Ana y el consolador blanco

Me llamo Ana Maria y tengo 27 años. Ahora les contaré lo que me parece más acorde a vuestro interés. Ana María es mi nombre de batalla, porque en realidad tengo otro. Soy una mujer menudita, con pelo medio largo, color caoba y una sonrisa encantadora. Tengo unas caderas bien pronunciadas y unos pechos muy turgentes. Soy como cualquier otra mujer de Madrid, Buenos Aires o Bogotá. Ni muy muy, ni tan tan. Mi vida de relación ha sido escasa, porque nunca encontré un hombre que colmara completamente mis espectativas. Al cabo de un tiempo, la vida se vuelve monótona, y el encanto original muere en palabras, en discusiones y desacuerdos. Por esta razón, busqué un novio mudo. Pero no lo encontré.

Un día mi amiga y consejera afectiva Alejandra mi pidió que la acompañara a un Sexshop a ver unos productos eróticos. Entré con mucha timidez y verguenza, porque soy de las que no le gusta dejar al descubierto sus secretos. Pero al cabo de los minutos mi verguenza se convirtió en sonrojo.

-De qué medida lo quieres? - dijo el vendedor a Alejandra, mientras ostentaba en su mano la réplica del miembro de un burro, no... un burro no... un mamut. Si era de mamut. Jamás había pensado que existiera cosa tan grande y tan cojonuda.

-Yo lo quiero -frase que se me escapó de los labios, y motivó la mirada de Alejandra y el vendedor.

-Está muy bueno.- siguió aquél. Es de dos cabezas, un largo considerable, un grosor más que óptimo, y es retráctil, fíjate... -lo movió en todas direcciones- ...articulado, quise decir.

No sé porqué razón vi unas esposas de esas que usa la policía y la agregué a mi compra. MI amiga me miraba con ojos curiosos. Al cabo de unos minutos Alejandra y yo salimos del Sexshop cada una con una bolsa que ostentaba el slogan del negocio: "Aquí sólo hacemos milagros". Yo me eché a reir como una loca.

-Ana María, te has pasado con tu aparatito.-Dijo Alejandra. Obviamente ella llevaba algo menos ostentoso como para ponerlo en la cartera y apelar a él en cualquier lugar, con cable pilas y todo. El vendedor le dijo que se movía. Eso me produjo una gracia tremenda.

Al cabo de un rato cada una estaría en su casa, tendidas en la cama, y empezaría la fiesta. Vaya fiesta. Me até a la cabecera de la cama con las esposas puestas, que no requerían de llave. Sólo llevaba unas medias de nylon rojas, y el estar así me produjo mucha excitación. Pronto descubrí que el consolador estaba lejos del alcance de mis manos, e hice esfuerzos por tomarlo con el pie. Hermosa experiencia, estaba consiguiendo entrarlo en mi sexo usando mis piernas.El consolador blanco se curvaba

Me arrancó un grito, que se ahogó con la música que provenía de mi centro musical. No había olvidado nada. El ambiente estaba frescamente aromatizado con perfumes especiales que me despertaban una gran sensualidad.

Recuerdo que esa primera vez subí mis piernas levantando la cola para que el consolador blanco entrara debidamente. Estaba haciendo estragos en lo profundo de mi ya húmeda vagina, y yo subía y bajaba con el cuerpo haciendo uso de sus cualidades, largo, ancho y tersura.

Me lo metía bien hondoEl teléfono sonó, y dejé que así lo hiciera. El contestador dejó oir la voz de un chico al que había dado mi número. Dejé que su mensaje muriera allí. Estaba demasiado extasiada con aquel aparato adorable, que me erizaba la piel de todo el cuerpo, hasta de la nuca. me sentía como perdida, entregada a eso, que hasta allí no tenía nombre. Nico, le dije. Haces muy bien tu trabajo.. creo que estarás en mi cama todas las noches de mi vida, amor.

-Muy bien, muy bien, hazlo así Nico.

Y Nico hacía lo que yo le ordebana sin emitir sonido. Había encontrado el amigo que esperaba, mi pareja, mi maquinaria de placer y lujuria.

