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Mi morbosa jefa y su culo insaciable

Menuda jefa, morbosa rubia, pensé el día que me la presentaron en mi trabajo. Una madura rica que estaba para meterle los 10 dedos en su rico culo húmedo. Vaya culo y vaya tetas también, y eso que yo ya llevaba culeada a media oficina, y culeadas a dos travesties que paraban en el bar de la esquina del trabajo. Demás está decir los culos que tenían esas enedemoniadas travesties. Pero lo de mi jefa pintaba, sí, pintaba bien y para darle duro en la cama. Esa piel blanca... esos ojitos, esas tetas que guardaba bajo sus blusas de seda, redondas tetas de rendondos pezones de mujer madura que nunca habría tenido críos que se las mamaran.

Como al mes de estar trabajando allí, un día entré a la oficina y estaba muy cachonda. Primero que le subiera el cierre de la falda que quedaba en su espalda y se había trabado. Se lo subí no sin rozar los cachetes de su levantada y redonda cola. Segundo que le mirara un zapato que le parecía que se había aflojado su taco. Se lo revisé mientras le acariciaba las piernas al sujetarlas. Y luego el inesperado "por qué no me las acaricias un poco..." y se echó en el sillón dejando al aire sus hermosas tetas de hembra madura y sabrosa. Acaricie sus ricas tetas

Y empecé a acariciarlas con firmes movimientos de mis manos, y la yegua jadeaba de placer, sentía un goce profundo e inacabable. Fui y cerré la puerta de la oficina desde adentro, no fuera que algún despistado se metiera así porque sí mientras hacía uso de ese hermoso y profundo culo.

Le metí un deditoNo tardó en jalar la escueta pollera hacia arriba dejando su tanga apenas cubriendo la entrada. Corrí la tanga y empecé a jugar con mis dedos en su ardiente agujero, mientras se mecía para adelante y gemía suavemente. Se la notaba muy caliente. Le pregunté a cuántos le habría entregado su sexo dentro de la oficina, y me respondió que a varios.

No contento con mis dedos en su concha, empecé a besar su sedoso clítoris que se alzaba bien arriba.No paraba de sobarlo con mi lengua, al mismo tiempo que le tenía introducido el dedor mayor de mi mano izquierda, entrando y saliendo reiteradamente. -Pajéame así,-dijo.- Así, pajéame bien y chúpame entera.Le estaba besando el clítoris

Estuve como media hora entre sus piernas, ella mojándome los dedos y yo chupándoselos, cuando no, le puse un dedo a fondo en su rico culo que la muy morbosa pidió que me lo chupara, tras lo cual ella siguió haciendo lo mismo. Se lo llevaba hasta el fondo de su boca la depravada.

No tardó mucho en tener unos espasmos y frenar con su mano mi acción sobre su clítoris. Se puso de pie y me pidió que me sentara.

Comenzó a mamarla con entusiasmoEmpezó a mamarme con fuerza y con un entusiasmo envidiable. Creo que había estado soñando despierta toda esa mañana con un hombre a quien comerl. Y me lo estaba deglutiendo como un helado.Se la mamaba haciéndome desea más

-Así, zorra, así se mama.

-No te dejaré un gota de leche sin tragarme - respondió.Es una promesa.

-Qué placer que me daba la rica madura. Yo estaba duro con mi tronco mirando y gozando de sus lamidas, del roce de su inquieta lengua en su boca viciosa.

La arrinconé para metérsela bien adentro No podía más, y ella tampoco. De repente se paró y fue hasta el rincón llevándome de una mano, y subiendo una pierna al escritorio donde estaba la computadora, puso su sexo en dirección a mi pene, dispuesta a que la atacara sin más preámbulos y consideraciones.

Que gloriosa penetración, y que rica que lucía la muy puta, con mi verga entrando y saliendo de su calentísima cavidad. No dejaba un centímetro sin disfrutarla.

-No me tengas lástima -decía.- Golpéame hijo de puta... dámela sin asco, cabrón...

La golpeaba con fuerza, la atropellaba, pero mis ojos estaban puestos en su culo exquisito. Se lo acariciaba y pellizcaba, y ella gozaba con esos juegos de manos durante la larga penetración. Larga por el tiempo y larga por el tamaño de mi pene que no era de los chicos. Luego, estimando que aquella posición no era la mejor para romperle el culo como se lo merecía, la saqué de un tirón y la bajé de allí. Volvimos hasta el sillón y me la senté encima, para meterla en su culo inquieto y ardiente...

Se la enterré en el culo -Esto es lo que más me gusta -dijo.

Y arremetí con acelerados movimientos en su culo, entrando y saliendo por ese agujero apetecible, que no ofrecía resistencia, y cuyo tamaña hablaba de las experiencias que esa puta jefa habría tenido desde muy joven.

-Qué bien roto que lo tienes -le dije mientras se la metía sin vueltas. - Se ve que la niña no perdió el tiempo...

-Sí... me lo han hecho decenas de veces... como tú ahora... y en esta oficina también... cójeme... cójeme y no pierdas tiempo... haz tu trabajo... -respondió con tono enérgico como dando una orden. Su rostro colorado, su pelo agitado, su cuerpo transpirando y su voz que se quebraba de placer.

MI jefa morbosa culeaba como los diosesDame más, dame más, ahhhhhh, -yo le gritaba.

Y ella realizaba maravillosas proezas sobre mi miembro, cabalgando con su culo abierto, mientras un jugo copioso bajaba de su vagina excitada. Y su culo se ceñía más a medida que mi miembro se engrosaba allí dentro, producto de la feroz calentura que esa zorra me despertaba.

-Ahora voy a exprimirte los huevos... -dijo y se bajó.

Tomó mi miembro y se lo llevó a la boca para masturbarme con ella. No contenta con esto, lo soltó y se aferró a mis muslos, que acariciaba salvajemente, cuando no me clavaba sus largas uñas blancas en las carnes diciendo que así marcaba a los machos que se la hacían.

Mi morbosa jefa se tragó hasta la última gotaNo daba más, por fin exploté en su boca copisos líquidos, y ella tuvo la virtud de no dejar escapar una gota de su interior. Su lengua temblaba y daba golpes a la cabeza de mi miembro mientras la inundaba. Se la chupó toda!

Luego de saborear y tragar mi leche, dijó : ahhh, riquísima... y me mandó a trabajar con unas carpetas.

Cuando ya estaba por salir de su oficina, me pegó un chistido.

-Mañana vente temprano, a las ocho, que seguiremos la fiesta sobre el escritorio.

Al salir me recibió el coro de miradas cómplices de mis compañeros. Cuando pasé por el escritorio de su secretaria, aquella me dijo: Buen provecho... se nota que has comido bien.

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