sucedía... en ese momento entendió que no era casualidad que su marido, le hubiese casi obligado a que hoy se pusiera ese pantalón blanco y tan ajustado, que caminando por la calle y escuchando toda clase de obscenidades referidas a su culo, le hacía sentirse casi como una puta.
Tampoco era casualidad la cadena de sucesos novedosos vividos hoy. Recordó la llegada a su trabajo de ese hombre que la fue a visitar por temas laborales sin importancia, y que en medio del típico café de oficina le dejo la sensación de conocerla tan bien, aún más con un par de copas que no sabe como se atrevió a aceptar después de las 6. Entendió que no era casualidad que en medio de ese baile que aceptó gustosa con el alcohol en su cabeza y un calor intenso en la entrepierna, ese hasta algunas horas extraño supiera susurrarle al oído justo lo que le encantaba oír, y la guiara en ese baile seductor, con la cadencia que toda mujer agradece, desde la pista de baile hasta una suave, prohibida y pecaminosa cama de hotel. Desde el último paso de baile hasta la alfombra de aquel cuarto no era mucho lo que recordaba, solamente sabía que estaba tan excitada y fuera de control que mucho antes de bajarse del auto ya no tenía puesta la tanga, y que su boca antes de retocar sus labios sentada al borde de la cama y su amante succionándole los jugos de su sexo, ya había gozado con intensidad el sabor a verga de macho en el camino.
No le había importado ser por una noche una puta, pero una de lujo, de aquellas que tienen la voluntad de decidir cual será el macho que la podrá gozar, fantasía que solo hoy se había atrevido a cumplir. Pero en ese instante la gloria estaba siendo completa, al mismo tiempo que sentía los ríos de placer recorriendo su cuerpo con inicio en su concha y un final quien sabe donde, aquel macho comenzaba a soltarle su néctar en chorros de placer infinitos e interminables, bufando como un macho salvaje poseyendo a la más deliciosa y prohibida hembra, en una conjunción de lujuriosos ritmos en que ambos gemían como dos animales en época de celo. El objetivo aquí no era la especie, era simple placer, de ese al que tantas veces Edelmira de había negado.
La miel de sus ojos apenas podía distinguirse en medio de esos cabellos enmarañados sobre su rostro, por la locura y el desenfreno de aquella sesión de sexo, a lo que sería necesario agregar la posición de esos amantes que aun después de ese orgasmo simultaneo e intenso, se negaban a abandonar. En los ojos de su marido esa imagen será imborrable, su mujer en cuatro patas de la misma forma como él la había tenido tantas y tantas veces, pero ahora clavada por la pija de otro macho, y nada más ni nada menos que por el culo, precisamente en ese culo con el que fantaseó tantas veces viendo como su mujercita volvía locos a los hombres, pensando en si ya otros habían tenido el placer infiel de probarlo. Tampoco es probable que pueda olvidar el rugido de ese macho cachondo cuando se estaba corriendo, ni el sonido de su pelvis chocando con fuerzas con las nalgas de Edelmira que lo recibían gustosas y abiertas, tampoco el gemido inconfundible de su mujer, señal que se estaba corriendo como poseída con ese falo clavado en sus entrañas.
Edelmira en cambio, sólo después de unos segundos interminables y exquisitos disfrutando el post orgasmo, en que le habían cogido por el culo soltándole un interminable y suculento néctar que podía sentir ahora hasta lo más profundo del ano, al mismo tiempo en que se corría con el deseo incontenible e irrefrenable de la novata y la experticia y sabiduría de la más grande y lujuriosa puta, solo después de gozar todo eso atinó a levantar la cabeza de la almohada y mirar nuevamente a su caliente y fantasioso marido. Con su voz aún entrecortada y la garganta afectada por los gritos, que le fue imposible ahogar en las sábanas en sus sucesivos orgasmos, le dijo a su marido con una mirada cómplice y morbosa:
"Eres un cabrón, tú lo preparaste todo, así me querías ver, pues aquí me tienes, mírame bien, pero déjame decirte que lo gocé, y mucho, pero aún no he terminado, acércate que es mi turno de la fantasía..."
Una sonrisa se dibujó en sus labios hinchados por el roce de esos besos tan intensos, apasionados e interminables de su amante casual. En su lengua aún sentía el sabor y la sensación de aquella exquisita presión del miembro erecto y duro pujando por llenar su boca. Jamás se imaginó antes de aceptar esa mamada que iba a ser así de larga y deliciosa, y que iba a dejar que Marco la metiera toda hasta casi no poder respirar, por tener la garganta llena de verga. Pero Edelmira aún quería más, si esta noche iba a ser una puta, quería serlo completa. Separó su culo de la verga ahora ya en reposo de marco y con una mano la comenzó a masturbar rogando por una reacción rápida, haciendo un ademán a su marido para que se acercase, a lo que este obedeció sumiso. Bajó la cremallera de su pantalón y aquella mujer tan formal en apariencia que sólo gozaba con calentar a los hombres meneando sutilmente su exquisito culo, hormado por sus pantalones tan ajustados que enloquecían a su marido, estaba a punto de cumplir la fantasía de muchas, sentir lo que dos vergas pueden hacer por el placer de un cuerpo deseoso y receptivo de una hembra como ella.
Cuando su marido sintió que su mujer comenzaba a mamársela con fuerza, como con furia, no pudo dejar de pensar en que sólo algunos minutos atrás era la verga de marco la que llenaba esa boca, que era muy probable que aún quedasen restos de semen en su lengua y que la ahora muy puta de su esposa podía sentir esa mezcla de sabores que sólo las hembras muy conocedoras de los placeres del sexo eran capaces de gozar.