Estuve como media hora quieta con mi Nico entre las piernas, entre él y la música dibujaban nubes de oro en el firmamento de mi dormitorio.El consolador me sometía

No sé ni cómo ni desde cuando, pero me dí cuenta que estaba gimiendo y ronroneando como una gata en celo. No sólo sentí mi vagina húmeda sino también mi culo, que alcanzaba una buena elasticidad. Mis pechos se habían convertido en dos rocas sólidas, cuyas cumbres eran mis pezones.

El consolador me inundaba todaFui girando y rotando hasta alcanzar varias posiciones que me causaron un placer extremo. El hecho de usar mis piernas, me daba la sensación extraordinaria que el consolador tenía voluntad propia, me hacía como quería, y yo descubría así nuevas sensaciones como posiciones, ejercitando contorsiones sobre mi lecho.

Ardía, sí ardía y gozaba golosamente con mi compañero Nico.

-Así, Nico, así se hace...

Tiraba de las esposas con mis muñecas en vano tratando de soltarme. Estaba completamente dominada por mi nuevo amigo.

-Qué placer me proporcionaba entrando y saliendo, haciendo que su gruesa cabecita rozara los labios bien abiertos de mi vagina. Como remate de semejante orgía personal, miraba mi culo en el espejo del techo de mi dormitorio. MIraba como el consolador entraba en lo profundo de mi vagina. Y nadie podía perturbar el juego que él y yo habíamos armado.Me lo montaba toda cachonda

Sometia mi cuerpo al consolador Hacía estragos en mí, sobre todo cuando su forma se curvó y fue a rozar el agujero de mi culo caliente. No daba más... y Nico no cesaba de abrirse paso, dueño y señor de mi cuerpo.

Me puse en cuatro patas y presionaba el consolador contra la cama haciendo que su penetración fuera muy profunda, de tan profunda que era, unas gotas fueron a mojar las sábanas.

Imaginé que una docena de hombres estarían mirando la escena masturbándose conmigo, tirando su caliente semen sobre mi cuerpo.

Hervía de placer con el consolador en mi cuerpo, y mi mente llena de cochinas fantasías, salvajes deseos me empujaban a seguir cabalgando mi consolador blanco como si fuera un macho.

Su enorme tamaño superaba todo lo que yo había imaginado. Ya al borde de tener contracciones de placer, me puse boca arriba y empujé con mis pies viendo hasta dónde sería capaz de tenerlo. El espejo de mi techo devolvía una imagen extraordinaria que no imaginaba que fuera posible. El consolador estaba hundido en mi concha, y sólo le faltaban quince centímetros para que llegara a entrar su segunda cabeza.

Jugaba con el entre mis piernasSi supiera mi amiga Alejandra... , pensé, y el vendedor....

-Qué bien rota que me la estás dejando... -dije mientras me lo hamacaba suavemente y sentía que el fondo hacía tope en su enorme cabeza.

En medio de aquella salvaje penetración, mi cuerpo se puso duro primero, luego se sacudió y corcoveó varias veces, hasta que un orgasmo como nunca había sentido, hizo que un chorro de líquido saliera expulsado entre los labios de mi vagina y el consolador, bañando la cama y sus alrededores como si mi cuerpo fuera un gigantesco rociador.

Por ultimo me lo monté como si fuera mi machoLuego de ese pletórico orgasmo, lo monté y lo cabalgué sin dejar de sentir el mismo placer que tuve desde el primer momento en que me lo coloqué.

Esa noche dormí con el consolador entre mis tetas y mis piernas. Por la mañana me desperté bien tempreno para echarle mano antes de ir al trabajo. Con los días se apoderó de mi cola, de mi boca y de mi vagina. Fue hermoso sentirlo metido en la cola y la concha al mismo tiempo. Hoy ya somos inseparables. No veo la hora de llegar a mi casa y gozar de su compañía. Y no miento, desde entonces vivo sola y sólo él me sirve como debe ser.

Mi amiga Alejandra me pidió compartirlo, a lo que yo le contesté, que sólo le dejaría usar una de las cabezas, mientras la otra penetrara firmemente en el cuerpo de su verdadera dueña y amante.

Relatos porno

03/05/2006 21:59

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