Marco, al ver tal espectáculo, ya había reaccionado. Empalmado como estaba, pensó que era tiempo de devolver placer con placer... Ubicó a Edelmira cruzada en la cama para que en un extremo de ésta ella pudiese seguir con su trabajo de chuparle el tronco y lamerle los testículos a su complacido marido. El en cambio, se ubicó estratégicamente en el otro extremo abriéndole de par en par las piernas. Que vista aquella, esa concha depilada y suave, con los labios aún húmedos y enrojecidos por la cogida que él le acababa de dar, pero aún así deseosa de más. Pero lo que más le calentó fue ese hilo de leche que comenzaba a brotarle del culo a Edelmira mojando copiosamente las sábanas. Con dos de sus dedos tomó desde la fuente misma ese néctar, introduciéndolos lo más que pudo en esa vertiente de placer, y con ellos untados de ese blanco y espeso jugo la tomó de los cabellos obligándola a parar un momento con su mamada, y metiéndolos de una en su boca le dijo con voz morbosa: ¡cómelo para que tu boca sienta el placer que tu culo gozó al recibir mis chorros!. Ella, al oír esa frase que sólo a una puta un hombre sería capaz de decir, lamió esos dedos devorando con fruición ese lujurioso manjar hasta no dejar resto, y solo después de estar segura que no quedaba rastro, siguió con su mamada. Su marido ahora ya no tenía su duda inicial, ahora estaba seguro que el paladar de su mujer podía dar fe de la delicia de la mixtura de sabores de macho en la boca de una hembra así de puta.
Marco pagó su deuda devolviendo la mamada que le había prodigado rato atrás Edelmira, con la mejor comida de coño que le habían dado a esa mujer en mucho tiempo. Edelmira se volvió loca sintiendo la lengua intrusa de marco separándole los labios de la chocha, entrando con fuerza a la fuente misma de sus jugos vaginales, y ni hablar de esos labios de macho jugando con una presión exquisita en su clítoris que sentía iba a reventar de placer. Luego de unos minutos eternos no aguantó más, comenzó a gemir con la verga de su marido en su boca y sintió que un volcán de placer le iba a hacer erupción en su sexo, lo que efectivamente ocurrió, y su boca sin control fue tal la presión que ejerció en la verga de su marido que éste no pudo aguantar mas y comenzó a derramarse a borbotones en su boca. Pero Edelmira estaba fuera de control gozando ese orgasmo, sin querer separó aquella pija de sus labios y ésta estando libre comenzó a rociarle con leche el cabellos, la cara, las tetas, en lo que para ella fue una verdadera tortura de placer, porque marco en vez de detener su ritmo comenzó a comerle la chocha como si en eso se le fuera la vida, presionando su clítoris con su lengua furiosa y metiendo y sacando tres de sus dedos de su sexo en forma frenética, rozando con pericia lo que algunos llamarían su punto G.
Si el lector me permite, pasaré a continuar el relato en primera persona, en honor a aquella pareja morbosa y esa noche feliz.
Después de mi tercera corrida en esa hembra deliciosa e irresistible, supe que era el momento de partir. Si bien la ocasión ameritaba más lujuria, hay momentos en que el deseo tiene que dejar paso a la cordura y el reposo. Edelmira y su esposo yacían allí en ese lecho de hotel como dos amantes esposos después de su primera noche de luna de miel, abrazados y exhaustos. Esa diosa de culo perfecto y ojos hermosos, había tenido aquello que tanto había resistido, solo ayudada por un par de copas y la complicidad de su marido. Este en cambio, había por fin visto lo que sólo en sus fantasías más afiebradas había soñado, a su mujer convertida en la más ardiente y desenfrenada puta.
En mi caso, no olvidaré lo que un buen culo enfundado en un ajustado pantalón blanco puede provocar en un hombre como yo, aunque para serles franco, lo que espero que la vida me permita repetir, es la exquisita e irrefrenable sensación de sentir la presión del culo dilatado de una hembra como aquella, cerrándose firme de vez en cuando y a voluntad, recordándome que en el sexo, aun una hembra entregada así a mis deseos, sigue siendo una reina del placer y debe ser tratada como tal.
Mañana llamaré a mi amigo, no antes del medio día puesto que esos dos tendrán mucho placer que darse recordando lo vivido, y le agradeceré por compartir conmigo a esa diosa de mujer que tiene. Y si Edelmira aún quiere hablar conmigo, esa será la indicación de que esta historia aún no ha llegado a su fin.
Mi primer encuentro con una mujer
Yo iba a estudiar a la casa de una compañera del barrio, que además de todo eso era mi amiga, una muy buena amiga, por cierto. Mi amiga es morocha de pelo lacio, largo, cintura chica, pechos chicos, pero unas piernas que mas de una mujer envidaría, firmes y torneadas. Yo soy pelirroja natural, pelo largo ondulado, unos pechos bastante firmes pero bastante por no decir muy grandes, miden 110, mido 1.67m, soy gordita, no tengo mucha panza, labios carnosos, ojos grandes, lindas fracciones, caderas anchas, pero de lo que mas me enorgullezco además de mis pechos es de mi colita, que a pesar de ser un poco grande esta en su lugar por la mucha gimnasia que hago tratando de bajar de peso.
En fin volviendo al relato mi amiga que le voy a poner el nombre de Sol me había traído algo para tomar, en ese momento yo no sabia por que pero no podía dejar de mirar su boca, que labios entre carnosos y chiquitos como me gustan a mi, esos labios me tentaban, me inducían a besarla, me provocaban, ella se los mordía, en ese momento me percate de que me estaba mirando los pechos, me empecé a morder el labio inferior, eso me estaba gustando, la calentura iba creciendo por parte de las dos, ella me miraba y sin decirme nada se sonreía. Así seguimos mirándonos, comiéndonos con la mirada hasta que ella fue a buscar agua, no había nadie en su casa, estábamos en su pieza y hacia muchísimo calor afuera además del que teníamos nosotras. Trajo ese jarro de agua y ahí no aguante mas, por mas que trataba de reprimirme para no arruinar la amistad sentía que si no hacia algo estallaba, la bese suavemente, al principio un beso tierno, un pico como se dice acá en Buenos Aires para después empezar a besarla mas apasionadamente, ella no ponía resistencia y yo estaba en el cielo, nos mirábamos sorprendidas pero extasiadas, calientes, queriendo mas. En un momento ella me frena y me pregunta:
- ¿Te parece hacer esto?
- Mira no se si me parece, yo ya no puedo pensar - le dije.
A lo que contesto que creía que íbamos a romper la amistad y me dijo que nunca había hecho algo así. Yo le dije que yo tampoco pero que me encantaba y que me sentía muy bien con ella pero que no quería nada serio, que quería seguir con nuestra amistad, pero que también por otro lado quería terminar con lo que había comenzado.
Seguí besándola y acariciándola, me encantaban sus labios, sus besos, nunca me había percatado de eso, me estaba volviendo loca y era una sensación que me encantaba.
Seguimos besándonos un rato, hasta que comencé a desabrochar su camisa, no podía creer lo que tenia frente a mi, una autentica mujer con todas las letras, ella no se resistía, por el contrario, se estaba entregando cada vez mas. Besaba muy pechos y a la vez con la mano derecha acariciaba su clítoris y con la izquierda sus nalgas, dios que hermosas nalgas! las apretaba cada vez mas fuerte, de su boca solo salían gemidos que se iban intensificando y se le entrecortaba la respiración, se notaba que estaba por tener un orgasmo, yo me sentía re bien.
Saque mis manos de donde estaban para seguir recorriendo con mi lengua hasta llegar a su conchita, que ya estaba que explotaba, chupe, bese, lamí y mordí suavemente su clítoris hasta que por fin su respiración se hizo cada vez mas entrecortada y los espasmos empezaron a venir, ahí me di cuenta de que había tenido un orgasmo, y que orgasmo.
- Gracias - me dijo.
A lo que yo respondí con un…
- De nada vos te lo mereces.
Nos acostamos, la deje que descansara y luego de unos minutos la empecé a besar y a calentarla de nuevo, fue cuando se paro, me empezó a desabrochar la camisa (estábamos vestidas con los uniformes del colegio, camisa blanca, yo tenia un corpiño rojo, una pollera azul a tablas, una tanga haciendo juego, unas medias blancas 3/4 y los zapatos, ella tenia un conjunto negro con encaje y después igual a mi), se entretuvo con mis pechos y empezó a bajar a mi conchita y me dio el placer mas grande que nunca tuve tener un orgasmo en manos de una boca experta.
Después que acabe, llegaron sus papas y su papa nos encontró besándonos apasionadamente. Entro, cerro la puerta, yo me quede mirándolo, colorada como un tomate, mi piel es blanca así que imagínense como quede, esa situación me había puesto cachonda, por que por un lado me daba vergüenza pero a la vez el papa de ella estaba muy bueno y me encantaba, el padre se acerco a ella y sin decirme nada me miro y le pego una cachetada en el culo a ella, que me miro y me dio otro beso, yo no lo podía creer, pero ahí estaba yo besando a mi amiguita delante del hombre que me encantaba.
El padre de ella que le voy a dar el nombre de Ariel se me acerco con una mirada desafiante y me toco el culo, yo ya estaba excitada, caliente, y el lo sabia y jugaba conmigo.
Ella se puso atrás mió apoyándome sus pechos y comenzó a besarme la nuca, que es uno de mis puntos débiles, empezó a bajar por mi espalda y el adelante mió, comenzó a besarme, su boca se unía a la mía, me comía, me devoraba, me degustaba, nuestras lenguas estaban en contacto, y se me escapo un leve gemido, y los gemidos se hicieron notar cada vez mas y mi respiración se hizo cada vez mas entrecortada y me empezaron a sobrevenir los espasmos.
Termine teniendo mi segundo orgasmo con mi amiguita y el padre de mi amiga y me encanto.
Repetimos eso por 6 meses más pero después ella se tuvo que mudar por que su papa consiguió trabajo en el interior y la deje de ver pero siempre me acuerdo de ella.
Espero que les haya gustado mi relato, perdón que no di muchos detalles de ellos dos pero así me salio.
Me gusto mucho
Comencé a buscar contactos cerca para un encuentro real, pero no encontré a nadie y comencé a averiguar lugares donde se juntaran hombres pero descubrí en unos relatos el mundo de mujeres con pene “Transexuales” y me calentó de sobremanera, mi deseo de encontrar un trans en Santiago me llevo a una avenida llamada Providencia una “mujer” hermosa alta, delgada de verdad muy linda, la mire un par de noches yo sabia que era una trans pero de veras parecía una chica. Una noche sale del trabajo y me senté cerca de donde estaba a diario cuando para mi sorpresa sentí cuando un perfume riquísimo se sentó junto a mi voltee y era ella. Me dijo que se había percatado de mis miradas y yo respondí que me gustaba mucho, hablamos unos minutos, me confeso de inmediato tu secreto pero ya lo sabia y le dije que no me importaba y era la razón de mi interés en ella. Nos fuimos en un taxi hasta un motel que ella conocía, entramos en la habitación y en ese momento me sentí muy nervioso pero ella me calmo diciéndome que no me arrepentiría ese comentario me hizo arder.
Me comenzó a desnudar con mucha ternura y mi calentaba verla e imaginarme lo que pasaría en un rato, bajo mis pantalones y la ropa interior mi verga estaba hinchada la saco y la introdujo en su boca y comenzó una mamada como no había sentido antes. Era maravillosa como lamía mi verga era una experta luego se puso de pie y comencé a quitar su vestido y dejarla en ropa interior tenia unas tetas enormes y un culo perfecto comencé a besar sus tetas mientras tocaba sus nalgas la lleve ala cama y le quite el bracier baje su tanga sabia lo que venia pero no me imagine nunca mi reacción, la tome con las 2 manos y comencé a chupar de manera salvaje me gustaba sentirla dentro de mi boca se erecto y creció mucho creo que lo hice bien. Estaba buenísima me recostó en la cama y se puso sobre mi pero de cabeza fue el 69 mas caliente de mi vida era increíble verme con esa linda verga en mi boca mientras otro hombre lamía la mía, le metí un par de dedos mientras se lo chupaba y creo que le gusto se movió se acostó de espaldas a mi lado y me dijo ponte sobre mi y puso sus piernas en mis hombros con su mano acomodo mi verga en su ano que estaba muy caliente y lo introdujo lentamente yo solo disfrutaba de manera increíble me apretaba las nalgas mientras su verga dura me rozaba el estomago, lo envestía con fuerza mientras me decía que mas fuerte yo solo obedecía ya no soportaba mas la acomode como perrito y la penetre una y otra vez hasta que no aguante mas y acabe dentro de su trasero.
Fue genial caí a su lado y me dijo que lo masturbara yo muy excitado le dije que aria algo mejor me arrodille y empecé a chupar con muchas ganas no se pero la encontré deliciosa me volvió loco cuando me tomo la cabeza y me empujaba hasta hundir toda su verga en mi boca , se puso de pie y parece que su verga creció mas ya no cabía en mi boca me pidió que me recostara torso en la cama y dejara las rodillas en el suelo de inmediato supe lo que venia pero estaba muy prendido y no me negué mi culo era virgen y me asustaba el dolor. Comenzó con un masaje riquísimo en mi entrada, sus dedos mojados con mi leche que salía de su ano era algo fascinante, luego me hizo alucinar cuando acerco su cara a mis nalgas y su lengua maestra comenzó a recorrer mi orificio fue una sensación increíble estuvo así un rato luego la introdujo y la movía dentro de mi, mi verga creció denuedo era muy rico sentir algo así dentro de mi yo quería mas mi ano estaba dispuesto y entrado. Cuando puse su verga en mi entrada separo mis nalgas y comenzó a empujar muy despacio sentir como mi ano le habría paso a esa rica verga, sentí un dolor terrible pero que se fue muy rápido y se convirtió en un placer inmenso.
No se si solo era la penetración o el hecho de sentirme dominado como una mujer envestida por su hombre me tomo de las caderas y comenzó e envestirme con mas fuerza yo estaba al borde del colapso y un placer enorme me recorrí, me golpeo las nalgas y me tomaba del pelo mientras metía su verga hasta el fondo de mi , me dijo que me masturbara mientras me ensartaba y yo obedecí era excitante sentirme mujer una puta , creo que era lo que necesitaba sentir de pronto con un remezón entre mis gemidos y los de ella sentí algo muy caliente dentro de mi salía de mi ano acabo dentro de misado su verga y me dijo que lo lamiera mientras de mi ano caía su leche con la boca limpie todo lo que quedo en su verga saca todo me dijo y lo hice con mucho gusto me excito el sabor de su leche y acabe denuedo nos quedamos unos minutos y nos despedimos.
Mis dudas estaban aclaradas me encanto estar con un hombre. Fue la experiencia mas increíble de mi vida desde entonces e querido experimentarlo denuedo seguiré buscando nuevas experiencias que me den placer un hombre con experiencia es mi nueva curiosidad un hombre mayor que me haga sentir y espero contárselas algún día.
Si lo buscas, lo puedes encontrar
Decidí ir al lugar, había bastante luz, al haber bastante luna. Di una vuelta con el coche por los caminos para ver un poco el ambiente. Iba despacio y cada vez que me cruzaba con alguien, veía por el retrovisor como se giraban y miraban a donde iba. Al menos ví a 4 personas. Cuando regresaba al aparcamiento, vi a un coche entrar en un pinar, parando allí dentro y apagando las luces. Eso haré, pensé, así desde el coche veré el movimiento de gente y sabré lo que tengo que hacer. Me metí en la siguiente pista que vi y apague las luces. Desde allí veía el camino, la entrada al aparcamiento y entre algunos árboles, al otro coche que había entrado antes.
Vi que en el coche se encendió la luz interior unos momentos, y pude ver que había dos personas sentadas. Se apagó la luz y ya solo pude ver el resplandor de dos cigarrillos que estaban fumando. Por el camino vi pasar gente, todo hombres y todos solos en ambos sentidos. Alguno se quedaba mirando hacia mi coche y continuaba después.
La luz del otro coche se volvió a encender cuando una persona abrió la puerta. Acerté a ver que eran dos hombres. El que abrió la puerta se soltó el cinturón y se bajo el pantalón para ponerse a orinar y me fijé que cuando acabó, no se volvió a cerrar el pantalón, entró en el coche con el pantalón abierto. La luz aún no se había apagado del todo cuando el otro hombre se acercó a él y me pareció ver que le besaba en la boca. La luz acabó apagándose. ¡Joder!, esos ya van a follar, pensé. La idea me excitó, así que me aflojé el pantalón de chándal y comencé a tocarme mi polla. Imaginaba lo que estarían haciendo en el otro coche y eso me excitaba más aún.
La polla la tenia ya a mil de pensar en los del otro coche y de la paja que me estaba haciendo, así que recliné mi asiento todo lo que pude y me quedé tumbado en mi asiento. La noche era espléndida, buena temperatura, musiquita de fondo, estaba cómodo en el asiento..., así que me decidí por terminarme yo mismo una buena paja y luego ya vería. Me bajé hasta los pies el chándal y el slip, encendí un cigarro y me dispuse a gozar; abrí del todo la ventanilla de mi lado para que saliera el humo y poder echar la ceniza.
Aquella paja me estaba gustando si, me la hacía lentamente para gozar del momento, quería que durara. Acabé el cigarro y me incorporé un poco para encenderme otro, para ello encendí un momento la luz interior del coche y aproveché a quitarme la camiseta. En el camino había un hombre mirando hacia mi coche. Apague la luz y me volví a tumbar. Estaba en una nube y yo solito. Me estorbaba todo así que como no había nadie me desnude completamente y apoye los pies por encima del volante en el salpicadero. Estaba totalmente entregado a mi polla, acariciándola con mucha suavidad.
Eo, que ha sido eso, me dije, algo oscuro me había parecido ver cerca del coche, me incorporé un poco y miré alrededor del coche, no vi nada, pero pensé, igual ha pasado alguien, y la sola idea de que me podían haber visto me excito aún mas todavía. Decidí volver a como estaba y ya no pensé mas en los del otro coche, ahora pensaba que me estaban viendo a mí, aunque no sabía si era cierto.
Volví a poner las piernas en el salpicadero y apoye la rodilla en la ventanilla quedando por fuera. Estaba totalmente abierto de piernas, acariciándome ahora ya por todo el cuerpo, completamente desnudo, protegido por la noche. Giraba la cabeza a los dos lados, ¡esperaba que hubiera alguien!, y si, no tardó en aparecer alguien, a través de una ventanilla, pude ver una sombra que se acercaba lentamente, hice que no lo vi, y seguí acariciándome, mi polla lo sabía, estaba durísima, así que no me dedique mucho a ella, quería que durara el momento de ser visto.
La sombra se acercó más y mas, hasta estar pegado al cristal, no se distinguía bien, pero me daba igual quien fuera. Cerré los ojos y di una calada al cigarrillo, con la cara hacia el cristal, para que pudiera ver que no le veía y se dio cuenta, al poco hoy el ruido que hacia aquel desconocido mientras se masturbaba; se había puesto justo en la ventanilla abierta. Desde allí podía verme completamente entregado a mis caricias.
Sin decir nada, noté como el hombre acercó su polla y la apoyo suavemente en mi rodilla, no me moví. Sentía el calor de aquella verga acariciando mi pierna, y la situación me excitaba. Deje que lo hiciera. El hombre acercó ahora su mano y me acarició el muslo muy suavemente, estaba claro que no tendría problemas para ello, me acariciaba muy suavemente, acercándose cada vez más por la parte interior del muslo hacia mis huevos. Los rozo levemente y el sentirlo, hizo que mi polla diera un respingó de placer. No dije nada y el hombre ya no paró, al ver que no me apartaba, se entregó a acariciar mis huevos y rozar con uno de sus dedos, el ojete de mi ano. Acariciaba con mucha suavidad y me estaba gustando. Ya no podía más y comencé a masturbarme ya directamente. El hombre seguía y ya no podía parar, metió la cabeza por la ventanilla y acercó la otra mano a mis pezoncillos pellizcándolos levemente, me acariciaba todo el cuerpo, me sobaba completamente. Dejó mis huevos y asió mi polla con su mano izquierda, se agachó y comenzó a chuparme primero suavemente el capullo y luego metiéndosela en la boca, comenzó a mamarla como un poseso y fuera la ultima polla del mundo.
Estaba yo ya más que caliente con todo el rato que había estado con mi polla en erección, así que no tardé nada en correrme. El hombre al notar que salía mi leche, se apartó, ayudándome a terminar con una buena paja, hasta que ya no salió ni una gota, permaneció así un rato acariciándome, hasta que dijo - ahora tu - ¡Joder!, ¿ahora yo? Pensé, nunca había hecho nada, pero recordé lo que me dijo el chico de no hacer nada si te hacían así que me incorporé y me acerque a la ventanilla, delante de mi cara estaba aquella polla que había acariciado mi pierna. Sin mirar al hombre, estiré la mano y la cogí - ¡Tenía una polla en mi mano y no era la mía!, comencé a masturbar a aquella persona muy suavemente, estiraba la mano hasta acariciarle los huevos y la recogía para seguir con el movimiento típico de masturbación, no sabía como hacerlo, pero no importó mucho, el hombre se empezó a correr casi de la misma; su semen caliente caía por mi mano y yo seguía, sabía que no debía parar. Su corrida no duró mucho y el hombre, ya con su polla relajada, se la limpió sobre mi brazo y sin decir nada, como vino se fue.
Me fumé otro cigarro ahora ya muy tranquilo, ya me daba igual la gente del camino, había gozado y no todo me daba igual. Me vestí tranquilamente y me marché a casa. Por supuesto de esto a mi mujer tampoco le dije nada.
Eddie y yo
- Baja Rubia!
A pesar de mi mirada de dominación y fogosidad, lo que se escondía en mí era una plena sumisión al que aquella noche sería completamente mi amo.
Bajé, con una mirada húmeda y calurosa me subí en su moto, agarré su cintura, la acaricié, baje a sus piernas, a sus ingles, y con la punta de mis dedos toqué entera su berga.
- ¿Cómo debo dirigirme a ti encanto? - le pregunté.
Y él contestó:
- Me llaman Eddie.
Me dejé llevar, que cachonda me ponía el aire en mi cara, la velocidad, su trasero y mi delantera rozándole el cuero que cubría su espalda. Y de repente allí estábamos, bajamos de la moto y sonó su mano contra mi culo, me giré, y mi cara era la de una gata dispuesta a amamantar a uno de sus felinos con todo su cuerpo. Entramos a aquel extraño lugar, una sala de conciertos abandonada, con el escenario semi-quemado y casi en ruinas.
- Nena, ¿Quieres algo?.
- Si, una birra, que te hagas un peta, pones heavy metal, ven aquí y vamos a dejarnos de mariconadas.
Y así todo lo hizo, y mientras su pose y su mirada me hacían sentirme asustada a una distancia tan corta, y no supe que hacer, solo se me ocurrió bajarme los pantalones, las bragas y acariciar mis mojados labios, su expresión parecía más calmada y a la vez más expectante. Me quité también la camiseta, y el sujetador, le acerqué uno de mis pechos a la boca, con un piercing en mi pezón y él empezó a mamar, como el gatito que necesita sobrevivir de su madre.
Cada vez yo me sentía más mojada... Pero yo también quería alimentarme. Así que lo desnudé, y con las manos sobre el suelo, como una perra, empecé a chupar suavemente su verga. “Cariño”, le dije mientras acercaba sus manos a mi pelo:
- Guíame, métemela hasta dónde tú quieras.
Y yo me dejaba guiar por él, me encanta chupársela, era mi golosina preferida, me encantaba que me apartara la cara y me restregara su polla por dónde quisiera, que jugara conmigo, me sentía cómo una niña que se tiene que comer toda la verdura para que le den su piruleta como postre.
Luego empezó, suave y luego más fuerte, sentía su capullo en la punta de mi garganta, yo le miraba sumisa y a la vez cachonda y mis ojos le decían: si cariño, sigue así, y fóllame por la boca. Apartó su polla de mi cara por última vez, y allí lo soltó todo, y yo obediente y muy caliente me lo tragué con mucho gusto, levanté la cabeza y su leche resbalaba por mi barbilla hasta perderse en mi pecho. Menuda descarga.
Tiempo después, mientras seguíamos bebiendo y escuchando heavy metal su polla volvía a estar dura, se levantó imperioso ante mí, me abrió las piernas de par en par, me chupó el coño, y sentí que tenía la mejor lengua que yo jamás hubiera probado. Luego me metía el capullo y me lo sacaba, me lo metía y me lo sacaba, así sucesivamente hasta que de un golpe seco sentí toda su verga dentro de mí. Con mi aliento en su cuello, mis manos en su espalda y sintiendo que no podía más tuve el valor de cogerle la cara, mirarle de frente y decirle:
- Fóllame con más ganas joder! Métemela hasta el fondo del coño! No me seas nenaza!.
Y así lo hizo, me cogió las manos y empezó a follarme, a follarme sin parar, casi me hacía pegar votes del suelo, sentía que su polla sujetaba todo mi cuerpo y lo levantaba, yo gritaba, él rugía y me desperté frente a aquella bandera... Y tenía los cilindros muy duros y mi coñito muy lubricado.
23/03/2006
Sorprendidos en el baño
Ya era casi por la tarde. No había tenido la oportunidad de acercarme a él y decirle lo bello que estaba. Su pelo negro, su piel clara y sus ojos azules. Después de haberle hecho el amor por primera vez el día anterior, no habíamos podido decirnos nada. Nos besamos, nos abrazamos, nos quisimos... y después me fui corriendo hacia mi casa y él para la suya. Llegué esta mañana con nerviosismo, pero él ni siquiera reparó en mí.
En la facultad, fantaseaba con la relación del día anterior. Mi verga se ponía dura y mojaba levemente mis pantalones... Sufría por verlo ahí y no poder tocarlo. El profesor tuvo que salir de repente y los compañeros se deshicieron en travesuras. Me acerqué al pupitre y tomé asiento detrás de él. Leía apaciblemente un libro de terror. Soplé en su oído y le dije lo bello que se veía. Él volteó su rostro mirándome con sorpresa y me sonrió. "Tú también luces hermoso".
- No puedo dejar de pensar en lo de ayer - le confesé.
- Yo tampoco - me dijo dulcemente.
- Vamos al baño - le propuse.
Él se levantó y me siguió. Salimos sigilosamente por la puerta, cruzamos el pasillo y entramos al baño. Por suerte no había nadie. Cerramos la cerradura de la puerta.
Lo lancé contra la pared y le quité el libro. Besé sus hermosos labios en lo que lo acariciaba rudamente por el cuerpo. Desnudé su torso lamiendo con ímpetu su pecho, sus tetillas... Lo miré a los ojos, esos ojos profundos, y metí mis manos dentro de sus pantalones y lo pegué a mí mientras lo agarraba por las nalgas. Pegué mi pene ya erecto al suyo y me moví par de veces hacia él como si penetrara a una mujer. Él gimió lanzando la cabeza para atrás y cerrando los ojos. Olía a perfume de hombre, una exquisitez absoluta.
Bajé sus pantalones y luego lo abracé inclinándolo hacia el piso. Lo puse amorosamente en el suelo y fui descendiendo hasta su verga dura, hermosa y limpia. Besé la punta y lamí todo el tronco hasta llegar a sus testículos. Olía tan rico. Olor a macho, a hombre limpio y cuidado. Agarré su polla en mi mano y me la introduje en la boca. Subía y bajaba por ella. Él sostenía mi cabeza con sus manos y de vez en cuando apretaba los dedos en señal de placer. Sus ojos estaban cerrados, la boca abierta... Tenía las piernas muy separadas, podía verle el recto. Baje hacia él. Clavé mi lengua en su agujero y volvió a gemir. Le ensalivé el ano preparándolo para poseerlo.
Me quité el pantalón y me puse encima de él. Subí sus piernas y rodeó mis caderas con ellas. Lo volví a mirar a los ojos. Él estaba temblando.
- ¿Estás nervioso? - le pregunté.
- Alguien puede entrar.
- Mejor, así tenemos público. Sería más excitante.
-Y o no puedo sentirme más excitado de lo que estoy en estos momentos - me dijo con la voz entrecortada.
Sentí una enorme felicidad. Lo besé mientras introducía mi miembro en su ano. Suspiró de repente, mezcla de dolor y gozo. Tomé sus manos y las mezclé con las mías sobre su cabeza. Empecé el mete y saca con deleitable suavidad. Lamía su rostro, su cuello, sus orejas... Él me devolvía las caricias con delicia. Mis caderas estaban en un exquisito ritmo de amor, enterrando mi pene en su cuerpo, haciéndome uno con él como el día anterior. Ese cuerpo caliente y hermoso me recibía con aceptación y humildad.
Me acercaba al orgasmo. Aceleré el ritmo de las embestidas hasta que eyaculé dentro de él. Traté de ahogar el grito, pero se me escapó. Sentí un alivio cegador riquísimo. Él esperaba pacientemente debajo de mí. Le sonreí. Puse mi mano en su mástil caliente y duro. Lo acaricié. Me acomodé a su lado y lo empecé a masturbar mientras lo besaba con cariño en su rostro. De pronto alguien trató de entrar al baño. Yo aceleré el ritmo de mi mano en su miembro hasta que se vino en silencio. Atrapé el semen que botó y lo limpié en mi camisa blanca. Tocaban en la puerta.
- ¡Un momento! - grité.
Me levanté y me puse el pantalón lo más rápido que pude mientras él se vestía también.
- ¡Abran! - exclamaron.
Fui hasta la puerta, contuve el aliento y la abrí. Era mi profesor.
- La puerta se trancó - le dije.
Él me miró de arriba a bajo y desvió sus ojos hacia mi hermoso amante que acababa de recoger su libro del piso.
- Antes de que regresen al salón, asegúrense de arreglarse la ropa, peinarse y enjuagarse la cara. Yo iré al baño de la sala de facultad. Con permiso - dijo y se fue.
Yo no podía creer lo sucedido. Me empecé a reír.
- Habrá que traerle una manzana mañana - dije.
- Asegúrate de traerle todo el cesto - dijo mirándome -Yo te doy la mitad del dinero.
- Pues yo quiero algo y no es dinero ni la mitad de ese algo.
- ¿Qué es, entonces? - me preguntó.
- Tu corazón.
Sonrió.
- Ya lo tienes - dijo sonrojado -Tienes mucho más que eso...
- Lo sé. Tu también.
<a title="Relatos Porno" href="http://www.relatosporno.com.ar/">Relatos Porno</a>
Buscaba una mujer y encontré un...
No es que yo tenga un cuerpo perfecto. Desde luego no soy un “chico 10”, pero lo cierto es que tengo bastante éxito con las mujeres; no sé, quizás se pueda decir que soy atractivo. De cualquier forma, si me propongo salir una noche por ahí y acostarme con una mujer conocida o desconocida, lo consigo sin gran esfuerzo. Ese día en concreto, un viernes por la noche, fui a mi garito habitual. Yo estaba poco animado ya que la jornada laboral había sido algo complicada y lo único que pretendía era tomar un par de copas. Me senté en la barra a beber y charlar con un amigo. Al rato entraron en el local tres chicas desconocidas que, por supuesto, no eran clientas habituales. Las tres eran muy atractivas, pero una de ellas destacaba enigmáticamente. Tenía un cuerpo exquisito; su vestido ajustado de minifalda permitía admirar sus perfectas curvas, especialmente sus jugosos pechos y su estrecha cintura. Pero tenía algo más, algo indefinido... quizás fuese su mirada profunda e hipnótica. Sea como fuere, lo cierto es que su visión me sacó del aletargamiento en el que me encontraba y decidí que esa noche intentaría algo más que tomar un par de copas. Comencé a posar mi mirada sobre ella sin ningún disimulo y al cabo de un rato, se percató de la situación. Sus ojos también se clavaron en mí; nos estábamos cruzando insinuaciones, observándonos y al final, deseándonos. Pasados unos minutos ella se separó inesperadamente de sus amigas y, sin quitarme la vista de encima, se dirigió a la puerta de salida. De inmediato salté como un resorte y la seguí. Estaba esperándome en la calle, en postura algo insinuante.
- Me llamo Sofía, ¿y tú?
- Rubén – contesté - No te conozco; no sueles venir por aquí
- Es la primera vez que vengo. Me gusta moverme mucho por la ciudad y probar diversos ambientes - dijo ella enigmáticamente.
- Ya. Bueno, ¿damos una vuelta?
- ¿A tu casa?
Me quedé un poco sorprendido por la rapidez de los acontecimientos.
- Sí, claro. Vivo cerca - acerté a decir.
Nos dirigimos a un barrio moderno donde se encontraba mi piso. La verdad es que yo marchaba bien económicamente. Soy soltero y mi sueldo es más que aceptable, así que mi piso está en una zona decente y es espacioso y bien amueblado. Abrí la puerta y entramos.
- ¿Quieres tomar algo?
- Sólo tu polla.
Volví a sorprenderme por lo realmente acelerado que iba todo, pero desde luego, no me resistí. Ella me agarró de la nuca y acercó mi boca a la suya. Literalmente enroscó su lengua con la mía, haciéndola reptar como una serpiente. Su saliva se mezclaba con la mía de forma salvaje. De vez en cuando separaba sus labios de los míos y un hilillo de saliva quedaba colgando entre ambos.
- Saca la puta lengua y ponla de punta - me ordenó.
Obedecí. La rodeó con sus labios y empezó a “mamar” mi lengua, acompasando los movimientos con los de su mano que me tenía agarrado el pelo de la nuca, moviendo mi cabeza de atrás hacia delante. De repente paró, separo su rostro del mío y me dijo:
- ¿Te gusta? Pues imagínate lo que puedo hacer con tu polla.
Sonrió maliciosamente y de nuevo me besó mientras me sobaba el culo, aunque mejor sería decir, mientras me amasaba el culo. Yo, por mi parte, ante tal intimidación intenté llevar la iniciativa y comencé a besar su cuello y a sobar sus tetas. Estaba disfrutando de un cuerpo perfecto. Ella me magreaba el pene con auténtica furia y mis pantalones no eran capaces de disimular mínimamente la más tremenda erección que había tenido en mi vida. La abracé con fuerza y me agaché ligeramente para cogerla del culo y a horcajadas llevarla a la cama... fue entonces cuando lo noté. En esa posición noté un enorme bulto que apretaba mi estómago. La bajé al suelo y me fijé en su entrepierna: una barra de carne se marcaba en su ceñido traje.
- ¡Joder! ¡Pero si eres un travesti! - dije entre sorprendido y asustado.
- ¡Cállate cabrón! - dijo.
Me agarró la cabeza he hizo que me agachara a la altura de su vientre. Sus brazos eran los de una mujer, pero tenían la fuerza de un hombre. En otras circunstancias (si enfrente hubiese tenido un hombre de verdad), me hubiese revelado, pero me encontraba en un estado de profundo asombro, curiosidad y, porque negarlo, de extraña excitación. Lo cierto es que consciente o inconscientemente, me dejé hacer. Sofía se remangó la minifalda de su ajustado vestido; su tranca saltó como un resorte. Era enorme: había escapado por uno de los lados de su minúsculo tanga negro. No tenía ni un pelo, estaba completamente rasurada, con unos huevos enormes y relucientes.
- Huélelo - ordenó apuntando la polla hacia mi cara.
Lo olí. Olía a hombre en cuerpo de mujer, olía a excitación, olía a deseo, olía a humedad ácida... olía a gloria.
- ¡Lámelo, cerdo!
Como hipnotizado, sin ser dueño de mis actos, lo hice. Le pegué un tímido lengüetazo, pero suficiente como para paladear su gusto. Entonces me di cuenta de lo que en realidad había en mi mente: el hipnotismo, la sumisión y la debilidad dieron paso al deseo en estado puro. Un solo lengüetazo sirvió para demostrarme que lo que yo deseaba era hacer correrse esa polla que tenía delante de mis morros. Sin dudar, metí en mi boca toda la longitud que pude de ese enorme falo. Jamás había chupado un pene, pero quizás algo instintivo me decía cómo hacerlo, así que comencé a lamer su miembro con auténtico deseo. Ello no debió ser suficiente para Sofía, ya que me cogió de la cabeza y empezó un rápido vaivén de sus caderas hundiéndome la polla hasta la garganta. Estaba medio asfixiado, pero por nada en el mundo quería yo rechazar esa descomunal tranca. Deseaba que se corriera en mi boca, así que intentaba sorber su glande como quien mama de una teta.
- Así, cabrón... así. ¡Chupa fuerte, cerdo! - me decía.
Yo obedecía. Su polla entraba y salía de mi boca a una velocidad increíble; en la comisura de mis labios se había formado una compacta espuma compuesta de mi saliva y sus fluidos. Su polla era la cosa más sabrosa que había probado en toda mi vida. De repente, paró sus caderas y me tiró hacía atrás del cabello, obligándome a mirarla.
- ¡Abre la boca, puerco! - ordenó.
La miré con curiosidad e incertidumbre, obedeciendo expectante. Se agachó ligeramente y escupió en mi boca.
- Vamos, sigue mamándola; ahora resbalará mejor. ¡Ja, ja, ja!
Así estuvimos un largo rato. La muy zorra no se corría a pesar de que yo ponía todo mi empeño en conseguir que soltase su leche. Al cabo de unos minutos volvió a tirar de mi cabello y separó mi cara de su miembro.
- Ahora me vas a lamer bien lamida.
Se acostó en la cama boca arriba y levantó sus piernas, ofreciéndome su polla, huevos y culo. Esa visión hizo que mi pene se pusiera aún más duro dentro de mis pantalones.
- Chupa mis testículos, hijo puta.
Me acerqué andando a cuatro patas hasta poner mi cara a la altura de sus huevos. Los lamí, los chupé; jugué con ellos, los sorbí, los embadurné con mi saliva y los lubrifiqué de tal manera que si me hubiese metido la polla en mi culo, habrían entrado también. Instintivamente, bajé mi lengua hacia su ano. Me detuve unos segundos a lamer la base de sus testículos y desde allí pude ver como su atractivo esfínter se contraía y se relajaba como intentando llamar mi atención. Aquello desprendía un olor dulzón e hipnótico. No lo dudé un instante y recorrí con intenso lametón el orificio de su culo. Ella gimió levemente.
- Uuufff... siii... uuummm...
Otro lametón tras otro y sus gemidos aumentaron en número y en intensidad. Entonces decidí meter mi lengua en aquel resbaladizo y cálido agujero. Evidentemente, a estas alturas ya me daba lo mismo si lo que tenía delante era una mujer o un travestí. Es más, creo que estaba encantado con el hecho de que fuera un travestí. Sofía comenzó a mover sus caderas de una forma salvaje e infatigable a la vez que yo introducía la lengua en su esfínter. Ella estaba como poseída. Yo agarraba sus muslos con las dos manos mientras todos los músculos de mi cuello y de mi boca trabajaban al máximo para dar impulso a mi lengua, que jugueteaba como una serpiente con los pliegues de su agujero.
- Asi... cabronazo... más adentro... dame gusto... más... - chillaba incontroladamente
Estaba claro que sólo con mi lengua no conseguiría que se corriera, así que rápidamente lamí mi dedo corazón y se lo introduje sin miramientos hasta el nudillo. Nada, no encontré ni la más mínima resistencia. Agitando mi mano, comencé un rápido metesaca, pero era obvio que su ano necesitaba mayor atención. Metí otro dedo y luego otro más, de tal manera que mis tres dedos centrales estaban entrando y saliendo en su culo. Pero aún así no era suficiente. Utilicé el que creí era el último recurso: mi dedo meñique. Ella se retorcía de placer mientras, a excepción del pulgar, metía y sacaba todos los dedos.
- Más... necesito mucho más... puerco.
Quedó claro lo que quería, así que sin miramientos le introduje toda mi mano. Cerré mis dedos y comencé un frenético vaivén con mi puño dentro de su culo. El chapoteo era increíble; puño y medio antebrazo entraban y salían de su intestino sin ningún tipo de dificultad. Los jugos, la lubricación de su ano, mi saliva, nuestro sudor, el intenso chapoteo... todo era sexo húmedo y resbaladizo en su máxima expresión. Los movimientos de su cadera eran endiablados e increíblemente rápidos. Podía notar como su esfínter se cerraba de manera salvaje cuando yo llegaba al tope de su culo con el puño. En la sábana ya había manchas de casi todos los fluidos imaginables. Ambos aceleramos al máximo nuestros movimientos de tal forma que no me daba tiempo a ver mi muñeca. Al cabo de unos minutos, sin previo aviso, la situación reventó por donde tenía que reventar: Sofía arqueó su espalda y de su tranca comenzaron a salir chorretones de espesa leche. Aquello era indescriptible; borbotones y borbotones de lefa que caían en su pecho, en su cara, en su pelo, en la almohada... Uno de esos goterones fue a caer en su boca de tal manera que se lo tragó, sacando luego su lengua y pasándola por la comisura de sus labios en busca de más esperma que saborear. Más de una docena de chorretones salieron de su descomunal polla; hasta sus cojones parecían haberse deshinchado.
- Uuufff... que cerdo y que cabrón que eres... Has hecho que me corra...
Aquel espectáculo hizo que yo perdiese la noción de todo lo que me rodeaba y llenó mi mente de auténtica lujuria. Mi polla estaba a reventar. Allí estaba yo, tumbado boca arriba, arqueando mi espalda, moviendo mis caderas y convulsionando mi bajo vientre... corriéndome en los calzoncillos y pantalones que aún no me había quitado. Fueron momentos de placer infinito. La foto era elocuente: encima de la cama el travestí más bello del universo desnudo, con su descomunal y ya flácida polla descansando sobre su vientre; el cabello lleno de gotas de semen; la almohada manchada y el cuerpo embadurnado de lefa, resbalando por su cuerpo sudado, entre sus pechos, su estómago y sus labios, exhausta. En el suelo, mi cuerpo desfallecido por el placer, jadeando del cansancio y del éxtasis, con una enorme mancha en la entrepierna de mi pantalón. Así permanecimos unos minutos que a mí me parecieron una eternidad. De repente, Sofía saltó de la cama y, con una soltura tremenda, me desnudó. Ella era infatigable. Me colocó a cuatro patas y empujó. Pude sentir como aquella inconmensurable vara me rompía el culo sin piedad. No me resistí. Noté como los jugos que acumulaba en sus tetas y estómago resbalaban por mi espalda. Entonces, en medio del placer indescriptible que sentía, tuve dos pensamientos fugaces: uno; todo aquello era el máximo nivel de lujuria y desenfreno que yo podía alcanzar. Dos; me sentía afortunado porque el ser más bello que puede existir sobre la faz de la tierra (es decir, un perfecto rostro y cuerpo de mujer pegado a un excepcional pene) me estaba empalando sin miramientos. Y aquello, no lo voy a negar, me gustaba.
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Chantaje de mi sobrina
Todo sucedió cuando me despidieron de mi trabajo por mantener relaciones con la secretaria de mi jefe. Yo no le dije nada a mi esposa pues como trabajo de representante y cobro buenas comisiones y además debido a que otras empresas del sector estaban interesadas en contratarme llegué a un acuerdo para que en vez de subirme el sueldo en la hoja de salarios me lo subieran en los incentivos, con lo que siempre podía hacer algunos morillos a mi esposa. Con lo que tenía guardado de comisiones no dije nada en casa y me dedique a presentarme en las empresas que me habían querido contratar con anterioridad y cuando conseguí un trabajo, lo cual no me costo mas de una semana, dije en casa que me habían ofrecido el trabajo y que había aceptado, pero que tenía que empezar a trabajar a primeros del mes siguiente, con lo que dispondría de unos 15 dias libres.
Al cabo de unos días mi cuñada que tiene un negocio de venta de artículos de bazar, me pidió que si les podía hacer el favor de ayudar a mi sobrina de consolidar un recuento exhaustivo del material que tenía en la tienda pues ellos se iban a ir a Madrid a la feria para hacer una serie de compras para preparar la campaña de Navidad,